lunes, 30 de agosto de 2010

Lima Metropolitana y Elecciones Municipales

Hasta ahora ninguno de los participantes en esta contienda electoral municipal 2010 se ha referido, con seriedad, a Lima como lo que es, una ciudad integral, una gran metrópoli en la que, lamentablemente, cada uno de los 43 distritos que la conforman se ha disparado a su regalado gusto. Hemos perdido la perspectiva de ciudad. Tenemos estancos, compartimentos habitables que tienen sus propias normas, sus propias filosofías comunitarias, vicios y virtudes y, precisamente por esa razón, ninguno de los distritos y sus respectivas autoridades ha querido trabajar en forma conjunta, con un solo norte, con una proyección a largo plazo que permita vislumbrar un mejor futuro. Todos pretenden ser la gran estrella y por ello tenemos 43 alocadas, cuando no desabridas, actuaciones en una sola función. En este caso, la falla se ha producido en la autoridad provincial, que lejos de convocar a la Asamblea Metropolitana de Alcaldes para elaborar un solo gran proyecto, ha trabajado de espaldas a las necesidades, esperanzas y sueños particulares de los ciudadanos de nuestra capital. Por otro lado, en lugar de levantar fronteras y diseñar y ejecutar proyectos en mancomunidad, los alcaldes distritales se han despachado con cada ocurrencia y disparatados proyectos personales que Lima se ha convertido en un terrible menestrón urbano.

Mientras las empresas, aún las de enconada rivalidad, unen esfuerzos para abaratar costos, mejorar la productividad y aumentar su rentabilidad, llegando a fusionarse muchas de ellas, los alcaldes distritales y sus Concejos municipales siguen creando sub divisiones territoriales, azuzando añejos problemas limítrofes, elaborando enredados y onerosos procedimientos y trámites documentarios, en abierta competencia para demostrar quién lo hace más difícil. Si lo correcto es que cada distrito elabore el mejor proyecto de desarrollo a largo plazo, para empezar por el principio, con mayor razón la ciudad, como unidad, requiere de un gran proyecto en el que estén contemplados todos los problemas, todos los requerimientos, todas las necesidades de la totalidad de la población. Esa suerte de minifundos o chacras personales en que se han convertido las municipalidades distritales, no han permitido que Lima madure y alcance la mayoría de edad con un buen desarrollo urbano. Increíbles errores, aterradores despropósitos y enormes atentados contra la calidad de vida ciudadana se han cometido en nombre de la autonomía municipal. La falta de liderazgo y de visión de un verdadero estadista metropolitano ha permitido el nacimiento y desarrollo de una casta de incapaces que ha tasajeado la ciudad. Y todos, sin excepción, hemos perdido.

Lima está realmente horrible. Tal vez no en la forma, pero sí en el nivel cultural de su gente, en su tremendo deterioro ambiental, en su falta de integración territorial e identidad ciudadana, en su exclusión vecinal, en la falta de oportunidades, en el injusto reparto de sus rentas y, sobre todo, en el pésimo nivel de sus autoridades. Lo gracioso del asunto es que las autoridades son elegidas, libre y democráticamente, por los propios habitantes. Aquí es donde ubicamos el gran problema de Lima y los limeños en su verdadera perspectiva. Es muy cierto que cada quien tiene la autoridad que se merece y los que habitamos Lima merecemos hasta peores autoridades de las que tenemos. Por nuestra desidia, por nuestra falta de compromiso, por ese fácil y común alzarse de hombros mientras los problemas no nos lleguen a tocar directamente o mientras podamos arreglárnoslas de cualquier forma. ¿Qué nos ha pasado? ¿Por qué hemos perdido la noción de ciudad? ¿Por qué nos hemos olvidado de nuestros deberes y derechos urbanos? Pero, sobre todo, ¿por qué elegimos tan mal, aún sabiendo que los incapaces y corruptos que hasta ahora hemos sentado en las alcaldías nos han llevado al precipicio del descalabro urbano? Y no es justo, ni para Lima ni para nosotros mismos.

Terminemos por entender que las elecciones municipales no son políticamente partidarias, no son pugnas de poder económico o mediático, no son concursos de belleza, de apellidos, de simpatías ni de ideas brillantes u originales. Las elecciones municipales deberían ser el punto de encuentro de las mejores propuestas ciudadanas, de los mejores proyectos integradores, de los mejores gerentes y administradores, de personas honradas, que viven de su trabajo y que están acostumbradas al sacrificio para lograr sus objetivos. Por otro lado, los proyectos distritales, por brillantes que sean, que no contemplen la unidad de Lima metropolitana, el desarrollo integral de todos y cada uno de los 43 distritos, terminarán estrellándose contra sus propias limitaciones, debido a su miopía urbana que, en el mejor de los casos, podrá brindar grandes beneficios individuales, pero jamás permitirá alcanzar el bienestar ciudadano. Y es que ser parte de una gran ciudad implica ineludibles tareas que todavía no queremos enfrentar.

lunes, 23 de agosto de 2010

¿Vocación de Servicio o Capacidad Gerencial?

Hay una aparente verdad que es una gran mentira. Suele decirse que la cualidad más importante que debe tener un alcalde es su gran "vocación de servicio", entendiendo ello como la buena disposición del elegido para inmolarse en el servicio a su comunidad, en fajarse por el bienestar de los vecinos que lo han elegido, en quitarse el pan de la boca para entregárselo al primer mendigo que se acerque a su puerta. Bueno pues, ello es lo más ridículo que se pueda pensar sobre lo que debe ser una Gestión Municipal; sobre las atribuciones, responsabilidades y labores ejecutivas, del favorecido en las elecciones vecinales. Vamos a ver. ¿Qué es más importante para una buena Gestión Municipal?; ¿Ser bueno?; ¿Ser agradable, simpático, ser hijo de doña Flor que la conozco de toda la vida, ser hijo de don Francisco que fue muy católico y que Dios ya lo tiene en su bendito regazo?; ¿Que me salude cada vez que paso por su calle, sobre todo en estas últimas semanas?; ¿Que vaya a misa todos los domingos y que no sea infiel a su cónyuge, o en todo caso que no lo haga muy evidente? NOOOOO. Lo único que verdaderamente importa en un prospecto de candidato, en un aguerrido candidato, en un inteligente candidato, es que sea eficaz en sus acciones, eficiente en sus emprendimientos, honrado en sus manejos, responsable de sus actos, que tenga una imagen pública y privada medianamente respetable y que no se limite a entornar esos ojos chinitos o de color, que me vuelven loc@. En otras palabras, no se necesita solo al mejor vecino, se necesita al mejor ejecutivo, a un líder nato que pueda sacar de nosotros lo mejor para lograr el desarrollo de nuestra propia comunidad, en el menor tiempo y al menor costo posibles. ¿Es esto pedir mucho? NOOOOO.

Se necesita un Gerente clase A-1, sin anticuchos, sin un pasado bochornoso y que sepa aguantarse para no terminar metiendo la mano en los dineros ajenos que se le encarguen. Ese debería ser el letrero de convocatoria en toda elección municipal. A eso debería limitarse el listado de requerimientos. ¿Qué nos sucede que cuando vamos a elegir al próximo alcalde pasan por nuestras mentes una serie de requisitos y cualidades que nada tienen que ver con la única importante: "que sea el indicado para promover y gestionar el desarrollo integral de todos los vecinos, sin excepción"? Cualesquier otra consideración nos lleva al error, al voto perdido, al atraso. Si nos quedamos solo en el aspecto físico, en el entorno social y las apariencias del candidato, estamos apurando nuestro propio suicidio urbano. Lamentablemente en el Perú los procesos electorales municipales se han convertido en una feria de ilusiones, en un derroche de mal gusto y en la entronización de la mentira y la desvergüenza de algunos candidatos que reclaman un cargo para el que no están ni remotamente preparados. ¿Y entonces por qué terminamos por elegirlos? Probablemente porque nos han apantallado, porque nos han sembrado la idea de que pertenecen al grupo de los ganadores, al grupo de los privilegiados que manejan siempre las cosas, porque pertenecen a ese atractivo grupo al que yo no puedo llegar pero que me hacen sentir cerca a ellos, especialmente cuando vienen y me abrazan, me sonríen, me llenan de atenciones y promesas. Y sí pues, uno tiene su corazoncito y termina por atracar. Así es que luego de caer seducidos terminamos siendo impunemente violados, porque nuestros engreídos de ahora serán nuestros maldecidos de mañana e, increíblemente, los nuevos favorecidos de pasado mañana. Pero los únicos responsables somos nosotros mismos. Nosotros elegimos, nosotros respaldamos, nosotros renunciamos a la fiscalización, nosotros aceptamos y finalmente reelegimos. Bien estúpidos somos.

