miércoles, 23 de mayo de 2018

EL NUEVO LOCAL DE PLAZA VEA EN PUEBLO LIBRE.

El tan esperado Centro Comercial de Plaza Vea, recientemente inaugurado en la misma ubicación en que se encontraba la tienda de Metro, al final de la avenida Sucre, del distrito de Pueblo Libre, ha caído como un baldazo de agua fría sobre las ilusiones de los vecinos de dicho distrito, por una serie de consideraciones, algunas, meramente subjetivas, otras, bien fundamentadas, pero la verdad es que casi nadie está satisfecho con el producto final. 

Toda obra que se inaugura en una comunidad debe cubrir las expectativas y lograr los objetivos de los tres estamentos que intervienen en su gestación, elaboración, puesta en marcha y funcionamiento permanente. Ellos son: los inversionistas, los ciudadanos y la autoridad. Para los primeros, lo principal es, se supone, ganar dinero y posicionar su marca como la mejor del rubro. Para los segundos, lo es contar con un centro comercial con excelentes productos, buenos precios y una presentación de primer nivel, que constituya el orgullo del distrito y la envidia de los distritos vecinos. Para los terceros, la autoridad, se supone, era obtener un buen local, que ya contaba con una ubicación privilegiada, que se convirtiera en palanca para la zona comercial del sector, muy venida a menos en los últimos años y que además de ser un hito arquitectónico de la zona, fuera una buena fuente de ingresos por arbitrios y diversas autorizaciones futuras. Bueno pues, al parecer nada resultó como debía o se esperaba.

La tienda de la cadena Metro, del grupo chileno de Cencosud, que antes existía en esa ubicación fue desalojada, por así decirlo, por el poder del nuevo gigante económico peruano, grupo Interbanc, dueño de la cadena de Plaza Vea. Al remodelar se encontraron con algunos percances constructivos, como el de la corriente subterránea de agua que pasa por debajo de dicho local y que no fue fácil sortear, lo que obligó, imagino, a replantear el proyecto  y a demorar en su entrega. Fueron muchos meses de indecisiones, mala información pública y, el producto final lo indica, bastante mezquindad en la inversión. No puede haber sido falta de capital, había cuenta de la fortaleza del grupo Interbanc; pareciera, más bien, que ha habido cierta desconfianza a la hora de elegir el formato del local y de la respuesta del público objetivo de la zona y áreas circundantes. La zonificación de dicho local, señalada como de Comercio Zonal, permitía mandarse con todo, pero lejos de presentar un excelente local, como los cercanos Plaza Vea del CC Real Plaza de Jesús María y del CC La Rambla de Breña, se ha concluido en un local de características desmontables, con acabados de baja calidad, como si se dudara del éxito de la propuesta. De su ubicación, disposición interna y el ingreso peatonal marcado hacia una de las fachadas laterales me queda la duda del planteamiento. Es correcta la separación visual y física de la vía principal, Av. Sucre, para evitar congestionamientos indeseables, pero era ése el objetivo o, ¿dejar más bien un espacio para algún otro local que ocupara esa área aparentemente desperdiciada? Al parecer una marca conocida del rubro de gimnasios ocupará dicha área, lo que anula la posibilidad del estacionamiento externo a nivel de calle, que ha sido cubierto por el estacionamiento interno en segundo nivel, que se espera tenga la capacidad necesaria para el número de vehículos visitantes.

A nivel de interacción con el entorno, es correcta la ubicación de la rampa de acceso a la zona de estacionamientos, es correcto el desplazamiento de la fachada principal hacia una calle lateral, no lo es, todavía, la señalización peatonal, no se ha realizado, tampoco, el desplazamiento necesario de semáforos y no hay una buena señalización vehicular. Tampoco es buena la interrelación con el boulevard peatonal frente a la fachada principal. Se debieron anular, por ejemplo, los giros a la izquierda para ambos sentidos de la Av. Sucre en la intersección con la calle Clement, que están creando peligrosos embotellamientos. Pareciera que no se le ha dado importancia a la afluencia inter distrital de usuarios, para la que se debería haber exigido el mejoramiento previo del nivel de negocios, fachadas e interiores incluidos, en las dos calles laterales. El frente de la Av. Sucre, por el contrario, sí cubre las expectativas con empresas consolidadas, muy bien presentadas y con excelente posicionamiento comercial.

Regresemos al local del nuevo Plaza Vea en sí. Reitero su apariencia de local temporal, estructura metálica expuesta, sin intención de mejoramiento visual, góndolas de exhibición que parecen prestadas de algunos otros locales y, la fatalidad, su piso. Se ha elegido mal el formato de losas de 2 x 2 metros, vaciadas en forma muy apresurada y sin el control requerido, lo que le da un aspecto general al local, de un galpón de feria temporal. No es culpa de los proyectistas ni ejecutores, sí lo es del presupuesto, lo que me remite a la aparente desconfianza del grupo propietario, tan prolijo en locales propios como los vecinos, ya señalados, de Breña y Jesús María.

El concepto de HIPER no implicaba adoptar el formato de un Maestro Home Center, por ejemplo, con parihuelas cerradas, repletas de productos, encima de las góndolas, que dan el aspecto de depósito/tienda, o el uso de pisos corrientes  de grande formatos, porque eso lo desdice el Plaza Vea, también Hiper, del CC La Rambla de Breña, que con el mismo nivel de operatividad y servicio, ofrece una excelente presentación a los usuarios.

Esperemos que en los próximos meses el grupo propietario de este nuevo local reconsidere su apuesta en este local mejorando su presentación y nivel de servicio, esperemos que las autoridades municipales así lo exijan y brinden las facilidades requeridas, habida cuenta que las reglas de juego las dicta quien ostenta la representatividad de una población que, en verdad, merecía más, que así lo esperaba, pero que ha sido defraudada. Yo sí creo que se puede mejorar bastante la propuesta.

¿POR QUÉ ROBAN (CASI TODOS) LOS ALCALDES?

PORQUE PUEDEN, porque todo el sistema, ha sido “adecuado” para que lo malo que pase dentro de una municipalidad, quede ahí, oculto y totalmente impune. También, claro, porque no existe un verdadero ni  eficiente control estatal pero, sobre todo, porque los ciudadanos no tienen ni remota idea de la enorme responsabilidad que les compete como miembros, copartícipes, vigilantes y fiscalizadores, de la comunidad en la que dicha persona funge como gestor del desarrollo.

Para empezar, ¿Cuáles son las condiciones que debe reunir un candidato a la alcaldía, de acuerdo a Ley? Se requiere que sea ciudadano en ejercicio y que  tenga DNI. Y ya está. Postule usted nomás. Ni primaria te exigen. Nada, en realidad, les impide postular a los iletrados. Hasta hace poco se exigía que el candidato a una alcaldía pudiera acreditar residencia de por lo menos dos años continuos en la ciudad por donde se postulaba, pero los señores congresistas han decidido que si usted nació en Insculash y se fue a vivir a New York, por ejemplo, puede retornar unos meses antes de las elecciones, aunque hayan pasado diez años de su viaje a la capital del mundo y postular por el distrito en donde nació. Aunque, a decir verdad y en opinión de quienes manejan este asunto de la GESTIÓN MUNICIPALes totalmente irrelevante en dónde haya nacido el alcalde electo; lo que importa es que estés muy bien preparado y sepas cumplir con la chamba  que se te encarga. Un pequeño detalle adicional es que desde las elecciones municipales de Octubre próximo ya no te permitirán reincidir en el baile, es decir que ya no puedes seguir postulando, y ganando, por supuesto, las elecciones de tu ciudad en forma indefinida. Hay decenas de ejemplos en el país que demuestran que permitirlo fue un grave error, porque desde el segundo período y todos los que venían después, te convertías en el caserito, cuando no en el capo, de la corrupción.  

Bueno pues, hasta aquí ya sabemos que, en realidad, no hay ningún tamiz, ningún escollo, para que un hijito de papá, un ignorante supino, un galán de telenovela con dos dedos de frente y media uña de inteligencia, o un ladrón de cinco esquinas y siete suelas, se pueda hacer de una alcaldía, porque es bacán pues, porque te da caché, porque además te consigues un buen billete como para pagarle el alimento, carísimo por cierto, a tus 25 perros de raza, o adquirir tu soñada casita de playa en Asia y de paso, que no es moco de pavo, te puedas codear con autoridades y politicastros de otro nivel, porque así, tal vez, puedas conseguir otro puestito en el escalafón público. Postula, pues, que si perteneces a este “selecto/suertudo” grupo de personas tienes la alcaldía asegurada. De ahí, a creértela que te mereces todo, los dineros municipales incluidos, hay un solo paso.

Es muy cierto, como reza el dicho: En arca abierta, el justo peca. Y sí pues, los presupuestos municipales son tremendos arcones, sin candados, ni tapas siquiera.

Una de las formas más comunes para hacerse del dinero ajeno, en este caso el dinero de los ciudadanos contribuyentes, es mediante los contratos con las empresas de recojo de basura. Al monto real, de por sí elevado, se le añaden algunas decenas de miles de soles adicionales por mes, que son para este pechito,  y ya está;  como la naturaleza del servicio lo hace indispensable e inobjetable, incluido su alto costo y, que además, nadie se toma el trabajo de verificar distancias, metrados ni pesos, entonces ya me hice de una cantidad mensual, fácil y segura y, lo gracioso, es que se considera normal, nomás. Otro rubro que permite el saqueo mensual es el serenazgo que, juntamente con lo anterior constituyen lo que se conoce como servicios municipales y tienen un costo que el ciudadano paga como arbitrios. Las malas prácticas se inician con las planillas fantasma, es decir, declaro que tengo 80 serenos trabajando, por ejemplo, cuando en realidad no pasan de 20; la diferencia de los montos de planilla va directo a mi bolsillo. Pero no sólo hablemos de la sustracción de dinero, sino de abuso del poder y mal uso, para beneficio particular, por ejemplo, del personal, infraestructura y vehículos municipales. Y es que los serenos se constituyen, muchas veces, como fuerza de choque de los intereses de la autoridad ó choferes uniformados, con vehículo incluido, de familiares  y amigotes de la misma. Por otro lado, se ha convertido en una sangría permanente la adquisición de “armamento”, que no está permitido, casetas huachafonas, inútiles y pesimamente ubicadas, accesorios inexistentes, uniformes que no se entregan nunca, cámaras de vigilancia que no funcionan, monitores malogrados, blindaje mentiroso de camionetas y un montón de gracias más, que suman cientos de miles de soles anuales, que van al mismo bolsillo, faltaba más.

