Si en tu distrito empiezan a romper veredas y pistas, colocar macetones, bancas y papeleras, todo junto, con poquísimo personal, que trabaja en forma desganada, sin control ni supervisión, es que ya está llegando Diciembre. Y sí pues, cada año, con un empeño de mejores causas, casi todas las municipalidades se dedican a hacer obras de último momento, obras que no estarán bien hechas, que algunas se volverán a hacer por necesidad, obras que serán paralizadas por las fiestas, que se pasarán el verano inconclusas y que. con la ayuda de Dios, se terminarán cualquier mes del próximo año. ¿Por qué pasa esto? Por dos razones principales y muchas otras más, tan incomprensibles como las principales: 1. Se necesita "cumplir" con lo programado, ó 2. Se necesitan tapar huecos presupuestarios. En buen castellano: no hicimos bien la programación, usamos mal el dinero, gastando en cosas que no estaban presupuestadas y con lo que entra a última hora, de las campañas de amnistía, programamos obras de emergencia para lograr que los números cuadren: Vamos a ver: una cuadrilla de 6 obreros, más material, para tal obrita, cuestan como 10, pasamos el presupuesto de la obra por 15 y con esos 5 adicionales cubrimos el exceso que nos costó realizar la obrita anterior, o también, (no acuso, sólo menciono): Huy, me sobraron 5, véngase pal´bolsillo. Sí pues, no es correcto que esto suceda. Pero nadie lo prohíbe, en ninguna parte de la abundante normatividad esa indebida práctica aparece como pasible de sanción, entonces se hace porque se puede, porque nadie me va a decir nada y porque además me resuelve problemas. ¿Que no se puede hacer nada al respecto, habida cuenta que lo mencionado sucede justo coincidentemente con las fiestas de fin de año, con lo ajustado del tiempo con el que contamos para movilizarnos entre calles bloqueadas, rumas de materiales, desvíos obligados y demás? Sí, claro que sí. Deberían pronunciarse las directivas de las Juntas Vecinales, pero que lamentablemente, pareciera que han confundido las funciones de representación de los vecinos de su sector, con los vítores y aplausos a la administración de la que alguna forma de retribución personalizada deben recibir. Está también el Concejo de Regidores que se supone fiscaliza la labor ejecutiva de la administración, como representantes directos de los vecinos, pero que también parecen haber hipotecado sus funciones, acuerdos y resoluciones a cambio de un dejar hacer, dejar pasar, permanente. Está por último la Oficina de Control Interno, que ante tan evidentes indicios de praxis indebida debería actuar de oficio, pero al parecer tampoco actúa porque no se ha solucionado el tema de qué institución es la que debería abonar sus haberes, que al parecer y hasta la fecha, lo sigue haciendo la propia administración y, franco, que es bien difícil morder la mano del que te sirve la mesa. Y, antes de que me demanden pregunto, si no fuera así, entonces, ¿por qué no se hacen las denuncias respectivas, o al menos, se inician las indagaciones respectivas?
martes, 29 de diciembre de 2020
El Cierre de Año Municipal
Pero, finalmente, como siempre, yo responsabilizo a los propios ciudadanos, desde su mala elección municipal, su falta de interés por ver, conocer y fiscalizar todo lo que hace la administración de turno, considerando que lo que está en juego no es poca cosa: nada menos que la posibilidad de vivir bien, pagando lo justo y con el manejo correcto del dinero recaudado, que es el suyo propio.
martes, 14 de julio de 2020
RENOVACIÓN URBANA Y COMUNIDADES CIUDADANAS.