¿Qué hacer? Es más sencillo de lo que parece. Debo sacar definitivamente de mi cerebro, apañador y complaciente, esa idea de que un buen vecino, una agradable persona, un "confiable" candidato, es lo que necesitamos para nuestras alcaldías. Despertemos de una vez. Necesitamos una persona, mejor un profesional, con experiencia en manejo municipal, de ser posible, con dotes de empresario y manejo gerencial; con capacidad promotora y de gestor del desarrollo. Creativo pero práctico, recto pero flexible, ordenado pero funcional. En suma, alguien que pueda llevar adelante nuestros sueños, nuestras ilusiones y esperanzas, nuestras necesidades básicas y requerimientos complementarios. Necesitamos alguien como nosotros, pero un poquito mejor. Alguien que encarne todo lo bueno de nosotros mismos y que sepa cómo lograr las cosas. Si dejamos a un lado nuestra inmensa capacidad emotiva, nuestros complejos e incluso actitudes racistas, tendremos una gran posibilidad de elegir bien. Nuestra ciudad capital y sus tributarios concejos distritales se merecen mejor suerte que la hasta ahora alcanzada. Ya no podemos seguir como perdedores. El tiempo del verdadero desarrollo es ahora. Elijamos bien. Elijamos solo a los mejores. Sí existen y están ante nuestros ojos.

lunes, 16 de agosto de 2010

La teoría del voto perdido

Cuando escucho los argumentos de quienes quieren "votar a ganador", es decir, emitir su voto por quien finalmente gane la elección municipal, comprendo por qué terminamos con los alcaldes que tenemos. En realidad hasta deberían ser peores, por lo tonto del raciocino empleado. La habilidad con que los medios de prensa y (des)información manejan las voluntades ciudadanas es increíble. Resulta que es mucho más conveniente, para dichas empresas, que la contienda se dé entre sólo dos candidatos, puesto que usando el argumento de "juégatela toda porque mira que sólo es entre tú y él/ella y si no lo haces vas a perder", los beneficios, para los interesados, serán mayores. Es así como los candidatos involucrados, que casi siempre son peones de los mismos grupos de poder que se la llevan toda, invierten cantidades astronómicas, en parte de los mismos grupos, para poder llegar. Lo gracioso del caso es que los señores que manejan el país son los mismos que invierten en los dos o tres elegidos de turno, esos que son fabricados por las propias encuestadoras y sus encuestas dirigidas, así se aseguran que no haya pérdida. Como los mismos grupos son los dueños o socios de los medios, el dinero, "la inversión" vuelve a casa y la ciudadanía es la única que pierde. Cabe mencionar además que quienes más se desesperan por llegar con cantidad de mensaje y presencia mediática son los más urgidos, por la codicia, por el afán ridículo del poder o por ser reelecto para poder enterrar los muertos de su gestión.

Es normal escuchar en calles y plazas, en tertulias familiares, hasta en las camas de los hostales: A mí me gusta tal candidato pero lamentablemente no tienen oportunidad, ¿has visto lo que está gastando la fulanita? De verdad mi candidato ya fue y aunque sé que es el mejor no voy a votar por él. Voy a votar por la fulana no vaya a ser que el mengano gane y eso sí me sacaría roncha. Así es como se fabrican los errores que postran a nuestras comunidades y mantienen intacto el sistema en el que unos, muy pocos, se la llevan en carretilla y al otro 95 % no le queda más que sonreír. Sí pues, yo voté por él/ella. Traicionar a la propia conciencia, ir contra los propios intereses y conveniencia, alimentar la corrupción y aceptar lo que venga se ha convertido en la norma vecinal. Parece mentira escuchar cosas como: Sí pues, pero al menos ha hecho obras; otros sólo roban y no hacen nada. Una cosa es el desconocimiento de la administración pública, del manejo del poder y de las atribuciones, verdaderas funciones y responsabilidades funcionales y otra cosa es la desidia, la ignorancia y los complejos personales y de grupo. Cada error que cometemos al votar por la persona incorrecta, desdeñando al más capacitado, son cuatro años de ineficiente gestión, cuatro años menos de desarrollo, de postergación infinita del despegue urbano y de mejorar nuestra propia calidad de vida.

Saber votar, elegir correctamente, pasa por esmerarse en conocer a fondo a los candidatos, en inquirir sobre sus planes y proyectos y, sobre todo, estar seguro de que el elegido entiende en qué consiste su trabajo, cuáles son sus responsabilidades y atribuciones, en suma, si está perfectamente equipado para el importantísimo puesto. Es muy triste escuchar los reiterados y hasta acalorados reclamos y maldiciones luego de que se confirma que el candidato no reunía las condiciones necesarias. No solo es demasiado tarde, ya es estúpido el quejarse. Esa persona está ahí porque no hicimos nada para impedirlo, porque fuimos tibios o complacientes o nos dejamos seducir por banalidades mediáticas. Es difícil mantener la cordura y elegir bien. Es harto difícil discutir con nivel pero intransigencia cuando sabemos que el postulante no es bueno, no es lo suficientemente honrado ni capaz para desempeñarse como alcalde. Y por ello optamos por lo más fácil; nos dejamos llevar por la emotividad de tal o cual campaña y por los ojos lindos de tal o cual candidato. Y ya está. Volvimos a meter la pata. Y no es justo, ni para nuestros hijos, ni para nuestra comunidad, ni siquiera para nosotros mismos. Tengamos en cuenta que el peor voto, el voto realmente perdido, es el que no se hace a conciencia y con la convicción de que estamos haciendo lo correcto. Empecemos a cambiar, votemos correctamente.

lunes, 9 de agosto de 2010

Susana Villarán, Gonzalo Alegría y Elecciones Metropolitanas

Si no fuera porque sé la razón, preguntaría nuevamente por qué es que estos dos candidatos no cuentan con el apoyo de los medios de comunicación ni de los vecinos que tienen la responsabilidad de elegir el próximo 3 de Octubre al alcalde metropolitano. Expuestas ya las razones por las que no es conveniente votar por Lourdes Flores y Alex Kouri me permito echar un vistazo a las candidaturas de quienes, fuera de aparatos mediáticos y los grandes intereses, representan a la casi desaparecida clase media, al profesional exitoso y responsable y a la gente de a pie, la que vive de su trabajo; sin desmerecer a los otros entre los cuales más de uno podría reunir las condiciones para el puesto, detengámonos en revisar las propuestas de Susana Villarán y de Gonzalo Alegría. Por primera vez, los electores sentimos que hay buenos candidatos entre los que se puede elegir razonadamente, sin apasionamientos producidos por el impacto visual de las apabullantes campañas publicitarias, que marean y robotizan logrando, casi siempre, el cometido de enajenar la razón de los votantes, sobre todo la de los menos informados y más desidiosos.

Susana Villarán es una señora cuyo mayor defecto es su emoción social, que podría llevarla a cometer errores de juicio a la hora de enfrentar problemas domésticos de mediana envergadura. Sus raíces izquierdistas, su excesiva tolerancia y su desmedido afán progresista tampoco son buenos y su inmenso orgullo y, a veces, soberbia ilimitada, la convierten en una persona de dudosa capacidad para el encargo, así como la presencia de algunos personajes de su entorno que no son precisamente un dechado de virtudes. Tiene, sin embargo, una terquedad insobornable a la hora de elegir camino y herramientas para lograr sus cometidos y eso es bueno. Hemos leído sus ideas base de programas de gobierno y hemos escuchado sus intervenciones mediáticas y pareciera que tiene el carácter y la firmeza, para que rodeada del adecuado y eficiente grupo técnico de trabajo, brindarle a Lima la gestión necesaria para emprender el verdadero desarrollo, al margen del simple crecimiento y decoración de la era Castañeda. Mientras sus opiniones favorables al aborto y su permisividad al consumo de drogas entre adultos no se conviertan en política de gobierno local, no hay problema para confiar en ella. Su paso por instituciones del ejecutivo en años anteriores, su red de contactos en el ambiente académico y profesional gracias a dichas labores, le permiten contar con el apoyo que se requiere para un buen gobierno municipal. Su plataforma principal de desarrollo de la persona, antes que la infraestructura es algo que, aunque peligroso ante el electorado pasivo desprovisto de verdadera conciencia cívica, puede ser su mejor carta de presentación ante la recuperación de la sensatez del ciudadano común.

El caso de Gonzalo Alegría, muy similar al de la señora Villarán, en cuanto a extracción social y formación académica, tiene una carga extra de lucha personal por el éxito, sobre todo en medios extraños y sin la ayuda del halo paterno, que probablemente en el Perú podría haber explotado mejor. Su aparente virtud puede ser tal vez su mayor defecto, haber vivido tantos años en el extranjero lo convierten en un poco extraño a sentires y necesidades locales. La contra parte es que el señor Alegría se ha desarrollado en un ámbito ejecutivo y ante escenarios gobiernistas. Parece tener carácter pero no la firmeza necesaria para llevar las riendas de una casi destruida Lima moderna. Vemos como su principal falla el desconocer la normatividad peruana y sus alcances, así como la efectividad de promover leyes que no le corresponden al ámbito local y su efecto contra producente a la marcha municipalista. La transparencia de sus actos, la bonhomía demostrada y la solvencia profesional que derrocha lo convierten, sin embargo, en una excelente carta para las elecciones próximas. Tanto él como la señora Villarán comparten el raciocinio y la seguridad de que hay que devolverle a Lima la escala humana, la calidad de vida necesaria y el desarrollo requerido para beneficio de los ciudadanos.

¿Qué hacer para que estos dos candidatos lleguen a los ciudadanos y despierten en ellos nuevamente la ilusión de estar ante alguien que podría ser el mejor gerente de nuestra ciudad capital? Como no merecen favores del gran capital y son poco confiables ante los señorones que ostentan todo el poder en el país va a ser bastante difícil. Ojala los medios de comunicación abrieran los ojos y se dieran cuenta que más de lo mismo podría propiciar, a mediano plazo, una eclosión social que en nada beneficiaría la carrera monetarista ascendente de dichas empresas. Como una parada en seco de las inversiones y, lo que es peor, la corrida de capitales golondrinos ante un movimiento social que diga basta ya, hasta aquí no más. Mejor rectificar rumbos, mejor encontrar el punto medio, mejor llegar a la equidad y la justicia social, mejor derrotar a la corrupción a punta de hacer las cosas bien, sin necesidad de favores, coimas, prebendas u ofrecimientos de ambas partes. Las elecciones municipales de este año son verdaderamente claves para tomarle el pulso real al estado de nuestra sociedad en sus orígenes, el barrio, los núcleos ciudadanos. Sí enviamos las señales correctas a los que manejan las cosas entonces habremos dado un gran paso hacia nuestro verdadero desarrollo.

