martes 6 de septiembre de 2011

El servicio de taxi en Lima

¿Qué nos diferencia de otras ciudades del mundo en lo que a servicio público de taxis se refiere? En Lima, más del 50 % son informales, cachueleros, profesionales de distintas ramas haciendo valer su derecho a ganarse la vida, claro, en la forma más fácil y rapidita. Tenemos alrededor de 250,000 vehículos, que permanente o eventualmente se dedican a este servicio. Las tarifas que tenemos están al capricho y oportunidad de choferes y usuarios. Dos, de cada diez choferes, es asaltante por convicción, secuestrador en complicidad o violador en solitario. El registro que se mantiene de ellos, mentiroso e inactualizado, no sirve para nada y la autoridad correspondiente, al menos en los últimos 25 años, jamás se ha atrevido a pararle el macho a esta horda motorizada de energúmenos, que maneja con una mano en el volante y la otra en el claxon, que acelera sin piedad y frena sin misericordia. Normalmente un cachuelero del taxeo, como ellos mismos se hacen llamar, trabaja en una institución pública, toma carreras en el camino a su trabajo o de regreso a su casa. No tiene licencia autorizada, no tiene la menor idea de lo que es calidad de servicio, su vehículo hiede y su limpieza personal, especialmente al regreso, es indeseable. Existe otro grupo, el de los desocupados permanentes, esas personas libres de espíritu que jamás han podido acostumbrarse a levantarse temprano, a recibir órdenes y a trabajar para OTTTROOO. Por favor, en unas horas saco para pagar a la dueña de la carcacha, para mi fritanga y para llevar el diario a la jefa, bueno, si es que no me cruzo con la tombería, ahí sí tengo que aplicarme un par de horas más. Conversadores impenitentes, salseros a todo volumen, telefonistas permanentes, con o sin hands free. Así es, el problema número dos, gravísimo él, son los señores del volante.

Pero el número uno es la autoridad competente. Que no existe claro, pero que debe estar por ahí. ¿Quién autoriza las licencias, a parte de las que se venden en las afueras de las reparticiones públicas correspondientes? ¿Quién se encarga del tránsito y del orden público, a parte de los que en honor de la institución saben decir, no falte al respeto señor, eso no alcanza, somos dos? ¿Y los que hacen las leyes, pergreñan las ordenanzas, publican los reglamentos e inventan las multas? Todos están ahí, hasta en mayor número, pero todos desconocen "mayormente" aquello en lo que trabajan. Hemos tenido administraciones municipales metropolitanas, que han sentado las bases para este desborde vehicular y este abuso sin nombre de los motorizados. Por negligencia o hasta participación activa mediante dudosos decretos de alcaldía y regulaciones que tienen como objetivo principal la cobranza de multas. ¿Se ha tomado alguien el trabajo de sacar cuentas de cuántos vehículos se necesitan realmente para servir a una determinada población, sin que la escasez permita la concertación de precios y sin que la sobre oferta de vehículos permita y promueva el abuso del usuario para pagar menos? ¿No? Hay ciudades como la cálida y amistosa Chiclayo, por cuyas calles principales circulan miles de vehículos, mototaxis, ticos, station wagon, toyotas de todo modelo y antigüedad, a vista, paciencia y beneficio personal probablemente, de las autoridades y policías y no pasa nada. En Lima podríamos llegar a eso.

Veamos Lima. Las tarifas son antojadizas, los conductores pésimos, las condiciones del vehículo deprimentes, existe una corrupta regulación y fiscalización y una permisiva máxima autoridad que han determinado que tengamos un meritorio primer puesto en el peor servicio de esta parte del continente. ¿Podremos tener algún día la cantidad de vehículos que realmente se necesiten y nada más? ¿Podremos acceder a vehículos en perfecto estado de conservación interior y exterior, con las identificaciones respectivas y los conductores, autorizados, preparados y con excelente intención y capacidad de servicio? ¿Podremos tener tarifas justas y lógicas en una ciudad en que el mayor porcentaje de viajes se realiza en trayectos planos de distancia media y casi sin obstáculos? ¿Podremos en fin, disfrutar de un servicio que no es prerrogativa de nadie, ni cuestión de sindicatos, sino más bien de trabajadores eficientes, respetables, que se entregan al servicio público que la comunidad le ha encargado? Es tiempo de dictar y hacer cumplir las medidas necesarias para alcanzar un buen nivel de servicio. Lo primero que tenemos que hacer es meternos en la cabeza que el servicio de transporte público a través de los taxis, no es exclusividad de unos pocos, no es propiedad de otros más y no es un favor que la autoridad le hace a los solicitantes. Entender luego, que más vehículos de los que realmente se necesitan es entorpecer el transporte público y privado y crear el caos que termina en dolores de cabeza, cuando no, en accidentes que lamentar. Tener claro que no todos están preparados para brindar el servicio y que ganarse ese puesto, es solo para los que tienen derecho al carné. La gran batalla empieza en la mente del usuario y continúa en el bolsillo de las mafias del transporte. ¿Podrá la señora Villarán cumplir con lo que se propone?

martes 30 de agosto de 2011

Mendicidad, comercio informal y espacios públicos

Qué fácil es, en nombre de la necesidad, apropiarse de los espacios públicos para ganarse la vida, conculcando el derecho de todos los ciudadanos a gozar de los mismos, en contra de la ley, de las buenas costumbres, la salubridad y la seguridad ciudadanas. La pobreza, cuyos orígenes se remontan a la aparición del hombre sobre la faz de la tierra, es un problema urbano que deteriora la calidad de vida de una comunidad. Las políticas económicas que han sido adoptadas desde hace unos 20 años en el país no han mejorado las condiciones de vida de los más necesitados, léase excluidos, sino que han sido determinantes para crear clanes, grupos humanos y hasta ciudades que no tienen cómo salir de su paupérrima condición; como resultado, tenemos la invasión de familias enteras que han desparramado la pobreza y su peor cara, sobre las veredas de nuestras ciudades, principalmente de la costa. Lima, al albergar la tercera parte de la población del país y, por ello, a más de la mitad del movimiento económico, ha sido determinante para que un 70 %, promedio, de los marginados, con capacidad de desplazamiento, se alojen en los diferentes distritos de la capital nacional. Vagos, alcohólicos, drogadictos, prostitutas, travestis y toda laya de mercachifles se han mezclado con honrados trabajadores eventuales y han tomado por asalto nuestra ciudad. Todos ellos creen tener derecho, ya que afirman no haber tenido la oportunidad para surgir, a usar los espacios públicos, que son para todos, como su gran mercado de ofertas. Y de verdad, no es justo.

Existe, en algunas ciudades de la sierra, un bien organizado ejército de vendedoras ambulantes, conformado por madre e hijos, que en perfecto orden calendario se desplazan desde su lugar de origen hacia las ciudades de la costa, para ofrecer chocolates, caramelos, limones y todo tipo de productos, que bajo la quejumbrosa llamada de "colabórame pues", se dedican a una demasiado fácil y lucrativa forma de ganarse la vida, en perjuicio de la ciudad. Se alojan, temporalmente, en casas de las afueras, de los contactos y promotores de esta nueva forma de organización comercial y, ante la pasividad, permisividad, cuando no, colaboración de algunas autoridades locales, se depositan sobre las veredas, enajenando para su beneficio exclusivo, la mitad de ellas, sin más razón que su condición de mujer y madre necesitada. Se han realizado campañas para absorber esta fuerza laboral en potencia y para ayudar en el cuidado de esas criaturas que exhiben y utilizan, pero se ha recibido como respuesta, que no pueden trabajar, que su salud está deteriorada y que tienen que encargarse personalmente del cuidado de sus hijos. Al costado se ubican los mendigos, que en forma más desenfadada y con la mano o el tarrito en alto, exigen una "colaboración pues, que diosito te lo va a agradecer". Finalmente están los vendedores caminantes que piden ayuda para la leche de su hijitos, los recién salidos de Lurigancho, las madres solteras, los falsos discapacitados que exigen una colaboración para pagar los análisis de la clínica San Juan de Dios, los muchachos que quieren pagar los estudios de sus hermanitos y una infinidad de etcéteras. No se pasen, pues.

