miércoles, 4 de noviembre de 2015

EXPROPIÁNDONOS LA CIUDAD.


Una verdadera vergüenza lo que está sucediendo en la calle Félix Dibós de Magdalena del Mar, en nuestra cada vez más violentada y asquerosamente encementada ciudad de Lima. Sin consulta vecinal ni aviso previo, la autoridad municipal local está arrasando con las áreas verdes de dicha zona, la razón: “necesidad” de construir un tercer carril para el tránsito vehicular. Se argumenta que la otrora zona residencial de Magdalena del Mar se está convirtiendo en una zona de alto tránsito y para ello se requiere de más ancho de vía para la circulación de su majestad, el vehículo. Además de ser un despropósito urbano, un arboricidio imperdonable y un atropello a los ciudadanos, esta descabellada medida responde a un interés mezquino de preparar el terreno, mediante la aparente solución a la futura necesidad de una creciente carga vehicular, para el inminente cambio de zonificación, que permita la erección de edificios de más de 9 pisos, en una zonificación original de baja densidad, con alturas permitidas de hasta 4 niveles. ¿Cuál podría ser el interés de dicha medida, revestida de modernidad? Pues que existe alguien que está cobrando por entregar indebidas licencias de construcción en zonas en las que jamás debieron permitirse tamaños estropicios. ¿Es esto legal? De ninguna manera. ¿Se debería permitir? NO. ¿Qué hacer? Lo primero sería presentar una masiva denuncia ciudadana ante la opinión pública y mediante una acción de amparo exigir la inmediata paralización de la obra. Pero, además, en este caso concreto, ¿por qué callan los medios de comunicación, otras veces tan locuaces y acusadores?

Lo curioso es que, tampoco, ninguna entidad seria y representativa está opinando al respecto, habiendo tenido que haberlo hecho desde hace rato. Existe un evidente abuso de autoridad, un irrespeto a las propias normas municipales metropolitanas, un atentado al medio ambiente y un avasallamiento a los ciudadanos y sus derechos urbanos. Lo que está haciendo la municipalidad de Magdalena del Mar es expropiar los espacios públicos, destruir las áreas verdes, que por naturaleza son inalienables y degradar la calidad de vida de los habitantes de dicha zona, todo ello con evidentes intereses particulares. ¿Existe un verdadero estudio de impacto vial de la zona que justifique la medida ordenada y ejecutada con inusual violencia? ¿Existe un estudio de impacto ambiental que asegure que el cambiar aire purificado, gracias a los árboles ahora ya no existentes, por ruido y aire contaminado, es lo mejor que le puede pasar a los residentes de dicha zona? No creo. ¿Y entonces? Cabe la pregunta: Si no es a los ciudadanos, ¿a quién carajo pertenece la ciudad? En todo caso, jamás al alcalde y menos a sus amigos, financistas o socios, los inversionistas inmobiliarios.

sábado, 1 de agosto de 2015

Seguridad Ciudadana: Parte 1. ¿Y dónde está el policía?

Lo que sigue a continuación es un recuento de los ataques, robos y asaltos, en sus diferentes modalidades, que he sufrido en forma personal y en los que la constante ha sido la misma: si es que los policías no habían participado en ellas como los malos, brillaron totalmente por su ausencia. Salvo en la primera vez nunca presenté denuncias. ¿Para qué?

Testimonio muy personal: 

Tenía poco tiempo de haber regresado a Chiclayo, hace unos 28 años, con mi esposa limeña y un fin de semana que fuimos con mis padres y hermanas, al fundo que mi familia poseía en Olmos, sufrí mi primera experiencia de rabia e impotencia ante un hecho delictivo. De regreso el domingo por la tarde, de un maravilloso paseo de campo, descubrimos que nos habían vaciado la casa ubicada en el llamado Óvalo de la urbanización residencial Santa Victoria, con ingreso y salida por la puerta principal, cortesía de una útil y probablemente nueva, pata de cabra. Se suponía una zona tranquila, una zona segura, con resguardo policial, luego me enteraría que en los últimos meses la mayoría de nuestros vecinos había sufrido asaltos similares. Los ladrones se tomaron una botella de licor y defecaron en el piso de la sala,  una especie de superstición delictiva para evitar ser capturados, y se llevaron todo lo de valor que encontraron, cuadros y adornos incluidos. Preguntamos a los vecinos y nadie sabía nada, preguntamos por el guardia que nunca faltaba en la esquina y que nos daba cierta confianza y nos dijeron que ese día no había podido ir a cubrir el servicio, por enfermedad. Qué curioso, ¿no? Qué bueno que ustedes no estaban y se pudieron salvar de algo peor, nos dijeron luego en la Comisaría, nos dijeron también que eran bandas de ladrones de Trujillo. Podemos organizar una búsqueda pero tendrían que darnos todo el dinero necesario para movilidad, gastos y estadía en Trujillo. Gracias señor Comiasrio, pero no.

Me asaltaron luego, tres años después, a mano armada en un local comercial que tenía en Chiclayo; me vaciaron la caja registradora, un 24 de Diciembre en la noche, en una juguetería para niños. Con un arma en la sien y con un fuerte golpe de ella en la frente por tratar de ofrecer resistencia, tuve que presenciar cómo se llevaban, además, la más valiosa mercadería de vitrinas y mostradores y le quitaban todo el dinero y objetos de valor a mis clientes que yacían boca abajo tendidos en el piso. Los asaltantes fueron dos, atléticos y de cabello corto ellos, armados ambos, unos desgraciados también. Una semana antes, había recibido la visita del Mayor Comisario, supuesto amigo, para ofrecerme protección de su personal en sus días de franco, obviamente no acepté, con risita cachacienta y, adelantándome a Seguros Rímac, le dije que no se preocupara  por mí, que todo iba a estar bien. Y no pues, nada estuvo bien.  A la media hora de perpetrado el asalto y sin que nadie lo llamara, se presentó el señor Comisario y con la mejor cara compungida que podía, me dijo que lo sentía pero que me lo había advertido y, claro, no creo que quieras presentar la denuncia ¿verdad? No, tienes toda la razón, dije yo, ahogándome con las palabras que, gracias a Dios no dije en ese momento. Muy bien, me alegro de que te hayas salvado de algo que pudo haber sido peor, cuídate y si cambias de parecer  sobre tu protección personal y la de tus negocios, me avisas. Ahí hubo policías en actividad, pero asaltándome. Y lo que había sucedido no era nada más que una muestra del sistema de extorsión policial, un vil pago de cupos que en todas las provincias del país persiste, hasta la fecha.  

Un año después descubro un robo sistemático y valioso en otro de mis locales comerciales, también en Chiclayo; identificado el ladrón hago un trato con él, a pedido de su jovencísima, llorosa y embarazada esposa, convengo en no presentar cargos si me devuelve todo lo robado. La policía, en ese tiempo miembros de la PIP, lo llevan hasta su casa en la caleta Santa Rosa y regresan con él y todo lo robado. Todo en poquísimas horas. Me citan para hacer la devolución en presencia del ladrón y me percato que faltaba mucho más de la mitad de lo sustraido. Lo encaro y le digo que no podré cumplir mi ofrecimiento de no presentar cargos y el muchacho, sin reparo alguno, cuenta con todo detalle cómo en el viaje de regreso los dos oficiales que lo habían acompañado hicieron paradas en sus respectivas casas para descargar la mayor parte del botín. Monto en cólera y sin percatarme de lo que hacía amenazo a los policías, ellos me empujan hacia una oficina, cierran la puerta y me dicen de aquí no sales, para mi suerte un amigo que me había acompañado se percata de lo que estaba sucediendo golpea fuertemente y con gritos la puerta cerrada y una vez que le abren me hace prometer a los señores policías que no diré nada y que todo quedaba ahí, apretón de manos incluido. Salimos rápidamente de ahí, el amigo me mira, me da un apretado abrazo y me dice: no sabes de la que te has salvado. 

Hace 18 años, ya instalados en Lima, en el distrito de Magdalena del Mar, mi esposa y mi hija de 12 años fueron testigos pasivos de un asalto a mano armada en un colegio, que ya no existe, de la avenida Brasil, demolido para dar paso  a unos horondas y estrechísimas torres de departamentos, el día que habían asistido para matricular a mi hija. Tuvieron que echarse al piso de uno de los ambientes mientras los tres delincuentes que habían entrado y cerrado la puerta principal le sacaban hasta el último centavo a la cajera del colegio que ya tenía casi una centena de niñas inscritas, con matrícula pagada. El colegio estaba lleno de gente, casi todas mujeres y niñas, todas agazapadas entre escritorios y carpetas sin poder, ni querer, hace nada. Muchas de las madres fueron directamente amenazadas y les arrancaron joyas y carteras.  El susto fue tremendo, balazos y mentadas de madre incluidos. Mi esposa e hija salieron ilesas pero seguras de que ya no podrían salir solas a la calle. Corrieron hasta la casa, ubicada a dos cuadras, pero a pesar de las llamadas telefónicas que varias mamás ya habían hecho a la policía, no vieron a ninguno.

Hace 14 años, una noche,  regresando de un arduo día de trabajo como funcionario municipal, enternado, con un maletín en la mano, mientras hablaba por mi celular haciendo coordinaciones para el día siguiente y caminando hacia mi casa, en la calle Huamanga de Magdalena del Mar, dos señores, fornidos ellos, de cabello muy corto, bajaron de un auto que se sobre paró junto a mí, me dí cuenta de lo que venía y corrí hacia la reja del condominio, tropecé y los dos me cayeron encima, grité de todo, me defendí lo mejor que pude y solo aflojé cuando escuché que uno de ellos decía: ya métele un plomo; me pusieron un arma en la sien y les arrojé el valioso celular que tenía, hacia la pista. Lo recogieron y se subieron al auto, en el que esperaba un señor bastante mayor que me miraba como diciéndome de la que te salvaste. Y es que no  querían el celular sino subirme al auto, pero la suerte, el excesivo tiempo transcurrido y mis groserías a grito pelado convirtieron un "simple" secuestro al paso en un escándalo de proporciones. Desde el suelo vi cómo se alejaban y a todos mis vecinos en las ventanas y puertas, mirando no más. Allí tampoco hubo policía alguno sino una banda, probablemente conocida y permitida, caserita del distrito, de delincuentes comunes y demasiados ciudadanos indiferentes. 

Doce años atrás cuando iba a visitar al cliente de una empresa en el Callao, a media cuadra del llamado óvalo Salón, al final de la avenida Venezuela, fui interceptado en la berma central por dos fumones que me cogotearon y bolsiquearon a su regalado gusto, mis gritos amenazas o qué se yo, hicieron que solo me sustrajeran un directorio telefónico del bolsillo derecho del pantalón y no los dos celulares que llevaba en los bolsillos del saco, ni el maletín con valiosa información que llevaba en la mano. La avenida era muy ancha y pude observar a grupos de malandrines en cuclillas a ambos lados de la calle. como esperando entrar en acción correlativa a la falla del grupo en acción. Escuché la bocina insistente de un micro casi vacío que sobre paró, se produjo la distracción momentánea de mis asaltantes y de un salto felino del que no sabía que era capaz, subí al micro que me esperaba con la puerta abierta que se cerró detrás de mí y partió raudo. Chofer y cobrador me preguntaron qué hacía allí, cómo andaba así vestido en esa zona y que si estaba loco y, claro: No sabes de la que te salvaste. Alrededor del óvalo había visto, minutos antes, personal de la marina con fusiles haciendo vigilancia y eso me llevó a error, creí que esa vigilancia era suficiente, pero no conté que media cuadra más allá de su ubicación ya no era responsabilidad de ellos. Policías no ví, ni el trayecto de las cinco cuadras siguientes antes de bajarme, agradecido, de la combi y subirme a un taxi de regreso.