Es imposible desmerecer al señor Fernando Andrade, pero él se ha empeñado en ser el reflejo de su gran hermano don Alberto Andrade y la verdad, no llena el formulario. Bueno es, probablemente honrado también, pero no es el indicado para dar la lucha. Don Humberto Lay pareciera conformarse con aparecer en la película pero carece del brío emprendedor de quien se faja por una ciudad que hay que enderezar y hacerla casi de nuevo. Don Humberto hubiera estado bien para la segunda etapa de recuperación, para cuando las papas ya estuvieran fuera del fuego. El señor Carlos Roca, del partido aprista es muy buena persona, con más integridad que el 90 % de sus correligionarios todos juntos, pero le han puesto una cruz los capos del ejecutivo y la manada, perdón los apristas, tendrán que seguir las indicaciones fielmente. Siempre he tenido una muy buena impresión de Luis Iberico, pero no achunta una. Su formación televisiva de repente le ha impedido hacer el camino de a pocos y con seriedad de argumentos antes que chispazos de "último minuto", espero que se prepare un poco mejor porque además de joven tiene la capacidad de líder que en unos años puede dar la sorpresa. Los entusiastas Raúl Canelo, Alex Gonzales, María Eugenia De la Puente y Walter Ibáñez, son eso, entusiastas y desinformados. Salvo el señor Canelo, que ha explotado muy bien su plataforma fonavista y ya logró su cometido de hacer luz a sus pedidos y Alex Gonzales, que ya hizo notoria su posición sobre el medio ambiente, los demás candidatos no han aportado o sabido aportar al proceso electoral. No se trata de medios materiales, sino de propuestas concretas, innovadoras y realistas que contribuyan al bienestar general de la población limeña. Esperemos que esta vez podamos decidir bien, podamos ser sinceros con nosotros mismos y emitir un voto de conciencia. Lima ya no puede esperar.

lunes, 2 de agosto de 2010

Lourdes Flores, Alex Kouri y Elecciones Municipales

Era inevitable. Cuando la "política grande", partidos y líderes incluidos, se dan cuenta de que han perdido credibilidad, injerencia y manejo directo en la cosa pública del país, se echan de lleno sobre la cosa local, con la esperanza de recuperar bases y reductos ahora ajenos. Usando los mismos métodos y presupuestos de las grandes lides, resulta que los políticos de profesión, oficio y aspiración, se han agarrado a pañuelazos por los favores del vecino. Lo han hecho con la anuencia, participación directa y manipulación de los medios de prensa, de las autoridades en ejercicio y de los grupos de poder, que cuándo no, están ansiosos de recuperar lo que se les estaba yendo de las manos. Lo que está sucediendo entre el PPC, origen de casi todos los políticos actuales y sus hijos bastardos o naturales, es digno de un estudio sociológico mucho más profundo de lo que pretendo en estas líneas. Lo que sí debo señalar es el grave daño que se está infringiendo a las políticas de gobierno y proyectos locales en nombre del reposicionamiento de los voraces partidos tradicionales. La polarización fabricada por los que manejan la opinión pública es una bomba nuclear al corazón del municipalismo. Pocos líderes en el país han entendido la tremenda importancia de solucionar primero la cosa vecinal, lo doméstico, a través de los gobiernos locales, para evitar que trascienda y llegue a convertirse en un problema nacional.

Fue Don Alberto Andrade Carmona quien inició un proceso de municipalización que nos hubiera llevado al verdadero desarrollo de nuestras ciudades, a una revolución pacífica de las políticas y manejos municipalistas, que anteponiendo el beneficio ciudadano del hombre de a pie, del vecino común y corriente, pudiera haber logrado un desarrollo integral y auto sostenido, personal y familiar. Pero he aquí que aparece un señor, que en nombre de los grandes grupos de poder y de sus cálculos y ambiciones personales y societarias, corta las alas al municipalismo al emitir un sin fin de decretos, cercenando atribuciones y responsabilidades, así como fondos y posibilidades de financiación a las municipalidades provinciales, para malograr la trayectoria y brillante futuro de alguien que podría aguarle la fiesta más adelante. Centralizó el poder y de paso le cortó la cabeza a un presidenciable. Ese señor al que las masas nacionales ahora apañan y defienden está preso, pero sigue manejando las cosas a su antojo y el de sus auspiciadores, como todo buen delincuente que desde Piedras Gordas, por ejemplo, sigue planeando y dirigiendo a sus secuaces y sus actos delictivos; y lo hace con la anuencia del señor García, de un congreso alcahuetísimo y del aparato judicial en pleno, que a la postre se han convertido, todos ellos, en mejores defensores que el propio Nakasaki.

Hace casi 5 meses, cuando la señorita Lourdes Flores Nano, deshojaba margaritas sobre su participación en las elecciones municipales 2010, me permití escribir un artículo sobre el tema y enviárselo directamente a su correo personal, el que amablemente contestó sin contestar. Manifestaba que a sabiendas de que las elecciones presidenciales 2011 no eran suyas, se guardara para las elecciones presidenciales 2016 y que no participara en las municipales 2010, que me parecían, para ella, como de una liga menor. A la luz de lo sucedido y ratificándome en lo sugerido voy a ampliar mi opinión al respecto, involucrado además al señor Alex Kouri. La señorita Lourdes representa a un partido tradicional y a una clase socio política conservadora y egoísta. El señor Kouri, por su parte, que aunque tiene el mismo origen y formación política se representa mejor a él mismo y los intereses de su entorno. Ambos, sin mayor diferencia, encarnan y defienden al sistema económico imperante con todos sus vicios e injusticias. Para filosofías y políticas de gobierno central, vaya y pase, total en ese partido debe haber contrincantes de su nivel y, si no los hay, mejor para ellos. Lo malo de su evidente desesperación por hacerse de la municipalidad metropolitana no es por su "extremada vocación de servicio" o por su excelente dominio sobre la materia. No. Es para copar espacios políticos que sirvan al fin mayor, de gobernar el país a punta de quitarle la silla al otro. Nadie podría criticarles su estrategia política. Lo que está muy mal es que se sirvan del favor y la buena fe del vecino para alcanzar sus objetivos. El manejo y gerencia de la ciudad difiere diametralmente de un manejo nacional, en cuanto a filosofía y concepción de gobierno, en cuanto a prioridades y, sobre todo, en cuanto al objetivo primordial. En el caso de las ciudades es la persona, el ciudadano y su familia, su desarrollo integral y el alcanzar un alto nivel de calidad de vida, por sobre cualesquier otra consideración. En el caso de las políticas nacionales de gobierno los fines, los objetivos, las estrategias y acciones concretas son otras. De los dos mencionados, Alex Kouri podría estar mejor preparado para una gestión metropolitana, pero el ya pasó por un gobierno provincial y luego regional y su cabeza está llena de procesos y acciones autoritarias, de grandes manejos y mayores intereses, así como de innumerables compromisos y obligaciones con terceros que no podría, lamentablemente, soslayar a la hora de gerenciar la ciudad.

No hablemos de la tan socorrida "vocación de servicio", que en realidad poco sirve e importa a la hora de promover y gestionar el desarrollo y bienestar general de la comunidad, para lo que se necesita ejercer la labor como lo que es, un trabajo sólo para los buenos, preparados y eficientes gerentes generales de un proyecto de desarrollo integral para sus contratantes, los vecinos. Hay demasiados intereses en juego, demasiadas obligaciones de grupo y mucha desesperación para copar los gobiernos locales. Se ha desvirtuado totalmente lo que debería haber sido una contienda local, entre los mejor preparados, los más honrados y diligentes ejecutivos. Hay demasiados políticos de oficio, demasiados abogados de profesión, demasiados angurrientos de intención y, por otro lado, demasiados, más de lo imaginable y manejable, problemas municipales sin resolver. Considero que ninguno de los dos, Flores o Kouri, reúne las cualidades necesarias, ni sus entornos son los adecuados para hacerse del cargo. Pesan mucho las campañas mediáticas, los humillantes presupuestos de campaña que están en juego y, lamentablemente, la poca auto estima del ciudadano como para soltarse del yugo paternalista de los "partidos grandes, de los señorones y señoronas de la política", pero confío que en las próximas semanas se abra el debate, serio e inteligente, de propuestas y programas y, sobre todo, se abran las mentes de los votantes para decidir "libre y racionalmente" sobre sus propios destinos. Mañana será tarde y nuestra ciudad, no está para otro error. Sobre todo si ya estamos avisados.

lunes, 26 de julio de 2010

Castañeda, Comunicore y Gestión Municipal

Nunca he entendido por qué es que una buena gestión, que empieza con las mejores intenciones y los mejores auspicios se convierte en algo nefasto, peligroso y hasta delictivo. Si me equivoco en lo que escribo a continuación por favor que me corrijan, Dios sabe que de verdad lo deseo. Lo sucedido entre la Municipalidad de Lima Metropolitana, Relima y Comunicore es asqueroso, por decir lo menos. Las evidencias, la forma burda y grotesca en que se han manejado las cosas nos permite tener la seguridad de que la responsabilidad le compete a todos los implicados, sin excepción. Lo preocupante es que la suma de la controversia es millonaria y, lo que es peor, si este negociado tan evidente ha podido realizarse a la luz de los reflectores ciudadanos, qué otras cosas podríamos encontrar, claro, si es que la justicia peruana funcionara como es debido, si algún procurador o contralor se pusiera los pantalones de macho y de honesto. Si algún pequeño grupo de congresistas, de esos que todavía mantienen su independencia y honestidad y que no solo buscan, blindar a alguien, a pesar de las evidencias, quisiera investigar, entonces los ciudadanos recuperaríamos la fe en las instituciones y las personas públicas. ¿Qué es lo que realmente sucedió?

La primera Gestión del señor Castañeda se inicia en Enero 2003. La empresa Relima tenía contrato vigente para el servicio de recojo y disposición final de la basura desde el año 1995 y probablemente los anteriores alcaldes le adeudaban una fuerte suma. En Febrero 2005, ocho meses antes de que se venciera el contrato entre ambas entidades, Relima y Municipalidad Metropolitana de Lima, la empresa, a pesar de la enorme cantidad que se le adeudaba, a la fecha, más de 35 millones de soles, inicia las conversaciones para que se le renueve el contrato, lo que se produce en Agosto 2005, 2 meses antes del vencimiento oficial. Lo que en términos legales ya está mal, pero además uno de los contratantes se presentaba como insolvente para pagar lo adeudado ya vencido y lo futuro y la empresa había incumplido por lo menos dos de las clausulas del contrato original, lo que hubiera permitido concluir con el contrato por parte de la contratante y patear la deuda hasta las calendas griegas. No se hizo así. La municipalidad que ya había dado muestras de incapacidad administrativa al no poder manejar sus adeudos y contratos, en dos años y medio de gestión, Enero 2003 a Agosto 2005, no pudiendo pagarle a la empresa, se embarca en un nuevo contrato, por diez años más. Primer punto sin respuestas. A ello habría que añadir la pregunta de que si es cierto que el nuevo contrato considera la suma de 57 millones anuales como pago por los servicios prestados, es decir ¿casi 5 millones mensuales?