Otra, de las innumerables formas de meter la mano al presupuesto municipal, es mediante el inflado de los costos de las compras que la municipalidad realiza. La forma más sencilla es mediante las adjudicaciones directas, que no son otra cosa que el comprarle directamente y sin la “engorrosa” licitación a una empresa favorecida, que obviamente, dejará una buena cantidad en las manos adecuadas. La ley señala, por ejemplo, que esas compras directas no se pueden hacer por montos mayores a una cantidad determinada. Digamos que S/. 11,400.00 soles es el tope. Bueno pues, se me ocurre comprar bancas para los parques, que durarán seis meses, uniformes para la “fuerza municipal”, que no les entrego y cualquier otro requerimiento administrativo innecesario y que, “lamentablemente,” en algunos casos, superan el monto tope. Bueno pues, divido la compra en dos, tres, o las partes que sean necesarias para poder comprar directamente y “cumplir” con la norma. La misma que señala que para este tipo de compras sólo se requiere el contar con tres ofertas de empresas diferentes, para poder contratar a la empresa que ofrezca el precio más conveniente y aquí, nuevamente, el ingenio criollo nos brinda la tabla de salvación. Buscamos dos empresas amigas que nos brinden cotizaciones truchas, que ofrezcan precios mayores al de la empresa que queremos favorecer, la misma que estará obligada a “pasar por caja” por el favor prestado y ya está. Ya tenemos a la ganadora. Cuando el tiempo apremia o somos más descarados, simplemente falsificamos las proformas requeridas y, nuevamente, ya está, tenemos a la ganadora, que proveerá el producto, ejecutará la obrita o realizará el servicio.

Pasemos luego a “las obras”, medianas y grandes,  como éstas requieren de un proceso normado de licitación, tratamos que nuestras empresas amigas ganen sí o sí, mediante la adecuación de las bases de dicha licitación, justitas al perfil especial de la empresa suertuda. Se emplea también, el sistema del carrousel, es decir, esta vez le toca a Juan, la próxima a Pedro y así sucesivamente, hasta que podamos “favorecer” a todos los amigos selectos que nos ayudaron en la costosísima campaña electoral y que, además, ya sabrán agradecerlo con una alita adicional.

Si las obras son por administración directa, es decir, realizadas por el personal de planilla de la propia municipalidad, entonces echamos mano de una modalidad diferente. Rompemos una pista o una vereda, enviamos 6 obreros la primera semana, les indicamos que trabajen a la manera de Luis Fonsi, o sea Despacito, dejamos esas pistas o veredas con la panza abierta por dos meses y luego con 6 obreros, diligentes, terminamos la obra en una semana más. Duración de la obra: 10 semanas, costo de planilla real  de personal: dos semanas; costo “oficial” de planilla de personal: 10 semanas, échenle pluma al asunto y se encontrarán con una enorme cantidad de dinero “invertida” en mano de obra, que ha ido a parar a bolsillos profundos. Ahora hablemos del costo y la calidad de los materiales empleados. Además del descuento real y acostumbrado de ferreterías y depósitos de materiales del 10 %, que se devuelve en efectivo y sin preguntas, al comprador, está el asunto de declarar el uso de fierro de 3/4”, por ejemplo, cuando se ha usado el de 3/8” y usar un concreto pobre, con pocas bolsas de cemento, en lugar del excelente concreto declarado, así te aseguras, también, que la misma obra, por efecto de su pésima construcción, la puedes hacer varias veces durante tu gestión. Todo eso suma hartito.

Se ha vuelto casi un deporte municipal nacional, por otro lado, el construir obras sin el expediente técnico definitivo, ése que por ley dice cuántos m2 vas a construir, con qué materiales, con cuántos obreros y con un presupuesto casi exacto. Ahora se acostumbra iniciar obras sin expediente, el mismo que se va armando en el camino y que permite que la obra que se señaló iba a costar, inicialmente, S/. 250,000.00, termine costando por mágicos efectos, un poco más de un millón de soles. Lo curioso es que nadie supervisa, nadie informa, nadie duda. Sí pues, qué bacán, ¿no?

Otra gracia, también muy socorrida, por cierto, es que además de los asesores necesarios requeridos, se realiza la contratación de asesores inútiles, que casi siempre son los amigotes que no tienen como agenciarse de un “modesto” sueldo para vivir u otros a los que  también hay que pagarles por los favores recibidos. Lo curioso es que algunos de estos asesores reciben sueldos completos y otras veces “donan” parte del  mismo a quien los nombró; aquí también hay, faltaba más, unos cuantos asesores fantasmas que se comunican con la autoridad mediante la ouija.

Hay otras formas de hacerse de dinero, indebidas por cierto y es mediante las licencias otorgadas por el municipio; las de funcionamiento y, sobre todo, las de construcción. Hay “autoridades” que otorgan licencias ilegales de funcionamiento a quienes se mojan con alguito y que no otorgan las que sí deberían, o se la hacen larga, mientras los solicitantes no pasen por caja. Todo puede ser negociable. En el caso de las licencias de construcción, el descaro es mayor. Cambios indebidos y apurados de zonificación, variación indebida, abusiva e irresponsable, de parámetros urbanísticos, que permiten, por ejemplo, que la constructora amiga edifique hasta 12 pisos, en zonas en donde la normatividad dice que no deberían edificarse más de 6 pisos, son cosas muy rentables para la autoridad. Son sumas altísimas que van de acuerdo al número de pisos extra permitidos, el área construida y el público objetivo de las inmobiliarias. En la actualidad se negocia ya no con una cantidad de dólares determinada, a veces se exige un departamento y, en el colmo de la audacia y la suerte, hasta un piso completo. Rico negocio, ¿no?

¿Y el control? ¿ y la fiscalización? Bien, gracias. El primero es prerrogativa de la Contraloría que, curiosamente, sí cumple con el destacamento del funcionario respectivo, para que ocupe la oficina de control interno, que debería velar porque en esa municipalidad no se produzcan, ni siquiera, cosas raras, pero el sueldo de esos profesionales es pagado, casi siempre, por la propia municipalidad, pudiendo producirse el efecto perverso de: si no te alineas conmigo no vas a cobrar nunca. Hay excepciones por cierto, de profesionales íntegros, pero el sistema se limita a acumular denuncias, sin resolverlas y menos investigarlas a fondo, hasta que ya es demasiado tarde para identificar culpables y señalar culpas.

La fiscalización, por otro lado, que es prerrogativa de los regidores, tiene el mismo perverso final. Las dietas son pagadas con el asentimiento de la autoridad máxima y si me eres contrario o no estás alineado, tampoco cobras. Hay otras formas de ablandar conciencias ediles y es mediante el regalo, con dineros municipales, de viajes, de cursos o seminarios en el extranjero y ya está, por arte de magia desaparecen las oposiciones. Hay, también aquí, regidores que no se venden ni alquilan pero que al final son tachados de locos o belicosos y sus denuncias caen en saco roto.

Cuando se pierde el sentido de la realidad en el manejo de los fondos municipales por ausencia total de  principios, es que se empiezan a pagar cosas personales con los dineros municipales. Vales de representación, pero por consumos con la familia o los amigotes, compras de joyas, estadías en hoteles paradisíacos y otros caprichitos, pueden ser negociados contra el pago de arbitrios, por ejemplo, de las empresas que tributan en determinado municipio. O sea, tu me das lo que se me antojó y yo te lo descuento de lo que te corresponde pagar por arbitrios. Incluso, inflando facturas por servicios y productos existentes o inexistentes, en la modalidad de, si tú me tienes que facturar por S/. 5,000.00, por ejemplo, colabórame pues y factúrame por S/. 10,000.00 y te pago el IGV de la diferencia, pero todo el resto es para Miky.

Hay una enorme cantidad de otras formas de sustraer o hacerse de los dineros municipales, algunas asquerosamente burdas y otras de una admirable sofistificación, pero todas tienen el mismo fin, ir haciendo la chanchita para ese viaje soñado, esa casita de playa en Asia que le encantó a mi nueva amiga, o ese fondo, intangible, para mi vejez de lujo.

Aquí debo señalar algunas particularidades, los magros sueldos que reciben la mayoría de los alcaldes, que no justifican pero sí explican el porqué a algunos alcaldes les crecen las uñas en el ejercicio del cargo, el bajo nivel académico de la mayoría de los alcaldes, la ausencia de conocimiento y experiencia en el manejo de la ciudad por parte de ellos, la insobornable testarudez de algunos electores que votan por apariencias,  caritas, apellidos o porque se dejan manipular por los medios y encuestadoras que fabrican ganadores, constituyen la verdadera razón de lo que está pasando en nuestras municipalidades. Si a ello añadimos la inoperancia apañadora de un gobierno central y a un congreso cómplice e ignorante, tenemos la respuesta a nuestra situación y a la debacle de nuestras ciudades.

Ya, muy bien, pero ¿No se puede hacer nada para remediar esto, oiga usted? Pues fíjese que sí. Empecemos por modificar la ley de elecciones municipales: no se puede, no se debe permitir las escandalosamente costosas y casi siempre, estúpidas campañas electorales, que nunca se realizan con el dinero propio sino de empresarios “amigos” que en realidad invierten en tu campaña, en la seguridad de que al ganar te vas a convertir en su caja chica y grande también. Más te doy, más me tienes que devolver. Las campañas deberían estar reducidas a la presentación oficial de los candidatos y varios debates en cada  circunscripción electoral con partidas del estado. De paso evitamos la asquerosa contaminación ambiental, visual, sonora y hasta intelectual, porque hay cada candidato con megáfono gritando tanta babosada que dan ganas de meterle un tiro.

Está luego el tema de los sueldos, a un alcalde en ejercicio se le exige como si fuera Papá Dios, pero se le paga como si fuera sacristán de parroquia de iglesia abandonada. Un profesional que se entrega por completo a una labor de 16 horas diarias merece un sueldo acorde, con el añadido de que luego se le puede exigir eficiencia y responsabilidad en el cumplimiento de su deber. La vocación de servicio insobornable y la entrega total gratuita ya no existen y, en todo caso, no son convenientes para una verdadera y exitosa Gestión.

El tema de la Contraloría, por otro lado, es muy sencillo de solucionar. El señor Contralor ya anunció, menos mal, que está gestionando las partidas necesarias para cubrir los sueldos de los funcionarios asignados a cada municipio. Con ello debemos poder evitar los chantajes a dichos funcionarios y un trabajo mucho más expeditivo de su parte. No se puede aceptar, por ejemplo, que un funcionario destacado para detectar la mínima intención de dolo por parte de las autoridades se convierta en su principal “asesor” de cómo corregir errores, llenar vacíos documentarios  y desaparecer esas cositas que no conviene que se conozcan.