La pobreza existe y existirá siempre, mientras la pereza y desidia de unos se arrodille ante el abuso y avaricia de otros. Mientras las autoridades nacionales no definan como objetivo principal su erradicación total. Mientras las autoridades locales no organicen a sus vecinos para combatirla directamente y sin tregua, en beneficio de la calidad de vida de toda la comunidad. Dejando a un lado la penita que dan las personas pobres y los hijitos, que en punto de aluvión traen al mundo, lo que queda es la obligación de hacer respetar nuestros derechos a vivir bien, cada día mejor, pensando en los demás, sí, pero sin dejar de pensar en nosotros mismos y nuestras familias. Bien dicho está que la caridad empieza por casa, así que veamos por nosotros y por la mejor forma de que sin que se nos perjudique, dar una mano solidaria para que todos la pasemos bien. Sí pues, es que hay trabajos que casi nadie quiere hacer, prefiero morirme de hambre dice una rolliza matrona, antes que lavarle la ropa o tenderle la cama a esos blanquitos. Eso de que el Perú alberga al mayor porcentaje de emprendedores y empresarios en potencia de latinoamérica, no solo nos lo estamos creyendo sino que ya empezamos a sufrirlo. Nadie quiere trabajar para nadie, todos quieren ser su propio jefe, aunque den lástima, pero dicen que así son más dignos. Puede ser, posición que se respeta y hasta aplaude, pero nadie, enteramente nadie, oiga usted, tiene el derecho a hacer sus necesidades fisiológicas junto a un árbol de mi parque favorito, en nombre de la necesidad y "la falta de trabajo". Sucede que estamos confundidos y que nuestras autoridades no tienen la menor idea de lo que deben hacer y no les interesa saberlo.



martes 23 de agosto de 2011

Inclusión Ciudadana y Calidad de Vida

¿Cómo podemos hablar de calidad de vida al interior de nuestra comunidad si vivimos en burbujas fabricadas a nuestra medida personal? ¿Sabe usted cómo se llaman sus vecinos? ¿Cuántas familias hay en su manzana? ¿No?, pues yo tampoco. Muchas veces algunos miembros de una familia no saben lo que hacen los otros, ni qué les gusta o disgusta. Bastante tienen ya, con vivir juntos, ¿verdad? Esto nos dice, claramente, que lo que interesa en la vida, a cada persona, es lo que a ella le suceda y a los demás que se los lleve el tren. Peor aún, hay muchos vecinos que simplemente no toleramos. Por distintas razones, todas ellas banales, algunas ridículas. En el mejor de los casos vivimos agrupándonos alrededor de algún estereotipo, nos relacionamos por el uso o abuso de un determinado producto, cuando no por el tipo de facciones, color de la piel, posición económica. Pero lo hacemos con unas ganas e ímpetu, casi de barra brava. Por otro lado, somos conscientes de dónde nace esto y hasta ahora no hemos rectificado: sí pues, todo empieza en casa. Desde la primera infancia, el nido al que enviamos a nuestros hijos, la marca de ropa que usan, en dónde pasan los fines de semana. Vivimos estableciendo diferencias por quítame esta paja. Esa competencia personal y familiar que tenemos con nuestros vecinos no nos deja vivir en paz. Ausencias y necesidades no cubiertas se develan luego en desesperación por ser más, por tener más y cuando menos lo pensamos y ya estamos al borde de dejar esta vida, nos damos cuenta de que lo hicimos mal y de qué no hubiéramos dado por vivir mejor.

El sistema educativo, mal formador y consumista, nos ha hecho más daño del que hubiéramos sospechado. Supuestamente la mejor educación se da en los colegios más caros, esos que cobran como si te estuvieran vendiendo un auto, para que tu hijo pueda "codearse con los mejores", que cobran pensiones mensuales con las que podrían comer tu y tus vecinos de la cuadra y que sus paseos y visitas de estudio, anuales, equivalen al viaje de tu vida. No está mal que existan, es más, debería haber muchos como ellos. Lo malo es que alrededor de ellos se establece toda una forma de vida que literalmente expulsa a quienes no son de ese nivel. Me refiero a que si la calidad de la enseñanza es superior, solamente unos muy pocos podrán acceder a ella, iniciando el círculo vicioso del poder. Entre los que pasan por allí se escogen a los futuros líderes del país y el resto no cuenta, no participa, casi ni existe. Falta la contrapropuesta pública, esa que mediante el subsidio e incentivos, convoca a los mejores estudiantes y a las empresas con responsabilidad social, para emprender un proyecto educativo que equipare las cosas. Por otro lado están los islotes, condominios, privados dentro de las comunidades, con condiciones materiales de altísimo nivel en contraste con el resto de la ciudadanía. Esto podría aceptarse como normal y hasta justo, pero resulta que, por exceso, estos grupos de personas terminan apropiándose de los espacios públicos, de las playas públicas, de las vías públicas, de las inversiones que deberían ser públicas.

Sucede, además, que los gobiernos locales no han hecho su tarea y que el gobierno central brilla por su ausencia y por su parcialización evidente con los grupos de poder. La educación, desde el nivel inicial, no está en el rumbo correcto. La formación en valores y la capacidad de integración, que debería ser materia principal, no están presentes. Los centros de enseñanza municipales, que deberían ser los verdaderos promotores y focos de irradiación de la integración comunal no llegan a ser realidad por desidia de la autoridad local y de los propios vecinos. Los colegios primarios y secundarios estatales que deberían brindar una sólida formación escolar, no dan la talla. ¿Qué podemos hacer si hasta la edad pre universitaria, que comprende al 50 % de la población de cada ciudad, no hemos sembrado las bases de una sociedad justa e inclusiva? ¿Qué podemos hacer si la corrupción ha inundado, cual huaico serrano, toda la administración pública, ahogando las esperanzas de vivir en armonía y con equidad, sino económica, al menos social? Al punto de regalar terrenos comunitarios y reservas de expansión urbana a promotores de residenciales exclusivas, playas cerradas, parques vecinales para uso y abuso privado. Pero volvemos al punto de siempre, las autoridades locales hacen lo que los ciudadanos les permiten. ¿En dónde están esos Consejos Ciudadanos que deberían asesorar, supervisar y fiscalizar a sus autoridades? ¿En dónde ese poder judicial que no debería casarse con nadie, más que con la responsabilidad de cumplir con su función? La calidad de vida de una comunidad no puede medirse en función de lo bien que viven algunos. El malestar que los abusos de algunos grupos generan sobre el resto de la población crea las condiciones para la inseguridad y violencia que anulan toda posibilidad de vivir bien. Inclusión Ciudadana no pasa por ayudar a algunos y regalar a otros condiciones de vida que tal vez no merezcan, se trata más bien de dar lo justo a cada quien mediante la universalización de las oportunidades y el convencimiento de que todos merecemos pasarla bien. En la medida en que podamos internalizar este concepto, alcanzaremos la calidad de vida que todos queremos y, como seres humanos, nos merecemos.

martes 16 de agosto de 2011

Un Plan de Seguridad Ciudadana para Lima

En Lima se ha avanzado algo en el tema de riesgos naturales, poquísimo por cierto; en lo que respecta a riesgos internos de locales y viviendas el avance es más precario aún, por la falta de capacidad técnica para ayudar a resolver este tipo de amenazas y el poco interés ciudadano por dejarse ayudar. Pero en donde estamos por debajo de lo admisible, es en control y rechazo de la delincuencia organizada, habiendo merecido, junto con Trujillo, los puestos más altos en lo que a inseguridad psicológica y física se refiere. Y es que por lo menos 6 de cada diez personas de las que vivimos en la ciudad de Lima, hemos sido asaltados, estafados, secuestrados o amenazados; y todos, en general, vivimos bajo el peligro latente de recibir un balazo, casual o intencionado. Nuestras casas son poco menos que bunkers o fortalezas y la angustia de perder a nuestros hijos o de que les pase algo nos mantiene estresados, al punto de que, el que puede, les ha puesto protección personal. Casi 15 vehículos al día son robados en la ciudad y, luego del desmantelamiento, las piezas se venden a un precio ridículo en los diferentes centros de acopio, exposición y venta de productos robados, en los distritos de La Victoria y Breña, principalmente. El caso de las mafias de la construcción, por otro lado, raya en lo surrealista. Cada obra, que se realiza en Lima, debe pagar un cupo o "contratar" a obreros fantasmas para que no atenten contra los obreros formales, los contratistas o la obra misma. Las cabezas de esas mafias han sido identificadas pero siguen por ahí, "trabajando libremente" y exigiendo una colaboración sí o sí. Ya pues.

¿Qué hacemos para empezar a solucionar este grave problema? Pues aceptar que existe y que es de nuestra entera responsabilidad. Debemos trabajar en dos frentes. El oficial, que viene de arriba y con el que tenemos que colaborar decididamente. Y el comunitario, familiar, que nos toca directamente y que debemos encarar con la mayor seriedad y compromiso posibles. Los delincuentes no han aparecido en el horizonte de la nada. Han nacido como cualesquier ser humano, han crecido en un vecindario y han recibido, o no, una determinada formación. Pero esto no es un valioso descubrimiento, es la simple corroboración de que la delincuencia nace en el seno de la misma sociedad y de que la presencia de algunas circunstancias en determinados hogares, barrios o comunidades, son las que terminan por parir al delincuente, que luego y, por defecto del sistema de rehabilitación existente, se convierte en un avezado delincuente. En la ofensiva nacional contra la delincuencia y en la aplicación de las leyes y rectitud con que se hagan cumplir, tal vez no podamos hacer mucho, como simples ciudadanos que somos, pero sí podemos trabajar desde nuestra familia y su entorno para que las condiciones que se dieron para el nacimiento y desarrollo de esos grupos delincuenciales no continúen. La buena comunicación y entendimiento entre los miembros de una familia primero y de su comunidad, después, son el antídoto eficaz contra los caldos de cultivo de esa lacra que tanto perjudica a nuestra sociedad.