Hace 5 años y mientras conversaba con una amigo en la puerta de una sastrería en la calle José Gálvez , también en Magdalena del Mar, me percaté que uno de los dos hombres que iban en una moto que había entrado en sentido contrario al flujo vehicular, saltó al piso,  se avalanzó sobre una señora y luego de forcejear con ella le arrebató su cartera, se subió a la motocicleta que lo esperaba y yo, mientras corría detrás de ellos les iba gritando todo lo que se me ocurría y cuando levanté el brazo para coger del pescuezo al señor que se había subido a la moto, éste saco de la cintura un revólver y me lo puso casi en la frente, bueno dije hasta aquí llegué, pero solo se alejaron sin decir palabra. Ahí tampoco hubo policías, sí una señora muy triste que acababa de cobrar su pensión en el Banco de la Nación que me dijo: Hijito no vuelvas a hacer eso, mira de la que te salvaste y, sí pues, otra vez muchos callados mirones y policías, juro que no ví ninguno. Ni en las siguientes tres cuadras por las que caminé triste y pensativo hacia mi casa.

Hace poco más de tres años, cuando asistí con mi esposa a realizar unas compras a Gamarra, por el lado de la avenida aviación y mientras llevaba dos bolsas grandes, una en cada mano, sentí un empujón y simultáneamente, un tipo me arrebató la bolsa de la mano izquierda, solté la otra y eché a correr detrás del ladrón quien se escapaba por los montículos de desperdicios de la berma central, que ahora ya es un área ocupada por el metro que cruza La Victoria. Mis gritos y amenazas más que mi agilidad, que ya no es la misma, para alcanzar al ladrón, hicieron que éste desistiera de su empeño y soltó la bolsa en su desesperada carrera, cogí la bolsa y regresé donde mi esposa, más preocupado aún porque no me había percatado de que la había dejado sola y expuesta en mi afán de no permitir que se consumara el robo. Al llegar a su lado me percaté también que si el ladrón llegaba hasta la vereda de enfrente de la avenida Aviación, zona sumamente peligrosa hasta ahora, y yo detrás de él probablemente ya no la estaría contando. Tampoco hubo un solo policía y sí mucha gente sorprendida ante mi reacción.  

Hace casi dos años, regresando de Chiclayo. de visitar a mi madre y hermanas, mientras esperaba al bus retrasado de Cruz del Sur, dentro de la agencia y parado con el maletín de mi lap top cruzado en el pecho, el maletín que había llevado con mis efectos personales en una mano y otro maletín, con delicias chiclayanas para llevar a Lima depositado en el piso,  muy junto a mí, entraron dos señores muy bien vestidos y perfumados, uno hablando por celular, que se paró a mi derecha y otro que entró como buscando a alguien, que se paró a mi izquierda; el del celular subió el tono de voz como discutiendo con alguien y mientras todo el mundo lo miraba, incluyéndome a mí, el otro había iniciado su labor. Sigilosamente, sin doblarse, se había agachado y tenía mi maletín en la mano, volteé y bajé la mirada justo en el momento en que se erguía para salir. Le grité que eso era mío y sin más lo depositó en el suelo, yo cogí rápidamente el maletín y ya con todo seguro empecé a gritar a todos los presentes que ese hombre de casaca negra que iba saliendo por la puerta principal era un ladrón que había intentado robarme y que..... Pasó como si nada entre hombres fornidos y mujeres con cara de cuéntame qué pasó por Dios y se perdió en la calle. Tampoco allí hubo policías, ni guachimanes pero sí, otra vez, bastantes ciudadanos indiferentes o cobardes. 

He sufrido, además, otros cinco intentos (fallidos) de robarme el celular mientras caminaba por las calles de Jesús María, Magdalena del Mar y Surco, todos con la misma modalidad: acercarse sigilosamente por detrás de uno y tratar de arrancarte el celular para luego correr y como contorsionista meterse a la volada por la ventana abierta del asiento posterior de un Tico o una Station Wagon en marcha. Mis reacciones rapidísimas, más de rabia que de valor, evitaron los robos. En suma, he sido testigo, no callado por cierto y más grosero que los propios ladrones, de innumerables robos al paso, a personas que me pedían, por favor, que no persiguiera a los ladrones y que me callara por su propio bien y el mío. Pareciera que ya todos se han acostumbrado a este tipo de vida, la reacción defensiva de la víctima no existe entre sus posibilidades y veo, con rabia, la indiferencia de los demás vecinos ante el accionar de los ladrones que se han enseñoreado en nuestras calles. Lo anteriormente narrado, que es totalmente cierto y que responde tan solo a la necesidad de hacer conocer las diferentes modalidades de robo, asalto, extorsión y otras derivadas de ellas, que cada vez son más peligrosas y letales, pretende crear conciencia sobre la necesidad de tomar decisiones y buscar soluciones que las autoridades no se animan a tomar. La seguridad no nos la va a regalar nadie y si no hacemos algo pronto las cosas se van a poner peor. 
Lo que más me molesta y tortura mentalmente es que, en verdad, no veo policías por ninguna parte. Bueno sí, de vez en cuando, parejas de ellos, a tempranas horas del día, en zonas muy concurridas, conversando animadamente o hablando permanente y despreocupadamente por sus celulares personales y por ello y con todo el respeto que se merecen los que pierden el tiempo leyéndome me permito preguntar, ¿En dónde carajo estaban realmente los policías en los precisos momentos en que se les necesitaba y ahora también?   

Concluyo pidiendo que levante la mano aquella persona a la que hayan robado, asaltado, extorsionado, secuestrado, golpeado. Perdón, mejor que levanten la mano aquellos que no han pasado por ésto en algún momento de sus vidas, en alguna de las ciudades del país. Sí pues.... por ahora lo dejamos ahí.

domingo, 26 de julio de 2015

Licencias de Construcción, corrupción y Gestión de Ciudad.

A raíz de los bochornosos enfrentamientos entre las comunas de San Isidro y Magdalena del Mar, por un lío irresuelto, de intereses más que de límites, el alcalde de San Isidro acusó al alcalde de Magdalena del Mar de "formar parte de una organización que se dedica a otorgar licencias ilegales que atentan contra las normas metropolitanas de zonificación e índices de uso". Grave acusación que tiene visos de verosimilitud si nos atenemos a lo que realmente está sucediendo. En la llamada zona en litigio, 42 deseables y tentadoras manzanas, las licencias de construcción que se han negado en la municipalidad de San Isidro, por exceder groseramente los parámetros urbanísticos, han sido otorgadas en la Municipalidad de Magdalena del Mar, para el mismo solicitante, en la misma dirección, sin cambio alguno y sin dudas ni murmuraciones. Dice en su defensa el señor alcalde de Magdalena del Mar, textualmente,  "que la ley 29090, que regula las edificaciones establece que son los representantes del Colegio de Arquitectos, quienes revisan, evalúan y aprueban los expedientes técnicos de construcción. Si ellos dicen que es legal, recién allí podemos entregar las licencias de construcción". Una buena lavada de manos pero no de conciencia, que encierra una directa acusación a los delegados de los Colegios Profesionales. Esto, para no pensar mal, revela al menos un total desconocimiento de la ley, sus reglamentos y modificaciones, por parte del alcalde en cuestión. 

El espíritu de la ley 29090 señala como principal obligación y responsabilidad municipal la de VERIFICAR QUE LOS PROYECTOS CUMPLAN CON LOS PARÁMETROS URBANÍSTICOS Y EDIFICATORIOS. La mencionada ley se ocupa de cuatro (4) diferentes modalidades de solicitud y obtención de licencia de construcción: la modalidad A que se refiere a construcciones de hasta 120 m2; la modalidad B que se refiere a viviendas de hasta 5 pisos o 3,000 m2 de área; la modalidad C que se ocupa de los multifamiliares de más de 5 pisos o 3,000 m2 y la modalidad D, que es la que se refiere a las construcciones industriales, comerciales, locales de espectáculos y otros. Centrémonos entonces en la modalidad "C", que es en la que se están realizando los estropicios y atentados de lesa urbanización. La ley dice que todo el trámite de obtención de licencias de construcción se inicia con la recepción del expediente en la mesa de partes de la municipalidad. Uno de los requisitos indispensables (y concluyentes) para la conformación del expediente mencionado es la presentación del Certificado de Parámetros Urbanísticos, que es otorgado por la propia municipalidad y que no es otra cosa que una hojita que dice claramente que, por ejemplo, la dirección: avenida Pepe el Vivo # 666 de este distrito pertenece a la Zona Residencial de tal Densidad y que lo máximo que se puede construir allí es hasta una altura de 8 pisos y sanseacabó. Por muy ignorante e incapaz que pudiera ser el señor empleado municipal encargado de la recepción, mal podría recibir un expediente que por un lado dice que solo deben ser 8 pisos y los planos del proyecto presentado dicen clara y orgullosamente que los pisos a construir son 14. Supongamos que se le pasó al señor incapaz, bueno pues, la ley dice que hay cinco (5) días de PREVERIFICACIÓN DE REQUISITOS, es decir 40 horas de sacrificado trabajo municipal, tiempo más que suficiente para revisar si lo presentado cumple o no con la normatividad vigente. Entonces en ese momento el área respectiva convoca al solicitante y puede decirle algo así como: ¿qué pasó cuñao? ¿no sabes leer? ¿eres gracioso o qué? Le devuelve todo lo presentado y a otra cosa mariposa. Si por el contrario, todo estuviera en orden y de acuerdo a la norma, entonces recién en ese momento se convoca a la Comisión Técnica de Revisión de Proyectos. O sea, a dicha comisión no puede pasar nada que exceda las normas planteadas y por todos conocidas. Lo curioso, que probablemente también desconoce el señor alcalde de Magdalena del Mar, es que quien preside dicha Comisión Técnica es su propio Gerente de Desarrollo Urbano, sí pues un funcionario suyo, de su entera confianza y que, con toda seguridad, está bien aleccionado de lo que se debe o no hacer en el distrito en aras de no ensuciar el buen nombre del señor alcalde al tratar de hacer pasar gato por liebre. Cabe anotar que la responsabilidad principal de dicho funcionario municipal es la de poner a disposición de la Comisión Técnica, que él mismo preside, toda la información del distrito, las ordenanzas y resoluciones de alcaldía que se ocupen del tema urbanístico y edificatorio, así como de su propio Plan de Desarrollo Urbano, si existiera, incluídos de todos modos, los planos de zonificación, los planos de límites de alturas permitidas, los índices de usos del suelo, entre otros documentos técnicos, para facilitar la evaluación y dictamen del proyecto presentado. La otra responsabilidad del señor funcionario municipal es la de comunicar a las entidades respectivas (colegios profesionales) de ser el caso, las infracciones en que hubieran incurrido sus delegados. No hay forma, por tanto, de que el señor alcalde correspondiente no esté al tanto, al mínimo detalle, de lo que sucede dentro y fuera de dicha Comisión Técnica y de lo que aprueban o deniegan, así como no hay forma, tampoco, de que los señores delegados de tales Comisiones Técnicas reciban para evaluar, proyectos que excedan lo permitido. a no ser claro, en contubernio o asociación ilícita con los funcionarios o autoridades municipales.