En el caso de la fiscalización inexistente por parte de los regidores se podría fijar una cantidad fija de las dietas y ordenar, por parte del estado, su pago directo e inmediato, bajo sanción de disminuir el monto del Foncomún, por ejemplo, a la municipalidad infractora, así como la disposición de suspender, de inmediato, la financiación de viajes y cursos en  el extranjero a los señores regidores. Y se acabaron aquí también los chantajes. Medidas adicionales como la revisión de la Ley Orgánica de Municipalidades, respecto de las cláusulas sobre la participación ciudadana, el cogobierno de las ciudades y el empoderamiento, en general, de los ciudadanos, deberían acabar con cualesquier posibilidad de dolo, colusión y similares, de autoridades y altos funcionarios.

Caramba, todas esas cositas existían, bueno pues…. A ver, diga usted quienes son los autores de las fechorías que ha enumerado, usted debe conocerlos a todititos, o ¿toditititos los alcaldes hacen exactamente lo mismo? O, ¿ahora va a decir que mayormente desconoce? Bueno pues, primero, no todos los alcaldes hacen lo mencionado, hay una muy buena cantidad de alcaldes que pueden ser incapaces y hasta brutos, pero son honrados. Además el listado de esas fechorías no es de mi invención ni son cosas que yo haya visto directamente, es la enumeración de algunos de los delitos que han sido denunciados públicamente; algunas de aquellas denuncias han terminado con sanción a los responsables pero la mayoría no ha recibido la sanción respectiva y, probablemente, nunca la reciban, pero por causa de otro de nuestros grandes males, la corrupción de las autoridades fiscales y judiciales, que ya es un tema mayor y que queda pendiente de revisión.

miércoles, 4 de noviembre de 2015

EXPROPIÁNDONOS LA CIUDAD.


Una verdadera vergüenza lo que está sucediendo en la calle Félix Dibós de Magdalena del Mar, en nuestra cada vez más violentada y asquerosamente encementada ciudad de Lima. Sin consulta vecinal ni aviso previo, la autoridad municipal local está arrasando con las áreas verdes de dicha zona, la razón: “necesidad” de construir un tercer carril para el tránsito vehicular. Se argumenta que la otrora zona residencial de Magdalena del Mar se está convirtiendo en una zona de alto tránsito y para ello se requiere de más ancho de vía para la circulación de su majestad, el vehículo. Además de ser un despropósito urbano, un arboricidio imperdonable y un atropello a los ciudadanos, esta descabellada medida responde a un interés mezquino de preparar el terreno, mediante la aparente solución a la futura necesidad de una creciente carga vehicular, para el inminente cambio de zonificación, que permita la erección de edificios de más de 9 pisos, en una zonificación original de baja densidad, con alturas permitidas de hasta 4 niveles. ¿Cuál podría ser el interés de dicha medida, revestida de modernidad? Pues que existe alguien que está cobrando por entregar indebidas licencias de construcción en zonas en las que jamás debieron permitirse tamaños estropicios. ¿Es esto legal? De ninguna manera. ¿Se debería permitir? NO. ¿Qué hacer? Lo primero sería presentar una masiva denuncia ciudadana ante la opinión pública y mediante una acción de amparo exigir la inmediata paralización de la obra. Pero, además, en este caso concreto, ¿por qué callan los medios de comunicación, otras veces tan locuaces y acusadores?

Lo curioso es que, tampoco, ninguna entidad seria y representativa está opinando al respecto, habiendo tenido que haberlo hecho desde hace rato. Existe un evidente abuso de autoridad, un irrespeto a las propias normas municipales metropolitanas, un atentado al medio ambiente y un avasallamiento a los ciudadanos y sus derechos urbanos. Lo que está haciendo la municipalidad de Magdalena del Mar es expropiar los espacios públicos, destruir las áreas verdes, que por naturaleza son inalienables y degradar la calidad de vida de los habitantes de dicha zona, todo ello con evidentes intereses particulares. ¿Existe un verdadero estudio de impacto vial de la zona que justifique la medida ordenada y ejecutada con inusual violencia? ¿Existe un estudio de impacto ambiental que asegure que el cambiar aire purificado, gracias a los árboles ahora ya no existentes, por ruido y aire contaminado, es lo mejor que le puede pasar a los residentes de dicha zona? No creo. ¿Y entonces? Cabe la pregunta: Si no es a los ciudadanos, ¿a quién carajo pertenece la ciudad? En todo caso, jamás al alcalde y menos a sus amigos, financistas o socios, los inversionistas inmobiliarios.

sábado, 1 de agosto de 2015

Seguridad Ciudadana: Parte 1. ¿Y dónde está el policía?

Lo que sigue a continuación es un recuento de los ataques, robos y asaltos, en sus diferentes modalidades, que he sufrido en forma personal y en los que la constante ha sido la misma: si es que los policías no habían participado en ellas como los malos, brillaron totalmente por su ausencia. Salvo en la primera vez nunca presenté denuncias. ¿Para qué?

Testimonio muy personal: 

Tenía poco tiempo de haber regresado a Chiclayo, hace unos 28 años, con mi esposa limeña y un fin de semana que fuimos con mis padres y hermanas, al fundo que mi familia poseía en Olmos, sufrí mi primera experiencia de rabia e impotencia ante un hecho delictivo. De regreso el domingo por la tarde, de un maravilloso paseo de campo, descubrimos que nos habían vaciado la casa ubicada en el llamado Óvalo de la urbanización residencial Santa Victoria, con ingreso y salida por la puerta principal, cortesía de una útil y probablemente nueva, pata de cabra. Se suponía una zona tranquila, una zona segura, con resguardo policial, luego me enteraría que en los últimos meses la mayoría de nuestros vecinos había sufrido asaltos similares. Los ladrones se tomaron una botella de licor y defecaron en el piso de la sala,  una especie de superstición delictiva para evitar ser capturados, y se llevaron todo lo de valor que encontraron, cuadros y adornos incluidos. Preguntamos a los vecinos y nadie sabía nada, preguntamos por el guardia que nunca faltaba en la esquina y que nos daba cierta confianza y nos dijeron que ese día no había podido ir a cubrir el servicio, por enfermedad. Qué curioso, ¿no? Qué bueno que ustedes no estaban y se pudieron salvar de algo peor, nos dijeron luego en la Comisaría, nos dijeron también que eran bandas de ladrones de Trujillo. Podemos organizar una búsqueda pero tendrían que darnos todo el dinero necesario para movilidad, gastos y estadía en Trujillo. Gracias señor Comiasrio, pero no.

Me asaltaron luego, tres años después, a mano armada en un local comercial que tenía en Chiclayo; me vaciaron la caja registradora, un 24 de Diciembre en la noche, en una juguetería para niños. Con un arma en la sien y con un fuerte golpe de ella en la frente por tratar de ofrecer resistencia, tuve que presenciar cómo se llevaban, además, la más valiosa mercadería de vitrinas y mostradores y le quitaban todo el dinero y objetos de valor a mis clientes que yacían boca abajo tendidos en el piso. Los asaltantes fueron dos, atléticos y de cabello corto ellos, armados ambos, unos desgraciados también. Una semana antes, había recibido la visita del Mayor Comisario, supuesto amigo, para ofrecerme protección de su personal en sus días de franco, obviamente no acepté, con risita cachacienta y, adelantándome a Seguros Rímac, le dije que no se preocupara  por mí, que todo iba a estar bien. Y no pues, nada estuvo bien.  A la media hora de perpetrado el asalto y sin que nadie lo llamara, se presentó el señor Comisario y con la mejor cara compungida que podía, me dijo que lo sentía pero que me lo había advertido y, claro, no creo que quieras presentar la denuncia ¿verdad? No, tienes toda la razón, dije yo, ahogándome con las palabras que, gracias a Dios no dije en ese momento. Muy bien, me alegro de que te hayas salvado de algo que pudo haber sido peor, cuídate y si cambias de parecer  sobre tu protección personal y la de tus negocios, me avisas. Ahí hubo policías en actividad, pero asaltándome. Y lo que había sucedido no era nada más que una muestra del sistema de extorsión policial, un vil pago de cupos que en todas las provincias del país persiste, hasta la fecha.  

Un año después descubro un robo sistemático y valioso en otro de mis locales comerciales, también en Chiclayo; identificado el ladrón hago un trato con él, a pedido de su jovencísima, llorosa y embarazada esposa, convengo en no presentar cargos si me devuelve todo lo robado. La policía, en ese tiempo miembros de la PIP, lo llevan hasta su casa en la caleta Santa Rosa y regresan con él y todo lo robado. Todo en poquísimas horas. Me citan para hacer la devolución en presencia del ladrón y me percato que faltaba mucho más de la mitad de lo sustraido. Lo encaro y le digo que no podré cumplir mi ofrecimiento de no presentar cargos y el muchacho, sin reparo alguno, cuenta con todo detalle cómo en el viaje de regreso los dos oficiales que lo habían acompañado hicieron paradas en sus respectivas casas para descargar la mayor parte del botín. Monto en cólera y sin percatarme de lo que hacía amenazo a los policías, ellos me empujan hacia una oficina, cierran la puerta y me dicen de aquí no sales, para mi suerte un amigo que me había acompañado se percata de lo que estaba sucediendo golpea fuertemente y con gritos la puerta cerrada y una vez que le abren me hace prometer a los señores policías que no diré nada y que todo quedaba ahí, apretón de manos incluido. Salimos rápidamente de ahí, el amigo me mira, me da un apretado abrazo y me dice: no sabes de la que te has salvado. 

Hace 18 años, ya instalados en Lima, en el distrito de Magdalena del Mar, mi esposa y mi hija de 12 años fueron testigos pasivos de un asalto a mano armada en un colegio, que ya no existe, de la avenida Brasil, demolido para dar paso  a unos horondas y estrechísimas torres de departamentos, el día que habían asistido para matricular a mi hija. Tuvieron que echarse al piso de uno de los ambientes mientras los tres delincuentes que habían entrado y cerrado la puerta principal le sacaban hasta el último centavo a la cajera del colegio que ya tenía casi una centena de niñas inscritas, con matrícula pagada. El colegio estaba lleno de gente, casi todas mujeres y niñas, todas agazapadas entre escritorios y carpetas sin poder, ni querer, hace nada. Muchas de las madres fueron directamente amenazadas y les arrancaron joyas y carteras.  El susto fue tremendo, balazos y mentadas de madre incluidos. Mi esposa e hija salieron ilesas pero seguras de que ya no podrían salir solas a la calle. Corrieron hasta la casa, ubicada a dos cuadras, pero a pesar de las llamadas telefónicas que varias mamás ya habían hecho a la policía, no vieron a ninguno.