Firmado el nuevo contrato y a fines del mismo año, 2005, la empresa inicia un cobro sí o sí a la municipalidad y ésta, luego de echar espuma por la nariz municipalista le acepta pagar, en 10 años más, la deuda, intereses legales de por medio. La empresa acepta porque a su favor tiene que la municipalidad reconoce la deuda, acepta refinanciarla y jura que los próximos alcaldes la pagarán. Aparentemente todos felices. Sigamos trabajando juntos, me pagas al día los servicios actuales y lo vencido me lo pagas de acuerdo a lo pactado. San se acabó la incomodidad y todos amigos. Pero resulta que alguien no estaba totalmente satisfecho con lo acordado, justamente el que había manejado las negociaciones en nombre de la empresa. Supongamos que este señor, con la mejor intención y con su eficientísimo cerebro convence a la empresa que un pago a tan largo plazo no es conveniente y que mejor es ver la forma de acortar tiempos, eso sí ajustando números, es decir rebajando el importe de la acreencia. En otras palabras plantea que es mejor rebajar la cifra y recibirla de inmediato, no vaya a ser que alguien del grupo de Humala suba a la alcaldía de Lima y luego no nos quieran pagar nada y encima nos demanden por incumplimiento del contrato, como la no renovación de las cartas fianza y la no renovación de la flota vehicular. Así que la empresa, cuya utilidad debe ser altísima para no fijarse en pequeñeces dice muy bien, procede no más. Tú ve qué haces y cobra lo más posible en el menor tiempo posible. El señor Garro, que así se apellida el mago de las finanzas y mejor representante de sí mismo crea Comunicore y va con la misma propuesta a la municipalidad pero en otros términos. Supongamos que a alguien o "alguienes" les dice miren muchachos he descubierto una forma de que Relima cobre y se sienta satisfecha, de que la Municipalidad pague y ordene sus cuentas y SOBRE TODO que los que intervenimos en esta "limpieza de acreencias" recibamos un sencillo y más. Aquí es donde dudo en repartir responsabilidades, pero sí estoy seguro de que ellas competen directamente al Gerente Municipal, al Gerente Administrativo, al Gerente de Finanzas, al Tesorero y al Gerente de Asesoría Legal, así como al Auditor Interno, representante de la Contraloría, de que tuvieron que ver con el asunto. Por idiotas o por delincuentes. Si necesitaron el aval, respaldo y autorización de la cabeza no me consta, pero en todo caso mantengo mi duda. Bueno pues, todos de acuerdo. ¿Cuánto debe la Municipalidad? Pues 35 millones de soles. ¿Cuánto espera recibir realmente Relima mañana mismo? Pues, 14 millones. Muy bien, nos sobran 21 milloncitos, repartamos equitativamente, empezando por este cerebrito que pario la idea. Y así todos recibieron y vivieron felices.

¿El dinero era de los implicados? NO. Era y es de los vecinos de una Lima saturada por las multas y cobranzas coactivas. ¿Había que dar cuenta de las operaciones realizadas? SI, a la Contraloría y a la ciudadanía. Bueno, bueno y qué tanto vaina si aparentemente nadie perdió. Momento señor, ha habido un sobre costo para la ciudadanía de 21 millones de soles, hay personas de alto nivel que han metido la mano hasta el codo y han entrado en algo de lo que no se puede salir sino más bien seguir avanzando. La forma ridícula, que es un insulto a la inteligencia ciudadana, de pretender desaparecer la empresa Comunicore, gestora de este despropósito, con ciudadanos muy humildes de Comas, con notarios inexistentes o clonados y tinterilladas demasiado evidentes, sacan realmente pica. ¿Por qué no se quiere investigar? Las denuncias continuas y argumentadas del diario Perú21 deberían ser consideradas formalmente por algún fiscal decente. ¿Por qué no se hace? ¿Así se manejan las cosas al más alto nivel político? ¿Así se protegen los grandes? Si así es, entonces las elecciones ya están arregladas, las de este año y las del próximo. Mejor nos quedamos en casa viendo una buena película o leyendo algún buen libro. Ta' qué pena.

lunes, 19 de julio de 2010

Transporte Público y calidad de vida urbana

Si Lima es la ciudad más importante del Perú, ¿Por qué se sufre tanto por el transporte público? Si la Alcaldía Metropolitana es autónoma, incluso para cobrar y beneficiarse, directa y exclusivamente, con la cobranza del impuesto auto motor, ¿Por qué entonces, hasta la fecha, no han encontrado la mejor forma de tener injerencia total sobre el transporte público y privado de la ciudad? Y si la tienen, ¿Cómo es que funciona tan mal? Pareciera que las cuestiones políticas y los favores personales priman sobre el interés de la ciudadanía, de otra forma no se entiende ¿Por qué es que si desde la época del señor Andrade se determinó erradicar totalmente los buses con más de 20 años de antigüedad, estos siguen circulando? ¿Por qué es que no se han racionalizado las rutas de transporte, en número de ellas y en recorridos? ¿Por qué esos eficientísimos estudios de abogados que utiliza el señor alcalde metropolitano para defenderse no han podido, hasta la fecha, anular tantas autorizaciones de rutas otorgadas irregular e irresponsablemente por Huarochirí y el Callao mismo, que tanto daño han hecho a nuestro transporte local? ¿Por qué es que las vías se encuentran en tan mal estado, especialmente las principales? ¿Por qué es que la red de semaforización no se ha podido completar hasta la fecha y a un costo decente? ¿Por qué es que se sigue permitiendo el aumento indiscriminado de los llamados vehículos menores, conocidos como moto taxis, en los distritos que inicial y muy ligeramente los aceptaron para circular por sus calles? ¿Por qué hasta ahora no se ha llegado a definir la creación de una policía de tránsito municipal, que dependa directamente de las municipalidades, en acuerdo especial con la Policía Nacional del Perú? Podríamos seguir enumerando preguntas, casi todas sin repuesta, pero mejor vamos al origen del caos que venimos padeciendo.

El que Lima tenga el peor transporte de toda Latino América nace de la incapacidad de las autoridades metropolitanas para darse cuenta de que la ciudad y su desarrollo deben estar, única y exclusivamente, al servicio de las personas y sus necesidades. Es decir, si considero que es importante que el ser humano, el ciudadano, viva bien y haga un uso racional del transporte en la medida de sus requerimientos y dentro de una normatividad que sí se cumpla, entonces empezaré por determinar el tipo de transporte principal y complementarios que la ciudad requiera; estableceré rutas, tipo de buses, capacidad de las vías para albergar el número requerido de unidades; separaré el transporte rápido, directo e inter distrital, del transporte local y menos rápido; estableceré recorridos complementarios evitando la saturación de líneas, preservaré las zonas residenciales y de tratamiento especial y me ocuparé, en todo momento, que los necesarios pasos a desnivel, los intercambios viales y demás facilidades vehiculares sean diseñados y ejecutados teniendo en cuenta que la ciudad es del peatón, que los pasos a nivel son para las personas, que los tiempos especiales son para el caminante y no al revés. Lima se ha convertido en la ciudad del vehículo y el diseño de su crecimiento a futuro está condicionado al incremento incesante del parque automotor. Si las autoridades en ejercicio no tuvieran que pagar favores, auspicios y otras prebendas, entonces le dirían a la asociación de distribuidores de vehículos: Hasta aquí no más. Vamos a racionalizar el transporte en la ciudad y por ello tenemos que declararlo en emergencia. Si es tan fácil, que no debiera ser, detener o anular el nacimiento de nuevas vidas mediante el aberrante control de la natalidad entre los seres humanos, ¿Cómo no va a ser fácil ponerle el pare al incremento de vehículos dentro de la ciudad? Claro, parafraseando al señor presidente García, podríamos decir: No, se vayan a molestar los señores vendedores de vehículos. Bueno pues, eso es renunciar a la dignidad ciudadana y, para decirlo claramente, es venderse por unos cuantos soles, o de repente muchos, dependiendo por supuesto de la talla y el bolsillo.

Existen estudios muy serios sobre el mejor tipo de transporte para Lima Metropolitana; existen proyectos en los que preservando la integridad de nuestras áreas verdes y de recreación, se puede tener un diseño de vías acorde a las necesidades de nuestra población. ¿Por qué no se toman en cuenta? ¿Por qué persiste la contaminación de los vehículos que literalmente expulsados de otros países o ciudades, se asientan como vehículos nuevos en nuestra ciudad, contaminándonos hasta el alma. ¿Por qué se insiste en el uso de vehículos pequeños con rutas enrevesadas que repiten recorridos con otras tantas, peleandose pasajeros y ofreciendo el peor servicio que se pueda imaginar? ¿Por qué son tan caros los semáforos en Lima? ¿Por qué hay tan pocos proveedores de ellos y casi los mismos trabajan con todas las municipalidades? ¿Por qué, por ejemplo el Senati, con alguna buena universidad y una ONG de las tantas que hay, no se dedica a diseñar y construir semáforos inteligentes para nuestros calles principales? Otra vez no hay repuestas para estas preguntas y el actual alcalde metropolitano sigue callado, respondiendo con obras dice, pero valgan verdades, nuestro transporte metropolitano ya no da para más y si eso es lo mejor que el señor Castañeda pudo hacer, lamentablemente debe reconocer que lo ha hecho muy mal y tendremos que pasarle la factura en una próxima oportunidad.