Lo que queda claro es que, hasta ahora, ninguna institución, involucrada directa o indirectamente, se ha manifestado al respecto. El deforme crecimiento de la ciudad, acicateado por los intereses muy particulares de algunos constructores y algunas autoridades corruptas, pronto nos pasará la factura a quienes nada tenemos que ver con el asunto, salvo el sufrir sus consecuencias. La, conveniente, inexistencia de planificación, la corrupción millonaria de las licencias indebidamente otorgadas y el degradamiento de nuestra calidad de vida son los únicos parámetros de nuestro actual crecimiento urbano. Humildemente sugiero al Colegio de Arquitectos del Perú, manifestarse sobre el tema y, especialmente, sobre la explícita acusación del señor alcalde de Magdalena del Mar. 



domingo, 19 de abril de 2015

¿Feliz 180° Aniversario? ciudad de Chiclayo.


Hay fechas que son importantes, por celebratorias, conmemorativas, pero además, porque son ideales para enderezar rutas y marcar un nuevo punto de partida hacia el verdadero desarrollo. La ciudad de Chiclayo, a pesar de las atrocidades y robos cometidos en su contra, sigue ahí; con algunas zonas, muy pocas, tratadas con esmero y cuidado y, gran parte, abandonadas a su suerte, cuando no, saqueadas impunemente. Lo que antes fue una hermosa y cálida ciudad, se ha convertido en una urbe desorganizada, sin autoridad ni  nadie, serio y profesional, que se quiera hacer cargo responsablemente. Seguimos echándole la culpa a los que han venido de afuera, pero hasta ahora no hemos hecho nada por integrarlos a nuestros grupos sociales, a nuestra comunidad urbana. Tenemos dos  o tres Chiclayos dentro de nuestra ciudad y, así, no llegamos a ninguna parte. Tal vez, las camionetazas que circulan raudas por las estrechas y cortísimas calles de la ciudad, evitando a los ticos y mototaxis, nos den una idea plena de esas tremendas diferencias que muy pocos aceptan. Una vez escuche decir en Chiclayo: ¿Y qué culpa tengo yo de que los CHOLONES no tengan la plata que yo tengo? Sí, pues, nadie va a querer reconocerlo, pero el principal problema de Chiclayo es socio-económico. Los números no engañan. Si el 5 % de la población se encuentra en la cúspide de la escala de ingresos y un 25 % más, está cerca, entonces tenemos un 70 % que ha de vivir renegando, no solo por las innecesarias demostraciones de riqueza económica y con ello abusos de poder que día a día les restriegan en la cara, sino porque no tiene alternativa de desarrollo y porque se les quiere imponer normas de vida urbana que ellos no consideran importantes. Si no me alcanza para comer qué diablos me puede importar manejar con cuidado mi combi, mi tico o mi mototaxi ¿si así no logro ganarme a los pasajeros? Yo preguntaría, además, ¿qué empresario o concesionario les ha fiado los benditos vehículos? Los señores comerciantes informales que ocupan las calles no son más que ejércitos de comisionistas de fabricantes y grandes distribuidores, que les entregan la mercadería con la condición de que la vendan rápido. Sin embargo, lo peor que le ha pasado a la comunidad chiclayana, en estas últimas décadas, ha sido la corrupción desfachatada, la coima enseñoreada, el diezmo oficializado y, con pena lo digo, la estupidez ciudadana institucionalizada.

Me encantaría equivocarme y verme obligado a pedir perdón, si fuera necesario, pero debo decir que el señor alcalde en ejercicio, David Cornejo Chinguel, no tiene las mínimas condiciones, personales, académicas ni técnicas, para sacar a la ciudad de Chiclayo de este profundo hoyo en que se encuentra. Yo le rogaría, que al menos, no robe, no acepte favores personales y que proponga la formación de un Patronato de Chiclayo para que lo ayude a cumplir con tan seria responsabilidad. Apelo a su buen juicio. No crea en algunos de sus asesores personales, esos que le hicieron creer que usted era el mejor, que precisamente por eso no son nada confiables, porque tal vez están esperando algún descuido de su parte para levantarse importantes cantidades presupuestales.

Pero Chiclayo tiene los mejores recursos naturales, la mejor gastronomía, los mejores y más completos vestigios arqueológicos, que los piuranos y trujillanos miran con recelo y envidia, ¿entonces qué pasó? Nuestro problema es de capital humano en el ejercicio del poder. Lo contradictorio es que Chiclayo cuenta con gente capaz dentro y fuera, con chiclayanos que aman su ciudad y harían cualquier cosa por ella. Pero la política, o en lo que actualmente se ha convertido, les apesta sobremanera. Tiene que haber alguna forma de sentarse a discutir sobre la ciudad, sobre lo que se debe hacer y sobre lo que jamás debería hacerse, pero sobre todo, en qué clase de ciudad queremos dejarle a nuestros hijos.

Un fuerte abrazo para todos mis paisanos, desde lo más profundo de mi ser y con él mis plegarias para que, por fin, empecemos a llamar a las cosas por su nombre y a atacar los problemas en forma directa. FELIZ 180° ANIVERSARIO mi querido Chiclayo.

domingo, 22 de junio de 2014

Nuevo atropello a la Ciudad de parte del Señor Poder Ejecutivo

Con la misma prisa e irresponsabilidad de chofer de combi asesina de la empresa orión, el SEÑOR PODER EJECUTIVO ha enviado como propuesta, dentro de su plan reactivador, al SEÑOR CONGRESO, que de ahora en adelante las edificaciones destinadas a vivienda, comercio y oficinas no estén sujetas a la presentación de un Estudio de Impacto Ambiental (EIA) para la obtención de la licencia de edificación, cuando dichas edificaciones se realicen en zonas urbanas consolidadas. Tremendo atentado urbano y evidente favorecimiento a las empresas inmobiliarias, (especie de su mesías salvador porque ahora están a pérdida) basa su razón de ser en que la obtención de este tipo de estudio no generaría una mayor disminución de riesgo para el ambiente pues las herramientas preventivas han sido incorporadas a través de procesos previos de planificación urbana. Sí Juan. Todo ciudadano medianamente informado sabe que la normatividad actual (supuesta planificación urbana incluida) es palo de gallinero de la voracidad inmobiliaria y la angurria funcionaria, por ello tenemos una inmensa cantidad de callejones verticales y una increíble sobre concentración de moles de concreto, pechito con pechito, potito con potito, sin áreas libres y menos, verdes. Sin atisbo alguno de vergüenza se señala como finalidad del planteamiento expuesto, que se busca reducir el déficit de vivienda y facilitar los procesos de construcción de vivienda y ocupación del suelo formal. Asimismo, consolida la eliminación de trabas que retrasan actualmente la inversión inmobiliaria a nivel nacional, dicen. ¿Nos han visto la cara?

Con la cantaleta del déficit habitacional, catalogado por las inmobiliarias, las financieras y los funcionarios incapaces o corruptos (o ambas cosas a la vez) como la necesidad imperiosa de adquirir flamantes, onerosas y, más de las veces, inhumanas unidades de vivienda, cuando lo que en realidad se necesitaba eran “mejores y más seguras” viviendas familiares, se ha impartido durante los últimos años una serie de disposiciones normativas que van desde reducir la dignidad humana a viviendas de 45 ó 50 m2, con dormitorios de 4 m2, con ocupación del 100 % del área del terreno a construir; sin el requerimiento necesario de estacionamientos; con entrega de licencias amañadas para edificios de 12 a 14 pisos ahí en donde los parámetros urbanísticos permitían un máximo de 4 pisos; con excavaciones de hasta 20 metros por debajo del nivel de vereda sin la exigencia del previo análisis del suelo; con aceptación de seis u ocho edificios colindantes, con frente a pistas de 6 metros de ancho y veredas de 1.5 metros, sin el requerimiento mínimo de un estudio de impacto vial, es decir, calcular más o menos, cuál es la cantidad máxima de vehículos que pueden circular por las vías con frente a esos nuevos departamentos y en las calles aledañas, para evitar parecerse a Calcuta en un día de mercado.

Empecemos por el principio, el verdadero déficit de un producto (en este caso una nueva vivienda) se da cuando hay un montón de familias con las ganas inmensas de adquirirlas y las posibilidades económicas para hacerlo y el mercado no puede ofrecerlas. Es decir, cuando hay más compradores que vendedores. Pero resulta que si nos atenemos a los indicadores oficiales actuales, el año pasado las inmobiliarias no han podido colocar todos los departamentos construidos, es más, han paralizado varios proyectos, le han metido cabeza a no pocos incautos que han comprado en planos y que no saben cómo recuperar el monto con que han sido estafados, porque ya no encuentran a los solícitos vendedores de esas casetas de venta que algunos municipios corruptos o tontos, permiten que se instalen con toda elegancia e impunidad en las áreas públicas, veredas y jardines de aislamiento, para beneficio particular. Lo que siempre ha existido y seguirá existiendo hasta que podamos tener gente decente y capaz en los entes del gobierno central y municipal, que puedan elaborar verdaderas políticas de vivienda nacional y local, es la necesidad, urgente eso sí, de mejorar, ampliar, remodelar o refaccionar las viviendas familiares existentes, a costo real, sin necesidad de pagar coimas, sin trabas burocráticas y con el apoyo técnico y financiero de sus propias comunas, nada más. Pero claro, eso choca con los intereses de no pocos grupos de poder y con funcionarios corruptos que más reciben por fuera que con el salario oficial. Años y una gran inversión le han costado a los grupos inmobiliarios tratar de convencer a los ciudadanos de que si no tienen una vivienda propia, inscrita en la Sunarp, no son nada, o sí más bien, unos pobres diablos, sin historial crediticio, impresentables ante el sistema financiero, unos parias en la economía nacional. Con el señor Hernando de Soto a la cabeza se ha gestado un movimiento internacional de: CASA, CASA, CASA QUIERO YA. Y claro, no importa si te endeudas por los próximos 25 años, si metes mensualmente casi todo lo que con tanto sacrificio te envían tus hijitos desde el extranjero para que puedas vivir mejor, o que después de 5 ó 10 años, qué penita, el banco tenga que embargarte por falta de pago y adiosito el sueño de la casa propia.