Hace 14 años, una noche,  regresando de un arduo día de trabajo como funcionario municipal, enternado, con un maletín en la mano, mientras hablaba por mi celular haciendo coordinaciones para el día siguiente y caminando hacia mi casa, en la calle Huamanga de Magdalena del Mar, dos señores, fornidos ellos, de cabello muy corto, bajaron de un auto que se sobre paró junto a mí, me dí cuenta de lo que venía y corrí hacia la reja del condominio, tropecé y los dos me cayeron encima, grité de todo, me defendí lo mejor que pude y solo aflojé cuando escuché que uno de ellos decía: ya métele un plomo; me pusieron un arma en la sien y les arrojé el valioso celular que tenía, hacia la pista. Lo recogieron y se subieron al auto, en el que esperaba un señor bastante mayor que me miraba como diciéndome de la que te salvaste. Y es que no  querían el celular sino subirme al auto, pero la suerte, el excesivo tiempo transcurrido y mis groserías a grito pelado convirtieron un "simple" secuestro al paso en un escándalo de proporciones. Desde el suelo vi cómo se alejaban y a todos mis vecinos en las ventanas y puertas, mirando no más. Allí tampoco hubo policía alguno sino una banda, probablemente conocida y permitida, caserita del distrito, de delincuentes comunes y demasiados ciudadanos indiferentes. 

Doce años atrás cuando iba a visitar al cliente de una empresa en el Callao, a media cuadra del llamado óvalo Salón, al final de la avenida Venezuela, fui interceptado en la berma central por dos fumones que me cogotearon y bolsiquearon a su regalado gusto, mis gritos amenazas o qué se yo, hicieron que solo me sustrajeran un directorio telefónico del bolsillo derecho del pantalón y no los dos celulares que llevaba en los bolsillos del saco, ni el maletín con valiosa información que llevaba en la mano. La avenida era muy ancha y pude observar a grupos de malandrines en cuclillas a ambos lados de la calle. como esperando entrar en acción correlativa a la falla del grupo en acción. Escuché la bocina insistente de un micro casi vacío que sobre paró, se produjo la distracción momentánea de mis asaltantes y de un salto felino del que no sabía que era capaz, subí al micro que me esperaba con la puerta abierta que se cerró detrás de mí y partió raudo. Chofer y cobrador me preguntaron qué hacía allí, cómo andaba así vestido en esa zona y que si estaba loco y, claro: No sabes de la que te salvaste. Alrededor del óvalo había visto, minutos antes, personal de la marina con fusiles haciendo vigilancia y eso me llevó a error, creí que esa vigilancia era suficiente, pero no conté que media cuadra más allá de su ubicación ya no era responsabilidad de ellos. Policías no ví, ni el trayecto de las cinco cuadras siguientes antes de bajarme, agradecido, de la combi y subirme a un taxi de regreso.

Hace 5 años y mientras conversaba con una amigo en la puerta de una sastrería en la calle José Gálvez , también en Magdalena del Mar, me percaté que uno de los dos hombres que iban en una moto que había entrado en sentido contrario al flujo vehicular, saltó al piso,  se avalanzó sobre una señora y luego de forcejear con ella le arrebató su cartera, se subió a la motocicleta que lo esperaba y yo, mientras corría detrás de ellos les iba gritando todo lo que se me ocurría y cuando levanté el brazo para coger del pescuezo al señor que se había subido a la moto, éste saco de la cintura un revólver y me lo puso casi en la frente, bueno dije hasta aquí llegué, pero solo se alejaron sin decir palabra. Ahí tampoco hubo policías, sí una señora muy triste que acababa de cobrar su pensión en el Banco de la Nación que me dijo: Hijito no vuelvas a hacer eso, mira de la que te salvaste y, sí pues, otra vez muchos callados mirones y policías, juro que no ví ninguno. Ni en las siguientes tres cuadras por las que caminé triste y pensativo hacia mi casa.

Hace poco más de tres años, cuando asistí con mi esposa a realizar unas compras a Gamarra, por el lado de la avenida aviación y mientras llevaba dos bolsas grandes, una en cada mano, sentí un empujón y simultáneamente, un tipo me arrebató la bolsa de la mano izquierda, solté la otra y eché a correr detrás del ladrón quien se escapaba por los montículos de desperdicios de la berma central, que ahora ya es un área ocupada por el metro que cruza La Victoria. Mis gritos y amenazas más que mi agilidad, que ya no es la misma, para alcanzar al ladrón, hicieron que éste desistiera de su empeño y soltó la bolsa en su desesperada carrera, cogí la bolsa y regresé donde mi esposa, más preocupado aún porque no me había percatado de que la había dejado sola y expuesta en mi afán de no permitir que se consumara el robo. Al llegar a su lado me percaté también que si el ladrón llegaba hasta la vereda de enfrente de la avenida Aviación, zona sumamente peligrosa hasta ahora, y yo detrás de él probablemente ya no la estaría contando. Tampoco hubo un solo policía y sí mucha gente sorprendida ante mi reacción.  

Hace casi dos años, regresando de Chiclayo. de visitar a mi madre y hermanas, mientras esperaba al bus retrasado de Cruz del Sur, dentro de la agencia y parado con el maletín de mi lap top cruzado en el pecho, el maletín que había llevado con mis efectos personales en una mano y otro maletín, con delicias chiclayanas para llevar a Lima depositado en el piso,  muy junto a mí, entraron dos señores muy bien vestidos y perfumados, uno hablando por celular, que se paró a mi derecha y otro que entró como buscando a alguien, que se paró a mi izquierda; el del celular subió el tono de voz como discutiendo con alguien y mientras todo el mundo lo miraba, incluyéndome a mí, el otro había iniciado su labor. Sigilosamente, sin doblarse, se había agachado y tenía mi maletín en la mano, volteé y bajé la mirada justo en el momento en que se erguía para salir. Le grité que eso era mío y sin más lo depositó en el suelo, yo cogí rápidamente el maletín y ya con todo seguro empecé a gritar a todos los presentes que ese hombre de casaca negra que iba saliendo por la puerta principal era un ladrón que había intentado robarme y que..... Pasó como si nada entre hombres fornidos y mujeres con cara de cuéntame qué pasó por Dios y se perdió en la calle. Tampoco allí hubo policías, ni guachimanes pero sí, otra vez, bastantes ciudadanos indiferentes o cobardes. 

He sufrido, además, otros cinco intentos (fallidos) de robarme el celular mientras caminaba por las calles de Jesús María, Magdalena del Mar y Surco, todos con la misma modalidad: acercarse sigilosamente por detrás de uno y tratar de arrancarte el celular para luego correr y como contorsionista meterse a la volada por la ventana abierta del asiento posterior de un Tico o una Station Wagon en marcha. Mis reacciones rapidísimas, más de rabia que de valor, evitaron los robos. En suma, he sido testigo, no callado por cierto y más grosero que los propios ladrones, de innumerables robos al paso, a personas que me pedían, por favor, que no persiguiera a los ladrones y que me callara por su propio bien y el mío. Pareciera que ya todos se han acostumbrado a este tipo de vida, la reacción defensiva de la víctima no existe entre sus posibilidades y veo, con rabia, la indiferencia de los demás vecinos ante el accionar de los ladrones que se han enseñoreado en nuestras calles. Lo anteriormente narrado, que es totalmente cierto y que responde tan solo a la necesidad de hacer conocer las diferentes modalidades de robo, asalto, extorsión y otras derivadas de ellas, que cada vez son más peligrosas y letales, pretende crear conciencia sobre la necesidad de tomar decisiones y buscar soluciones que las autoridades no se animan a tomar. La seguridad no nos la va a regalar nadie y si no hacemos algo pronto las cosas se van a poner peor. 
Lo que más me molesta y tortura mentalmente es que, en verdad, no veo policías por ninguna parte. Bueno sí, de vez en cuando, parejas de ellos, a tempranas horas del día, en zonas muy concurridas, conversando animadamente o hablando permanente y despreocupadamente por sus celulares personales y por ello y con todo el respeto que se merecen los que pierden el tiempo leyéndome me permito preguntar, ¿En dónde carajo estaban realmente los policías en los precisos momentos en que se les necesitaba y ahora también?   

Concluyo pidiendo que levante la mano aquella persona a la que hayan robado, asaltado, extorsionado, secuestrado, golpeado. Perdón, mejor que levanten la mano aquellos que no han pasado por ésto en algún momento de sus vidas, en alguna de las ciudades del país. Sí pues.... por ahora lo dejamos ahí.

domingo, 26 de julio de 2015

Licencias de Construcción, corrupción y Gestión de Ciudad.

A raíz de los bochornosos enfrentamientos entre las comunas de San Isidro y Magdalena del Mar, por un lío irresuelto, de intereses más que de límites, el alcalde de San Isidro acusó al alcalde de Magdalena del Mar de "formar parte de una organización que se dedica a otorgar licencias ilegales que atentan contra las normas metropolitanas de zonificación e índices de uso". Grave acusación que tiene visos de verosimilitud si nos atenemos a lo que realmente está sucediendo. En la llamada zona en litigio, 42 deseables y tentadoras manzanas, las licencias de construcción que se han negado en la municipalidad de San Isidro, por exceder groseramente los parámetros urbanísticos, han sido otorgadas en la Municipalidad de Magdalena del Mar, para el mismo solicitante, en la misma dirección, sin cambio alguno y sin dudas ni murmuraciones. Dice en su defensa el señor alcalde de Magdalena del Mar, textualmente,  "que la ley 29090, que regula las edificaciones establece que son los representantes del Colegio de Arquitectos, quienes revisan, evalúan y aprueban los expedientes técnicos de construcción. Si ellos dicen que es legal, recién allí podemos entregar las licencias de construcción". Una buena lavada de manos pero no de conciencia, que encierra una directa acusación a los delegados de los Colegios Profesionales. Esto, para no pensar mal, revela al menos un total desconocimiento de la ley, sus reglamentos y modificaciones, por parte del alcalde en cuestión. 