A nivel de ciudad la estrategia a seguir es más proactiva, mas decidida y vigorosa. En los gobiernos locales se debe mantener como principio que la delincuencia no debe existir, cueste lo que cueste y le afecte a quien le afecte. Permitir un foco delincuencial en mi barrio, junto a mi casa, o aún peor, dentro de ella misma, es grave y atenta, bajo mi responsabilidad, en la calidad de vida de mis conciudadanos. Las juntas vecinales, creadas para facilitar el cogobierno municipal, subsisten como cajas de resonancia y como ayayeros de la autoridad de turno, pero jamás desempeñan el verdadero papel que les toca: representar a los vecinos, canalizar sus inquietudes y necesidades para presentarlos a la autoridad, con las propuestas de solución requeridas. Los regidores, esos oscuros personajes cuyo papel y función real, equivale a menos que nada, subsisten como avales permanentes a los malos manejos o inacción total, en el mejor de los casos, de los alcaldes, sin saber que su participación es de corresponsabilidad o complicidad de lo que emana de la autoridad. Supongamos solo por un momento, que las juntas vecinales pudieran reunir la información necesaria y suficiente para identificar posibles o futuros focos delincuenciales, con la participación y decidida colaboración de todos los vecinos, cansados ya, de su propia desidia e inacción. Supongamos, además, que los señores regidores, con las facultades que por ley se les confiere, prepararan campañas de concientización, talleres de formación ciudadana y asesoraran en la creación de estrategias de erradicación, que aunque parezca mentira eso es lo que les corresponde. Supongamos, finalmente, que los alcaldes y gerentes municipales cumplieran a cabalidad con las responsabilidades y funciones que la Ley Orgánica de Municipalidades les señala, entonces ya está. Tendríamos ante nosotros las mejores posiblidades para diseñar y ejecutar un buen Proyecto Integral de Seguridad Ciudadana. Lamentablemente, antes no.

martes 9 de agosto de 2011

Seguridad para los Ciudadanos

Ahora sí pareciera que nos estamos preocupando un poco más por el tema de la Seguridad Ciudadana. La guerra contra la delincuencia ya empezó. Lamentablemente tenía que tocar a un congresista y su familia para que se tomaran cartas en el asunto. Lo sucedido el pasado día 4, cuando la hija del señor Reggiardo recibió un balazo de delincuentes comunes, fue la gota que rebalsó el vaso. Pero, en honor a la verdad, hechos como este se vienen sucediendo en todas las ciudades del país, especialmente en Lima y Trujillo, desde hace un buen tiempo y nadie ha querido o se ha atrevido a abordar el tema. Cuando por suerte se captura a alguno de los delincuentes participantes, lo primero que dice es que el asalto, robo o secuestro, ha sido planificado desde el interior de alguna de las cárceles de máxima seguridad del país, en donde, entre mujeres, trago y todas las facilidades técnicas necesarias, un ex cabecilla de las muchas bandas de delincuentes existentes, ha trabajado horas extras para que todo salga a pedir de boca; lástima nomás que los novatos que se usaron para el hecho delictivo no son duchos como uno, debe decir entre mentadas de madre, este ilustre huésped del estado, convenientemente subvencionado por nuestros impuestos. En cuestión de centros de reclusión hemos dejado de dar vergüenza para pasar a dar lástima. Primer tema pendiente: los delincuentes reincidentes, avezados y sin remedio, en lugar de ser alojados en hostales penitenciarios deberían, de una buena vez, ser depositados en cubículos subterráneos en algún paraje recóndito de nuestra selva, en este caso y en lo que a esos criminales respecta, suscribo plenamente lo aseverado por el Cardenal Cipriani: los derechos humanos son una reverenda cojudez.

Las leyes que tenemos, los congresistas que nos merecemos y el poder judicial que padecemos, son el mejor caldo de cultivo, qué digo, el paraíso, para estos desadaptados sociales que al margen de lo que diga mi mamá y las de ustedes, no son unos pobrecitos marginados por la sociedad, son, para decirlo con todas sus letras, la peor lacra que una sociedad debe arrastrar por no haber sabido cortar por lo sano y de raíz a esta escoria humana. ¿Y los guardianes de la sociedad y los que se suponen son los centros de reclusión para enderezar a los delincuentes? Me refiero a la policía y el sistema penitenciario que nos gastamos. Por desgracia, la corrupción policial ha llegado a extremos increíbles, en algunos casos miran para otro lado, mientras se sucede el delito; en otros participan activamente, disputándose honores en delitos de todo tipo. Obviamente los altos mandos dicen desconocer mayormente lo que sucede entre los subalternos, malos elementos dicen, hay que darle de baja, dicen. Mientras comentan entre ellos cómo estos pobres diablos se meten en delitos de dos por medio cuando hay tanto efectivo que recoger en otros niveles, también dicen. Y el sistema penitenciario, bien llamado servicio de valet, aparato logístico y principal proveedor, de los capos delincuentes, no está cumpliendo debidamente con sus funciones, dice la autoridad respectiva, falta de presupuesto, dicen. Sí pues, es que no se les paga lo suficiente, ¿sabe usted? Y así es fácil caer en la tentación, dicen compungidos.

Así están las cosas. Mal podemos hablar de seguridad ciudadana si desde siempre hemos estado incubando males mayores. Cuando el señor García alteraba cifras oficiales de la pobreza y su exitosa y progresiva erradicación, no solo le estaba mintiendo al país, estaba siendo indiferente y por ello culpable, de las funestas consecuencias que ese azote humano que es la pobreza y su siamés, la ignorancia, le causan a nuestra sociedad. Bien, empecemos por el principio. Mientras no se haga todo lo humanamente posible, a todo nivel, por erradicar la pobreza en el país, no podremos erradicar completamente la delincuencia. Mientras la policía nacional no reciba lo que le corresponde, en salarios, beneficios e incentivos, previa una completa restructuración y descabezamiento de los altos mandos que jamás han hecho nada por los suyos; mientras el sistema penitenciario no se reinvente, tenga suficientes profesionales entre sus integrantes y un presupuesto decente, con un proyecto de tratamiento y verdadera readaptación a delincuentes primarios; mientras el poder judicial mantenga entre sus filas un altísimo porcentaje de corruptos y corruptores y no aliente las buenas prácticas funcionales y escalas de bonificaciones por resultados, que eviten la altísima permisividad y flaqueza evidente ante el arrollador poder de la delincuencia organizada; mientras los señores congresistas sigan discutiendo estupideces mientras los verdaderos problemas nacionales nos siguen ahogando y no forman comisiones realmente decentes que contribuyan a la solución del problema, entonces jamás podremos hablar en serio de empezar a trabajar por la seguridad de todos los ciudadanos. De verdad, no se puede. Habrá que esperar pues.

martes 2 de agosto de 2011

El nuevo Parlamento

¿Qué espero de este nuevo Parlamento? En verdad, nada. No creo en la institución, no creo en los parlamentarios, los antecedentes son pésimos y los que llegan, siempre ratifican, con creces, la pésima impresión que de ellos tenemos. La pregunta es ¿por qué no hacemos algo para cambiar esto? Cada cinco años y gracias al pésimo sistema de elecciones parlamentarias que tenemos en el país, cometemos los mismos errores. Elegimos a "nuestros representantes" para que desde el Parlamento realicen una labor legislativa y fiscalizadora y para que cumplan con su rol de equilibrar el poder desmedido que le damos al ejecutivo a través del sistema presidencialista que tenemos. Desde este año son 130 los padres de la patria, eso es 3 millones de soles en salarios directos anuales, otra cantidad similar en gastos operativos, de los cuales no están obligados a rendir cuentas, salvo en mínima proporción; a ello debemos agregar personal administrativo, asesores, infraestructura, teléfonos, movilidades, personal de seguridad y cientos de "detallitos", que en suma podrían representar casi S/. 1.500.000 (Un millón y medio de soles) al mes. Para nada. No existe el equilibrio de poderes, no existe la fiscalización, de legislación mejor ni hablemos, porque si se da es para favorecer a quienes pagaron sus campañas y a sus amigotes más cercanos. Lo injusto, además, es que con esa cantidad de dinero se podría pagar el salario mínimo a 2,000 familias. Lo que tendríamos que preguntarnos es si, tal como está, ¿el Parlamento le sirve al país? La respuesta es NOO.