Seguir eliminando supuestas trabas edilicias, con beneficiarios con nombre propio no soluciona nada, salvo la falta de liquidez de los grandes e importantísimos amigotes y la colocación de la liquidez excedente de los bancos, en ambos casos con la intermediación, necesaria, de un comprador ingenuo al que le han hecho creer que necesita adquirir, sí o sí, una nueva  vivienda. Permitir este nuevo atropello y fuga es darle la bendición a las nuevas ciudades del señor capital, que no importa que terminen pareciéndose a galpones de San Fernando o Redondos, si se logra el cometido de que los señores del cemento, fierro y ladrillo, tengan mayores y más rápidas utilidades. 

lunes, 21 de abril de 2014

Carta Abierta al Señor Alcalde de la Ciudad de Chiclayo


Señor Roberto Torres Gonzáles, antes que nada, permítame expresarle mis más sinceras disculpas por los denigrantes adjetivos calificativos e improperios, justificados o no, que los chiclayanos residentes en dicha otrora hermosa ciudad, han venido profiriendo en los últimos meses contra su persona, aduciendo que es usted el principal culpable de que Chiclayo se haya convertido en una ciudad humanamente inhabitable, un verdadero muladar y en la vergüenza del norte del Perú. Nada más lejos de la verdad señor. Culpables son los ciudadanos que lo eligieron, mediante un voto inconsciente e irracional y no una, sino dos veces; culpables son los regidores del Concejo Municipal que lo han acompañado, que no fiscalizaron sino más bien, aparentemente, lo encubrieron y apañanaron; culpables son los fiscales y jueces que no lo han acusado debidamente, que ya lo han absuelto, o que siguen demorando la correcta sentencia, en las centenas de denuncias realizadas, seguramente también injustas, contra usted; culpables son el presidente regional y todos sus consejeros y funcionarios que con su silencio han avalado su inexplicable proceder; culpables son esos cinco señores congresistas de Lambayeque que durante años, por lo menos siete, han callado lo que sabían y que hoy afirman no haber conocido; culpable es el Procurador General de la República que jamás acogió las pretendidas denuncias de una población iracunda, a pesar de las pruebas, audios y documentos presentados; culpable es el gobierno central que mira para otro lado cuando de cosas ajenas a sus intereses particulares se trata y, finalmente, culpables son los chiclayanos de nacimiento, esparcidos por el país y el mundo que jamás se interesaron por lo que estaba sucediendo en su ciudad de origen. Y es que usted, señor Torres es, a mi entender, un inimputable. Considero que usted no puede ser denunciado penalmente porque no es una persona normal, al menos no lo parece y pido, nuevamente, disculpas si me equivoco o me excedo.

Lamento de verdad, como parece ser, que su niñez y adolescencia no hayan sido todo lo agradables que un ser humano en formación pudiera desear; que tal vez haya sido usted privado de muchas cosas que hoy ha pretendido cobrarle, probablemente con todo derecho, a esa sociedad en la que nunca se ha sentido a gusto, a pesar de haber sido aceptado como el inmigrante que originalmente fue. Que la falta de cariño y la cuota de amor nunca recibida y tan necesaria para el desarrollo emocional de todo ser humano normal, lo hayan obligado a buscar a jovencitas que con mimos y atenciones, tan desmesuradas como interesadas, lo desviaran del proceder responsable y maduro de una persona de su respetable edad. Lamento, igualmente, que la instrucción universitaria por usted recibida, se le haya extraviado en el camino, lo que no le ha permitido acertar en ninguna decisión municipal tomada. Lamento, en fin, que usted no haya recibido, tampoco, educación alguna, lo que explicaría la espontánea y estentórea patanería de la que usted hace gala en todos los ámbitos de su diario acontecer. Rechazo sí, rotundamente, el calificativo de burro, que los vecinos le han endilgado, habida cuenta que no hay por qué maltratar de esa forma a dichos inocentes mamíferos cuadrúpedos.

No creo que usted haya robado señor Torres. Creo que usted, en su monumental ignorancia, ha supuesto que ya que el pueblo de Chiclayo lo eligió una vez y lo ratificó una segunda, usted tenía todo el derecho de disponer de las arcas municipales a su libre albedrío y que, según se fueran presentando sus requerimientos y necesidades, podía usted usar dichos fondos para la compra, por ejemplo, de joyas, vehículos y propiedades, gastar en ruidosas y ridículas fiestas y no pocos viajes,  como las odiosas malas lenguas chiclayanas pretenden hacernos creer. Sobre todo cuando afirman que ni siquiera dichas “inversiones” han sido para usted y su provecho directo, sino para su señorita amante. Rechazo tremenda injusticia, ni el más imbécil de los hombres podría hacer eso, no con tanto entusiasmo ni por tanto tiempo, en todo caso.

Sobre el penoso tema de las obras de saneamiento considero que tampoco es usted el culpable. Que las inmundicias de los intestinos de los chiclayanos discurran libremente sobre las pistas del centro de la ciudad, es culpa de quien los mismos chiclayanos señalan como su socio en las obras de saneamiento contratadas, un lustroso congresista de la región. Ese señor, que al decir de las mismas malas lenguas, se ha valido de testaferros para levantarse el presupuesto municipal es quien debe ser señalado y acusado por la población, aunque los señores del que una vez fue honorable poder judicial terminen, como siempre, limpiándolo de polvo y paja. Se le acusa además, injustamente, de que a usted le gusta construir las mismas pistas una, dos, tres y hasta cuatro veces seguidas, sin reparar que esta tampoco es su culpa, sino del “empresario” encargado de las obras sanitarias al que le revientan los desagües a cada rato, sin causa aparente, a no ser claro, que en lugar de cambiar las redes de tuberías solamente las estuviera parchando y bastante mal, por cierto. Se le  vincula a usted, además, con los malos manejos de la Beneficencia Pública, con la “realización” de proyectos inexistentes y decenas de casos de peculado, nepotismo, malversación de fondos, asociación ilícita para delinquir, extorsión y otras cosas más que la justicia no ha podido probar, ni podrá, solo Dios y usted saben por qué.

Se le acusa también del caos infernal en que se han convertido las calles de Chiclayo, por los mototaxis, los ticos siniestrados y vehículos de toda condición y estado que se pelean a bocina limpia la preferencia de despistados transeúntes, sin más norma de la de yo lo vi primero. No entienden sus acusadores que el inmenso corazón que usted posee lo ha motivado a recibir con los brazos abiertos a todos esos vehículos desechados de las otras ciudades del país, conductores sin licencia, ni educación mínima, incluidas. Es una maldad adicional eso de achacarle a usted que obliga, a los interesados de turno, a juntar bolsas dinerarias para otorgarles las licencias y autorizaciones respectivas.

Se le acusa, así mismo, de mantener a sueldo, con el dinero de los sufridos contribuyentes, a una gavilla de delincuentes que con directos argumentos de puño limpio tratan de convencer a sus detractores de que usted es una persona honesta y trabajadora y no el desalmado sinvergüenza que el 95 % de la población pretende hacernos creer que es. Considero más bien que dichas personas no son más que un grupo de desadaptados y renegados sociales, gente digna de lástima, que ha encontrado en usted a la persona que puede  ser el abanderado de sus justos reclamos a la sociedad que los rechaza y a la que, sienten ellos, hay que hacerle pagar dicha afrenta.

Lo que sí he notado señor alcalde, en mis esporádicas y muy cortas visitas a Chiclayo, y que se lo comento a manera de anécdota y le suplico disculpe usted la franqueza, es que a nivel urbanístico, calidad de vida, orden y principio de autoridad, la que fue reconocida como el emporio comercial del norte, se ha convertido en una chingana de mala muerte. Claro que también debo anotar que ninguna institución representativa de la ciudad había dicho esta boca es mía, salvo últimamente y en la medida en que los reclamos se han convertido en escandalosos repudios.

Le comento por último y para no abusar de su tiempo y, supongo, recargada agenda, que el pueblo chiclayano insiste en que usted ha decidido intentar  una segunda reelección y ya en esto no he podido aguantar la risa señor Roberto Torres. Tendría que ser un pobre imbécil quien, por más limitado que sea, no se hubiera dado cuenta de que en estos últimos ocho años, todo le ha salido muy mal y que, en honor a la verdad, tampoco existe una población tan estúpida que pudiera volver a elegirlo. ¿O usted cree que sí?

Muy Atentamente,

Enrique Odar Rojas
Chiclayano de Nacimiento
Limeño por Adopción
Ciudadano Libre por Decisión.

domingo, 6 de abril de 2014

Ciudadanos sin derecho a queja

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Se inicia otro proceso electoral municipal y las cosas pintan muy mal. En Lima metropolitana casi todos los alcaldes distritales en ejercicio quieren la reelección y algunos que ya tienen dos períodos o más en el cargo, aspiran a la alcaldía provincial. En lugar del respaldo ciudadano lo que en verdad merecen esos reiterativos candidatos, casi la totalidad de ellos, es una prolija auditoría y, más de los que imaginas, unas largas vacaciones a la sombra. Desde 1980 en que el presidente, don Fernando Belaunde Terry, restituye las elecciones municipales hasta la fecha actual ya deberíamos haber aprendido a elegir; 44 años equivocándonos creo que ya son suficientes. Tenemos una tara ciudadana muy grande, nuestro voto es emotivo y acomplejado, jamás racional e inteligente. Se vota por simpatías, por apariencias físicas, por apellidos, por partidos políticos, por productos muy bien marketeados,  por capacidades oratorias, jamás por programas de gobierno local o, mejor aún, por adecuadas políticas de gestión con la Visión de Ciudad, por delante, que queremos. Y es que hay cada caso clínico entre los electores. Existen los electores que sufren si no son tomados en cuenta, porque tienen mucho tiempo y pocos afectos; los que necesitan creer cualquier cosa, éstos son los partidarios de alma, corazón y vida;  los que ansían recibir regalitos y prebendas, porque aunque saben que son bagatelas necesitan comparar para ver quién es más buena gente; los que quieren un puesto de trabajo para él o sus entenados, porque no sirven para mucho o porque han adquirido más responsabilidades de las que su propia capacidad puede pagar; los que quieren sentirse ganadores votando por el que finalmente resulte electo y andan preguntando quién va primero en las encuestas amañadas de siempre para jurar que ese fue siempre su candidato; los que necesitan que se les indique por quién votar porque tú sabes más y yo no estoy para esas tonterías; existen, en suma, demasiados incapacitados racionales a quienes se les debería negar el derecho a votar. Pero sí pues, estamos en democracia y todos tienen el derecho a elegir o ser elegido, consagrado en nuestra constitución y, lamentablemente, gracias a esta premisa cualquier objeto, animal o cosa, con el suficiente apoyo monetario y el voto (irracional) ciudadano, puede hacerse de una alcaldía y convertirse en el nuevo reyezuelo de su distrito y jodernos los próximos cuatro años de vida en comunidad. 