El espíritu de la ley 29090 señala como principal obligación y responsabilidad municipal la de VERIFICAR QUE LOS PROYECTOS CUMPLAN CON LOS PARÁMETROS URBANÍSTICOS Y EDIFICATORIOS. La mencionada ley se ocupa de cuatro (4) diferentes modalidades de solicitud y obtención de licencia de construcción: la modalidad A que se refiere a construcciones de hasta 120 m2; la modalidad B que se refiere a viviendas de hasta 5 pisos o 3,000 m2 de área; la modalidad C que se ocupa de los multifamiliares de más de 5 pisos o 3,000 m2 y la modalidad D, que es la que se refiere a las construcciones industriales, comerciales, locales de espectáculos y otros. Centrémonos entonces en la modalidad "C", que es en la que se están realizando los estropicios y atentados de lesa urbanización. La ley dice que todo el trámite de obtención de licencias de construcción se inicia con la recepción del expediente en la mesa de partes de la municipalidad. Uno de los requisitos indispensables (y concluyentes) para la conformación del expediente mencionado es la presentación del Certificado de Parámetros Urbanísticos, que es otorgado por la propia municipalidad y que no es otra cosa que una hojita que dice claramente que, por ejemplo, la dirección: avenida Pepe el Vivo # 666 de este distrito pertenece a la Zona Residencial de tal Densidad y que lo máximo que se puede construir allí es hasta una altura de 8 pisos y sanseacabó. Por muy ignorante e incapaz que pudiera ser el señor empleado municipal encargado de la recepción, mal podría recibir un expediente que por un lado dice que solo deben ser 8 pisos y los planos del proyecto presentado dicen clara y orgullosamente que los pisos a construir son 14. Supongamos que se le pasó al señor incapaz, bueno pues, la ley dice que hay cinco (5) días de PREVERIFICACIÓN DE REQUISITOS, es decir 40 horas de sacrificado trabajo municipal, tiempo más que suficiente para revisar si lo presentado cumple o no con la normatividad vigente. Entonces en ese momento el área respectiva convoca al solicitante y puede decirle algo así como: ¿qué pasó cuñao? ¿no sabes leer? ¿eres gracioso o qué? Le devuelve todo lo presentado y a otra cosa mariposa. Si por el contrario, todo estuviera en orden y de acuerdo a la norma, entonces recién en ese momento se convoca a la Comisión Técnica de Revisión de Proyectos. O sea, a dicha comisión no puede pasar nada que exceda las normas planteadas y por todos conocidas. Lo curioso, que probablemente también desconoce el señor alcalde de Magdalena del Mar, es que quien preside dicha Comisión Técnica es su propio Gerente de Desarrollo Urbano, sí pues un funcionario suyo, de su entera confianza y que, con toda seguridad, está bien aleccionado de lo que se debe o no hacer en el distrito en aras de no ensuciar el buen nombre del señor alcalde al tratar de hacer pasar gato por liebre. Cabe anotar que la responsabilidad principal de dicho funcionario municipal es la de poner a disposición de la Comisión Técnica, que él mismo preside, toda la información del distrito, las ordenanzas y resoluciones de alcaldía que se ocupen del tema urbanístico y edificatorio, así como de su propio Plan de Desarrollo Urbano, si existiera, incluídos de todos modos, los planos de zonificación, los planos de límites de alturas permitidas, los índices de usos del suelo, entre otros documentos técnicos, para facilitar la evaluación y dictamen del proyecto presentado. La otra responsabilidad del señor funcionario municipal es la de comunicar a las entidades respectivas (colegios profesionales) de ser el caso, las infracciones en que hubieran incurrido sus delegados. No hay forma, por tanto, de que el señor alcalde correspondiente no esté al tanto, al mínimo detalle, de lo que sucede dentro y fuera de dicha Comisión Técnica y de lo que aprueban o deniegan, así como no hay forma, tampoco, de que los señores delegados de tales Comisiones Técnicas reciban para evaluar, proyectos que excedan lo permitido. a no ser claro, en contubernio o asociación ilícita con los funcionarios o autoridades municipales.

Lo que queda claro es que, hasta ahora, ninguna institución, involucrada directa o indirectamente, se ha manifestado al respecto. El deforme crecimiento de la ciudad, acicateado por los intereses muy particulares de algunos constructores y algunas autoridades corruptas, pronto nos pasará la factura a quienes nada tenemos que ver con el asunto, salvo el sufrir sus consecuencias. La, conveniente, inexistencia de planificación, la corrupción millonaria de las licencias indebidamente otorgadas y el degradamiento de nuestra calidad de vida son los únicos parámetros de nuestro actual crecimiento urbano. Humildemente sugiero al Colegio de Arquitectos del Perú, manifestarse sobre el tema y, especialmente, sobre la explícita acusación del señor alcalde de Magdalena del Mar. 



domingo, 19 de abril de 2015

¿Feliz 180° Aniversario? ciudad de Chiclayo.


Hay fechas que son importantes, por celebratorias, conmemorativas, pero además, porque son ideales para enderezar rutas y marcar un nuevo punto de partida hacia el verdadero desarrollo. La ciudad de Chiclayo, a pesar de las atrocidades y robos cometidos en su contra, sigue ahí; con algunas zonas, muy pocas, tratadas con esmero y cuidado y, gran parte, abandonadas a su suerte, cuando no, saqueadas impunemente. Lo que antes fue una hermosa y cálida ciudad, se ha convertido en una urbe desorganizada, sin autoridad ni  nadie, serio y profesional, que se quiera hacer cargo responsablemente. Seguimos echándole la culpa a los que han venido de afuera, pero hasta ahora no hemos hecho nada por integrarlos a nuestros grupos sociales, a nuestra comunidad urbana. Tenemos dos  o tres Chiclayos dentro de nuestra ciudad y, así, no llegamos a ninguna parte. Tal vez, las camionetazas que circulan raudas por las estrechas y cortísimas calles de la ciudad, evitando a los ticos y mototaxis, nos den una idea plena de esas tremendas diferencias que muy pocos aceptan. Una vez escuche decir en Chiclayo: ¿Y qué culpa tengo yo de que los CHOLONES no tengan la plata que yo tengo? Sí, pues, nadie va a querer reconocerlo, pero el principal problema de Chiclayo es socio-económico. Los números no engañan. Si el 5 % de la población se encuentra en la cúspide de la escala de ingresos y un 25 % más, está cerca, entonces tenemos un 70 % que ha de vivir renegando, no solo por las innecesarias demostraciones de riqueza económica y con ello abusos de poder que día a día les restriegan en la cara, sino porque no tiene alternativa de desarrollo y porque se les quiere imponer normas de vida urbana que ellos no consideran importantes. Si no me alcanza para comer qué diablos me puede importar manejar con cuidado mi combi, mi tico o mi mototaxi ¿si así no logro ganarme a los pasajeros? Yo preguntaría, además, ¿qué empresario o concesionario les ha fiado los benditos vehículos? Los señores comerciantes informales que ocupan las calles no son más que ejércitos de comisionistas de fabricantes y grandes distribuidores, que les entregan la mercadería con la condición de que la vendan rápido. Sin embargo, lo peor que le ha pasado a la comunidad chiclayana, en estas últimas décadas, ha sido la corrupción desfachatada, la coima enseñoreada, el diezmo oficializado y, con pena lo digo, la estupidez ciudadana institucionalizada.

Me encantaría equivocarme y verme obligado a pedir perdón, si fuera necesario, pero debo decir que el señor alcalde en ejercicio, David Cornejo Chinguel, no tiene las mínimas condiciones, personales, académicas ni técnicas, para sacar a la ciudad de Chiclayo de este profundo hoyo en que se encuentra. Yo le rogaría, que al menos, no robe, no acepte favores personales y que proponga la formación de un Patronato de Chiclayo para que lo ayude a cumplir con tan seria responsabilidad. Apelo a su buen juicio. No crea en algunos de sus asesores personales, esos que le hicieron creer que usted era el mejor, que precisamente por eso no son nada confiables, porque tal vez están esperando algún descuido de su parte para levantarse importantes cantidades presupuestales.

Pero Chiclayo tiene los mejores recursos naturales, la mejor gastronomía, los mejores y más completos vestigios arqueológicos, que los piuranos y trujillanos miran con recelo y envidia, ¿entonces qué pasó? Nuestro problema es de capital humano en el ejercicio del poder. Lo contradictorio es que Chiclayo cuenta con gente capaz dentro y fuera, con chiclayanos que aman su ciudad y harían cualquier cosa por ella. Pero la política, o en lo que actualmente se ha convertido, les apesta sobremanera. Tiene que haber alguna forma de sentarse a discutir sobre la ciudad, sobre lo que se debe hacer y sobre lo que jamás debería hacerse, pero sobre todo, en qué clase de ciudad queremos dejarle a nuestros hijos.

Un fuerte abrazo para todos mis paisanos, desde lo más profundo de mi ser y con él mis plegarias para que, por fin, empecemos a llamar a las cosas por su nombre y a atacar los problemas en forma directa. FELIZ 180° ANIVERSARIO mi querido Chiclayo.

domingo, 22 de junio de 2014

Nuevo atropello a la Ciudad de parte del Señor Poder Ejecutivo

Con la misma prisa e irresponsabilidad de chofer de combi asesina de la empresa orión, el SEÑOR PODER EJECUTIVO ha enviado como propuesta, dentro de su plan reactivador, al SEÑOR CONGRESO, que de ahora en adelante las edificaciones destinadas a vivienda, comercio y oficinas no estén sujetas a la presentación de un Estudio de Impacto Ambiental (EIA) para la obtención de la licencia de edificación, cuando dichas edificaciones se realicen en zonas urbanas consolidadas. Tremendo atentado urbano y evidente favorecimiento a las empresas inmobiliarias, (especie de su mesías salvador porque ahora están a pérdida) basa su razón de ser en que la obtención de este tipo de estudio no generaría una mayor disminución de riesgo para el ambiente pues las herramientas preventivas han sido incorporadas a través de procesos previos de planificación urbana. Sí Juan. Todo ciudadano medianamente informado sabe que la normatividad actual (supuesta planificación urbana incluida) es palo de gallinero de la voracidad inmobiliaria y la angurria funcionaria, por ello tenemos una inmensa cantidad de callejones verticales y una increíble sobre concentración de moles de concreto, pechito con pechito, potito con potito, sin áreas libres y menos, verdes. Sin atisbo alguno de vergüenza se señala como finalidad del planteamiento expuesto, que se busca reducir el déficit de vivienda y facilitar los procesos de construcción de vivienda y ocupación del suelo formal. Asimismo, consolida la eliminación de trabas que retrasan actualmente la inversión inmobiliaria a nivel nacional, dicen. ¿Nos han visto la cara?

Con la cantaleta del déficit habitacional, catalogado por las inmobiliarias, las financieras y los funcionarios incapaces o corruptos (o ambas cosas a la vez) como la necesidad imperiosa de adquirir flamantes, onerosas y, más de las veces, inhumanas unidades de vivienda, cuando lo que en realidad se necesitaba eran “mejores y más seguras” viviendas familiares, se ha impartido durante los últimos años una serie de disposiciones normativas que van desde reducir la dignidad humana a viviendas de 45 ó 50 m2, con dormitorios de 4 m2, con ocupación del 100 % del área del terreno a construir; sin el requerimiento necesario de estacionamientos; con entrega de licencias amañadas para edificios de 12 a 14 pisos ahí en donde los parámetros urbanísticos permitían un máximo de 4 pisos; con excavaciones de hasta 20 metros por debajo del nivel de vereda sin la exigencia del previo análisis del suelo; con aceptación de seis u ocho edificios colindantes, con frente a pistas de 6 metros de ancho y veredas de 1.5 metros, sin el requerimiento mínimo de un estudio de impacto vial, es decir, calcular más o menos, cuál es la cantidad máxima de vehículos que pueden circular por las vías con frente a esos nuevos departamentos y en las calles aledañas, para evitar parecerse a Calcuta en un día de mercado.