Las ciudades, como todo organismo vivo, sufren con el transcurrir del tiempo, procesos naturales de envejecimiento, de deterioro, que en el caso concreto de los centros urbanos, se ven agravados por la inconveniente o total ausencia de planificación, o porque no cuentan con el apoyo oficial, ni con el debido ordenamiento ni saneamiento, originando verdaderos focos infecciones de inhabitabilidad y, con ello, la desvalorización del suelo que ocupan y el de las áreas circundantes. Se hace inevitable, entonces, una intervención, la realización de un proceso de renovación urbana, que no es otra cosa, que devolverle a la zona en conflicto y a la ciudad en general, la salud urbana que se requiere para el desarrollo de la comunidad en ella instalada. Hasta aquí, todo bien. Lo malo del asunto es que cuando lo que mueve u origina esa intervención es un objetivo de mera rentabilidad del suelo y de una desmedida explotación inmobiliaria, muy al margen de las necesidades e intereses ciudadanos, se produce, entonces, a despecho de las grandes mejoras en infraestructura y mobiliario urbanos que se pudieran lograr, la deshumanización de las ciudades.
En el crecimiento de nuestras ciudades, se producen algunos procesos de ocupación del suelo, no por comunes, los más adecuados. Las clases de mejor condición económica, abandonan, paulatinamente, los centros originales y se retiran a zonas de expansión, no siempre correctamente planificadas, pero que les brindan un aparente mejor status, mediante la exclusividad y la autosegregación lo que deviene en la sobre explotación comercial de las zonas abandonadas hasta convertirlas en territorio libre para actividades y usos ya no de sana convivencia permanente, sino de disfrute temporal, con el inminente colapso de los servicios básicos y la desaparición paulatina de los complementarios. Por falta de recursos propios o por la indiferencia oficial, dichas zonas se convierten, a la larga, en peligrosos hacinamientos humanos. Esta es una enfermedad urbana universal cuyo remedio, mediante las intervenciones urbanas que en el nombre de la renovación se han llevado a cabo, han tenido casi siempre, pésimos resultados,
Se ha popularizado un proceso de intervención urbana denominado GENTRIFICACIÓN, que aunque recupera las zonas deterioradas, genera el desplazamiento de casi todas las comunidades ciudadanas que originalmente ocupaban dichas zonas. Nuevos locales comerciales, más amplios, con uso, por extensión, de amplios espacios públicos, antes negados, unidades de vivienda que se convierten en departamentos de alquiler, alza indiscriminada en los alquileres de viviendas y locales comerciales, con formas de vida desaprensiva, que dejan de lado costumbres y patrones de vida existentes, lo que genera, a la larga, el éxodo de comunidades enteras que no comparten las nuevas formas y estilos de vida de pronto, imperantes. Logra sí, la revalorización del suelo, mediante la atracción de poblaciones flotantes, sin arraigo, que buscan la novedad y que con la billetera llena y el espíritu aventurero y ávido de diversión, se van apropiando de dichas zonas, empujando a las comunidades originales a zonas alejadas, creando serios problemas a las familias desplazadas, cuyos centros de trabajo, de estudio, de recreación ya no podrán ser los mismos y si es que en casos puntuales, los pudieran conservar, los costos de movilización, en tiempo y dinero, perjudicarían los presupuestos y las estructuras familiares y dicha comunidad desplazada, inicialmente organizada y compacta, termina degradándose, hasta su inevitable desaparición.
¿Qué se puede hacer?
En realidad, bastante. Pero la solución pasa por la intervención de todos los estratos de gobierno, desde el central, mediante el diseño y la aplicación de una política nacional de desarrollo urbano que contemple la realización de proyectos de renovación urbana con el objetivo único y excluyente de mejorar permanentemente la calidad de vida de cada familia y su entorno y no dejar su permanencia, desarrollo y seguridad, en manos del mercado inmobiliario y las financieras expertas en la especulación y la explotación rentista de los terrenos; también de los gobiernos locales, mediante el diseño y adopción de políticas restrictivas en el uso y explotación de su territorio, en la creación de bancos de proyectos de desarrollo gratuitos de las unidades de vivienda y la creación de fuentes directas, no usureras, de la financiación del crecimiento de dichas viviendas y la expansión de sus zonas urbanas.