¿Qué nos pasa por Dios? Empecemos por lo primero. ¿Te gusta cómo estás viviendo? ¿Es lo que querías, lo que mereces? ¿Está bien lo que ves, lo que escuchas, lo que hueles y sientes alrededor de tu vivienda? ¿Alrededor de tu familia? ¿Sabes lo que es desarrollo integral? ¿Lo que es calidad de vida? ¿Sabes que las autoridades que eliges son servidores incondicionales tuyos  y que su obligación responsabilidad y razón de ser, es brindarte la mejor ciudad posible para que tú y los tuyos vivan decentemente? ¿Sabías que tu voto es la única manera de garantizar que lo mencionado se cumpla? ¿No lo sabías? Con razón. Y ¿qué vas a hacer? Olvidemos el pasado, no te sientas mal, pero no vuelvas a cometer la misma estupidez. Casi todos aquellos a quienes has elegido se han burlado de ti, se han llenado los bolsillos, han hecho carrera política, han acomodado a los suyos y han desgraciado tu ciudad y todo, con tu anuencia y, lo peor, tu respaldo económico. Más de 1,800 alcaldes y alcaldesas, con excepciones, lamentablemente muy pocas, en el Perú, se vienen zurrando en nuestra confianza, en nuestras esperanzas, en nosotros y en nuestras familias. Un gran porcentaje de ellos por ignorancia, por falta de preparación y experiencia, por exceso de auto confianza, pero siempre por una desmedida soberbia y ansias de poder. Alcaldes con cuatro, ocho, doce, dieciséis y hasta veinte años de gestión han vaciado las arcas municipales y adquirido deudas a pagar, que tú tendrás que pagar, para los próximos veinte años o más, amparándose en la total autonomía económica y administrativa consagrada en la Ley Orgánica de Municipalidades, que en la práctica se ha convertido en una metralleta en las manos de un simio; han permitido crecimientos en densidad, asfixiantes y casi inhumanos, con la (callada) anuencia de los colegios profesionales; han desaparecido agradables espacios urbanos y bonitas áreas libres y verdes, con la ignorante participación de organismos estatales; han, en el mejor de los casos, dejado pasar oportunidades de desarrollo urbano adecuado con el desperdicio y malversación de  ingentes inversiones públicas y privadas, previo desmantelamiento de los otrora institutos y organismos metropolitanos de planificación y nos han confiscado, malamente, buena parte de nuestras vidas, esto último ante la peor cara de idiotas que hayamos podido poner. Y entonces ¿de qué te quejas?

Así que la responsabilidad y sus nefastas consecuencias, es tuya, mía, nuestra. ¿Quién crees que debería ser tu próximo (a) alcalde (sa)? ¿El más simpático, el más agradable, el que habla bonito, el hijo de buena familia, el candidato de tal o cual partido? ¿El que te da la mano, te regala cositas? ¿El que te dice que va a trabajar en seguridad ciudadana o mejoramiento de infraestructura porque ha detectado que ese son los principales problemas de tu distrito? ¿El que hace gala de poder y relaciones porque está gastando un dineral en la campaña? ¿El que te dice del saque que va a poner 200 cámaras de seguridad y poner más centros comerciales? Bueno pues, éste último es el peor, porque quiere empezar con un plan concreto, alborotado e interesado, cuando no ha determinado la VISION DE CIUDAD QUE SE REQUIERE, NECESITAS Y DESEAS y que, además va a entrar a devolver favores con licencias mal dadas o entregar concesiones y licitaciones a quienes le pagan las campañas. Al decirte que ya sabe lo que tu quieres y necesitas es que, en verdad, no tiene la menor idea de lo que hay que hacer realmente. Ese otro regalón y paternalista no ve las horas de vaciarte las arcas para cobrarse la inversión realizada. Ese bien parecido y empático empleará los próximos cuatro años de gestión, si es que le alcanzan, en aprender cómo se hacen las cosas. ¿Y entonces? Déjame decirte que la capacidad no tiene sexo, imagen, ni viene, necesariamente, de “buena familia”, ni de partido político bien posicionado. ¿Por qué no empiezas por escuchar y leer propuestas antes que mirar y ayudar a reventarle cohetes a alguien, haciendo de tonto útil en millonarias campañas? ¿No hay propuesta serias? ¿No las han publicado? Bueno pues, ninguno de tus candidatos vale un carajo y lo mejor que podrías hacer, si fueras consecuente, si tienes conciencia y no te gusta vivir como un pobre diablo, es no ir a votar.

Algo tienes que hacer. Alzarse de hombros ahora y levantar banderitas y cartelitos de vez en cuando no resuelve nada. Los grandes problemas nacionales han llegado a ese nivel cuando no hemos sabido resolver sus inicios en nuestro propio barrio, en nuestros propios hogares. Revisa cómo vives, chequea si tus hijos tienen conciencia cívica, si tu familia maneja los conceptos de identidad ciudadana y respeto a los demás, asegúrate de que tus yernos y nueras merecen entrar a tu hogar, conversa con tus vecinos, hazles saber cómo te gusta vivir, intercambia ideas y sueños, no pierdas la esperanza, convéncete que nadie te va a regalar nada. Asegúrate de hacer lo correcto en tu trato cotidiano con los otros vecinos, con la infraestructura y mobiliario urbano existentes, con tu medio ambiente. Si haces todo eso para qué diablos vas a necesitar un mesías en la alcaldía, bastará con un gerente visionario y un excelente administrador. Porque la ciudad la decides tú. Ya no es hora de quejarse, es hora de hacer lo que debiste hacer desde el principio, el poder está en tu voto.



sábado, 16 de marzo de 2013

Déjame que te revoque limeña


Susana Villarán, nuestra alcaldesa de Lima Metropolitana, se parece bastante a las señoronas de principios del siglo 20; con sus faldas amplias, sus chompas de tonos pastel y sus bufandas al aire; la sonrisa permanente, como tatuada en el rostro y una mirada de ojos achinaditos, como diciendo: “No te preocupes hijo mío, se hace lo que se puede; te entiendo perrrrrfectamennnte, no todos podemos ser los mejores”; a lo que suma esos ademanes y movimientos,  tan cadenciosos como innecesarios, que nos recuerdan a las profesoras de los primeros años de primaria. Cuando en un acto de justicia (¿o broma?) divina se hace de la alcaldía provincial a fines del 2010, probablemente se juró ante el espejo que ahora sí había llegado la hora de enseñarle a todos estos nuevos limeñitos que se  puede vivir mejor, casi decentemente. Premunida de sus “cuadros e ideas socialistas”, la señora Villarán inició su reinado (perdón, su gestión) el 2 de Enero del 2011. Paralelamente y con una convicción de kamikaze inicia la andanada  de infelices declaraciones que la convierten en la  más seria candidata para el premio a “la antipática de la década” y lo hace, con total honestidad y un tremendo parecido a la inefable Susanita de Mafalda. Lo peor es que cuando empiezan los insultos y ataques personales  de buena parte de la ciudadanía, se inmola haciendo gala de una soberbia y testarudez insobornables, negándose a aceptar lo que se le venía y sin molestarse en corregir yerros. Y claro, terminar de conseguir las firmas necesarias para pedir su revocatoria ya se hizo, a partir de aquí, bastante fácil; hay que decir, sin embargo, que este proceso se había iniciado el mismo día que ganara las elecciones; por ese irrefrenable afán de hacerse notar había declarado que de todos modos investigaría, hasta las últimas consecuencias, a la gestión anterior. Habrase visto tamaño atrevimiento. De ahí a cometer error tras error, por novata, terca y soberbia, en sus actitudes, en sus actos y, principalmente, en sus entrevistas, se convierte en “la tía regia”, caviar, pituca y, por asociación, vaga irredenta; a lo que se añadieron su espíritu desenfadado y extremadamente liberal al tocar temas tabú, como el de las relaciones homosexuales, la prostitución, las drogas y similares, que terminaron por hacerla caer en desgracia. En sus primeros meses usó demasiado tiempo y recursos en temas banales, nada prioritarios y, sobre todo, que sacan roncha cuando se tocan tan abiertamente. Pero paralelamente y con más coraje que cualquiera de sus antecesores, se enfrentó también a la mafia del transporte, que son fuertes y bastantes; contra la mafia del mercado mayorista, que son menos pero con muchísimo más poder y dinero; contra las concesionarias caseritas de los faenones municipales y, si pues, se jodió ella sola. O sea, que además de antipática, esta pituca quería poner un estricto orden en la cancha, anular las repartijas, mochar las concesiones con nombre y apellido propios, sacar de circulación las cacharras contaminantes, usar correctamente los espacios públicos, corregir proyectos viales mal hechos, sin expediente técnico ni presupuesto, trabajar desde abajo el concepto de ciudadanía y hacer de la Costa Verde un malecón continuo para toda la población, sin mimos ni distingos, ocupándose además, pero esta vez muy en serio,  a costo real y sin metidas de mano, de la salud, la educación y la población menos favorecida. ¿Qué coooosa? ¿Está looooca? Fueeeera con ella.

Ahora bien, ¿quién inició la revocatoria y para qué? La revocatoria la inicia Solidaridad, no cabe duda, por temor y para chantajear a Villarán, amenazándola con sacarla si es que persistía en remover el pasado. La señora Villarán no se da por enterada y, por el contrario, se zurra en las amenazas y pisa acelerador a fondo con comisiones investigadoras y, sintiéndose fuerte, empieza a apoyar otras causas, que son ajenas a su quehacer, fuera de Lima incluso y que chocan con intereses más grandes y, hasta ahora sagrados: la minería. Guarda ahí, con eso nadie se mete. Se le advierte que recule, que no se meta en las ligas mayores y ella, antipática por naturaleza y terca por convicción, se niega. Bueno pues, se te advirtió dice el omnipotente, un nuevo jugador en la cancha: don Roque Benavides, que ofrece recompensa por la cabeza de la caviar. Con la inyección de capital fresco y ya sin límite, se arma el ataque final. ¿Qué pasa con las firmas Marco Tulio? Se me acabaron los fideos y las galletas. Bueno pues, acá están y me sacas las firmas que faltan para mañana mismo. Así que hoy te me paseas por el Presbítero Maestro copiando nombres y poniendo los números que se te ocurran y firmas con la izquierda o con la boca. Ya acabamos señor, pero se acaba de vencer el plazo y ya no nos van a recibir el último lote. ¿Qué cosa? Comunícame ahorita con el JNE y que me estiren el plazo. Listo el pollo. Ahora a esperar, porque la tía no tiene amigos, no tiene un sol y nosotros tenemos a todos los amigos de los medios para que se le peguen como lapa y no la dejen tocar ni un clip del municipio para defenderse. Señor disculpe, han empezado a plegarse a la causa de la tía varios empresarios independientes, partidos políticos y personalidades de todo tipo. ¿Qué cosa? Muy bien, falta plata, a ver qué se dice el congresista de a sol. Yo mismo soy señor, acá está la marmaja, pero eso sí, yo solito la manejo porque si tengo harta plata es porque nunca confío en nadie y menos en Marco Tulio. Y ahí empezó el descalabro, la campaña multimillonaria, cientos de miles de carteles, pulseras, vinchas, una pauta de spots televisivos que ya la quisiera alguna cervecería local, programadores y programas especiales para las redes sociales, digitadores a tiempo completo y más chivilines para los grandes periódicos, los programas de televisión, los conductores, entrevistadores, radios y taxistas preparados para servir a la causa del si señor. Cuánta plata, como para pagar a media docena de publicistas brasileros igual a Favre. Pero sobre todo, qué cochina la campaña de la desesperación para que la pituca no se salga con la suya.