Empecemos por el principio, el verdadero déficit de un producto (en este caso una nueva vivienda) se da cuando hay un montón de familias con las ganas inmensas de adquirirlas y las posibilidades económicas para hacerlo y el mercado no puede ofrecerlas. Es decir, cuando hay más compradores que vendedores. Pero resulta que si nos atenemos a los indicadores oficiales actuales, el año pasado las inmobiliarias no han podido colocar todos los departamentos construidos, es más, han paralizado varios proyectos, le han metido cabeza a no pocos incautos que han comprado en planos y que no saben cómo recuperar el monto con que han sido estafados, porque ya no encuentran a los solícitos vendedores de esas casetas de venta que algunos municipios corruptos o tontos, permiten que se instalen con toda elegancia e impunidad en las áreas públicas, veredas y jardines de aislamiento, para beneficio particular. Lo que siempre ha existido y seguirá existiendo hasta que podamos tener gente decente y capaz en los entes del gobierno central y municipal, que puedan elaborar verdaderas políticas de vivienda nacional y local, es la necesidad, urgente eso sí, de mejorar, ampliar, remodelar o refaccionar las viviendas familiares existentes, a costo real, sin necesidad de pagar coimas, sin trabas burocráticas y con el apoyo técnico y financiero de sus propias comunas, nada más. Pero claro, eso choca con los intereses de no pocos grupos de poder y con funcionarios corruptos que más reciben por fuera que con el salario oficial. Años y una gran inversión le han costado a los grupos inmobiliarios tratar de convencer a los ciudadanos de que si no tienen una vivienda propia, inscrita en la Sunarp, no son nada, o sí más bien, unos pobres diablos, sin historial crediticio, impresentables ante el sistema financiero, unos parias en la economía nacional. Con el señor Hernando de Soto a la cabeza se ha gestado un movimiento internacional de: CASA, CASA, CASA QUIERO YA. Y claro, no importa si te endeudas por los próximos 25 años, si metes mensualmente casi todo lo que con tanto sacrificio te envían tus hijitos desde el extranjero para que puedas vivir mejor, o que después de 5 ó 10 años, qué penita, el banco tenga que embargarte por falta de pago y adiosito el sueño de la casa propia.

Seguir eliminando supuestas trabas edilicias, con beneficiarios con nombre propio no soluciona nada, salvo la falta de liquidez de los grandes e importantísimos amigotes y la colocación de la liquidez excedente de los bancos, en ambos casos con la intermediación, necesaria, de un comprador ingenuo al que le han hecho creer que necesita adquirir, sí o sí, una nueva  vivienda. Permitir este nuevo atropello y fuga es darle la bendición a las nuevas ciudades del señor capital, que no importa que terminen pareciéndose a galpones de San Fernando o Redondos, si se logra el cometido de que los señores del cemento, fierro y ladrillo, tengan mayores y más rápidas utilidades. 

lunes, 21 de abril de 2014

Carta Abierta al Señor Alcalde de la Ciudad de Chiclayo


Señor Roberto Torres Gonzáles, antes que nada, permítame expresarle mis más sinceras disculpas por los denigrantes adjetivos calificativos e improperios, justificados o no, que los chiclayanos residentes en dicha otrora hermosa ciudad, han venido profiriendo en los últimos meses contra su persona, aduciendo que es usted el principal culpable de que Chiclayo se haya convertido en una ciudad humanamente inhabitable, un verdadero muladar y en la vergüenza del norte del Perú. Nada más lejos de la verdad señor. Culpables son los ciudadanos que lo eligieron, mediante un voto inconsciente e irracional y no una, sino dos veces; culpables son los regidores del Concejo Municipal que lo han acompañado, que no fiscalizaron sino más bien, aparentemente, lo encubrieron y apañanaron; culpables son los fiscales y jueces que no lo han acusado debidamente, que ya lo han absuelto, o que siguen demorando la correcta sentencia, en las centenas de denuncias realizadas, seguramente también injustas, contra usted; culpables son el presidente regional y todos sus consejeros y funcionarios que con su silencio han avalado su inexplicable proceder; culpables son esos cinco señores congresistas de Lambayeque que durante años, por lo menos siete, han callado lo que sabían y que hoy afirman no haber conocido; culpable es el Procurador General de la República que jamás acogió las pretendidas denuncias de una población iracunda, a pesar de las pruebas, audios y documentos presentados; culpable es el gobierno central que mira para otro lado cuando de cosas ajenas a sus intereses particulares se trata y, finalmente, culpables son los chiclayanos de nacimiento, esparcidos por el país y el mundo que jamás se interesaron por lo que estaba sucediendo en su ciudad de origen. Y es que usted, señor Torres es, a mi entender, un inimputable. Considero que usted no puede ser denunciado penalmente porque no es una persona normal, al menos no lo parece y pido, nuevamente, disculpas si me equivoco o me excedo.

Lamento de verdad, como parece ser, que su niñez y adolescencia no hayan sido todo lo agradables que un ser humano en formación pudiera desear; que tal vez haya sido usted privado de muchas cosas que hoy ha pretendido cobrarle, probablemente con todo derecho, a esa sociedad en la que nunca se ha sentido a gusto, a pesar de haber sido aceptado como el inmigrante que originalmente fue. Que la falta de cariño y la cuota de amor nunca recibida y tan necesaria para el desarrollo emocional de todo ser humano normal, lo hayan obligado a buscar a jovencitas que con mimos y atenciones, tan desmesuradas como interesadas, lo desviaran del proceder responsable y maduro de una persona de su respetable edad. Lamento, igualmente, que la instrucción universitaria por usted recibida, se le haya extraviado en el camino, lo que no le ha permitido acertar en ninguna decisión municipal tomada. Lamento, en fin, que usted no haya recibido, tampoco, educación alguna, lo que explicaría la espontánea y estentórea patanería de la que usted hace gala en todos los ámbitos de su diario acontecer. Rechazo sí, rotundamente, el calificativo de burro, que los vecinos le han endilgado, habida cuenta que no hay por qué maltratar de esa forma a dichos inocentes mamíferos cuadrúpedos.

No creo que usted haya robado señor Torres. Creo que usted, en su monumental ignorancia, ha supuesto que ya que el pueblo de Chiclayo lo eligió una vez y lo ratificó una segunda, usted tenía todo el derecho de disponer de las arcas municipales a su libre albedrío y que, según se fueran presentando sus requerimientos y necesidades, podía usted usar dichos fondos para la compra, por ejemplo, de joyas, vehículos y propiedades, gastar en ruidosas y ridículas fiestas y no pocos viajes,  como las odiosas malas lenguas chiclayanas pretenden hacernos creer. Sobre todo cuando afirman que ni siquiera dichas “inversiones” han sido para usted y su provecho directo, sino para su señorita amante. Rechazo tremenda injusticia, ni el más imbécil de los hombres podría hacer eso, no con tanto entusiasmo ni por tanto tiempo, en todo caso.

Sobre el penoso tema de las obras de saneamiento considero que tampoco es usted el culpable. Que las inmundicias de los intestinos de los chiclayanos discurran libremente sobre las pistas del centro de la ciudad, es culpa de quien los mismos chiclayanos señalan como su socio en las obras de saneamiento contratadas, un lustroso congresista de la región. Ese señor, que al decir de las mismas malas lenguas, se ha valido de testaferros para levantarse el presupuesto municipal es quien debe ser señalado y acusado por la población, aunque los señores del que una vez fue honorable poder judicial terminen, como siempre, limpiándolo de polvo y paja. Se le acusa además, injustamente, de que a usted le gusta construir las mismas pistas una, dos, tres y hasta cuatro veces seguidas, sin reparar que esta tampoco es su culpa, sino del “empresario” encargado de las obras sanitarias al que le revientan los desagües a cada rato, sin causa aparente, a no ser claro, que en lugar de cambiar las redes de tuberías solamente las estuviera parchando y bastante mal, por cierto. Se le  vincula a usted, además, con los malos manejos de la Beneficencia Pública, con la “realización” de proyectos inexistentes y decenas de casos de peculado, nepotismo, malversación de fondos, asociación ilícita para delinquir, extorsión y otras cosas más que la justicia no ha podido probar, ni podrá, solo Dios y usted saben por qué.

Se le acusa también del caos infernal en que se han convertido las calles de Chiclayo, por los mototaxis, los ticos siniestrados y vehículos de toda condición y estado que se pelean a bocina limpia la preferencia de despistados transeúntes, sin más norma de la de yo lo vi primero. No entienden sus acusadores que el inmenso corazón que usted posee lo ha motivado a recibir con los brazos abiertos a todos esos vehículos desechados de las otras ciudades del país, conductores sin licencia, ni educación mínima, incluidas. Es una maldad adicional eso de achacarle a usted que obliga, a los interesados de turno, a juntar bolsas dinerarias para otorgarles las licencias y autorizaciones respectivas.

Se le acusa, así mismo, de mantener a sueldo, con el dinero de los sufridos contribuyentes, a una gavilla de delincuentes que con directos argumentos de puño limpio tratan de convencer a sus detractores de que usted es una persona honesta y trabajadora y no el desalmado sinvergüenza que el 95 % de la población pretende hacernos creer que es. Considero más bien que dichas personas no son más que un grupo de desadaptados y renegados sociales, gente digna de lástima, que ha encontrado en usted a la persona que puede  ser el abanderado de sus justos reclamos a la sociedad que los rechaza y a la que, sienten ellos, hay que hacerle pagar dicha afrenta.

Lo que sí he notado señor alcalde, en mis esporádicas y muy cortas visitas a Chiclayo, y que se lo comento a manera de anécdota y le suplico disculpe usted la franqueza, es que a nivel urbanístico, calidad de vida, orden y principio de autoridad, la que fue reconocida como el emporio comercial del norte, se ha convertido en una chingana de mala muerte. Claro que también debo anotar que ninguna institución representativa de la ciudad había dicho esta boca es mía, salvo últimamente y en la medida en que los reclamos se han convertido en escandalosos repudios.

Le comento por último y para no abusar de su tiempo y, supongo, recargada agenda, que el pueblo chiclayano insiste en que usted ha decidido intentar  una segunda reelección y ya en esto no he podido aguantar la risa señor Roberto Torres. Tendría que ser un pobre imbécil quien, por más limitado que sea, no se hubiera dado cuenta de que en estos últimos ocho años, todo le ha salido muy mal y que, en honor a la verdad, tampoco existe una población tan estúpida que pudiera volver a elegirlo. ¿O usted cree que sí?