Difícil tarea, habida cuenta que jamás se ha tomado en serio lo del derecho constitucional a la vivienda digna para cada ciudadano y su familia, debido también, a la existencia de un corrupto sistema de cambios de zonificación municipal con beneficiario exclusivo y generoso en la tramitación y la existencia de una Ley Orgánica de Municipalidades que en lugar de potenciar habilidades de autoridades y funcionarios, lo que promueve es el abuso y la corrupción.
Pero hay un actor protagónico que se mantiene, por ignorancia o desidia, al margen de lo que se hace y deshace en este campo, el ciudadano mismo, que desconociendo sus derechos permite, con su silencio cómplice, las tropelías y evidentes abusos que en nombre de la recuperación de las ciudades se cometen a diario en todo el país.
En el crecimiento de nuestras ciudades, se producen algunos procesos de ocupación del suelo, no por comunes, los más adecuados. Las clases de mejor condición económica, abandonan, paulatinamente, los centros originales y se retiran a zonas de expansión, no siempre correctamente planificadas, pero que les brindan un aparente mejor status, mediante la exclusividad y la autosegregación lo que deviene en la sobre explotación comercial de las zonas abandonadas hasta convertirlas en territorio libre para actividades y usos ya no de sana convivencia permanente, sino de disfrute temporal, con el inminente colapso de los servicios básicos y la desaparición paulatina de los complementarios. Por falta de recursos propios o por la indiferencia oficial, dichas zonas se convierten, a la larga, en peligrosos hacinamientos humanos. Esta es una enfermedad urbana universal cuyo remedio, mediante las intervenciones urbanas que en el nombre de la renovación se han llevado a cabo, han tenido casi siempre, pésimos resultados,
Se ha popularizado un proceso de intervención urbana denominado GENTRIFICACIÓN, que aunque recupera las zonas deterioradas, genera el desplazamiento de casi todas las comunidades ciudadanas que originalmente ocupaban dichas zonas. Nuevos locales comerciales, más amplios, con uso, por extensión, de amplios espacios públicos, antes negados, unidades de vivienda que se convierten en departamentos de alquiler, alza indiscriminada en los alquileres de viviendas y locales comerciales, con formas de vida desaprensiva, que dejan de lado costumbres y patrones de vida existentes, lo que genera, a la larga, el éxodo de comunidades enteras que no comparten las nuevas formas y estilos de vida de pronto, imperantes. Logra sí, la revalorización del suelo, mediante la atracción de poblaciones flotantes, sin arraigo, que buscan la novedad y que con la billetera llena y el espíritu aventurero y ávido de diversión, se van apropiando de dichas zonas, empujando a las comunidades originales a zonas alejadas, creando serios problemas a las familias desplazadas, cuyos centros de trabajo, de estudio, de recreación ya no podrán ser los mismos y si es que en casos puntuales, los pudieran conservar, los costos de movilización, en tiempo y dinero, perjudicarían los presupuestos y las estructuras familiares y dicha comunidad desplazada, inicialmente organizada y compacta, termina degradándose, hasta su inevitable desaparición.
¿Qué se puede hacer?
En realidad, bastante. Pero la solución pasa por la intervención de todos los estratos de gobierno, desde el central, mediante el diseño y la aplicación de una política nacional de desarrollo urbano que contemple la realización de proyectos de renovación urbana con el objetivo único y excluyente de mejorar permanentemente la calidad de vida de cada familia y su entorno y no dejar su permanencia, desarrollo y seguridad, en manos del mercado inmobiliario y las financieras expertas en la especulación y la explotación rentista de los terrenos; también de los gobiernos locales, mediante el diseño y adopción de políticas restrictivas en el uso y explotación de su territorio, en la creación de bancos de proyectos de desarrollo gratuitos de las unidades de vivienda y la creación de fuentes directas, no usureras, de la financiación del crecimiento de dichas viviendas y la expansión de sus zonas urbanas.