¿Debemos tener un Parlamento? Por supuesto. Pero como están las cosas esos señores no representan a nadie más que a ellos mismos y sus propias angurrias. Si tuviéramos una regionalización decente, con no más de 7 a 9 regiones, podríamos darnos el lujo de tener hasta 10 representantes por región, de los cuales 7 deberían ser diputados y 3 senadores. Sí pues, para que un sistema democrático y representativo funcione a cabalidad deberían existir las dos cámaras. En el peor de los casos tendríamos 90 representantes, ¿para qué más?, inclusive un poco mejor pagados, pero sin gastos de representación de libre disponibilidad, con desplazamiento de los mismos representantes por todo el país y con un máximo de 1 asesor principal y unos 5 a 6 a nivel de cada cámara. Los costos se reducirían a la tercera parte y la efectividad sería de primer nivel. En lo que respecta a las condiciones mínimas para acceder a una candidatura tendría que elevarse considerablemente la valla. Si queremos un parlamento decente, quienes lo conforman deberían ser también de buen nivel académico y laboral. Necesitamos gente instruída, con gran voluntad y capacidad de trabajo, que no vaya al parlamento a ganarse la vida y a ascender socialmente, cuando en su vida particular han sido incapaces de lograrlo. La objeción a este último punto es que la gran mayoría de peruanos tiene un nivel educativo mínimo y si no se permite el ingreso de alguien como ellos, no estarían debidamente representados. Puede ser, pero tener en el Parlamento a alguien como la gran mayoría es, con toda seguridad, perder la oportunidad de que una persona mejor preparada los ayude a salir de ese nivel.

Hay que cambiar muchas cosas y tomar muchas decisiones, la más importante tal vez sea la de proponerse hacerlas bien. Probablemente haya que avanzar paso a paso y este proceso parezca interminable, pero lo importante hoy, es empezar. Si usted es consciente que eligió a alguien para el parlamento porque creyó en él, es tiempo que le escriba una carta, le envíe un correo y le diga lo que piensa y lo que espera de él, en estos próximos años. Antes que nada, exigirle que cumpla con su función, que se gane bien el dinero que le pagamos todos los peruanos, que rinda cuenta de sus gastos y de sus actos, que piense en el país y en los peruanos antes que en su bolsillo y sus necesidades particulares. Que se ponga como meta personal y mediante el empleo de sus buenos oficios, que el próximo Parlamento y los parlamentarios van a ser de mucho mejor nivel. Que se cambie el sistema de elección, que se elimine el voto preferencial. Que los partidos, grupos y alianzas estén obligados a presentar listas con candidatos de lujo, con cargo a ser rechazada la inscripción íntegra si algunos de los miembros no reúnen las condiciones requeridas. Que se apruebe la renovación del parlamento por tercios, que se establezcan condiciones de revocatoria, que la inmunidad sea desechada para todo lo que no tenga que ver con el ejercicio de función actual. Que la comisión de ética y fiscalización interna sea conformada por ex parlamentarios, ex funcionarios de intachable carrera. En suma, que la tanda de sinvergüenzas que hasta ahora solo han ido a depositar sus cuatro letras en los asientos del Congreso, no tengan la posiblidad de regresar por ahí. Difícil, ¿no? Pero juro que se puede lograr; la decisión es del ciudadano y de su fuerza de voluntad por hacer respetar la delegatura que, de buena fe, le entregó a sus representantes.

martes 26 de julio de 2011

El Estadio Nacional y la infraestructura deportiva

El señor Alan García inauguró su estadio y el de sus amigos. Doscientos seis millones de soles y, como siempre, lo inauguró sin que estuviera terminado. No se ha aumentado la capacidad de espectadores, que se suponía era el objetivo, pero sí se ha dejado sin espacio físico, dicen que temporal, a las dieciséis federaciones de deportes que allí convivían, se ha anulado la pista atlética y algunas pozas de diversas disciplinas, pero eso sí, los palcos han aumentado y ya te puedes dar una encerrona con tus patas para asistir a un gran concierto musical. Bastante color y una aceptable fachada. El costo pagado, sin embargo, es excesivo, sin contar muertos y heridos; con ese monto probablemente se hubieran hecho varias decenas de lozas multideportivas en distintos barrios de la ciudad y se hubieran equipado otros espacios más para la práctica del deporte. Veamos el lado bueno, tenemos un buen escenario para todo tipo de espectáculos. Esa era la idea ¿o no? Queda flotando nuevamente la pregunta, al finalizar, gracias a Dios, su segundo gobierno, ¿no ha aprendido el señor García que las cosas se coordinan, se proyectan, se financian y ejecutan con la correspondiente supervisión y fiscalización? Mayormente desconozco, debe querer decir el señor presidente.

El otro tema es ¿cuál es la política de infraestructura deportiva para el país? ¿En verdad existe? ¿Y la municipal metropolitana? La educación y el deporte están íntimamente ligados y, mientras no tengamos buenos y suficientes escenarios deportivos, ninguna política educativa podrá tener éxito. Y es que, al parecer, es muchísimo más importante, para algunas de las autoridades y funcionarios, determinar cuál es el mayor presupuesto para una obra de infraestructura deportiva, que me pueda dejar un buen dividendo. Que si la obra en cuestión es la adecuada, la correcta para la ubicación geográfica y el entorno y si la misma resuelve una necesidad o vacío en la comunidad, no importa para nada. El señor García, auto denominado gran estadista y maestro de planificación estratégica, se equivoca si cree que nos ha regalado un escenario deportivo de maravilla, del primer mundo, como le gusta decir. Lo que nos está dejando señor García, es un gran problema. Nos ha anulado usted muchas posibilidades de desarrollo de los deportes que no son vedettes como el football; ha dejado usted en el aire, con la mayor descortesía de la que usted es capaz, a todas las otras federaciones. Y lo ha hecho entre grandes risotadas, entre el chocar de vasos de sus amigotes y se va usted como si nada, casi como diciendo, agradézcanme que este es el fruto de mi mejor esfuerzo. Por favor. Una economía rebosante y un índice educativo-deportivo de bajísimo nivel es el resultado de haber ninguneado al deporte formativo, ese que hace verdaderos atletas y no solo peloteros farandulescos. Áreas verdes, espacios libres, lozas multi usos, ¿era mucho pedir? No estábamos para pretensiones de colosos europeos, norteamericanos o australianos; solo canchitas, señor García, por ahora solo canchitas.

¿Qué podemos hacer entonces? Supongamos por un momento que los alcaldes distritales y, especialmente provinciales, se toman en serio la responsabilidad que por ley se les ha conferido. Es decir, hacerse cargo de la educación de sus vecinos, de acuerdo al nivel que les corresponde. Supongamos también que dentro de una jurisdicción provincial todos ellos trabajan con un único objetivo, un solo presupuesto y una sola super gerencia de obras. Supongamos finalmente que los vecinos y las comunidades en general tienen en sus autoridades a sus mejores representantes y que éstos se ocupan de hacer realidad los clamores y carencias vecinales. A la cabeza del IPD, importante ente que al parecer, sirve solo para organizar pachangas extra deportivas, le hace falta una visión de conjunto, un liderazgo que nazca de la capacidad y honorabilidad personales, una honradez y ética a prueba de balas y un compromiso a muerte con la labor encomendada. En definitiva, el señor Woodman no era la mejor carta para el cometido. Sí lo era para los intereses personales del señor García. ¿Responsables de que esto siga sucediendo? Los propios ciudadanos. La infraestructura deportiva en el país, en nuestras ciudades, será encarada de la mejor forma el día que los grupos de poder y su maquinaria mediática sepan acoplarse a las verdaderas necesidades deportivas de una comunidad en desarrollo, que no tienen nada que ver con grandes escenarios, que de deportivos solo tienen el nombre. Pero no lo van a hacer por cuenta propia. Habrá que obligarlos.

martes 19 de julio de 2011

Villarán y el transporte metropolitano

Hasta que por fin se hizo lo que debió haberse hecho hace muchísimos años. Alguien se ajustó el pantalón, o la falda, y dio el hasta aquí nomás a los transportistas que tenían por hobby o deporte, reventar a nuestra ciudad. Desde hace más de una década se habían señalado plazos y despedidas a las combis y microbuses, así como a las unidades con más de 20 años de vida y, muchas de ellas, erradicadas ya de otros países, pero todos los años, por temor, cálculo político o hasta corrupción, se renovaban los plazos hasta el año siguiente. Mucho pesaban esos grupúsculos de prepotentes mercachifles del volante que con voz de llenador de combi gritaban que se iban al paro, a la huelga indefinida y que los usuarios iban a pagar los platos rotos y, claro, nunca llegaba la fecha límite. El bien intencionado señor Castañeda se preocupó más bien de hacer más pistas y vericuetos elevados para complacer a estos señores. Y resulta que la mal llamada vaga e inepta, se le planta en frente a estos asesinos con licencia para circular y atropellar gente y les dice: Se acabó, van buscando otro negocito, otro tipo de inversión, otro cachuelo o como quieran llamarlo, pero se me ponen en fila de a uno y reclaman su bono de chatarreo. Hasta este fin de año tienen para atropellar, perdón, para circular por las calles de Lima Metropolitana. Sin prórrogas, ni perdón, ni chanchita para alivianar a la autoridad.