Habrá que esperar a ver los proyectos de los nuevos y entusiastas candidatos a la alcaldía de Lima, pero debo adelantar que lo presentado hasta ahora es más de lo mismo. No veo salida alguna, salvo una poco publicitada y muy incipiente propuesta de la señora Susana Villarán. ¿Qué nos pasó a los que habitamos Lima? Está bien que la mayoría vengamos de provincia, alcalde incluido, pero no está bien que nos dejemos hacer los cholitos. Basta ya de ineptitud, de corrupción, en el mejor de los casos de inercia. Sólo falta ponerle ganas al asunto, tener en claro lo que se debe: la ciudad es de y para el ciudadano, el motorizado y el de a pie. El vehículo no puede seguir siendo el rey con la ciudad a sus pies, o a sus ruedas. Si ya tenemos el ejemplo de otras ciudades que han triunfado o fracasado en el intento, ¿por qué no aprovechar de las experiencias y coger sólo lo bueno y a mejor precio, si cabe. Claro, se acabarían los negociados y habría que reconocer errores y hasta darle crédito a otras personas que no son las que actualmente detentan el poder y la autoridad. Pero, ¿No lo valen la ciudad y los ciudadanos?

lunes, 12 de julio de 2010

Lima Metropolitana y las Elecciones Municipales

¿Qué pasó con la gran y, hasta hace algunos años, manejable Lima?; ¿En qué momento se nos fue de las manos? ¿Existen responsables de su debacle? Los alcaldes, metropolitano y distritales, parecen alzarse de hombros y mirar para otro lado cuando alguien pregunta por qué es que ya no se puede vivir bien en nuestra capital. Y es que la gran responsabilidad le cabe a todos los limeños, de origen y adoptados, de a pie y con autoridad conferida. ¿Por qué hemos convertido la elección municipal en un botín electoral cuyo fin único y exclusivo parece ser el de hacerse del poder, para devolver favores, beneficiarse personalmente y hacer lo que al candidato electo le apunte su regalada gana. Se ha atomizado de tal forma la trama urbana, compartimentalizándola hasta el punto de repetir funciones y brindar doblemente los servicios en una misma calle, en una misma cuadra, o hacerlo completamente mal, pero sin tener que rendir cuentas nada más que a su jefe inmediato, amo y señor distrital que en su señorío actúa como quiere. ¿Y la autoridad metropolitana? ¿Debe limitarse solamente al manejo de las vías principales y al alquiler de sus espacios publicitarios, así como a la recaudación con tajada grande para sí misma, del impuesto vehicular, de las alcabalas y otras rentas e ingresos parecidos?

La autonomía municipal distrital, en su peor acepción, se piensa que implica hacer lo que cada cual quiere, mientras no se salga de los límites distritales. Y no es así. La ciudad en su totalidad, distritos incluidos, debe responder a un solo diseño, a una sola concepción y una sola normatividad, que permita, al ciudadano metropolitano, elegir la mejor zona para residir, para trabajar, para invertir, para vivir, en fin, sin cambios imprevistos ni aberrantes. Pero si cada parte de la ciudad, a través de los compartimentos distritales actúa como unidad diferenciada entonces tendremos un frankestein urbano, dentro de la cual todo vale y el diseño y la morfología urbana no existen y nunca se sabe qué puede pasar finalmente. Y ¿de dónde nace todo este enredo? De la incapacidad de los últimos alcaldes metropolitanos para ejercer el liderazgo necesario, señalar las pautas correctas y contar con la autoridad requerida para que la gran ciudad de Lima actúe como un todo, como una unidad y en dónde nadie pueda sacar los pies del plato, mediante inversiones, proyectos, concesiones, cambios de zonificación y otras obras y acciones corruptas, todas ellas realizadas en nombre de la tal autonomía y en beneficio de intereses ajenos a los vecinos.

Si para cada distrito reclamamos y finalmente esperamos, contar con el mejor gerente, es fácil imaginar entonces que para la alcaldía metropolitana necesitamos al mejor de los mejores, el que tenga la capacidad necesaria para llamar al orden a todos los incapaces, incluyendo corruptos, y que pueda garantizar que la ciudad, en su conjunto, va a funcionar perfectamente. Un alcalde metropolitano debe presidir el comité metropolitano de seguridad ciudadana, debe estar sentado en los directorios de las empresas de servicios públicos, debe ser un magnífico y capaz interlocutor con las autoridades y funcionarios del gobierno central, para que la ciudad en su conjunto funcione como un verdadero mecanismo de satisfacción ciudadana. Debe, por tanto, tener la capacidad suficiente, que supere a todos los miembros de la llamada Asamblea Metropolitana y pueda ejercer el liderazgo requerido. Si elegir bien al alcalde distrital es importante, elegir al alcalde metropolitano es crucial. De ahí que hay que dejar a un lado las simpatías, los colores políticos, que para este caso concreto son irrelevantes, los odios y diferencias personales, los complejos racistas y pensar en la persona que reúna las mejores condiciones, que tenga la mayor capacidad y experiencia y, sobre todo, que pueda demostrar una trayectoria personal y profesional intachables.

lunes, 5 de julio de 2010

El Plan de un Gobierno Municipal

Revisando los planes de gobierno esbozados por los llamados candidatos grandes y por los chicos también, me encuentro con que la mayoría no tienen idea de lo que tendrían que hacer de llegar a las alcaldías por las que postulan. Un simple listado de obras, hasta casi buenas intenciones y, por supuesto, mirar a cada rato la plana ajena para copiar lo más que se pueda, aunque no entiendan de qué se trata. Sí pues, a eso hemos llegado porque lo que debería ser una elección entre los mejores candidatos para la gerencia de desarrollo integral de cada gobierno local, se ha convertido en una verdadera fiesta de derroche y dispendio electorero en la que prima el interés de los grupos de poder para finalmente hacerse de contratos, concesiones y prebendas que los candidatos ya electos no tendrán más remedio que ejecutar porque están agarrados por el pescuezo por estos avezados inversionistas.

¿Qué es un Plan de Gobierno Municipal? En principio, es el enunciado de la filosofía del Plan de Gobierno a aplicar. Es decir, qué es lo más importante para los que lo vamos a ejecutar, cómo vamos a trabajar, qué es lo queremos lograr, cuáles son las prioridades a considerar y, finalmente, cuál es el presupuesto inicial con el que se cuenta y cuál es la capacidad de financiación de la que se puede hacer gala para conseguir todo lo que los vecinos necesitan. ¿Y las obras? Ah sí, también importan, pero primero hay que definir qué es lo que la población organizada requiere, desea y podemos lograr, todos juntos. Más de una vez, por no decir siempre, los planes de los alcaldes electos finalmente no tienen nada que ver con lo que los vecinos estaban necesitando y pensaban que se podía hacer. Monumentos horrorosos, bulevares huachafísimos, jardineras, bancas de pésimo gusto, pero eso sí, todas ellas tremendamente caras, algunas existentes solo en el papel, nunca realizadas pero sí pagadas.

El principal, único y excluyente objetivo de un Plan de Gobierno Municipal debe ser la realización, personal y familiar de los vecinos, su desarrollo integral y la elevación del nivel de su calidad de vida. Se empieza por considerar al vecino como un ser humano único e irrepetible, que merece la mayor consideración y que debe ser el origen, la medida y el final de todo proyecto, obra o causa a llevar a cabo. ¿Y entonces por qué es que se diseña la ciudad, sus vías, aceras, retiros municipales y uso del suelo urbano en general, pensando en los vehículos, los de servicio público y los privados?, en sus lugares de parqueo y en cómo llegan más rápido a su destino. Lo que quede del espacio público que sea para el peatón, pero primero el señor don carro. ¿Por qué no empezar, más bien, por tomar conciencia de que la ciudad es para el ser humano, para el ciudadano de a pie, que necesita caminar, recrearse, tomar aire puro, des estresarse de su rutina diaria, de las áreas necesarias para el juego de sus hijos y para todas las demás actividades complementarias. Sí pues, es que los importadores y distribuidores de vehículos agradecen mejor y más rápido y los constructores de cemento ciudadano, dan mejores réditos y casi siempre en efectivo.

Un Plan de Gobierno Municipal que deje a un lado las necesidades vehiculares y se dedique a pensar en las personas, evidentemente será el verdadero plan de desarrollo que la ciudad necesita. De los requerimientos ciudadanos prioritarios, de las necesidades personales y familiares, de trabajo, salud, educación, vivienda digna, recreación y deporte, así como de las necesidades complementarias de las personas, saldrá el planteamiento de los verdaderos ejes estratégicos de desarrollo de un plan serio de Gobierno Municipal. Todo el resto serán idioteces, propias de ineptos, incapaces y, lo peor, de grandes negociantes y corruptos que no venden la ciudad completa porque más obtienen alquilándola al mejor postor. Las obras, aquellas a las que se da tanta importancia y se priorizan en los planes presentados, si no son el resultado de las consideraciones arriba anotadas, no serán más que muy buenos negocios de un desgraciado que ha llegado a reventar la ciudad con tal de llenarse los bolsillos o, en el mejor de los casos, de un pobre diablo que postuló para sentirse bien y ha ganado porque se lo hemos permitido. Esto último es ya harina de otro costal y merece atención a parte.

lunes, 28 de junio de 2010

Rentas Municipales y Bienestar Ciudadano

Las municipalidades y sus administraciones temporales han sido creadas, se eligen y existen, para promover el desarrollo comunitario y mejorar la calidad de vida de los ciudadanos y no para expoliar a los miembros de la propia comunidad. Si esto es cierto y se acepta como tal, ¿cómo es que entonces los intereses municipalistas, regidos por la autoridad de turno, se sobreponen a las necesidades, deseos y esperanzas de los vecinos, teniendo al parecer como único, excluyente e inmoral objetivo, el de preservar el estatus municipalista, con sus gollerías e ilimitados beneficios personales, a como dé lugar? Debido precisamente a esa política abusiva y casi expropiatoria por parte de las administraciones municipales los vecinos, convencidos de los malos manejos, o total ineficiencia en la gestión, en el mejor de los casos, han optado por dejar de pagar los tributos, de patear las deudas hasta esperar una amnistía que siempre llega, pero que descuadra las cuentas y causa mermas y atrasos en la ejecución de los presupuestos.