Difícil tarea, habida cuenta que jamás se ha tomado en serio lo del derecho constitucional a la vivienda digna para cada ciudadano y su familia, debido también, a la existencia de un corrupto sistema de cambios de zonificación municipal con beneficiario exclusivo y generoso en la tramitación y la existencia de una Ley Orgánica de Municipalidades que en lugar de potenciar habilidades de autoridades y funcionarios, lo que promueve es el abuso y la corrupción.
Pero hay un actor protagónico que se mantiene, por ignorancia o desidia, al margen de lo que se hace y deshace en este campo, el ciudadano mismo, que desconociendo sus derechos permite, con su silencio cómplice, las tropelías y evidentes abusos que en nombre de la recuperación de las ciudades se cometen a diario en todo el país.
sábado, 11 de julio de 2020
LA OBRA LIMEÑA PROMETIDA PARA CONMEMORAR EL BICENTENARIO.
Se anuncia la construcción de un parque en los acantilados de Armendáriz, del distrito de Miraflores, como obra conmemorativa del Bicentenario de nuestra independencia nacional. Es una obra llamativa, con una ubicación envidiable, sobre un área de 30,000 mt2. Esa obra, que le costará 22 millones de soles al presupuesto nacional, porque el ejecutivo ha decidido financiarla por completo, pareciera, más bien, la culminación, en pleno acantilado, de los proyectos inmobiliarios de la zona miraflorina, o la nueva y atractiva terraza del gran centro comercial Larcomar, espacios a los que la mayoría de los vecinos de la gran Lima no tienen acceso directo y hasta, pareciera, este es un tanto restringido. ¿Era lo que nos esperábamos?
Suponíamos que de lo que se trataba era de materializar una gran obra que sirviera a la ciudad capital, como ícono urbano, con una ubicación de fácil e irrestricto acceso, en cristiano, para ser disfrutada por "toda" la población de Lima sin excepciones y que además sirviera para mejorar sustancialmente la infraestructura y mobiliario urbano de alguna zona representativa de la ciudad.
Suponíamos que se le iba a meter fuerza y dinero, por ejemplo, a la gran obra, tristemente inconclusa, de la Costa Verde, que constituye la continuidad ribereña más grande de latinoamérica, que va desde Chorrillos hasta el Callao, uniendo y dando privilegiada vista y acceso marinos a numeroso distritos en su recorrido, que comprende malecones, puentes, escaleras, atractivo mobiliario urbano y que ha sido ninguneada y maltratada por el anterior alcalde metropolitano y que, valgan verdades, hubiera sido la mejor inversión para toda la ciudad.
Suponíamos también que podía haber sido la ejecución de ese gran proyecto del Parque Rímac o Río Verde, que une la Lima antigua con el Callao, recuperando nuestro río en su integridad y brindando una increíble extensión de espectaculares espacios públicos para toda la población de Lima, además de mejorar ostensiblemente la infraestructura de actuales nudos viales y que contemplaba, incluso, el no desplazamiento de comunidades previamente asentadas dentro de sus límites.
Suponíamos, finalmente, que la obra bicentenaria iba a ser el Gran Parque del distrito de Pueblo Libre que implicaba la revalorización de los espacios urbanos que habitaron los libertadores San Martín y Bolívar que hicieron posible nuestra independencia, además de la puesta en valor de museos, archivos históricos y grandes áreas verdes comprendidos dentro del área señalada que es de fácil acceso para toda la población.
Resulta, sin embargo, que se privilegió la construcción de un proyecto ubicado en un distrito denominado de clase alta, proyecto del que no se puede ningunear su calidad arquitectónica y urbanística, pero que no representa a la ciudad, ni a los limeños ni a nuestra historia.