Los últimos meses han sido para Lima de polarización total y si no fuera por los grandes beneficios que hemos recibido a raíz de ello, deberíamos estar vomitando todo el día de purito asco.  Primero: se ha demostrado hasta la saciedad que la institución de la revocatoria, como está, no solo no sirve si no que es tremendamente nefasta para una democracia que quiere vivir en paz. Segundo: se le han visto las enaguas a unos cuantos angurrientos que con cantos de sirena y regalos miserables, han convencido a un buen porcentaje de la población para que haga suya su absurda propuesta. Tercero: La clase política se ha alineado en dos bandos totalmente definidos: los que despotrican sin razón y quieren llevar agua a su molino, además de querer tapar los estropicios que quedaron en el camino y, por otro lado, quienes han pensado que el desorden y la bulla permanente nada bueno pueden traer a la ciudad y sí más bien pueden ganarse alguito poniéndose del lado de la razón y la lógica ciudadana. Cuarto: la exposición de motivos y el calateo de conciencias nos han mostrado nuevos y jóvenes líderes sociales y políticos que se han fogueado adecuadamente y están listos para batallas mayores y mejores. Quinto: la señora Villarán ha recibido una jalada de mechas, una cachetada de razonamiento obligado y una recargada de pilas que le servirán para culminar con buen pie y mucho tino los 21 meses de gobierno municipal que le quedan. Sexto: la confluencia de fuerzas alrededor de un objetivo común: preservar a la ciudad del maligno enemigo, nos deja como lección que una comunidad unida puede vencer cualquier obstáculo. La presencia de doña Lulú es muy especial y meritoria. Sétimo: por primera vez Lima cuenta con un proyecto de mediano y largo alcance, concertado y pre financiado para alcanzar el verdadero desarrollo integral de sus ciudadanos. Octavo: Se ha logrado que el vecino de a pie se interese en los temas municipales, en las autoridades elegidas y, sobre todo, ha tomado conciencia de que el verdadero poder (que pone y quita) cuando se ejerce escrupulosamente, con apoyo y fiscalización, puede lograr algo bueno: mejorar real y definitivamente la calidad de vida de una comunidad.

Damos por segura la victoria de la razón, del discernimiento desapasionado y de la lógica ciudadana, por lo tanto debería ganar mañana el NO por respetable margen. Esperemos que así sea y que la voluntad del voto no se pierda en las manos de los más de 30,000 personeros contratados por el sí, o  en las manos de los digitadores de los resultados oficiales de la ONPE. Como dijo un ex ministro fujimorista: “Que Dios nos ayude”.

jueves, 10 de enero de 2013

Arquitectura ¿para la Ciudad?

¿Hasta dónde puede intervenir la arquitectura, consciente o inconscientemente, en la modificación del hábitat del ser humano? ¿Qué pasa cuando las propuestas "arquitectónicamente correctas" obvian las expectativas, las necesidades y hasta las posibilidades de los propios ciudadanos? ¿Cuando se decide lo que conviene a los ciudadanos desde una óptica del mal entendido desarrollo paternalista y autoritario, sin consultar a los propios interesados? Bueno, lo que sucede gracias a estos deslices urbanísticos, es que la sociedad, el ciudadano, no disfruta su ciudad, no vive a gusto y se acuesta todos los días pensando en que le gustaría vivir en otra parte. ¿Es justo? Por favor. Los ciudadanos pagan las cuentas, pagan los errores y terminan pagando los excesos; es tiempo entonces de que empiecen a preocuparse ellos mismos de que cómo es que lo que debió de ser de una forma termina siendo de otra, incluso hasta opuesta. La organización municipal que tenemos en el Perú es buena. Las normas jurídicas que la enmarcan son aceptablemente buenas. Lo que no funciona son las personas que asumen el rol de autoridad y quienes teniendo a su cargo el papel de gestor del desarrollo comunitario se tornan en verdaderos cafichos del desarrollo urbanístico.
 
En Lima tenemos buenas facultades de Arquitectura, tenemos buenos profesionales también, ¿Y entonces? Ah, es que tenemos demasiados vivos que quieren lucrar con la arquitectura, que debiendo estar al servicio de la ciudad y los ciudadanos, se ha puesto al servicio leal e insobornable de los intereses de las grandes empresas de la construcción masiva, de los reyes de la publicidad exterior, de los contratistas del cemento arrollador, de las concesiones de infraestructura con modificación y "remodelación" incluida. Oiga, esa es una acusación muy seria, espero que tenga usted alguna prueba escrita para presentar. Mire usted, lo que es pruebas escritas no tengo, difícil que alguien sea tan baboso de firmar un contrato con un tercero para levantarse a la ciudad. Lo que puedo ofrecer son muestras, vivitas ellas, actuales ellas, de lo que está pasando en nuestra ciudad. ¿Quién le ha dicho algo, por ejemplo, al señor alcalde de Chorrillos, que tiene su edad y la mía sumadas, como primera autoridad del otrora magnífico distrito del litoral, sobre sus malecones, pérgolas, puentes, monumentos, verjas, maceteros y otras afrentas más, que en verdad carecen de buen gusto y constituyen la peor forma de mostrar que economicamente nos va bien? ¿Quién le ha dicho al alcalde de Jesús María, que sus casetas de serenazgo son de pésimo gusto, no cumplen en lo mínimo con la función que deberían realizar y cuya única virtud podría ser que su pesadez visual sea lo suficientemente distractiva y disuasiva de la acción delincuencial en el distrito? ¿Quién le ha dicho al alcalde de Magdalena del Mar, que los innumerables homenajes a Babel que ha permitido y sigue permitiendo dentro del distrito, otrora zona residencial de densidad media y dentro de poco una foto panorámica de ciudad hindú, estaban fuera de toda lógica, humana y urbanística, dadas las funestas consecuencias en la calidad de vida de los ciudadanos para los próximos 5 ó 6 años? ¿Quién le ha dicho algo a todos los alcaldes de Lima que han permitido la colocación, con secuestro y martirio del paisaje urbano, de tremendos armatostes metálicos, cuando no de las omnipresentes vallas metálicas adosadas a las paredes, que muestran la colita de una modelo, las piernas de un jugador de futbol o la sonrisa de mamá, aún a sabiendas que por ordenanza metropolitana eso estaba prohibido?
 
Pero no sea mala leche oiga usted, ¿qué tienen que ver la arquitectura y los arquitectos con tremendos despropósitos urbanos, negociados nauseabundos y arreglos bajo la mesa y en efectivo? Buena pregunta y ahí va la respuesta. Nada de lo que se haga dentro de un entorno urbano se hace sin el consentimiento de la autoridad municipal. El mismo que parte de una respuesta directa y colegiada de un grupo de arquitectos que aprueba o desaprueba, por norma y responsabilidad, desde la modificación de una fachada particular, hasta el diseño de un inmenso paso elevado, pasando por el parquecito, el jardincito de aislamiento, el tipo de árboles que corresponde, toda la publicidad exterior y  lo que tenga que ver con el ornato, el equipamiento urbano de la ciudad y hasta los colores que se permiten en las áreas monumentales. Entonces, el que haya buenos ejemplos de arquitectura urbana en reducidísimas y exclusivas áreas de nuestra ciudad, no exime de responsabilidad a los arquitectos y su quehacer, de los grandes asesinatos y hasta suicidos que se vienen cometiendo en el 90 % restante de la ciudad. ¿Se ha planteado el Colegio de Arquitectos la tarea de revisar lo que está pasando en nuestra ciudad? ¿Es consciente el ente institucional de tamaña responsabilidad que le compete? Sinceramente, creo que no. Ojo que la desidia puede que no sea un delito penal, pero sí es un delito moral.

miércoles, 9 de enero de 2013

Los Cambios de Zonificación

¿Qué pasa cuando usted se acuesta en zona residencial de densidad media, es decir con los alrededores de su casa determinados para una altura máxima de cinco pisos, con una cantidad de personas y vehículos aceptables y se despierta usted dentro de una futura selva de edificios de 10, 12, 15 y hasta más pisos, con cientos de nuevas familias y posibles vehículos nuevos, por el arte de birlibirloque de sus autoridades municipales? No sé, creo que tendría que buscar otro sitio en dónde vivir, porque yo me demoré años en elegir la zona, otros tantos más en juntar el dinero para construir mi casita para toda la vida, con la seguridad de que en esta cuadra no habría más de 10 familias y sus correspondientes parientes pobres y nada más. Bueno pues, qué pena, agarre su periódico porque se va a tener que mudar. Sí pues pasa, y pasa cada vez más seguido.

Pero ¿Cómo, no que todos los distritos nos regíamos por un Plan de Desarrollo Urbano, con un horizonte mínimo de 15 años y que para cambiar las cosas no tenían que presentarse dichas variaciones a la propia comunidad, esperar un tiempo prudencial para ver si nadie se oponía para luego, previa comunicación a Lima Metropolitana y luego de la espera de su aprobación final, recién publicar dichos cambios para que se ejecuten? Sí claro, y también llueve para arriba.

Sucede, mi estimado amigo, que lo que usted crea o espere no tiene mayor relevancia a la hora de cumplir con los ofrecimientos de campaña, de devolver con favores especiales el dinero prestado, o de canjear necesidades de "aprovechar al máximo" el terreno adquirido para un determinado proyecto inmobiliario, por buenos empoces de dinero en las cuentas personales de las autoridades correspondientes o, simplemente, porque al señor reyezuelo local le salió del forro que ahí en donde antes se podían construir hasta 4 ó 5 pisos, ahora se podrán construir 12 ó 15, porque sí pues, porque yo soy el que manda y se hace lo que yo digo.

¿De qué otra forma podemos explicarnos lo que está sucediendo en los distritos, especialmente de la zona central, de Lima Metropolitana? Bueno y ¿a qué tanta vaina por los cambios, a quiénes les afecta? ¿No es mejor acaso sacarle más provecho a los terrenos urbanos de distritos consolidados, es decir que ya no tienen por dónde expandirse, porque ya se acabaron los terrenos libres? Sí claro, es lógica la respuesta, casi elemental, mi querido Watson, pero ¿meter 84 familias ahí en donde había una no es, digamos, contraproducente? ¿Peligroso? No hombre, ¿qué va a pasar? ¿Acaso se van a saturar las redes de servicios? ¿Acaso van a aumentar los vehículos y su necesidad de parqueo, o la contaminación ambiental, sonora, visual? ¿Acaso se va a necesitar más espacios libres, sobre todo verdes, para los nuevos miembros de la comunidad? ¿Ah, sí? Bueno pues, aguante, que así es el desarrollo y si no le gusta se me va ligerito, que tengo una buena cantidad de compradores esperando por nuevos terrenos desocupados para seguir construyendo más edificios. Habrase visto, oponerse al desarrollo, a la modernidad. Oiga demasiado conservador había sido usted, ¿no?