Esperemos que el próximo año los transportistas entren en razón y, por las buenas, opten por comprimir su chatarra y expandir sus opciones laborales o de inversión. Entre 2,000 a 4,000 unidades de transporte se pretenden erradicar en el 2012, a cambio, quienes tengan sus cosas en orden, recibirán de $5,000 a $ 10,000, para invertir como enganche de un nuevo vehículo, de las características que la autoridad señale, o para conformar, solo, o en sociedad, con otros compañeros, un nuevo negocio. Cambiar vehículos para 8 a 10 pasajeros apretados, por buses de hasta 200 pasajeros será una gran cosa para nuestra ciudad. Se dice que hay cerca de 17,000 unidades de transporte público de más, circulando por ahí, con documentos fraguados, con licencias conseguidas bajo la mesa, con recursos de amparo y mil triquiñuelas más, a los que les llegó la noche y que tendrán que dejarnos respirar. Excelente ¿verdad? Pero además de sacar a estos señores del camino y limpiar el horizonte, necesitamos un buen plan de transporte para Lima, integral, funcional, eficiente y seguro. ¿Cuándo va a entrar en razón el Ministerio de Transportes y coordinar con la municipalidad metropolitana todas las medidas necesarias para solucionar este gran problema? ¿Cuándo la Dirección General de la Policía va a entender que, al menos, la división de la Policía de Tránsito debe trabajar sino bajo, al menos al costado, de la autoridad municipal? ¿Cuándo va a entender el gobierno central que los problemas de transporte de Lima son un atraso tremendo para el desarrollo económico de la ciudad, que representa más de la mitad del mercado nacional?

La señora Villarán ha dado un gran paso, ha tomado el toro por las astas y solo le queda no transigir, ni ante amenazas ni cantos de sirena, ni menos bolsas dinerarias que los transportistas siempre han sabido armar para arreglar sus problemas con la autoridad de turno. ¿Tiene usted un buen equipo de trabajo, señora Villarán? ¿Se ha dado cuenta de que además de los técnicos en transporte, semaforización, infraestructura vial, necesita profesionales con visión panorámica, con visión de ciudad y desarrollo? Espero que sí. Existen ejemplos a nivel latinoamericano que nos pueden servir de referencia y ejemplo. Existen programas de transporte, a ese mismo nivel, que lamentablemente han fracasado estrepitosamente, bueno pues, que también nos sirvan de ejemplo, a no seguir. La mayor consideración a tomar, señora alcaldesa, debe ser la mentalidad humanista, humanitaria o como quiera llamársele, que considera al ser humano, a la persona, al ciudadano, como el centro, el objetivo y la respuesta al problema del transporte. La solución final no puede estar desligada de la necesidad real del ciudadano, de sus posibilidades. La infraestructura vial, el mobiliario y complementos requeridos, deben ser pensados para las personas y no solo para los vehículos. Tiene usted, señora alcaldesa, la gran oportunidad de pasar a la historia como la heroína que nos salvo del monstruo del transporte urbano, que lo domesticó y con el arnés debido, lo puso a nuestro servicio.

martes 12 de julio de 2011

El tren eléctrico de Lima

Ayer fue inaugurado por el señor Alan García, al cumplirse las bodas de plata de inicio del proyecto. Es sabido por todos que se otorgó la concesión, se firmaron contratos y corrió mucho dinero, por el cauce normal y por debajo y se inició la obra sin un proyecto definitivo ni los estudios complementarios. La premura era que había que empezar y había que cobrar. La fiscal suprema, Nelly Calderón, en el año 1995, luego de una prolija investigación señaló directamente al ex presidente García, 1985 a 1990, como responsable directo de colusión ilegal, negociación incompatible, cohecho pasivo y enriquecimiento ilícito, al haber recibido más de un millón de dólares del representante de la empresa italiana Tralima, señor Siragusa, quien declaró fechas, montos y formas de entrega. El señor García fue declarado reo contumaz por no presentarse al juicio entablado en su contra y luego, como ya había transcurrido más de los doce años, que la ley señala para estos casos, simplemente exigió y obtuvo, la prescripción del delito. Al regresar al poder, en el año 2000, gracias a una inexplicable o milagrosa, amnesia colectiva, retomó el proyecto con su antigua socia Tralima y ya está, ahí lo tienen, el tan querido, deseado, controversial y extremadamente caro tren de Lima. Ayer lo inauguró, sí pues, pero no va a funcionar hasta el próximo Octubre, ya que la empresa constructora dice que el contrato estipula esa fecha para la entrega de las obras. Se señala un mínimo de 250 millones de dólares de sobre costo en este malhadado proyecto y el señor García increpa a los incrédulos, a los mal hablados, a esas almas enfermas que lo atacan sin sentido, que ahí está, que este es y cómo no, el tren de Lima para tí.

En un año o dos sabremos si el tren funciona bien, si el recorrido es el correcto y si realmente sirvió para aliviar el caos vehicular de Lima Metropolitana. La condición legal de Autoridad Autónoma del proyecto no solo no garantiza si no que entorpece un correcto ensamblaje con las autoridades de transporte metropolitano. Por el costo señalado como invertido tal vez hubiera sido apropiado, poniendo un tanto más, encarar un Plan de Metro integral, subterráneo y elevado sobre la superficie. El planteamiento del tramo 2 del tren eléctrico, por otro lado, se cruza, se sobrepone, se estorba, con la extensión natural del Metropolitano, costando este una enorme cantidad menos. Es probable que el próximo año, luego de otras modificaciones, nuevos estudios y replanteos, el tren eléctrico sirva para aliviar, en parte, el transporte urbano, pero por lo pronto su participación en el número de viajes diarios, se estima que bordeará el 5 % ¿Y el resto? Lo del tren eléctrico, en otra escala y en otros tiempos es para García como su Cristo de Chorrillos. Lo hice porque me salió del forro, porque no tenga nada que preguntarle a nadie y menos consultarle y, sobre todo, porque conviene a mis intereses y cálculos personales. Esos cientos de millones invertidos de más, esas obras mal hechas que habrá que rectificar, no han sido obstáculo ni pesadilla, para un García desbocado, generoso él, suertudazo él.

Tal vez nunca se llegue a saber cuánto le costó al pueblo peruano este tren eléctrico, cuánto se perdió por falta de planificación y estudios serios y cuánto por corrupción y malversación de fondos. Lo bueno es que este elefante blanco ya empezó a caminar y hay que tomarlo en serio, sin perjuicio de que se abra una verdadera investigación sobre todas las porquerías, que sí existieron, hay que seguir trabajando en él y perfeccionarlo. La inversión ya está hecha y claro que sirve, pero hay que ponerlo al servicio de la ciudadanía y no de otros intereses, hay que interconectarlo con los otros proyectos de transporte metropolitano y trabajar con un solo objetivo. Es necesario un acuerdo gobierno central, gobierno metropolitano y empresa consorciada para que el tiempo esperado y el dinero invertido no caigan en el vacío. Se debe proyectar un horizonte de por lo menos 25 años, incluir a la población, a las autoridades, técnicos competentes, inversionistas privados y colegios profesionales, así como universidades, para que Lima pueda contar de una vez por todas con un Proyecto Integral de Transporte Urbano. Junto a la inseguridad ciudadana, el transporte en Lima, eds él más grave problema que, hasta ahora ninguna autoridad ni gestión municipal ha asumido con seriedad. Ya pues, ya es hora.

miércoles 6 de julio de 2011

Los seis meses de la alcaldesa Villarán

¿Qué hacer cuando las cosas parece que no están saliendo bien? ¿Qué hacer cuando sentimos habernos equivocado y que los mala leche y los perdedores tenían la razón? Lo primero, sentarnos a reflexionar y estar seguros de lo que estamos hablando. Si la administración precedente, a mi entender y parecer, realizó una equivocada gestión de la ciudad, por una serie de decisiones y considerandos, entre los que destaca el no haber tenido como objetivo principal del desarrollo al ciudadano, a la persona, entonces, revertir los procesos, señalar nuevos derroteros y cambiar los parámetros de decisión y acción toma más tiempo de lo que se espera de una gestión continuista y ésta, espero que no lo sea. Lamentablemente, cuando el objetivo trazado es: castigar a la nueva opción, desanimar a los reformistas, a quienes plantean una forma diferente de conducir las tareas ciudadanas, todo se hace cuesta arriba. ¿Que la señora Villarán no ha sido la mejor opción? Puede ser, sobre todo si lo que se quería era más de lo mismo, es decir, no importa que robe si hace obra. Estúpido raciocinio de los que si tan solo supieran que las obras que hacen los que roban representan la misma cantidad, o menos, de lo que se están llevando, Si supieran que el que además de robar las arcas municipales extorsiona a los que ganan licitaciones o piden licencia, con grandes sumas de dinero, por lo queda desautorizado moralmente y en la práctica, para supervisar y fiscalizar prolijamente las obras realizadas, de ahí las porquerías que muchas veces se hacen para y en nombre de la ciudad y, lamentablemente, con el reconocimiento de la ciudadanía.