Las Rentas Municipales se componen de todos los ingresos que la Municipalidad recibe a través de los tributos, tasas, contribuciones, derechos, transferencias del gobierno central, concesiones, alquileres de predios y los ingresos que pudieran generar las empresas municipales creadas. Podríamos añadir también lo que pudiera obtenerse del buen manejo crediticio de las propias administraciones. Y entonces ¿por qué cargar el mayor peso de los ingresos municipales, a través de lo que se paga por arbitrios y tasas a los casi complacientes vecinos, además de multas onerosas y abusivas, así como elevados derechos por trámites innecesarios, que constituyen verdaderas trabas al desarrollo social y económico de los distritos, mientras el gobierno central y, lo que es peor, la propia vecindad calla y acepta?

Mientras no exista y se aplique, una verdadera política de gestión de cara al vecino y su desarrollo integral en la que se privilegie el beneficio y, principalmente el bienestar, de los vecinos, no saldremos de esta espiral de expoliación económica por parte de las administraciones de turno. El clientelaje y las desmedidas gollerías implantadas por cada nueva gestión carga a la comunidad con gastos y costos operativos desmedidos, debido precisamente a un abultada e ineficiente planilla que tiene que alimentarse, parasitariamente, del trabajo y del esfuerzo ciudadano. Las tasas y derechos que se señalan para los servicios que brinda, casi siempre en forma ineficiente la municipalidad, que deberían ser normados y fiscalizados por la propia población organizada, llegan a límites altísimos, sin que nadie opine, reclame o contraríe y que más bien, termina pagando por las buenas o las malas. Las multas por infracciones vecinales a veces inexistentes, pero que son aplicadas con un rigor digno de mejores causas, se convierten en amenazas y avisos conminativos de descerraje de puertas, de embargo de cuentas e incautación de bienes. Y tampoco nadie dice nada.

Sobre las transferencias del gobierno central, vía el Foncomún, Canon, Sobre Canon, aduanas, porcentaje del IGV y otros, debo decir que las mismas se han convertido en rentas caprichosas de libre decisión de los gobiernos centrales que mediante el racionamiento o generoso dispendio, mantiene la lealtad de los gobiernos locales adictos o proclives al aparato ejecutivo de turno. Un derecho señalado y reconocido por la ley termina siendo un arma discrecional del ministerio de la presidencia que bien manejado cosecha tantas lealtades como cómplices en el manejo de los fondos públicos. Ni la Asociación de Municipalidades del Perú, ni mucho menos las autoridades provinciales han exigido con resultados, el buen manejo de dichos fondos, limitándose cada gobierno local a negociar de la mejor forma su propia conveniencia, más de las veces en desmedro de los otros gobiernos locales vecinos, que son relegados a la hora de la repartija. La falta de control y debida fiscalización sobre los mismos han sido determinantes para que las administraciones puedan disponer de ellos en la peor forma, apropiación ilícita incluida. Más de un infarto ciudadano se produciría de saberse la forma en que se reparten los fondos de estas transferencias, bajo la supuesta vigilancia de las unidades de control interno municipales y la propia Procuraduría.

Sobre la auto generación de rentas a través de las empresas municipales, la falta de capacidad, de visión y gestión eficiente y eficaz por parte las autoridades de turno, hacen ocioso el ocuparse del tema. Es mucho más fácil cobrarle al propio vecino, bajo amenaza coactiva, que siempre termina por pagar, antes que romperse la cabeza y armar toda una organización para generar el ingreso de dinero que pueda permitir realizar mejoras sustanciales en la prestación de los servicios municipales, reducción de costos incluido. Claro, como esto no es común, la población "mayormente desconoce" y por lo tanto no exige su implementación perdiéndose la gran oportunidad de generar desarrollo vía creación de nuevas fuentes de trabajo y genración de ingresos propios. Lamentablemente los ejemplos del Sat y del Hospital de la Solaridad no son buenos referentes por la forma en que funcionan y los verdaderos intereses que persiguen.

Es una verdadera pena que el ciudadano común se resista a aprender y ejercitarse en la defensa de sus derechos, en el buen manejo de los fondos públicos y en la correcta administración de las rentas obtenidas de los propios vecinos, que religiosamente contribuyen al beneficio personal de sus autoridades de turno. Y, lamento decirlo, seguirán haciéndolo por los siglos de los siglos amén. Las sucesivas reelecciones y los olvidos convenientes de latrocinios cometidos preparan el camino para más de lo mismo. Y, oiga usted, ¿no hay forma de que cambien las cosas? Pues fíjese que sí, pero para ello hay que molestarse en pensar, en analizar, en comparar y en bien elegir. La fecha es propicia para darse un baño en salud, para procurar el cambio y para empezar a vivir con dignidad ciudadana, para mejorar las condiciones de nuestra calidad de vida urbana y para que verdaderos gerentes y técnicos eficientes se hagan cargo de nuestra mayor y mejor empresa, a través de la alcaldía y el Concejo Municipal. Levántate tu mismo la moral, colabórate contigo mismo. Mira bien, elige bien, ya no estamos para seguir equivocándonos. Al menos ya no la ciudad.

lunes, 21 de junio de 2010

Reelección Municipal o Corrupción generalizada

Cuando un alcalde elegido por su comunidad llega a la alcaldía, el día 1° de Enero cada cuatro años, sabe perfectamente que le ha costado bastante llegar hasta allí, pero no tiene la menor idea de qué es lo que tiene que hacer para cumplir con el encargo. Así que como primer número de su debut se manda cambiando a todo el personal "de confianza", gerentes y sub gerentes de todas las áreas, gente nueva que tampoco tiene la menor idea de lo que se tiene que hacer pero sí están completamente seguros de que es la gran oportunidad de sus vidas y que no van a desperdiciarla por ningún motivo. El primer año, si no es más, alcalde, regidores y funcionarios se dedicarán a aprender, con la socorrida técnica de error - acierto, equivocándose más de lo admisible y desperdiciando tiempo y dinero de los contribuyentes. Si hay suerte, el segundo año se dedicarán a "ordenar" el municipio de acuerdo a las intenciones, objetivos y necesidades, pero no de la comunidad si no del propio alcalde, sus familiares y allegados, que mediante ordenanzas con nombre propio y alias de prontuariado, preparan todo el escenario para que no quede duda de que por aquí pasaron. Durante el tercer año se dedicarán a aplicar lo elaborado, para bien o para mal de los vecinos y antes de culminar este año ya estarán abocados a preparar el camino de la reelección para "ahora sí", poder hacer su mejor papel en la conducción de los destinos de la comunidad. Tenemos así que la única etapa de trabajo bien entendido, pero pesimamente ejecutado, es el tercero y nada más.

¿Es esto razón suficiente para lanzarse a la reelección, con la justificación de que no alcanzó el tiempo para dar lo mejor de su gestión? Por supuesto que no. Sucede que el vecino, carente de responsabilidad ciudadana, de conciencia cívica y, más de las veces, ignorante de sus derechos y deberes dentro de su comunidad opta por lo más simple; si lo hizo más o menos que salga de nuevo, y aunque haya pasado robándoles a las once mil vírgenes, dirán que tiene probada experiencia para hacerse de del cargo nuevamente. ¿Alguien dijo pobres idiotas? Fui yo. En verdad, se necesita ser suicida, kamikaze o amante del harakiri, para no darse cuenta que un ladrón, ocioso y sinvergüenza no cambia, si no que se perfecciona; y aunque haya hecho algo de obritas, tengan por seguro que lo que se embolsicó se acerca al 50 % de los ingresos municipales. Y no es justo. Está comprobado, salvo una o dos excepciones, que todo el que busca la reelección es un inepto completo, porque no supo aprovechar al máximo el tiempo concedido para su gestión; es un amante del poder, soberbio y tirano, que quiere seguir ejerciéndolo por sobre todas las cosas; o que necesita terminar de pagar sus nuevas propiedades, en las playas del sur chico, del norte grande o más lejos aún, en otros países. Indicios hay, pruebas hay, testigos hay, lo que no hay es pantalones para encararlos.

¿Qué funciona mal en las elecciones municipales? TODO. El tiempo de gestión mínima debería ser de 5 a 6 años, no solo 4, pero con verdadera evaluación ciudadana, permanente con mecanismos de penalización que impliquen suspensión, vacancia o desafuero de las autoridades elegidas, de aplicación anual, cosa que el mal no avance ni se propague a otras instituciones. La labor que la Procuraduría Nacional realiza dentro de los municipios es desastrosa, cuando no cómplice de los latrocinios que se cometen. Todos los vecinos lo saben, todos los vecinos callan. La elección de los regidores que participan en una gestión municipal es terrible. Con el ganador de las justas electorales entran la mitad más uno de los susodichos, es decir estoy blindado, de ahí a convertir a los otros en finos otorongos no hay más que un pasito. Los que terminan de conformar el Concejo Municipal, a razón de uno por lista perdedora, de las que sean necesarias, no es más que entregar a las fauces del poder omnímodo la "pureza" del regidor entrante, que a partir de la segunda sesión de Concejo, si es que no es antes, se entregará a la seducción del poder y sus encantos, convirtiéndose en uno más del grupo ganador. Por lo tanto, ¿Qué queda de la labor supervisora, fiscalizadora y legislativa en beneficio del vecino, por parte del cuerpo edil? Desaparecemos al Concejo de Regidores en pleno y no pasa nada. Perdón, sí. La municipalidad se ahorraría un huevo de plata, por decir lo menos.