Si el ejecutivo quería darle una manito a la revalorización y reposicionamiento post pandemia, de esas multimillonarias inversiones, inmobiliarias y comerciales en buena hora. Lo que no se debió hacer es presentarlo como la gran obra que la ciudad de Lima ofrece para conmemorar el Bicentenario. Claro que es muy necesaria la labor de estabilización de los acantilados de Miraflores, pensando sobre todo en que todavía está pendiente el proyecto de un gran hotel de lujo en medio del mismo acantilado, pero no se necesitaba la excusa de una obra bicentenaria para "colaborarle" al municipio de Miraflores con ese trabajito de refuerzo estructural.
Como fuera, a un año exacto de nuestra gran celebraciòn ya está todo decidido, con una aparente eficiencia y rapidez que hubiéramos agradecido se dieran con otros grandes proyectos. ¿Este proyecto fue sugerido y aprobado por la presidencia de la República, por el ministerio de vivienda, por la alcaldía metropolitana? Probablemente haya sido con la sugerencia de unos y la anuencia de los otros. Como dato curioso hay que señalar que la dupla de los señores Muñoz/Romero que ejercieron la alcaldía de Miraflores en el anterior período municipal, hoy ocupan la alcaldía metropolitana.
Suponíamos que de lo que se trataba era de materializar una gran obra que sirviera a la ciudad capital, como ícono urbano, con una ubicación de fácil e irrestricto acceso, en cristiano, para ser disfrutada por "toda" la población de Lima sin excepciones y que además sirviera para mejorar sustancialmente la infraestructura y mobiliario urbano de alguna zona representativa de la ciudad.
Suponíamos que se le iba a meter fuerza y dinero, por ejemplo, a la gran obra, tristemente inconclusa, de la Costa Verde, que constituye la continuidad ribereña más grande de latinoamérica, que va desde Chorrillos hasta el Callao, uniendo y dando privilegiada vista y acceso marinos a numeroso distritos en su recorrido, que comprende malecones, puentes, escaleras, atractivo mobiliario urbano y que ha sido ninguneada y maltratada por el anterior alcalde metropolitano y que, valgan verdades, hubiera sido la mejor inversión para toda la ciudad.
Suponíamos también que podía haber sido la ejecución de ese gran proyecto del Parque Rímac o Río Verde, que une la Lima antigua con el Callao, recuperando nuestro río en su integridad y brindando una increíble extensión de espectaculares espacios públicos para toda la población de Lima, además de mejorar ostensiblemente la infraestructura de actuales nudos viales y que contemplaba, incluso, el no desplazamiento de comunidades previamente asentadas dentro de sus límites.
Suponíamos, finalmente, que la obra bicentenaria iba a ser el Gran Parque del distrito de Pueblo Libre que implicaba la revalorización de los espacios urbanos que habitaron los libertadores San Martín y Bolívar que hicieron posible nuestra independencia, además de la puesta en valor de museos, archivos históricos y grandes áreas verdes comprendidos dentro del área señalada que es de fácil acceso para toda la población.
Resulta, sin embargo, que se privilegió la construcción de un proyecto ubicado en un distrito denominado de clase alta, proyecto del que no se puede ningunear su calidad arquitectónica y urbanística, pero que no representa a la ciudad, ni a los limeños ni a nuestra historia.
Si el ejecutivo quería darle una manito a la revalorización y reposicionamiento post pandemia, de esas multimillonarias inversiones, inmobiliarias y comerciales en buena hora. Lo que no se debió hacer es presentarlo como la gran obra que la ciudad de Lima ofrece para conmemorar el Bicentenario. Claro que es muy necesaria la labor de estabilización de los acantilados de Miraflores, pensando sobre todo en que todavía está pendiente el proyecto de un gran hotel de lujo en medio del mismo acantilado, pero no se necesitaba la excusa de una obra bicentenaria para "colaborarle" al municipio de Miraflores con ese trabajito de refuerzo estructural.