La señora Villarán es muy posera, le encanta la peliculina, se le siente regodearse en exceso cuando habla de sus planes, de lo mucho que la quiere la gente y del respaldo que le dan ciertos grupos de los más necesitados; pero eso es todo lo malo que tiene. Sí es trabajadora, tal vez un poco cuadriculada con la obsesión de que no se debe robar y que debe aparecer tremendamente honrada ante la gente. Revisa, chequea, vuelve a revisar, tratando de que las cosas le salgan mejor y, creo, que allí reside su talón de Aquiles. A veces, ser un tanto pragmático es mejor, sobre todo cuando hay demasiadas expectativas de una parte, demasiado odio embalsado de la otra y mucha curiosidad de los restantes. La aparente lentitud de la gestión Villarán responde a un esquema de trabajo diferente, diría novedoso. A una filosofía de humanización de la ciudad, a un proceso de mediano y largo plazo que busca despertar conciencias y formar ciudadanía, antes que seguir sembrando cemento y cosechando polución. Hacía falta un viraje de 180°, la autoridad tenía que recobrar la razón y parece que se están encaminando las cosas. Y aquí surge el primer gran obstáculo. ¿Quién en su sano juicio va a dejarse arrebatar, fácilmente, todas las gollerías, las prebendas y las movidas bajo la mesa, si puede anular al que no vive ni piensa como él ? Habráse visto oiga usted.

A mi tampoco me ha gustado este primer semestre. Coincido plenamente con la orientación que se le está dando a la gestión, con la priorización de los problemas sociales y con que hay que tomarse el tiempo debido para hacer las cosas bien. Pero podía haberse elegido un camino intermedio, es decir, sin ceder en el empeño, pero dándose cuenta de que el tiempo es corto, que los cuatro años de una gestión no alcanzan para arreglar al mundo. Quizás en eso ha pecado la gestión Villarán, demasiada confianza, demasiado afán por lo perfecto. La inexperiencia no debería ser excusa suficiente para no haber avanzado un poco más. El debut de una gestión diferente podría haber sido más auspicioso si se hubiera tomado en cuenta que además de buenas intenciones había que haber mostrado resultados parciales, avances, que señalaran el camino correcto. Seis meses es muy poco tiempo, dadas las características y parámetros del equipo Villarán y su plan de ciudad que, estoy seguro, tienen las mejores intenciones pero tal vez no las pilas suficientes. Esperemos que a fin de año se puedan mostrar resultados e indicios de que los cambios no son meramente superficiales, sino verdaderas transformaciones en el tratamiento y administración de la ciudad. Confiemos un rato más en la señora Villarán.

martes 28 de junio de 2011

Transporte para Lima

Era tan sencillo diseñar un proyecto integral de transporte público para Lima Metropolitana y jamás se hizo. ¿Cuántas veces le han gritado: pie derecho, pie derecho y literalmente lo han empujado del microbús, que inmediatamente retorna a la carrera con los otros vehículos, en su loco afán de levantar la mayor cantidad de pasajeros? ¿Cuántas veces se ha quedado mirando cuando dos o tres micros o combis han pasado raudos frente a su brazo levantado, por ganarle al semáforo? En la ciudad de Lima tenemos, probablemente, el peor transporte público de latinoamérica. ¿Por qué? Primero, por la tremenda corrupción en la que estamos inmersos, desde las autorizaciones provinciales de Huarochirí y el Callao, las acciones de amparo de empresas fantasmas, los policías de tránsito, incluidas las señoritas Fénix, pero y, sobre todo, la falta de autoridad, ignorancia y estupidez de las autoridades municipales, distritales y provinciales que ven al transporte público como la gallina de los huevos de oro por las multas de las que viven y se pavonean ciertos funcionarios y alcaldes. Ya pues. Tenemos que corregir las cosas, tenemos que dignificar el transporte, mediante el orden, la disciplina, el control y supervisión. El señor Andrade, que tiene toda mi admiración y respeto, no pudo o no quizo arreglar las cosas, cuando tendría que haber actuado de frente y sin miramientos sobre esta lacra urbana. Sí claro, Fujimori le recortó las alas, hasta el muñón, a la municipalidad metropolitana, solo por anular las pretensiones presidenciales de Andrade, pero al menos se debió empezar esta labor cuya solución, ahora, requerirá de mucha más fuerza de voluntad, coraje en cantidades industriales, excelentes planes, buena cantidad de recursos, bastantes cocachos, el apoyo ciudadano y la ayuda divina.

El problema está en que todos aquellos que han pasado por la alcaldía limeña han creído firmemente que había que rediseñar, adaptar o, mejor, poner al servicio del vehículo de transporte público o privado, toda la ciudad de Lima, su crecimiento y proyectado desarrollo. Y así terminamos de malograr a nuestra Lima. La ciudad, para que quede claro, tiene una única razón de ser: el ciudadano, la persona, el ser humano y, que yo sepa, nadie nace con un vehículo pegado al trasero. La primacía del ciudadano sobre los vehículos, siempre ha sido soslayada por los alcaldes limeños. Claro, es que da más caché hacer pistas, que plazas públicas; da más amigos, sobre todo entre los señores importadores y concesionarios vehiculares, hacer tréboles, by pass y puentes, que parques y bulevares. El señor Castañeda terminó la labor de los anteriores. Lima está perfecta para correr a velocidad, para llegar a cualquier sitio bastante rapidito, hasta los secuestradores en 4 x4 y los asaltantes en ticos tienen rapidísimas vías por donde salir volando después del trabajito. Pero ¿y los ciudadanos? ¿Podemos caminar tranquilos, sin que nos atropellen, nos asalten? ¿Podemos transportarnos con seguridad y sin perder tiempo? Pues no, fíjese usted. El primer escollo a salvar, entonces, antes de ordenar, reglamentar y supervisar es repensar la ciudad y darle al ciudadano la preferencia y luego pensar en cómo solucionamos el tema del transporte.

Reducir el número de unidades en circulación; hacer uso de unidades de altísima capacidad; aceptar solo las rutas necesarias; educar al chofer y al usuario; erradicar cobradores, llenadores, jaladores y hasta a los dateros; señalizar las vías, cruces e intercepciones en beneficio del peatón y no, como hasta ahora, del vehículo; erradicar totalmente la contaminación ambiental, sonora y sicológica, mediante reglamentos simples, claros y directos; privilegiar los pases peatonales y ciclísticos; comprometer a los ciudadanos, especialmente a las personas de la tercera edad, en la supervisión del tráfico; adscribir la policía de tránsito a las organizaciones municipales; implementar servicios complementarios al metropolitano y al tren existentes; cambiar los puentes peatonales elevados por pasos vehiculares a desnivel; declarar en emergencia el transporte urbano, público y privado y empezar a legislar de cara a las necesidades reales de los ciudadanos; peatonalizar varia calles internas; sembrar verde a lo largo de las vías existentes o hasta en las azoteas circundantes. Pareciera que la señora Villarán se ha atrevido a lo que otros no, a tomar el toro por las astas y se está enfrentando a grandes poderes de pésimas costumbres y peores amigotes. ¿La dejarán, como solía pedir el señor Toledo, trabajar?

martes 21 de junio de 2011

El Mercado de Santa Anita

Se suponía que todo estaba listo para el traslado de los comerciantes del mercado mayorista de la Parada, al distrito de Santa Anita, al menos eso afirmaban los encargados del asunto de la gestión municipal Castañeda, pero resulta que no, que hay algunos inconvenientes. No se dejaron las obras, de los puestos mismos, ni de las vías de acceso, debidamente culminadas y, pequeño problema, ¿cómo meter en solo 650 puestos habilitados a 740 comerciantes debidamente registrados y a 1000 con expectativas de seguir trabajando en el rubro, como hasta ahora? No quedaron listos los planes de gestión, ni de funcionamiento, de seguridad y contingencias. ¿Cómo terminar en 45 días lo que no se pudo hacer en los siete años anteriores? ¿Que la nueva gestión metropolitana no es eficiente? ¿Que la alcaldesa Villarán desconoce totalmente sus funciones y el equipo que la acompaña es de dudosa capacidad? Puede ser, pero algo más evidente que ello es que el proyecto no se concluyó, no se hizo la debida transferencia y se patearon los problemas que iban surgiendo para el final, arrimándole el piano a la siguiente administración. Lo malo es que este problema presenta demasiadas aristas, hay demasiados involucrados, muchísimos intereses en juego y la ciudad entera se encuentra esperando hace rato por un adecuado abastecimiento. El señor alcalde de La Victoria nos dice ahora, con voz de alarma, que existen dos millones de ratas en los interiores del mercado actual, que es su jurisdicción y que se vayan rapidito porque hay que fumigar y devolverle la salubridad a la zona en cuestión. La pregunta es, ¿recién al quinto año de gestión del señor Sánchez Aizcorbe, éste se da cuenta de que ese mercado está feo?