Es en verdad alarmante que para estas elecciones municipales 2010, 35 alcaldes distritales en ejercicio, de 42 existentes en Lima, están buscando la reelección. ¿Para qué? Muchísimos de ellos han procedido fielmente como lo mencionado líneas arriba, por lo tanto no merecen ser reelectos. Hay algunos casos que rebasan la lógica, el alcalde de un distrito limeño está postulando a su sexto período como alcalde. ¿No existe nadie más que pueda desempeñar el cargo? Si los vecinos de dicho distrito se enteraran siquiera del tiempo y probablemente las oportunidades perdidas, seguro que se echarían a llorar. En un segundo período las autoridades y funcionarios se relajan, se creen realmente dueños del distrito y obran con mezquindad o lenidad, en el mejor de los casos, o peor aún, arman tinglados que permiten grandes desvíos de fondos municipales para beneficio personal de unos cuantos, ¿Y la justicia? Bien gracias, esperando no más. Se puede robar en obras no realizadas, en sobre valuaciones de las obras y trabajos realizados, en comisiones bajo la mesa por concesiones o licitaciones amañadas, en mirar para otro lado cuando empresas de toda índole, sean de servicios públicos o privados, arremeten contra los derechos y beneficio de los propios vecinos. ¿Es que nadie se da cuenta de ello? Tal vez sí. Pero que penoso es tener que reconocer que me equivoqué al elegir, que me equivoqué al no corregir y ya pues qué importa si me equivoco nuevamente al reelegir. Así no vamos a ningún lado. Bueno, sí, directamente a la ruina total de nuestra calidad de vida.

lunes, 14 de junio de 2010

Una lucha de Tin-tanes y sus carnales

Hace unos cuarenta años teníamos en el cine y la televisión a un personaje bastante gracioso, pendenciero él, sinvergüenza también, pero sobre todo, criollo, rápido para las salidas y lo que se podría considerar como una persona amoral, casi casi, más allá del bien y del mal. Ese era Tin Tan, interpretado por Germán Valdés, hermano en la vida real de don Ramón del Chavo del 8 y también del papá del cantante Christian Castro. Este cómico mejicano era acompañado y escudado por su carnal Marcelo, otro cómico coterráneo. La dupla era de lujo. Todo estaba bien, todo estaba suave, los problemas generados por sus mentiras y metidas de pata se arreglaban con más mentiras, más metidas de pata y con la seriedad de notario de su querido carnal. La realidad me releva de hacer comparaciones porque muchos de los políticos actuales se pelean con esmero y denodado esfuerzo la mejor caracterización de Cantinflas, Tin Tan y hasta Resortes y Mantequilla, otros cómicos mejicanos. Por lo palurdos, ignorantes, incapaces, pero carismáticos y con pinta de buena gente, pobrecitos ellos. Ni qué decir del carnal, sufrido y esforzado acompañante de turno que se deja cortar la cabeza y pone el rostro para las cachetadas de un enfurecido, en su papel mediático y puritano, que le enrostra el error que él mismo ha cometido y el otro no solo lo acepta como propio si no que jura que ya no lo hará más y el respetable cree, avala y sigue pa' lante.

Nuestra sociedad es muy proclive a la informalidad, a la socarronería, a la chanza, a la carcajada fácil, al espectáculo frívolo y de bajísimo nivel; de otra forma no podría entenderse que permitamos la ridícula puesta en escena de la lucha por el poder político a través de las elecciones, ahora, en nuestras ciudades y el próximo año en el país entero. ¿Qué nos ha pasado por Dios? Entiendo que la necesidad de evadirse, de soltar la carcajada, es válida cuando las cosas no van bien, cuando mis expectativas y esperanzas ya fueron y solo me queda acomodarme y sufrir en silencio. Lo que no entiendo es que nadie haga nada por tomar conciencia de que lo que está sucediendo no está nada bien y enarbole la bandera de la libertad y los derechos ciudadanos; no entiendo por qué es que nadie se para en frente del político profesional y le dice que ya basta, que necesitamos vivir mejor, que podemos hacerlo sin él y que de una buena vez nos deje en paz. Sí pues, es falta de valor, de carácter y personalidad, pero sobre todo de conciencia ciudadana, por haberse dejado estar y no reclamar lo justo y lo mínimo indispensable para poder tener una vida decente. Recursos humanos y económicos sobran, pasa que lo primero evade la responsabilidad por comodidad o desidia y lo segundo se va a los bolsillos de quienes dicen trabajarán por el desarrollo comunitario. Todo con el aval, beneplácito y apoyo formal de los grupos de poder que requieren que nada cambie, que nada se mueva. ¿Para qué? Si así les va muy bien.

En cualquier democracia decente y formal al producirse los períodos electorales se realiza una verdadera Guerra de Titanes entre políticos de excelente nivel, que con respeto y altura debaten planes de gobierno y filosofías de Gestión Municipal, pero en nuestras ciudades estamos asistiendo a una lucha de conchamadreo, cabes y arreglos bajo la mesa para hacerse de las alcaldías distritales y provinciales, sin mayor objetivo que tomar el poder a como dé lugar y enseñorearse cada uno en sus nuevos predios políticos y poner las condiciones para las componendas de las elecciones generales del próximo año. Es decir un remake de Tin Tan y, por supuesto, los necesarios y salvadores carnales Marcelos, que no son otros que los auspiciadores, los sponsors y también los chupa medias y ayayeros de toda la vida.

Los partidos tradicionales están preocupados por mejorar su pésima imagen, los partidos nuevos o pequeños están desesperados porque no se les deja entrar a las ligas mayores y los vecinos, se encuentran tremendamente asqueados y aburridos por tener que comerse tremendo novelón, pero lamentablemente no dicen nada, callan y finalmente otorgan. Esa es nuestra triste realidad. En una reciente entrevista al sociólogo nacional Julio Cotler podemos hallar los verdaderos calificativos que merecen las cabezas visibles de los partidos y encumbrados políticos de turno. En el ámbito metropolitano tilda a Alex Kouri de delincuente, a Lourdes Flores de incapaz; en el ámbito nacional se refiere a Luis Castañeda como la persona más gris del mundo, de Keiko Fujimori su opinión es que si se le permite ella se levantaría el país en pleno y de Ollanta Humala afirma que está secuestrado por un núcleo familiar. Si vemos las cosas con frialdad y analizamos nuestro panorama y perspectivas en forma racional tendríamos que estar totalmente de acuerdo con las expresiones del señor Cotler. Y ¿entonces por qué es que todos seguimos escuchando, devolviéndoles sonrisas y apretones de manos y hasta besitos a los mencionados? Pasa que nos hemos marcelizado. Porque aún con nuestro silencio estamos aprobando, avalando, respaldando y probablemente, hasta terminemos votando por cualquiera de los mencionados.

lunes, 7 de junio de 2010

¿Y dónde pongo mi carrito?

Producido el irresponsable boom constructivo en los distritos de Lima centro, con la colaboración entusiasta del gobierno central y la desidia de las autoridades locales, viene ahora la pregunta lógica. Sí pues, ya tengo mi depa, pero ahora, ¿dónde coloco mi carrito? Y, dentro de unos añitos, que avancemos en la amortización de la hipoteca, mi ñora querrá sus propias cuatro ruedas y ¿a dónde lo colocaremos? Leyes nacionales con nombre propio, para favorecer a los contratistas, flexibles políticas de financiación inmobiliaria a jóvenes parejas que hoy tienen trabajo, pero mañana no sabemos y pasado con seguridad que no. Redes de servicios públicos que no están preparadas para el incremento poblacional repentino, que en los próximos 5 a 7 años, ciclo necesario para la venta y ocupación definitiva de todas las unidades de vivienda construidas en los últimos años, reventarán y no precisamente de puro gusto. Los distritos de Jesús María, Magdalena del Mar, Lince y San Miguel han decidido, muchas veces obligados por el hambre insaciable de los constructores que apuntalaron las campañas electorales de los alcaldes en ejercicio y que hoy, con todo lógico derecho, exigen se les atienda en la aprobación de las licencias a sus angurrientos proyectos cuyo único objetivo es el de sacarle el mayor provecho a cada metro cuadrado de terreno, dar pase libre a toda laya de construcciones multifamiliares, sin mayor preocupación que la de la cantidad que queda en caja y, mejor, en el propio bolsillo. Y no es justo. Todos los involucrados se han zurrado en el manejo responsable de la ciudad y la ocupación del suelo urbano y han permitido edificios de 14 o 16 pisos con frente a vías de 6 metros de ancho, en zonas reconocidas como residenciales de baja densidad, sin considerar áreas libres, tanto para estacionamiento de vehículos, holgados y reglamentarios accesos para los mismos, para recreación y para sembrado de árboles y demás servicios, que empezarán a pasarnos la factura de tan estúpida decisión más temprano que tarde a todos los ciudadanos, vecinos de esos, a veces esperpénticos, callejones verticales.

Identifiquemos responsables y determinemos responsabilidades. El Perú es uno de los pocos países que se consideran serios, que carece de una verdadera política de vivienda, que no tiene programas racionales y eficientes de promoción de vivienda de carácter social, pero que tiene una increíble vocación por darle la mesa servida a los inversionistas de siempre. No hay ley, ordenanza, reglamento o disposición que no mande la existencia de áreas de parqueo cuando se construye un proyecto multifamiliar, salvo claro está los bien aventurados proyectos de Mivivienda que han venido a desarticular nuestra ciudad y a desmejorar nuestra ya pobrísima calidad de vida urbana. Si las autoridades distritales hubieran pensado en su comunidad, más que en intereses particulares, los propios incluidos, entonces hubieran podido percatarse que las unidades familiares empiezan en dos personas y el uso de movilidad pública y que al cabo de 10 años, promedio, terminan en cuatro o cinco seres humanos y uno o dos vehículos particulares que tendrían que tener su propio espacio. La responsabilidad alcanza también a las llamadas comisiones de revisión de proyectos de los colegios de arquitectos e ingenieros que no se manifestaron al respecto. Todos, hasta el más ignorante y palurdo de los alcaldes distritales sabían que esto iba a pasar. Que no habría espacio suficiente para todos los vehículos de propiedad particular que actualmente nuestras ciudades albergan, en gran porcentaje en calles y veredas, con desagradables alarmas incluidas. Y no hay derecho.