Vamos por partes. Nadie, ni siquiera la máxima autoridad elegida de una determinada comunidad, tiene el derecho de cambiar las reglas de juego, en lo que a tenencia de propiedad, parámetros constructivos e índices de uso del suelo urbano se refiere. Los cambios inconsultos, las variaciones de zonificación, tienen carácter de nueva norma con nombre propio, el del que me pone el billete. Y eso está penado por ley. Que los ciudadanos perjudicados no sepan cómo hacer la denuncia respectiva y la demanda pertinente para que se restituyan a su estado original las cosas o sean resarcidos por la lisura, no quita que exista la falta. Es más, los Colegios Profesionales y la misma Defensoría del Pueblo, deberían actuar de oficio en defensa del desarrollo integral y sustentado de una determinada comunidad. ¿O es que también reciben la suya dichos organismos? De verdad, no lo creo, pero que son desidiosos o incompetentes, de eso sí estoy completamente seguro.
 

jueves, 5 de abril de 2012

Permítame usted Señor Alcalde de Magdalena del Mar

Hoy día, jueves 5 de Abril, una fecha de aciaga recordación nacional, se cumplen también 3 años del nacimiento de este blog municipalista. Han sido, hasta ahora, 156 artículos publicados, uno cada semana, con la sana intención de despertar la conciencia ciudadana y de ayudar a crear las bases de una nueva sociedad, conformada por ciudadanos totalmente libres, que conocen perfectamente sus responsabilidades y también sus derechos y, precisamente por eso, son capaces de hacerlos respetar.
Hace unos días en una caminata por el jirón 28 de Julio, en sus primeras cuadras, entre la avenida Brasil y la Iglesia llamada de la Cúpula, una obra en construcción, ubicada en el # 346 de dicho jirón, llamó poderosamente mi atención por varias razones. Hace unos años viví a la espalda de este jirón, en un condominio de dos pisos en el jirón Huamanga, por lo que recordaba la zona como lo que era, apacible, con poquísimo tráfico vehicular, de carácter netamente residencial y, de acuerdo al plano de zonificación sectorial, de densidad media, es decir para edificaciones con una altura máxima de 5 pisos. Me sorprendió, por ello, la vigorosa estructura armada, a la vista, y mucho más el enterarme luego, por los vecinos, de que la excavación previa había tenido una profundidad mayor a los 7 metros, fácil para tres niveles hacia abajo. Observé además que sobre lo que corresponde al jardín de aislamiento, espacio público intangible, se había levantado toda una oficina de ventas de los futuros departamentos de dicho edificio, apropiándose de un espacio público para beneficio estrictamente particular y comercial y, que además, se había reducido la vereda, en sus casi 20 metros de frontera, a un metro de ancho por la colocación de un cerco metálico de obra, que a la altura de la caseta de ventas, convertía el pase peatonal en un estrecho callejón, además de haberse destruido un considerable tramo de vereda. Enorme fue ya mi sorpresa al dirigirme a dicha oficina de ventas, en donde amablemente se me informó, que el edificio es un proyecto, aprobado municipalmente, de doce (12) pisos, con setenta y ocho (78) departamentos y tres (3) sub sótanos para estacionamientos y depósitos. Caramba, un proyecto que correspondería, de acuerdo al plano de alturas vigente de Magdalena del Mar, a la avenida Brasil, o a la avenida Javier Prado, se estaba construyendo con frente a una calle de sección vial mínima, o sea, una calle estrecha.
Pero debo anotar, además, que cerca a este importante proyecto se encuentra en la etapa de acabados, un edificio similar, de ocho pisos, en Jr. 28 de Julio # 255, de 44 departamentos. A pocos metros y ya habitado, se encuentra un edificio de 10 pisos, en Jr. 28 de Julio # 283, esquina con el Jr. Tarapacá, con unos 40 departamentos. Pero además, en la vereda de enfrente al edificio del que estamos hablando, se encuentra otro proyecto de 9 pisos, ubicado en Jr. 28 de Julio # 341, de aproximadamente 40 departamentos. Cuando creí que ya era suficiente, me encontré con que al lote sub siguiente de nuestro edificio estrella, se ha construido, previamente, otro edificio de 10 pisos y aproximadamente 50 departamentos más, también ya habitado. Recordaba que lo más alto que se había construido en los años anteriores en esas dos cuadras, 2 y 3 de Jr. 28 de Julio, era un edificio de 4 pisos, el máximo permitido, en la esquina opuesta en diagonal, al edificio de 10 pisos mencionado. Así que, hasta ahora, los cinco nuevos proyectos multifamiliares de los últimos diez años que se han levantado sobre dos cuadras de una zona original y oficialmente de densidad media, nos arrojan un aproximado de 230 nuevos departamentos o, más o menos, 700 nuevos vecinos y, en el mejor de los casos, en los próximos dos o tres años, 200 nuevos automóviles permanentes, mas 50, como mínimo, de autos eventuales. La pregunta es: ¿Y en dónde vamos a meter todo eso, teniendo en cuenta que los doce lotes, mas o menos, originales demolidos, para dar pase a estos cinco grandes proyectos multifamiliares, correspondían a solo 12 familias: 50 personas y 15 vehículos en el peor de los casos. Un explosivo crecimiento, de personas y automóviles, ¡multiplicado por 14 veces! Cuando ya creía estar lo suficientemente abrumado, me percato que en la calle paralela, Jr. Ayacucho, exactamente a la espalda de estos nuevos edificios, se había construido, en años recientes, cuatro edificios más; en el # 336, un edificio de 5 pisos; en el # 335, vereda de enfrente, un edificio de 5 pisos; en el # 348, regresando a la vereda original, otro edificio de 5 pisos y el último, en el # 354, al costado del anterior, un edificio de 8 pisos; unos 120 departamentos más en total, con todas las consecuencias imaginables. Tenemos así que en un área de 4 manzanas se han realizado, en los últimos diez años, 9 medianos y grandes proyectos multifamiliares. Increíble. Como yapa, sobre la av. Libertad, en el # 1180, a cuadra y media de 28 de Julio y a media cuadra de Ayacucho, se ha levantado otro edificio de 8 pisos. Un dato adicional, tal vez irrelevante, pero muy curioso, es que de los 10 proyectos mencionados, 9 de ellos pertenecen a una sola empresa inmobiliaria, como si alguien le hubiera dado, en concesión exclusiva, un sector del distrito en el que, para el común de los inversionistas, tenía y tiene, un tope de altura de 5 pisos, de acuerdo a la información brindada telefónicamente por el área municipal correspondiente y que ha terminado siendo, para esta empresa y en la práctica, de hasta 12 pisos. Un poquito raro ¿no?
Pero no nos distraigamos de lo principal. Sobre el Jr. 28 de Julio, tendremos en los próximos años, en sus cuatro primeras cuadras, entre la Av. Brasil y la Av. Sucre, un flujo de 200 vehículos nuevos, además de los existentes; con ingreso obligado por Sucre, frente a la iglesia, desde la derecha e izquierda y con salida única por la Av. Brasil, con retorno sobre Ayacucho, en donde nos encontramos con los 120 departamentos nuevos; o de frente al cruce con Junín, que ya es ahora un cuello de botella. Imaginemos un día de semana, 7:30 de la mañana, y suponiendo que cada edificio tienen resuelto el parqueo interno de vehículos, más de 70 vehículos pugnando por salir, rápidos y en verdad furiosos, de uno solo de los edificios nombrados, sesenta más del costado, 40 de la vereda de enfrente. No, imposible imaginar.
Permítame usted, entonces, señor Alcalde de Magdalena del Mar, preguntar ¿Cómo es posible que se haya entregado licencias de construcción a estos proyectos sin determinar previamente el impacto real sobre la zona señalada? El distrito de Magdalena del Mar está divido en cuatro sectores territoriales, teniendo como límite importante la avenida Brasil. Sectores I y II a un lado y sectores III y IV al otro. Los sectores III y IV tienen definidas y explícitas las alturas máximas permisibles a través de un plano de alturas, de acuerdo a la página web oficial, no así los sectores I y II, en los que sólo está determinada la zonificación correspondiente; alguien diría qué curioso no, justo en donde no hay algo oficial ahí se ha permitido este aparente despropósito. ¿Existe, por cada edificio aprobado y construido, dado que superan los 6 pisos de altura, un Estudio de Impacto Ambiental y un Estudio de Impacto Vial, como la ley manda? ¿Saben los funcionarios lo que estos estudios significan? Es decir, el llegar a determinar si un edificio de tal altura, de tal cantidad de departamentos y de estacionamientos requeridos, es adecuado para la zona y que no va a causar ningún tipo de problema a las viviendas, edificaciones en general y vecinos de dicha zona. ¿Existe, en el caso del proyecto motivo de este artículo, un Estudio de Mecánica de Suelos, dado que la profundidad excavada es mayor a 6 metros? ¿Saben los vecinos que lamentablemente se van a tener que desaparecer todos los jardines de aislamiento existentes, tanto en Jr. 28 de Julio, como en Ayacucho, para proceder al ensanchamiento de vías, urgentemente necesario para no causar un caos del tráfico, de gravísimas consecuencias? ¿Están preparadas las redes, de agua, desagüe y eléctricas para este explosivo crecimiento de cuatro o cinco manzanas? Esperemos que sí. Pero hay un perjuicio adicional, se ha sentado un indeseable precedente al aprobar dichos proyectos: su construcción ha determinado que, por consolidación urbana, se tengan que entregar, si se solicitaran, licencias similares en dicha área, porque la norma así lo especifica.
Si las licencias de construcción han sido entregadas en buena ley, por error u omisión de algunos funcionarios, lo que tenemos es que mirar para adelante y trabajar en la solución. Los involucrados, ICASA y el señor Eduardo Fu Llampasi, que así se llaman la inmobiliaria y su gerente general, tienen que participar activamente en dicha solución. Lo primero, declarar en emergencia la zona y no expedir una sola licencia más de construcción hasta que un verdadero estudio de impacto ambiental y, sobre todo, de impacto vial, se realicen. Al respecto, debo señalar que en el Jr. Tarapacá, a media cuadra de los edificios señalados del Jr. 28 de Julio, se acaba de realizar la demolición de una área respetable y se ha colocado el letrero de un nuevo proyecto, sí pues, tras cuernos, palos. Lo segundo, realizar entre los vecinos de la zona una labor de concientización sobre su nueva realidad, explicándoles que hay que arrasar con sus jardincitos de aislamiento, por el ensanchamiento de vías; que el tendido de redes y la provisión de servicios para la nueva y abultada demanda, causará unos meses de desagradables inconvenientes. Lo tercero es trabajar el tema del sentido del tráfico y realizar los cambios necesarios, además de prever los posibles embotellamientos a producirse. Lo cuarto, rezar; porque esta tarea es ciertamente de titanes.
Finalmente, molesto su atención señor Alcalde con una pregunta que viene rondando mi cabeza, ¿por qué es que sus funcionarios, o voceros, han informado a los vecinos de la zona que reclamaron por el otorgamiento de esas licencias, que los proyectos han sido aprobados directamente por la Comisión Revisora del Colegio de Arquitectos, al margen de los deseos de la propia Municipalidad, si eso no es cierto? Dicha Comisión Revisora está conformada, eso sí es cierto, por los Delegados Técnicos enviados por el Colegio de Arquitectos, pero presidida por el Gerente de Desarrollo Urbano de la Municipalidad, es decir por su propio funcionario y dicha Comisión se rige estrictamente por la Ley del Reglamento Nacional de Edificaciones, por todas las normas de alcance nacional, por los principios específicos de la Arquitectura e Ingenierías involucradas pero, sobre todo, por las normas, Ordenanzas y cualesquier otra disposición de la propia Municipalidad. En otras palabras, lo que una Municipalidad distrital no quiere aprobar, simplemente no se aprueba, a no ser por injerencia de la Municipalidad Metropolitana, y luego de un escándalo y pataleo público. Probablemente esto también sea parte de lo que "mayormente desconocen" los señores funcionarios. Lo que ha sucedido hasta ahora y lo que, los que conocen un poco del tema saben que está por suceder, es sumamente peligroso señor Alcalde y el manejo ha sido, por decir lo menos, tremendamente irresponsable.