Se le acusa a la gestión Villarán de ponerle peros a todo, de detener los trabajos y obras que el señor Castañeda dejó casi para concluir. Pareciera que sí, pero lo que no se ha hecho con la debida seriedad o profesionalismo, sino más bien con el propósito de venderse personalmente, sin mayor interés en la ciudad, debe revisarse para no causar problemas más serios con las aparentes soluciones creadas. El Mercado Mayorista N° 1 de La Parada, en el distrito de La Victoria, sobre las primeras cuadras de la avenida Aviación, siempre fue un nido de ratas, una covacha de rateros y un foco infeccioso de primer orden. Por falta de autoridad, de organización, de infraestructura adecuada y de voluntad para tomar el toro por las astas. Bastante peliagudo es meterse con los intereses de gente que ha hecho ingentes fortunas con la necesidad de abastecimiento de una ciudad. Difícil, así como lo será dentro de poco con los mandamases del transporte público, cortarle las alas y las garras a esas personas que han lucrado hasta la saciedad, por la inoperancia y poca vergüenza de aquellos que tenían la responsabilidad de ser los eficientes gestores y promotores de una mejor calidad de vida urbana, es decir, los propios alcaldes, sus carnales regidores y sus funcionarios.

El principal Mercado de Abastos para Lima tendría que haber sido mejor planificado, en un lugar suficientemente amplio, con enlaces directos a la carretera central y a la panamericana, tendría que haber contado con las vías de acceso y salida necesarias, con la suficiente cantidad de puestos para albergar a todos los comerciantes formalizados, con una buena área para parqueo, carga y descarga, con el área necesaria de oficinas administrativas, supervisión y fiscalización por parte de la autoridad competente. Con el registro diario, las 24 horas, de lo que ingresa y en qué condiciones, con una política de defensa del consumidor y con una normatividad específica que evitara el acaparamiento, la concertación de precios y, sobre todo, con las condiciones sanitarias que la ciudadanía necesita y merece. ¿Se previó todo eso? Me temo que no. Alrededor del mercado mayorista existente se adoptó un sistema de vida, cogoteros incluídos, que jamás permitió el paso de la autoridad y en donde el más fuerte, el más vivo, el que podía pagar las mayores coimas, era el que manejaba las cosas. Durante décadas se sostuvo esta situación agravándose cada vez más, sin que nadie tomara cartas en el asunto, lamentablemente cuando se tomó la decisión no se profundizó en el análisis y las soluciones adoptadas no han sido las correctas. Habrá que enmendarle la plana a la gestión anterior, habrá que profundizar, ahora sí, en el análisis y optar por lo que más convenga, pero a la ciudad de Lima y no solo a los comerciantes, ni siquiera a los consumidores, sí a la población, que necesita del abastecimiento, pero en las condiciones adecuadas y sin perjudicar al entorno del nuevo emplazamiento. Sí pues, habrá que esperar unos meses o un año más para poner todo a punto. Pero ello es mil veces mejor a que fracase estrepitosamente el proyecto y se pierdan los recursos y el tiempo invertidos.

martes 14 de junio de 2011

El Cristo de García

Tenía que dejarnos algo que nos recordara que él estuvo en la presidencia y que, como tal, hacía y deshacía a su regalado antojo. Le dijeron que tenía que consultar con la autoridad autónoma de la Costa Verde, con la Municipalidad de Chorrillos y su Concejo Municipal, con la alcaldía de Lima y nada. Con gran y brillante estilo, el inefable señor García, se zurró en todas las autoridades, en los colegios profesionales que por lógica estaban involucrados: Arquitectos e Ingenieros y, no faltaba más, en la propia ciudadanía que nunca pidió el monumento de marras, no lo necesitaba y la ubicación, dimensiones, tipo, elaboración y emplazamiento, no han sido, por decir lo menos, las adecuadas. Al señor García jamás le interesaron las formalidades, el orden constitucional, gubernamental, la separación de poderes; solo le ha interesado, en versión 80 y 2006, "su" poder y cómo lo usaba para su propio beneficio. Tren eléctrico con más de 30 años, carretera interoceánica con más muertos que heridos, por comprobar, aquí esperamos que don Ollanta no achique y docenas de temas que algún día saldrán a la luz, ojalá antes de que vuelva a pedir prescripción como en el gobierno anterior, tenían que concluir en una buena cereza para tremenda torta. Dejarle a la posteridad, a los peruanos desmemoriados y a la mamá de tarzán, un armatoste de 37 metros de altura total, que pudiera decir, mejor gritar, por los siglos de los siglos sin amén, Así es, por aquí pasé yo.

Terminada ya la revisión del acto, producto de una tremenda usurpación de funciones y de extra limitación en el propio encargo funcional, revisemos lo que el señor Alan García nos está dejando, en ubicación preferencial, con derroche de recursos, ¿propios o ajenos? y con tremenda fanfarria de inauguración. Una réplica exacta del Cristo del Corcovado de Río de Janeiro, Brasil, las pequeñas diferencias: En Brasil, cuando después de 5 años de labores se inauguró el maravilloso Cristo, considerado una de las maravillas modernas del mundo, se cumplía con el sueño de toda una nación, que lo había pedido, lo anhelaba y trabajó para conseguirlo. En la Costa Verde de Lima, Perú, cuando se inaugure el Cristo del señor García, éste habrá cumplido con su propio sueño de ególatra consumado, su capricho personal, que no reparó en meterle la mano al bolsillo de la trasnacional Odebrecht, esperemos realmente haya salido de ahí el costo, para salirse con la suya. La verdadera estatua, la del Corcovado, se realizó en concreto armado, con una altura de 30 metros y un peso de mil toneladas, la copia, la del señor García se ha realizado en resina de poliéster, fibra de vidrio y estructura metálica, tiene 22 metros de altura y un peso de un poco más de cuatro toneladas. ¿Merecíamos que el señor García nos hiciera quedar ante el mundo, como angurrientos, faltos de creatividad y copiones irredentos? Creo que no. Ojo, debo acotar que queda al margen la majestad del motivo, Jesucristo, que no tiene nada que ver en este ¿enojoso? asunto.

Finalmente, señor García, probablemente usted se vaya el próximo 28 de Julio, chino de risa por haberle cambiado la cara a nuestro litoral, sin reparos y solo porque a usted le dio la gana. Pero no era así, señor presidente. Había que haber tenido a la mano el proyecto integral Costa Verde, lo que se quería hacer, lo que se podía hacer, lo que era factible y lo que no, pero con un criterio de litoral de Lima, anteponiendo una solución de ciudad. El señor alcalde de Chorrillos, con reconocida trayectoria figuretera y más recursos que ideas, debe haber aceptado, a última hora, la imposición de García. El ex alcalde de Lima, señor Castañeda, carente de visión urbanística, si es que fue consultado, debe haber dicho sí cómo no, siga usted nomás, total yo hice lo mismo con las fuentes de agua. ¿Y los colegios profesionales competentes? Imagino se manifestarán en debida forma cuando corresponda. ¿Hasta cuando las autoridades de turno, con más angurria por pasar a la posteridad, que entrega al bienestar común de los ciudadanos, seguirán haciendo de las suyas? Hasta que los mismos ciudadanos tengan el conocimiento y coraje suficientes, para reclamar por lo suyo, por su entorno, por el cumplimiento de las normas y las obligaciones asumidas por sus autoridades. Difícil, ¿no? No tanto, es una cruzada que emprenden los ciudadanos que quieren llegar a ser verdaderamente libres.