Muy Atentamente,

Enrique Odar Rojas
Chiclayano de Nacimiento
Limeño por Adopción
Ciudadano Libre por Decisión.

domingo, 6 de abril de 2014

Ciudadanos sin derecho a queja

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Se inicia otro proceso electoral municipal y las cosas pintan muy mal. En Lima metropolitana casi todos los alcaldes distritales en ejercicio quieren la reelección y algunos que ya tienen dos períodos o más en el cargo, aspiran a la alcaldía provincial. En lugar del respaldo ciudadano lo que en verdad merecen esos reiterativos candidatos, casi la totalidad de ellos, es una prolija auditoría y, más de los que imaginas, unas largas vacaciones a la sombra. Desde 1980 en que el presidente, don Fernando Belaunde Terry, restituye las elecciones municipales hasta la fecha actual ya deberíamos haber aprendido a elegir; 44 años equivocándonos creo que ya son suficientes. Tenemos una tara ciudadana muy grande, nuestro voto es emotivo y acomplejado, jamás racional e inteligente. Se vota por simpatías, por apariencias físicas, por apellidos, por partidos políticos, por productos muy bien marketeados,  por capacidades oratorias, jamás por programas de gobierno local o, mejor aún, por adecuadas políticas de gestión con la Visión de Ciudad, por delante, que queremos. Y es que hay cada caso clínico entre los electores. Existen los electores que sufren si no son tomados en cuenta, porque tienen mucho tiempo y pocos afectos; los que necesitan creer cualquier cosa, éstos son los partidarios de alma, corazón y vida;  los que ansían recibir regalitos y prebendas, porque aunque saben que son bagatelas necesitan comparar para ver quién es más buena gente; los que quieren un puesto de trabajo para él o sus entenados, porque no sirven para mucho o porque han adquirido más responsabilidades de las que su propia capacidad puede pagar; los que quieren sentirse ganadores votando por el que finalmente resulte electo y andan preguntando quién va primero en las encuestas amañadas de siempre para jurar que ese fue siempre su candidato; los que necesitan que se les indique por quién votar porque tú sabes más y yo no estoy para esas tonterías; existen, en suma, demasiados incapacitados racionales a quienes se les debería negar el derecho a votar. Pero sí pues, estamos en democracia y todos tienen el derecho a elegir o ser elegido, consagrado en nuestra constitución y, lamentablemente, gracias a esta premisa cualquier objeto, animal o cosa, con el suficiente apoyo monetario y el voto (irracional) ciudadano, puede hacerse de una alcaldía y convertirse en el nuevo reyezuelo de su distrito y jodernos los próximos cuatro años de vida en comunidad. 

¿Qué nos pasa por Dios? Empecemos por lo primero. ¿Te gusta cómo estás viviendo? ¿Es lo que querías, lo que mereces? ¿Está bien lo que ves, lo que escuchas, lo que hueles y sientes alrededor de tu vivienda? ¿Alrededor de tu familia? ¿Sabes lo que es desarrollo integral? ¿Lo que es calidad de vida? ¿Sabes que las autoridades que eliges son servidores incondicionales tuyos  y que su obligación responsabilidad y razón de ser, es brindarte la mejor ciudad posible para que tú y los tuyos vivan decentemente? ¿Sabías que tu voto es la única manera de garantizar que lo mencionado se cumpla? ¿No lo sabías? Con razón. Y ¿qué vas a hacer? Olvidemos el pasado, no te sientas mal, pero no vuelvas a cometer la misma estupidez. Casi todos aquellos a quienes has elegido se han burlado de ti, se han llenado los bolsillos, han hecho carrera política, han acomodado a los suyos y han desgraciado tu ciudad y todo, con tu anuencia y, lo peor, tu respaldo económico. Más de 1,800 alcaldes y alcaldesas, con excepciones, lamentablemente muy pocas, en el Perú, se vienen zurrando en nuestra confianza, en nuestras esperanzas, en nosotros y en nuestras familias. Un gran porcentaje de ellos por ignorancia, por falta de preparación y experiencia, por exceso de auto confianza, pero siempre por una desmedida soberbia y ansias de poder. Alcaldes con cuatro, ocho, doce, dieciséis y hasta veinte años de gestión han vaciado las arcas municipales y adquirido deudas a pagar, que tú tendrás que pagar, para los próximos veinte años o más, amparándose en la total autonomía económica y administrativa consagrada en la Ley Orgánica de Municipalidades, que en la práctica se ha convertido en una metralleta en las manos de un simio; han permitido crecimientos en densidad, asfixiantes y casi inhumanos, con la (callada) anuencia de los colegios profesionales; han desaparecido agradables espacios urbanos y bonitas áreas libres y verdes, con la ignorante participación de organismos estatales; han, en el mejor de los casos, dejado pasar oportunidades de desarrollo urbano adecuado con el desperdicio y malversación de  ingentes inversiones públicas y privadas, previo desmantelamiento de los otrora institutos y organismos metropolitanos de planificación y nos han confiscado, malamente, buena parte de nuestras vidas, esto último ante la peor cara de idiotas que hayamos podido poner. Y entonces ¿de qué te quejas?

Así que la responsabilidad y sus nefastas consecuencias, es tuya, mía, nuestra. ¿Quién crees que debería ser tu próximo (a) alcalde (sa)? ¿El más simpático, el más agradable, el que habla bonito, el hijo de buena familia, el candidato de tal o cual partido? ¿El que te da la mano, te regala cositas? ¿El que te dice que va a trabajar en seguridad ciudadana o mejoramiento de infraestructura porque ha detectado que ese son los principales problemas de tu distrito? ¿El que hace gala de poder y relaciones porque está gastando un dineral en la campaña? ¿El que te dice del saque que va a poner 200 cámaras de seguridad y poner más centros comerciales? Bueno pues, éste último es el peor, porque quiere empezar con un plan concreto, alborotado e interesado, cuando no ha determinado la VISION DE CIUDAD QUE SE REQUIERE, NECESITAS Y DESEAS y que, además va a entrar a devolver favores con licencias mal dadas o entregar concesiones y licitaciones a quienes le pagan las campañas. Al decirte que ya sabe lo que tu quieres y necesitas es que, en verdad, no tiene la menor idea de lo que hay que hacer realmente. Ese otro regalón y paternalista no ve las horas de vaciarte las arcas para cobrarse la inversión realizada. Ese bien parecido y empático empleará los próximos cuatro años de gestión, si es que le alcanzan, en aprender cómo se hacen las cosas. ¿Y entonces? Déjame decirte que la capacidad no tiene sexo, imagen, ni viene, necesariamente, de “buena familia”, ni de partido político bien posicionado. ¿Por qué no empiezas por escuchar y leer propuestas antes que mirar y ayudar a reventarle cohetes a alguien, haciendo de tonto útil en millonarias campañas? ¿No hay propuesta serias? ¿No las han publicado? Bueno pues, ninguno de tus candidatos vale un carajo y lo mejor que podrías hacer, si fueras consecuente, si tienes conciencia y no te gusta vivir como un pobre diablo, es no ir a votar.

Algo tienes que hacer. Alzarse de hombros ahora y levantar banderitas y cartelitos de vez en cuando no resuelve nada. Los grandes problemas nacionales han llegado a ese nivel cuando no hemos sabido resolver sus inicios en nuestro propio barrio, en nuestros propios hogares. Revisa cómo vives, chequea si tus hijos tienen conciencia cívica, si tu familia maneja los conceptos de identidad ciudadana y respeto a los demás, asegúrate de que tus yernos y nueras merecen entrar a tu hogar, conversa con tus vecinos, hazles saber cómo te gusta vivir, intercambia ideas y sueños, no pierdas la esperanza, convéncete que nadie te va a regalar nada. Asegúrate de hacer lo correcto en tu trato cotidiano con los otros vecinos, con la infraestructura y mobiliario urbano existentes, con tu medio ambiente. Si haces todo eso para qué diablos vas a necesitar un mesías en la alcaldía, bastará con un gerente visionario y un excelente administrador. Porque la ciudad la decides tú. Ya no es hora de quejarse, es hora de hacer lo que debiste hacer desde el principio, el poder está en tu voto.



sábado, 16 de marzo de 2013

Déjame que te revoque limeña


Susana Villarán, nuestra alcaldesa de Lima Metropolitana, se parece bastante a las señoronas de principios del siglo 20; con sus faldas amplias, sus chompas de tonos pastel y sus bufandas al aire; la sonrisa permanente, como tatuada en el rostro y una mirada de ojos achinaditos, como diciendo: “No te preocupes hijo mío, se hace lo que se puede; te entiendo perrrrrfectamennnte, no todos podemos ser los mejores”; a lo que suma esos ademanes y movimientos,  tan cadenciosos como innecesarios, que nos recuerdan a las profesoras de los primeros años de primaria. Cuando en un acto de justicia (¿o broma?) divina se hace de la alcaldía provincial a fines del 2010, probablemente se juró ante el espejo que ahora sí había llegado la hora de enseñarle a todos estos nuevos limeñitos que se  puede vivir mejor, casi decentemente. Premunida de sus “cuadros e ideas socialistas”, la señora Villarán inició su reinado (perdón, su gestión) el 2 de Enero del 2011. Paralelamente y con una convicción de kamikaze inicia la andanada  de infelices declaraciones que la convierten en la  más seria candidata para el premio a “la antipática de la década” y lo hace, con total honestidad y un tremendo parecido a la inefable Susanita de Mafalda. Lo peor es que cuando empiezan los insultos y ataques personales  de buena parte de la ciudadanía, se inmola haciendo gala de una soberbia y testarudez insobornables, negándose a aceptar lo que se le venía y sin molestarse en corregir yerros. Y claro, terminar de conseguir las firmas necesarias para pedir su revocatoria ya se hizo, a partir de aquí, bastante fácil; hay que decir, sin embargo, que este proceso se había iniciado el mismo día que ganara las elecciones; por ese irrefrenable afán de hacerse notar había declarado que de todos modos investigaría, hasta las últimas consecuencias, a la gestión anterior. Habrase visto tamaño atrevimiento. De ahí a cometer error tras error, por novata, terca y soberbia, en sus actitudes, en sus actos y, principalmente, en sus entrevistas, se convierte en “la tía regia”, caviar, pituca y, por asociación, vaga irredenta; a lo que se añadieron su espíritu desenfadado y extremadamente liberal al tocar temas tabú, como el de las relaciones homosexuales, la prostitución, las drogas y similares, que terminaron por hacerla caer en desgracia. En sus primeros meses usó demasiado tiempo y recursos en temas banales, nada prioritarios y, sobre todo, que sacan roncha cuando se tocan tan abiertamente. Pero paralelamente y con más coraje que cualquiera de sus antecesores, se enfrentó también a la mafia del transporte, que son fuertes y bastantes; contra la mafia del mercado mayorista, que son menos pero con muchísimo más poder y dinero; contra las concesionarias caseritas de los faenones municipales y, si pues, se jodió ella sola. O sea, que además de antipática, esta pituca quería poner un estricto orden en la cancha, anular las repartijas, mochar las concesiones con nombre y apellido propios, sacar de circulación las cacharras contaminantes, usar correctamente los espacios públicos, corregir proyectos viales mal hechos, sin expediente técnico ni presupuesto, trabajar desde abajo el concepto de ciudadanía y hacer de la Costa Verde un malecón continuo para toda la población, sin mimos ni distingos, ocupándose además, pero esta vez muy en serio,  a costo real y sin metidas de mano, de la salud, la educación y la población menos favorecida. ¿Qué coooosa? ¿Está looooca? Fueeeera con ella.

