domingo, 19 de abril de 2015

¿Feliz 180° Aniversario? ciudad de Chiclayo.


Hay fechas que son importantes, por celebratorias, conmemorativas, pero además, porque son ideales para enderezar rutas y marcar un nuevo punto de partida hacia el verdadero desarrollo. La ciudad de Chiclayo, a pesar de las atrocidades y robos cometidos en su contra, sigue ahí; con algunas zonas, muy pocas, tratadas con esmero y cuidado y, gran parte, abandonadas a su suerte, cuando no, saqueadas impunemente. Lo que antes fue una hermosa y cálida ciudad, se ha convertido en una urbe desorganizada, sin autoridad ni  nadie, serio y profesional, que se quiera hacer cargo responsablemente. Seguimos echándole la culpa a los que han venido de afuera, pero hasta ahora no hemos hecho nada por integrarlos a nuestros grupos sociales, a nuestra comunidad urbana. Tenemos dos  o tres Chiclayos dentro de nuestra ciudad y, así, no llegamos a ninguna parte. Tal vez, las camionetazas que circulan raudas por las estrechas y cortísimas calles de la ciudad, evitando a los ticos y mototaxis, nos den una idea plena de esas tremendas diferencias que muy pocos aceptan. Una vez escuche decir en Chiclayo: ¿Y qué culpa tengo yo de que los CHOLONES no tengan la plata que yo tengo? Sí, pues, nadie va a querer reconocerlo, pero el principal problema de Chiclayo es socio-económico. Los números no engañan. Si el 5 % de la población se encuentra en la cúspide de la escala de ingresos y un 25 % más, está cerca, entonces tenemos un 70 % que ha de vivir renegando, no solo por las innecesarias demostraciones de riqueza económica y con ello abusos de poder que día a día les restriegan en la cara, sino porque no tiene alternativa de desarrollo y porque se les quiere imponer normas de vida urbana que ellos no consideran importantes. Si no me alcanza para comer qué diablos me puede importar manejar con cuidado mi combi, mi tico o mi mototaxi ¿si así no logro ganarme a los pasajeros? Yo preguntaría, además, ¿qué empresario o concesionario les ha fiado los benditos vehículos? Los señores comerciantes informales que ocupan las calles no son más que ejércitos de comisionistas de fabricantes y grandes distribuidores, que les entregan la mercadería con la condición de que la vendan rápido. Sin embargo, lo peor que le ha pasado a la comunidad chiclayana, en estas últimas décadas, ha sido la corrupción desfachatada, la coima enseñoreada, el diezmo oficializado y, con pena lo digo, la estupidez ciudadana institucionalizada.

Me encantaría equivocarme y verme obligado a pedir perdón, si fuera necesario, pero debo decir que el señor alcalde en ejercicio, David Cornejo Chinguel, no tiene las mínimas condiciones, personales, académicas ni técnicas, para sacar a la ciudad de Chiclayo de este profundo hoyo en que se encuentra. Yo le rogaría, que al menos, no robe, no acepte favores personales y que proponga la formación de un Patronato de Chiclayo para que lo ayude a cumplir con tan seria responsabilidad. Apelo a su buen juicio. No crea en algunos de sus asesores personales, esos que le hicieron creer que usted era el mejor, que precisamente por eso no son nada confiables, porque tal vez están esperando algún descuido de su parte para levantarse importantes cantidades presupuestales.

Pero Chiclayo tiene los mejores recursos naturales, la mejor gastronomía, los mejores y más completos vestigios arqueológicos, que los piuranos y trujillanos miran con recelo y envidia, ¿entonces qué pasó? Nuestro problema es de capital humano en el ejercicio del poder. Lo contradictorio es que Chiclayo cuenta con gente capaz dentro y fuera, con chiclayanos que aman su ciudad y harían cualquier cosa por ella. Pero la política, o en lo que actualmente se ha convertido, les apesta sobremanera. Tiene que haber alguna forma de sentarse a discutir sobre la ciudad, sobre lo que se debe hacer y sobre lo que jamás debería hacerse, pero sobre todo, en qué clase de ciudad queremos dejarle a nuestros hijos.

Un fuerte abrazo para todos mis paisanos, desde lo más profundo de mi ser y con él mis plegarias para que, por fin, empecemos a llamar a las cosas por su nombre y a atacar los problemas en forma directa. FELIZ 180° ANIVERSARIO mi querido Chiclayo.

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