martes 7 de junio de 2011

Tenemos presidente

Bastante reñida, o más bien asquerosa, fue la reciente contienda electoral. Hasta las últimas horas del sábado continuaba la guerra sucia entre los dos candidatos, valgan verdades, principalmente del grupo de Fujimori y sus secuaces. Al 97 % del conteo de votos y según los sondeos a boca de urna y la última encuesta seria, que sí se hizo entre viernes y sábado a pesar de la prohibición, el señor Humala Tasso ha ganado la presidencia del Perú. Con él hemos ganado quienes estábamos seguros de que era la hora del cambio, quienes creíamos firmemente que ya no nos quedaba tiempo para seguir esperando, mientras el país se desangraba y los peruanos continuábamos sacándonos los ojos, puesto que la polarización había llegado a extremos inimaginables. Pues bien, como nunca, experimento un miedo terrible. ¿Qué pasa si el señor Humala no era más que la voz que necesitábamos escuchar para no sentirnos tan mal y que luego de unos meses todo vuelva a la normalidad? Esperemos que no. Por el bien del país y porque una sacada de vuelta más al pueblo peruano, provocaría un estallido peor que el que se hubiera querido evitar. Desde el saque el señor Humala dio la impresión de demasiado reservado, demasiado cauto, casi impertérrito, que daba alguna tranquilidad, pero que precisamente por eso, me preocupa. ¿Qué pasa si don Ollanta tenía realmente cara de, como no sé nada, mejor me callo y espero para ver cómo están las cosas desde adentro y ahí recién me pongo a pensar en cómo proceder? Su actitud pragmática, demostrada al 100 %, indica eso. En cristiano eso implicaría que cualquier cosa podría suceder. Esperemos que para bien.

En el Perú tenemos un sistema netamente presidencialista, es decir, esperamos que el presidente haga todo, resuelva todo y en pago le damos un cheque en blanco y un congreso, que debe ser el peor del mundo, como contraparte. Así, Presidente que no termina por corromperse es porque es tremendamente ingenuo y en política no los hay, Alan García dixit, o es un caído del palto y acá tampoco parece haberlos, Alberto Fujimori dixit, o es un Humala, que nadie sabe cómo es. La forma como se ha manejado la campaña, los andares y desandares, los cambios de asesores, oficial y extra oficialmente y la actitud de don Ollanta, con cara de mayormente desconozco cuando de dar precisiones se trata, parecen ser la imagen a proyectar durante su mandato. Veamos el lado bueno. El señor Ollanta Humala ha querido, probablemente, ganar sin deber muchos favores, sin prometer demasiado y sin mentir descaradamente, como los señores Fujimori y García lo hacían por deporte y personal convicción. Ha querido mostrarnos una vida ordenada, altamente disciplinada, de familia, al contrario del señor Toledo, dando a entender que así es él, que así será y que no tiene por qué diablos cambiar. Mientras no se convierta en el autoritario cachaco que muchos temen, o lo que es peor, en el saco largo que baila solo con la música de la señora Nadine, que otros muchos más detestarían, entonces no hay problema. Necesitábamos una persona realmente íntegra, consecuente, honesta, trabajadora, nacionalista. ¿Lo habremos conseguido? En algunos años más lo sabremos.

Va a ser difícil que los peruanos cambiemos de forma de pensar, más difícil aún que los, casi todos carroñeros, que ingresan a la política lo entiendan. Como fuera, empecemos a curarnos en salud. Más que exigir planes, exijamos actitudes, más que políticos de lujo y renombre, exijamos buenos técnicos, más que promesas, exijamos pequeños avances en nuestro sistema político-económico-social. El señor presidente, por otro lado, no debería creer que solo la izquierda lo ha llevado al poder, no debería pensar que el grueso de la población está con él y que empieza un hermoso matrimonio con el pueblo. No señor. El grueso de sus votos, señor Humala, ha salido de una reconstruida clase media que está harta de que, hasta ahora, nadie se ocupe de los problemas de fondo, de que haya demasiados maquilladores y estilistas, decoradores y productores de efectos especiales, pero nadie, con el suficiente raciocinio como para darse cuenta de que mientras no resolvamos los problemas de casa seguiremos arrastrando un pesado lastre que no permitirá jamás la llegada del desarrollo pleno y sostenido. El señor Humala tiene la mesa servida. El trabajo sucio ya lo hicieron los anteriores. las políticas hambreadoras y la consecuente acumulación de capital, suficiente para emprender proyectos serios y de largo alcance, ya está en caja, entonces solo hay que cosechar. Señor Humala, no parece usted muy confiable, pero es lo que ahora tenemos, si nos falla habremos perdido por enésima vez. No sé por qué pero creo que usted está listo para ayudar a escribir la nueva historia del país.

martes 31 de mayo de 2011

El debate presidencial

Y ya está, se acabaron los debates. Como siempre, llegaron, no convencieron a nadie y se fueron. La una con la soberbia y altanería propias del papá y, el otro, tibio, pareciera que nunca llegó a arrancar. Lejos de la aparente seguridad y aplomo de doña Keiko aprecio un vacío de consistencia, un forado de sustancia, una chancona que se aprendió a fondo el libreto, pero de aportes personales, naranjas. Don Ollanta, entre timorato y receloso de mostrar todo, de no dejarse pisar el poncho y un poco duro. En este punto sin embargo, Humala saca ventaja por cuanto la otrora primera dama de la nación, congresista de la República, niña de los ojos de apá, ducha en estos menesteres y con el respaldo escandaloso, cómo no, de toda la prensa escrita, radial, televisiva, al contado rabioso, se suponía iba a barrer con el atrevido éste, cachaco, como les gusta llamar al señor Humala. El público asistente y el televisivo se debe haber quedado con la pregunta en los labios: ¿Y esto fue todo? Ya pues, no jodan. Y es que los debates ya no funcionan, hace mucho tiempo que no nos dicen nada; de ilustradas eminencias, huérfanos; de planteamientos sólidos, abandonados; aunque fuera solo de ideas buenas, abortados. Sí pues, ¿Por qué mejor no hacemos que dos carismáticos y claros, de voz, presentadores, nos lean los planteamientos de cada uno de ellos y ya está. Nos ahorramos tiempo, nos vamos directo al grano y entendemos todos.

Pero ¿Desde cuando un debate presidencial no nos dice nada? Desde que los grupos de poder, esos que ponen, quitan, mantienen y vuelven a poner presidentes en el país, decidieron que la fiesta debería ser más importante que el dueño del cumpleaños. Total, si el programa de gobierno lo pongo yo, para qué le vamos a dar alas al portador? Después se nos crece, como Alan versión 1 y vamos a tener que darle su estate quieto, ¿Y el tiempo y LA PLATAAAA perdidos? No es cinismo ni atrevimiento de mi parte lo anteriormente anotado. Que levante la mano aquel que haya escuchado un buen plan de gobierno de boca de un candidato y que haya visto, luego, que se hace realidad por la manito del elegido. Gracias, no es que tenga la razón, pareciera más bien que esta nos ha abandonado hace tiempo. Porque asistimos casi indiferentes a estas "grandes fiestas de la democracia", con las banderitas en la mano, el solapero en el pecho, la sonrisa en la boca y nada, pero en verdad nada, a parte del gorrito, en la cabeza. Y claro, cuando nos llevamos la mano al bolsillo de la billetera ya no tenemos ni pantalón. Lo grave del asunto es que no estamos hablando de un negocito, una chambita, un sencillo, por Dios, estamos hablando de nuestro futuro, el de nuestras familias, del país entero. ¿Se entiende eso?

Si viviéramos en una verdadera democracia, una decente digamos, los medios de comunicación nos darían, antes de los debates presidenciales, un desmenuzamiento exhaustivo del plan de gobierno de cada uno de ellos, del equipo técnico que lo respalda, del financiamiento planteado para su desarrollo y de un cronograma realista de lo que se va a hacer. Así, para el día del debate, hasta el acomodador del público asistente, camarógrafos incluidos, sabrían tanto o más que los propios candidatos sobre lo que quieren hacer y estos podrían dedicarse a demostrarnos que estamos, sino ante un Superman, al menos ante un Chapulín Colorado que quiere hacer su mejor papel. Si revisamos nuestras últimas elecciones, lo que ha ganado en los debates han sido poses farandulescas, mentiras fabricadas, cinismo encubierto y abiertas angurrias por llegar como sea. La pregunta es: ¿Cuándo nos vamos a dar cuenta de que un debate presidencial no es para conocer a los candidatos, se suponen que a través de los medios de comunicación ya sabemos hasta cómo duermen; no es, tampoco, para conocer recién sus ideas, se supone también que ya las sabemos de memoria; es, sobre todo, para mirar a los ojos al candidato en el momento que nos regala su mas lograda expresión de, por mi madre que puedes confiar en mí, y darnos cuenta si es que está diciéndonos o no la verdad. El resto es show para entretener al respetable y la verdad, para estas frivolidades, mejor que el voto no sea obligatorio.