martes, 27 de marzo de 2012

Arbitrios municipales: sorpresas y certificaciones

Cada año las cuponeras municipales vienen con sorpresas y con certificaciones. Las sorpresas, respecto de los montos, varían de acuerdo al humor del que las emite, pero las certificaciones son las mismas de siempre: no hay forma de averiguar cuánto es lo que realmente cuestan los servicios por los que se está cobrando y cuánto es, finalmente, lo que paga cada contribuyente. La ley dice claramente, respecto de los arbitrios municipales, que primero hay que determinar cuánto es lo que cuesta exactamente la prestación del servicio por el que se está cobrando, para luego dividirlo, proporcional y equitativamente, entre el número de contribuyentes que lo van a pagar. En el caso del servicio de limpieza, se incluye barrido y eventual lavado de calles, recojo de residuos sólidos y disposición final de desechos; determinación de zonas, como netamente residenciales, zonas de comercio medio, zonas públicas, así como zonas de comercio intensivo, mercados y mercadillo incluidos, de cuya composición y estructura se determina si se requiere que el barrido y el recojo de residuos se realice, una, dos o cuatro veces al día, así como la determinación de volúmenes por zona. De la suma de lo anterior tendremos el costo total del servicio. Luego determinamos qué es lo que vamos a necesitar para cumplirlo a cabalidad, con eficiencia y eficacia. Es decir cuántos vehículos de qué tipo y capacidad necesitamos, su combustible y mantenimiento; cuántas personas, de a pie y motorizadas, cuántos elementos, desde escobas, recogedores, carritos y eventualmente aspiradoras motorizadas; finalmente la cantidad de agua y detergentes, para el lavado de dichas áreas, de acuerdo a su regularidad, además de los derechos que hubiera que pagar para la disposición final, hasta el relleno sanitario y plantas de reciclaje. Finalmente la cantidad de personas y mobiliario requerido para que hagan la labor administrativa, añadamos, además, un máximo de 10 % por moras y costo de financiación y ya está, tenemos el costo total final. Luego determinamos a quiénes y cuánto les vamos a cobrar, en atención a exoneraciones legales, cantidad de área privada que posean, zona en la que se encuentren, frecuencia del servicio, lo dividimos entre esos índices y obtenemos el monto que debemos cobrar a cada contribuyente. Y esa debería ser la cantidad, fija y sin ajustes posteriores.
¿Por qué es que, entonces, los montos de arbitrios suben considerablemente, año a año y sin aparente razón? Principalmente por una pésima administración, por carecer del personal idóneo, para el cálculo de los mismos, por corrupción del personal municipal, por apetitos desmedidos de la alta dirección y hasta para tapar huecos provenientes de otras áreas y malversaciones. ¿Cómo es posible que un pequeño local comercial de 3.5 ó 4 m2 pague por arbitrios, exorbitantes cantidades que casi siempre terminan negociándose, para beneficio exclusivo de uno que otro funcionario municipal? ¿Cómo es posible que la generosa administración ofrezca descuentos del 15 hasta el 20 % por pago adelantado a contribuyentes que cuentan con la disponibilidad necesaria para realizar pagos adelantados? ¿Cómo es posible que abultadas deudas de arbitrios que se arrastran por trimestres y años, se conviertan en mínimas cantidades por arte de birlibirloque o manos negras, que tienen bien claro cómo robarle a la administración y a los contribuyentes con rápidas operaciones coordinadas entre fiscalización tributaria e informática? Ahora bien, es cierto que no existe una adecuada cultura de pago por parte del contribuyente, pero ¿Con qué cara podemos exigir un correcto cumplimiento de las obligaciones municipales si el contribuyente sabe de los abusos, beneficios particulares y robos a mano pelada de los propios funcionarios? ¿Cómo decirle al contribuyente que esta vez sí se van a usar bien los dineros públicos, si seguimos observando extrañas prácticas y desmesurados índices de nueva riqueza de algunos funcionarios? Se requiere un punto medio, un mojarse de ambas partes, un proceder de responsabilidad compartida y de mutuo compromiso. ¿Cómo lograrlo?
Se hace necesaria una audiencia pública, masiva, con exposición de estructuras de costos, exoneraciones, beneficios por pago adelantado, responsabilidad y moras en el pago atrasado del servicio, explicando que el pago correcto y a tiempo está en función directa del buen servicio que se presta y las implicancias negativas que acarrean el no pago. Aclarando que el vivir en comunidad implica una serie de derechos y obligaciones que determinan la calidad de la convivencia y la calidad de vida de la comunidad entera, mostrando programas informáticos seguros e inalterables que eviten malos manejos y beneficios particulares. Mostrando así mismo proyectos a mediano y largo plazo que impliquen sustanciales mejoras en el servicio, erradicación paulatina de servicios manuales por uso de equipo mecánico, mejoras en el equipamiento urbano del servicio que se está cobrando, en esta caso, papeleras, centros de acopio, subterráneos mejor y otras obras, servicios y equipos complementarios. Finalmente la revisión de las odiosas, tramposas e injustas cobranzas coactivas. En la estructura de costos se manejan índices que corresponden a varios ejecutores coactivos, empleados administrativos, notificaciones y demás, habiéndose convertido, como en el caso de las tarjetas de crédito, este rubro municipal de cobranzas, en la verdadera mina de oro. Primero que los llamados ejecutores coactivos se reducen a un empleado que tiene la posibilidad de reducir o anular montos de acuerdo a su propio criterio, las notificaciones son repartidas por los empleados municipales y de empleados administrativos cero. El establecimiento de una taza mínima fija, por monto adeudado y no por recibo, sería lo correcto y las costas y costes legales son una invención de alguien con mentalidad agiotista. El tema de la limpieza pública, tiene un análisis y estructura de costos similar al de parques y jardines y al de serenazgo, en donde lamentablemente las planillas fantasmas, es decir la invención de nombres de empleados que no existen y, por tanto, no trabajan, pero sí cobran, se ha convertido en una grosera práctica de abuso y corrupción municipal, por lo que huelga su revisión. La responsabilidad final sobre el tema corresponde al vecino, al ciudadano, que con su silencio o encogimiento de hombros contribuye a que las malas prácticas se sigan dando y a que tengamos que seguir viviendo como la familia de esos animalitos gorditos, pero sin el cuidado ni beneficios que da San Fernando. Ya pues.

martes, 20 de marzo de 2012

Serenatas, ferias y otros ¿negociados? públicos.

¿Quién le habrá dicho a los alcaldes que pueden hacer lo que les da la gana, en donde les de la gana y con quien les de la gana? En todo caso yo no he sido, ni los de mi casa, ni los de mi manzana, ni los del sector en donde vivo. Entonces, ¿por qué los señores de la municipalidad nos torturan con "atractivos espectáculos públicos", todos los fines de semana, sin excepción, en las inmediaciones del parque junto al que vivimos? Incluye levantamiento de tremendos armatostes, estrados que les llaman, en una de las pistas laterales, desde la noche anterior, con interrupción del tráfico vehicular incluída, de entre 24 a 48 ó 72 horas, con estridentes grupos musicales, con presentadores, tipo jalador de Gamarra, pero armado de potente micrófono, con abundante venta de licor en plena calle, para las mismas 150 personas de siempre, que estoicamente se chupan tales espectáculos, porque son miembros de las juntas vecinales o porque son empleados municipales, que en ambos casos tienen la obligación de estar presentes. Al margen de discusiones bizantinas, de que si lo que se presenta es de buen nivel cultural o no, defendemos el derecho urbano a vivir en paz, con tranquilidad y en armonía comunitaria y no en una jungla de bulla y mal gusto, sin contar la inseguridad ciudadana, efecto colateral de estos eventos municipales. Reitero la pregunta: ¿Quién, en su sano juicio, pediría ser atormentado permanente y religiosamente, con este tipo de manifestaciones?
Por otro lado, ¿no que un parque era intangible, inalienable, celosamente preservado para la función de pulmón ciudadano y espacio de concentración para recreación pasiva, que incluye el que el vecino pueda depositar sus cuatro letras sobre una buena banca, para respirar aire fresco, desestresarse de su actividad cotidiana, mirar palomitas o al vacío, pero con la tranquilidad y seguridad correspondientes? Y entonces ¿cómo es que las autoridades municipales se permiten ocupar el 50 %, o más, del área caminable de dicho espacio público, con escandalosas y ridículas ferias populares, en donde se ofrecen desde amuletos para la buena suerte, hasta dudosas combinaciones de licores espirituosos, pasando por grifería, ollas que no se queman, pelucas y cuanta chuchería se le puede ocurrir a alguien vender? ¿Cuál es el criterio esgrimido por dichas autoridades para permitir, autorizar, avalar, ¿negociar? la colocación mensual de dichas ferias en algún parque, si principal mejor, de cada distrito? No sea malo oiga usted, hay que dejar trabajar a esa pobre gente, que de algo tiene que vivir. Primero, la generosidad, si es que de eso se trata, empieza por casa, lo que implica cuidar, atender, tratar bien a los propios vecinos, entonces ¿por qué es que ni uno solo de los cachineros que llega con las benditas ferias populares, que usted observa posesionarse de buenas áreas, que ya quisiera un buen vecino nuestro para ganarse la vida, vive o trabaja dentro del distrito? Y entonces, ¿para quién es el beneficio real? Dicen más que algunos, en realidad muchos, que para el que se lleva la bolsa que estos comerciantes hacen.
Finalmente tenemos la generosa disposición de los municipios de brindar a algunas, ¿por qué no a todas? constructoras, especialmente a aquellas que públicamente se ufanan de haber pagado la última campaña electoral municipal, todo el área pública que requieran, por tiempo ilimitado y a costo mínimo, para descargar material de obra, para colocar abusivos cercos a 3/4 de vereda y, lo que ya es el colmo, construcción de oficinas de venta de departamentos en plena vía pública. Vamos a ver, ¿no se supone que las veredas son para el peatón, que los espacios reservados para ensanchamiento de vías, jardines públicos incluidos, son intangibles y no pueden tener ningún otro uso que la ley permita? Para que diga usted, entonces, señor gerente municipal, por qué diablos, la empresa HdP se ha tomado la vereda, en los 15 metros de fachada de este edificio en construcción, obligando al peatón a caminar por la pista, que dicho sea de paso está repleta de material, y que además se ha tomado 30 m2 del jardín público de aislamiento para instalar una elegante oficina de ventas, en los últimos 6 meses? ¿Cómo?, no se le escucha. Muy bien, anote usted señor secretario, que recibió la orden de la alta dirección. Para que diga usted, ¿por qué es que a tales y cuales empresas se les ha permitido construir sobre el cien por ciento del área del terreno, sin los estacionamientos requeridos y, además, con dos pisos más de los aprobados por la comisión respectiva? ¿Cómo dice usted? Nuevamente, que la orden vino de la alta dirección, señor secretario. Para que diga usted ¿si dicha orden la recibió por escrito como es menester en todo procedimiento funcional? Hable usted más fuerte por favor. Anote señor secretario que dicha orden fue verbal y directamente del despacho de alcaldía y que, el gerente municipal de desarrollo urbano aquí presente, declara que desconoce mayormente, exactamente de quién. Sí pues, así estamos. Ya dan más que pena todas estas cochinadas.