Como fuera, a un año exacto de nuestra gran celebraciòn ya está todo decidido, con una aparente eficiencia y rapidez que hubiéramos agradecido se dieran con otros grandes proyectos. ¿Este proyecto fue sugerido y aprobado por la presidencia de la República, por el ministerio de vivienda, por la alcaldía metropolitana? Probablemente haya sido con la sugerencia de unos y la anuencia de los otros. Como dato curioso hay que señalar que la dupla de los señores Muñoz/Romero que ejercieron la alcaldía de Miraflores en el anterior período municipal, hoy ocupan la alcaldía metropolitana.
lunes, 8 de junio de 2020
ARQUITECTURA Y CIUDAD: ARQUITECTOS Y CIUDADANOS.
La Arquitectura, al margen de su oficio, tiene una responsabilidad para con el espacio físico sobre el que interviene y para con su entorno, el próximo y el remoto, es decir, con la ciudad entera en que se desarrolla. Los arquitectos, autores, ejecutores y responsables de los proyectos, tienen la capacidad de enriquecer o envilecer la trama urbana existente con sus intervenciones. De ahí la necesidad perentoria de establecer un perfecto equilibrio entre lo que los clientes (ciudadanos/aparato público) desean, contratan y pueden financiar y lo que los arquitectos responsables saben que se puede y debe hacer, así como lo que no se debería, en determinado espacio urbano. Durante décadas hemos asistido al empobrecimiento, cuando no destrucción, de determinados escenarios urbanos por ayudar a concretar proyectos meramente personalistas e indebidos, que terminan como retazos en edredón de abuela, en flagrante atentado contra la ciudad. Cuando se busca perennizar egocentrismos particulares, sean privados o públicos, lo que se está haciendo es destruir a la ciudad y su unidad urbana, restarle su identidad y eliminar su sentido de pertenencia. Cuando en las facultades de arquitectura se enseña y forma a futuros profesionales con el objetivo, único y excluyente de satisfacer al cliente por sobre todas las cosas, lo único que se logra con esa aberrante práctica del todo vale, es convertir a la ciudad en un campo de batalla de egos y billeteras, por eso Lima está repleta de pésimos ejemplos. Cuando los proyectistas se limitan a ser receptores de caprichos, excentricidades y huachaferías de sus clientes contratantes, están perpetrando un lamentable urbanicidio, cometido con alevosía y ventaja. Ahora bien, ese desatino se origina en el cliente, continúa con el proyectista y es avalado por las entidades rectoras de las ciudades, que son los colegios profesionales, a través de sus comisiones revisoras de proyectos y las autoridades municipales, a través de sus funcionarios, que emiten las licencias respectivas. En el crecimiento, porque no se puede hablar de desarrollo, de nuestras ciudades, hemos llegado a un punto perverso de que lo que no se debe hacer, termina haciéndose, sobre o bajo la mesa. Y es aquí, en donde la corrupción causa un daño irreparable. Calles estrechas que en ambos frentes exhiben edificios de 10 a 14 pisos, cuando los parámetros urbanísticos dicen que no deberían ser más de 4 pisos de altura, no sólo generan un horroroso entorno urbano, sino un tremendo daño a la habitabilidad de las ciudades. Fachadas con una pobreza arquitectónica evidente, calcos de espacios urbanos extranjeros, apropiados para otros climas, otras realidades, metidos con calzador en las tramas urbanas locales, son parte de los "errores" que a diario se cometen en nuestras ciudades. Enormes e importantes edificios públicos con claras e indelebles marcas personales de las autoridades de turno contratantes; diseño y construcción de parques y otros espacios, con evidentes guiños de esperpénticos gustos, pero que constituyen el deseo expreso y la orden directa de quienes otorgaron la buena pro para la licitación del proyecto y la obra, son cosas de todos los días dentro de nuestras ciudades.