Bueno pues ¿y ahora qué hacemos? La primera medida es declarar en emergencia el tema del transporte y la tenencia de vehículos particulares. ¿Quieres más de un auto por unidad familiar o unidad de vivienda? Muy bién entonces tienes que aportar a un fondo distrital intangible para el transporte particular, que además de vías en perfecto estado disponga la existencia obligatoria de estacionamientos de uso público. Pero como los problemas urbanos no vienen solos tenemos el añadido de la circulación de ese elefantiásico parque automotor, es decir la cantidad de vehículos particulares que circulan por nuestras calles con una tremenda insolencia sabiendo que son los dueños de las vías públicas. Muy bien. No es posible que todos los vehículos existentes circulen a la vez. Ha funcionado perfectamente en otras ciudades latinoamericanas y con toda seguridad también podría funcionar aquí. Tu station toyota tiene permiso para circular tres días de la semana y tu 4 x 4 Nissan los otros tres. Ninguno de los dos circula los domingos, salvo pase preferencial que también cuesta y que va dirigido al fondo de previsión y proyectos de transporte. Claro, para que esto funcione debidamente habría que eliminar a toda ese enjambre de zánganos municipales que lucran con el problema o simplemente no se ocupan de su labor como deberían y que están a cargo de las instancias municipales actuales. Las medidas desproporcionadas y de última hora, como la de la alcaldía de Jesús María de exigir tres estacionamientos por departamento a construir suena más a cachita y sorna antes que a medida regulatoria o de prevención. Eso debió preverse y no permitir tremendos edificios con cero área para estacionamientos, verdad señores del Ministerio de Vivienda y Construcción?

Para la ciudad de Lima, un parque automotor que supera las dos millones de unidades en circulación, a parte del beneplácito de las concesionarias distribuidoras de autos, no nos ha hecho ningún favor, salvo desgraciarle la vida al ciudadano de a pie y zurrarse en la tranquilidad de los hogares. La responsabilidad, decisión y solución corresponde a las autoridades locales, a las regionales y a las nacionales, en ese orden. No podemos seguir contaminando nuestras calles, tugurizando nuestros pocos espacios públicos ni construyendo, oiga usted señor alcalde metropolitano, una ciudad exclusiva para los automóviles. Y eso es lo que se está haciendo ante la mirada impasible, por demás estúpida de las angurrientas autoridades municipales.

lunes, 31 de mayo de 2010

La Contaminación Ambientoral

La ciudad se ve fea, se siente fea, se escucha pésima, ya no se puede transitar libremente. Sí pues, la penetró el virus electoral. Como una suerte de crónica de muerte anunciada vemos que se va acercando, lenta pero inexorablemente el desfallecimiento, por sobre exposición, de nuestros centros urbanos. Lo peor que le puede suceder a una ciudad es recibir el ataque artero y demoledor de las apetencias electorales de los grupos de poder, político, económico, de siempre. Nadie quiere perder lo que ya ha conseguido a la fecha, poder y posicionamiento social y político, grandes negociados municipales y el favor del elector; mientras los nuevos y los que quedaron fuera en la anterior contienda se preparan a dar la batalla de su vida para auparse a la limusina del triunfo. Todo ello en nombre de la democracia, de la institución ciudadana de las elecciones libres y de las promesas siempre incumplidas de los políticos profesionales y los sinvergüenzas de siempre.

¿Qué ha permitido que la angurria de los partidos tradicionales y la desesperación de los frentes vecinales e independientes nos sumerjan en el más bajo de los estándares de calidad de vida urbana? La respuesta pareciera obvia: la falta de autoridad y la inercia legal. Pues fíjense que no. Nuestra desgracia se ha originado en nuestra propia indiferencia, nuestra estúpida inconsecuencia y, evidentemente, en una total falta de auto estima ciudadana. Fueeeeeera... dicen los convenidos. Pero veamos que así es. Vamos a suponer que en las elecciones de hace 4 años hubiéramos exigido debates públicos en lugar de avalanchas publicitarias; que en lugar de millonarias ediciones de folletines novelescos de los candidatos hubiéramos exigido planes de gobierno y propuestas concretas de generación del desarrollo integral; hoy sólo se hubieran presentado a las elecciones solamente los mejor preparados y, de repente, por ahí se animaban a participar los que realmente valen y que las elecciones les llegan altamente.

Calles plagadas de cartelones vendedores de falsas promesas, banderolas con ridículos e incomprensibles lemas, afiches de sonrientes estafadores, gigantografías que albergan espíritus pequeños y volantes ofertando propuestas irrealizables, constituyen nuestro actual panorama urbano. Sin olvidar las paredes pintarrajeadas, los postes de alumbrado público y árboles con pegatinas y stikers. La bulla inmisericorde de los megáfonos, parlantes y estridentes radios, rebosantes de pésimo gusto y mensajes del más bajo nivel, que han hecho imposible nuestra tranquilidad. Caravanas con candidatos como reinas de belleza y entusiastas seguidores que en verdad, si no fuera por el chongo agradable que se arma, no sabrían qué hacen allí. ¿Y las autoridades? Aquí, bien, gracias. Si son los alcaldes, regidores, altos funcionarios municipales y sus auspiciadores los primeros, en busca de perennizarse en el cargo, en propiciar estos infames y demoledores ataques a la ciudad, ¿cómo podríamos esperar que esto no suceda?

Se respira elecciones por todas partes, pero no como opción político vecinal, se respiran más bien los hedores de la corrupción en busca de la impunidad que asegura el continuismo, la negociación y el trasvase de votos entre grupos afines que no permiten que algún advenedizo se haga del poder. No, sí no pasa por caja, en todo caso. Cada día que pasa el verdadero cambio se hace más difícil. Es casi imposible pensar en unas elecciones democráticas, sin manipulaciones ni intervenciones mediáticas; entre ciudadanos verdaderamente libres, conscientes de su tremenda responsabilidad para con su comunidad; con candidatos de buen nivel, limpios e insobornables. Pero sobre todo, con la seguridad de que no somos borregos, de que no somos tontos, de que pensamos y queremos lo mejor para nosotros y nuestras familias. Mientras no reparemos en que los partidos políticos tradicionales nos están destruyendo personalmente, están destruyendo nuestras ciudades y, sobre todo, nuestras esperanzas y las oportunidades que en verdad no sobran, no podremos vivir mejor.

La ciudad realmente apesta. La cobarde indiferencia de quienes deberían intervenir para adecentar las elecciones y salvaguardar nuestras instituciones democráticas, se ha convertido en peligrosa complicidad. ¿Hasta cuando lo vamos a permitir?

lunes, 24 de mayo de 2010

Se necesita Alcalde que sepa...

Con el paso del tiempo se ha ido haciendo casi imposible conseguir un alcalde que esté a la altura de nuestra expectativas, que conozca lo que es la verdadera Gestión Municipal y que se dedique a tiempo completo a la responsabilidad que se le ha otorgado. Lo ideal sería colocar un aviso en los periódicos de mayor circulación ofreciendo el empleo, con una serie de requisitos mínimos que deberían tener los postulantes y con un comité de examinadores de altísimo nivel que pudiera indicarnos, al final de las entrevistas, quién es el que reúne las mejores condiciones para hacerse del encargo y cumplir a satisfacción con el trabajo. Si cualquier empresa privada o estatal que quiere hacerse del mejor personal, competente, proactivo, eficaz y eficiente, hace uso de los medios de comunicación para la búsqueda de los mejores candidatos, ¿por qué es que no podemos hacer lo mismo para nuestras municipalidades, en lugar de gastar dineros propios y ajenos en torturantes campañas publicitarias? Si no fuéramos tan borregos o ignorantes, que al final es lo mismo, nos daríamos cuenta de que contratar a un incapaz, para el puesto más importante de nuestra comunidad es como pedir a gritos la quiebra de nuestra propia empresa. Es quemar nuestra propia casa y botar a la basura nuestros mejores muebles.

Pero, ¿sabemos realmente qué clase de alcalde queremos y necesitamos? Pareciera que no. Me permito sugerir, a manera de listado, una serie de requisitos mínimos que debieran llenar los postulantes al cargo de gerente general de nuestra comunidad:

1. Se necesita alcalde que sepa que Gestión Municipal es promoción y generación del desarrollo integral de una comunidad. Que su principal deber es el de romperse el alma porque la gente de su municipio, que es la que lo ha contratado, viva cada día mejor.

2. Se necesita alcalde que sepa que el único y excluyente objetivo de su gestión es el ser humano y su realización personal y familiar. Jamas anteponer el crecimiento de la ciudad, la modernidad y el embellecimiento urbano al bienestar de sus habitantes.

3. Se necesita alcalde que sepa que la educación, la salud y el trabajo son importantes e ineludibles responsabilidades municipales. Pretender que corresponden al gobierno central es eludir cobardemente las responsabilidades que la propia ley señala.

4. Se necesita alcalde que sepa que los bienes, rentas, transferencias e ingresos municipales, son patrimonio exclusivo de la comunidad. La malversación de fondos y el gasto indebido de las rentas municipales deben ser penados con cárcel efectiva e inmediata.

5. Se necesita alcalde que sepa que su comunidad en pleno, sin exclusión ni restricción merece alcanzar el más alto nivel de calidad de vida. Inclusión, responsabilidad y compromiso social son la base del verdadero desarrollo comunitario.

6. Se necesita alcalde que sepa que su labor corresponde a un gran proyecto que trasciende a la importancia y límites de su gestión. La comunidad no se acomoda al proyecto de la gestión en ejercicio, ésta debe ceñirse a cumplir con lo que le corresponde.

7. Se necesita alcalde que sepa que resolver los problemas de su comunidad en forma integral elimina los problemas nacionales. El verdadero y sustentable desarrollo se alcanza desde abajo, desde la célula básica de nuestra sociedad: el ser humano y su familia.

Finalmente, necesitamos alcaldes que sepan que han sido contratados para servir y engrandecer el patrimonio que se les ha confiado y no para engrandecer el patrimonio personal y servirse de los vecinos en beneficio propio. Ejemplos pasados y recientes tenemos en cantidad, falta que los ciudadanos, libre y conscientemente decidamos bien. Otro error podría significar perder la última oportunidad de alcanzar el desarrollo de nuestras comunidades.