Ahora bien, ¿quién inició la revocatoria y para qué? La revocatoria la inicia Solidaridad, no cabe duda, por temor y para chantajear a Villarán, amenazándola con sacarla si es que persistía en remover el pasado. La señora Villarán no se da por enterada y, por el contrario, se zurra en las amenazas y pisa acelerador a fondo con comisiones investigadoras y, sintiéndose fuerte, empieza a apoyar otras causas, que son ajenas a su quehacer, fuera de Lima incluso y que chocan con intereses más grandes y, hasta ahora sagrados: la minería. Guarda ahí, con eso nadie se mete. Se le advierte que recule, que no se meta en las ligas mayores y ella, antipática por naturaleza y terca por convicción, se niega. Bueno pues, se te advirtió dice el omnipotente, un nuevo jugador en la cancha: don Roque Benavides, que ofrece recompensa por la cabeza de la caviar. Con la inyección de capital fresco y ya sin límite, se arma el ataque final. ¿Qué pasa con las firmas Marco Tulio? Se me acabaron los fideos y las galletas. Bueno pues, acá están y me sacas las firmas que faltan para mañana mismo. Así que hoy te me paseas por el Presbítero Maestro copiando nombres y poniendo los números que se te ocurran y firmas con la izquierda o con la boca. Ya acabamos señor, pero se acaba de vencer el plazo y ya no nos van a recibir el último lote. ¿Qué cosa? Comunícame ahorita con el JNE y que me estiren el plazo. Listo el pollo. Ahora a esperar, porque la tía no tiene amigos, no tiene un sol y nosotros tenemos a todos los amigos de los medios para que se le peguen como lapa y no la dejen tocar ni un clip del municipio para defenderse. Señor disculpe, han empezado a plegarse a la causa de la tía varios empresarios independientes, partidos políticos y personalidades de todo tipo. ¿Qué cosa? Muy bien, falta plata, a ver qué se dice el congresista de a sol. Yo mismo soy señor, acá está la marmaja, pero eso sí, yo solito la manejo porque si tengo harta plata es porque nunca confío en nadie y menos en Marco Tulio. Y ahí empezó el descalabro, la campaña multimillonaria, cientos de miles de carteles, pulseras, vinchas, una pauta de spots televisivos que ya la quisiera alguna cervecería local, programadores y programas especiales para las redes sociales, digitadores a tiempo completo y más chivilines para los grandes periódicos, los programas de televisión, los conductores, entrevistadores, radios y taxistas preparados para servir a la causa del si señor. Cuánta plata, como para pagar a media docena de publicistas brasileros igual a Favre. Pero sobre todo, qué cochina la campaña de la desesperación para que la pituca no se salga con la suya.

Los últimos meses han sido para Lima de polarización total y si no fuera por los grandes beneficios que hemos recibido a raíz de ello, deberíamos estar vomitando todo el día de purito asco.  Primero: se ha demostrado hasta la saciedad que la institución de la revocatoria, como está, no solo no sirve si no que es tremendamente nefasta para una democracia que quiere vivir en paz. Segundo: se le han visto las enaguas a unos cuantos angurrientos que con cantos de sirena y regalos miserables, han convencido a un buen porcentaje de la población para que haga suya su absurda propuesta. Tercero: La clase política se ha alineado en dos bandos totalmente definidos: los que despotrican sin razón y quieren llevar agua a su molino, además de querer tapar los estropicios que quedaron en el camino y, por otro lado, quienes han pensado que el desorden y la bulla permanente nada bueno pueden traer a la ciudad y sí más bien pueden ganarse alguito poniéndose del lado de la razón y la lógica ciudadana. Cuarto: la exposición de motivos y el calateo de conciencias nos han mostrado nuevos y jóvenes líderes sociales y políticos que se han fogueado adecuadamente y están listos para batallas mayores y mejores. Quinto: la señora Villarán ha recibido una jalada de mechas, una cachetada de razonamiento obligado y una recargada de pilas que le servirán para culminar con buen pie y mucho tino los 21 meses de gobierno municipal que le quedan. Sexto: la confluencia de fuerzas alrededor de un objetivo común: preservar a la ciudad del maligno enemigo, nos deja como lección que una comunidad unida puede vencer cualquier obstáculo. La presencia de doña Lulú es muy especial y meritoria. Sétimo: por primera vez Lima cuenta con un proyecto de mediano y largo alcance, concertado y pre financiado para alcanzar el verdadero desarrollo integral de sus ciudadanos. Octavo: Se ha logrado que el vecino de a pie se interese en los temas municipales, en las autoridades elegidas y, sobre todo, ha tomado conciencia de que el verdadero poder (que pone y quita) cuando se ejerce escrupulosamente, con apoyo y fiscalización, puede lograr algo bueno: mejorar real y definitivamente la calidad de vida de una comunidad.

Damos por segura la victoria de la razón, del discernimiento desapasionado y de la lógica ciudadana, por lo tanto debería ganar mañana el NO por respetable margen. Esperemos que así sea y que la voluntad del voto no se pierda en las manos de los más de 30,000 personeros contratados por el sí, o  en las manos de los digitadores de los resultados oficiales de la ONPE. Como dijo un ex ministro fujimorista: “Que Dios nos ayude”.

jueves, 10 de enero de 2013

Arquitectura ¿para la Ciudad?

¿Hasta dónde puede intervenir la arquitectura, consciente o inconscientemente, en la modificación del hábitat del ser humano? ¿Qué pasa cuando las propuestas "arquitectónicamente correctas" obvian las expectativas, las necesidades y hasta las posibilidades de los propios ciudadanos? ¿Cuando se decide lo que conviene a los ciudadanos desde una óptica del mal entendido desarrollo paternalista y autoritario, sin consultar a los propios interesados? Bueno, lo que sucede gracias a estos deslices urbanísticos, es que la sociedad, el ciudadano, no disfruta su ciudad, no vive a gusto y se acuesta todos los días pensando en que le gustaría vivir en otra parte. ¿Es justo? Por favor. Los ciudadanos pagan las cuentas, pagan los errores y terminan pagando los excesos; es tiempo entonces de que empiecen a preocuparse ellos mismos de que cómo es que lo que debió de ser de una forma termina siendo de otra, incluso hasta opuesta. La organización municipal que tenemos en el Perú es buena. Las normas jurídicas que la enmarcan son aceptablemente buenas. Lo que no funciona son las personas que asumen el rol de autoridad y quienes teniendo a su cargo el papel de gestor del desarrollo comunitario se tornan en verdaderos cafichos del desarrollo urbanístico.
 
En Lima tenemos buenas facultades de Arquitectura, tenemos buenos profesionales también, ¿Y entonces? Ah, es que tenemos demasiados vivos que quieren lucrar con la arquitectura, que debiendo estar al servicio de la ciudad y los ciudadanos, se ha puesto al servicio leal e insobornable de los intereses de las grandes empresas de la construcción masiva, de los reyes de la publicidad exterior, de los contratistas del cemento arrollador, de las concesiones de infraestructura con modificación y "remodelación" incluida. Oiga, esa es una acusación muy seria, espero que tenga usted alguna prueba escrita para presentar. Mire usted, lo que es pruebas escritas no tengo, difícil que alguien sea tan baboso de firmar un contrato con un tercero para levantarse a la ciudad. Lo que puedo ofrecer son muestras, vivitas ellas, actuales ellas, de lo que está pasando en nuestra ciudad. ¿Quién le ha dicho algo, por ejemplo, al señor alcalde de Chorrillos, que tiene su edad y la mía sumadas, como primera autoridad del otrora magnífico distrito del litoral, sobre sus malecones, pérgolas, puentes, monumentos, verjas, maceteros y otras afrentas más, que en verdad carecen de buen gusto y constituyen la peor forma de mostrar que economicamente nos va bien? ¿Quién le ha dicho al alcalde de Jesús María, que sus casetas de serenazgo son de pésimo gusto, no cumplen en lo mínimo con la función que deberían realizar y cuya única virtud podría ser que su pesadez visual sea lo suficientemente distractiva y disuasiva de la acción delincuencial en el distrito? ¿Quién le ha dicho al alcalde de Magdalena del Mar, que los innumerables homenajes a Babel que ha permitido y sigue permitiendo dentro del distrito, otrora zona residencial de densidad media y dentro de poco una foto panorámica de ciudad hindú, estaban fuera de toda lógica, humana y urbanística, dadas las funestas consecuencias en la calidad de vida de los ciudadanos para los próximos 5 ó 6 años? ¿Quién le ha dicho algo a todos los alcaldes de Lima que han permitido la colocación, con secuestro y martirio del paisaje urbano, de tremendos armatostes metálicos, cuando no de las omnipresentes vallas metálicas adosadas a las paredes, que muestran la colita de una modelo, las piernas de un jugador de futbol o la sonrisa de mamá, aún a sabiendas que por ordenanza metropolitana eso estaba prohibido?
 
Pero no sea mala leche oiga usted, ¿qué tienen que ver la arquitectura y los arquitectos con tremendos despropósitos urbanos, negociados nauseabundos y arreglos bajo la mesa y en efectivo? Buena pregunta y ahí va la respuesta. Nada de lo que se haga dentro de un entorno urbano se hace sin el consentimiento de la autoridad municipal. El mismo que parte de una respuesta directa y colegiada de un grupo de arquitectos que aprueba o desaprueba, por norma y responsabilidad, desde la modificación de una fachada particular, hasta el diseño de un inmenso paso elevado, pasando por el parquecito, el jardincito de aislamiento, el tipo de árboles que corresponde, toda la publicidad exterior y  lo que tenga que ver con el ornato, el equipamiento urbano de la ciudad y hasta los colores que se permiten en las áreas monumentales. Entonces, el que haya buenos ejemplos de arquitectura urbana en reducidísimas y exclusivas áreas de nuestra ciudad, no exime de responsabilidad a los arquitectos y su quehacer, de los grandes asesinatos y hasta suicidos que se vienen cometiendo en el 90 % restante de la ciudad. ¿Se ha planteado el Colegio de Arquitectos la tarea de revisar lo que está pasando en nuestra ciudad? ¿Es consciente el ente institucional de tamaña responsabilidad que le compete? Sinceramente, creo que no. Ojo que la desidia puede que no sea un delito penal, pero sí es un delito moral.