Ahora bien, lo mencionado corresponde al nivel formal de las actividades y concreciones ciudadanas, pero existe, inevitablemente, un amplio escenario informal, representado por las invasiones, las auto construcciones y las apropiaciones, pero en ambas realidades, formales e informales, hay responsabilidad directa e innegable de los arquitectos.
La ciudad, en su mejor acepción, no es más que el reflejo fiel de una determinada sociedad y su época, la calidad de su interpretación corresponde a los arquitectos y a las autoridades rectoras de la misma. Ante autoridades débiles, ignorantes, corruptas, o, lo que es peor, todo ello junto, es al arquitecto proyectista a quien le toca defender a la ciudad. Podría pensarse que son los ciudadanos contratantes o las autoridades coludidas, los principales responsables de una ciudad decadente, pero no es así. Todo lo que se hace o deja de hacer en una ciudad es por la anuencia, indiferencia, o ausencia de un arquitecto responsable. Y es que ésa es su verdadera función social. El ciudadano, por otro lado, tiene necesidades, deseos, sueños.pero carece de capacidades proyectuales y de la visión requerida para que lo que quiera se diseñe y construya sobre el lote de su propiedad, lejos de alterar, contribuya al enriquecimiento de su entorno urbano, su ciudad.
El quehacer de la Arquitectura, la formación de los arquitectos y la función de las autoridades rectoras creo que deberían entrar en una exhaustiva revisión. No contamos, por otro lado, con la tan necesaria Planificación Urbana, una adecuada y justa Política Nacional de Vivienda y una competente y eficiente Gerencia Municipal de las ciudades, contamos, sí, con tremendos vacíos legales y con excesivas directivas populistas en el marco normativo. Si queremos ciudades con una adecuado nivel de calidad de vida tenemos que empezar a detectar el origen de las fallas, a llamar a las cosas por su nombre y a rectificar o mejorar lo que fuera necesario. Y sí, la creación y desarrollo de las ciudades, las mismas que disfrutan y mantienen los ciudadanos con sus tributos, son de entera responsabilidad de la Arquitectura y de los arquitectos.
Ahora bien, lo mencionado corresponde al nivel formal de las actividades y concreciones ciudadanas, pero existe, inevitablemente, un amplio escenario informal, representado por las invasiones, las auto construcciones y las apropiaciones, pero en ambas realidades, formales e informales, hay responsabilidad directa e innegable de los arquitectos.
La ciudad, en su mejor acepción, no es más que el reflejo fiel de una determinada sociedad y su época, la calidad de su interpretación corresponde a los arquitectos y a las autoridades rectoras de la misma. Ante autoridades débiles, ignorantes, corruptas, o, lo que es peor, todo ello junto, es al arquitecto proyectista a quien le toca defender a la ciudad. Podría pensarse que son los ciudadanos contratantes o las autoridades coludidas, los principales responsables de una ciudad decadente, pero no es así. Todo lo que se hace o deja de hacer en una ciudad es por la anuencia, indiferencia, o ausencia de un arquitecto responsable. Y es que ésa es su verdadera función social. El ciudadano, por otro lado, tiene necesidades, deseos, sueños.pero carece de capacidades proyectuales y de la visión requerida para que lo que quiera se diseñe y construya sobre el lote de su propiedad, lejos de alterar, contribuya al enriquecimiento de su entorno urbano, su ciudad.
El quehacer de la Arquitectura, la formación de los arquitectos y la función de las autoridades rectoras creo que deberían entrar en una exhaustiva revisión. No contamos, por otro lado, con la tan necesaria Planificación Urbana, una adecuada y justa Política Nacional de Vivienda y una competente y eficiente Gerencia Municipal de las ciudades, contamos, sí, con tremendos vacíos legales y con excesivas directivas populistas en el marco normativo. Si queremos ciudades con una adecuado nivel de calidad de vida tenemos que empezar a detectar el origen de las fallas, a llamar a las cosas por su nombre y a rectificar o mejorar lo que fuera necesario. Y sí, la creación y desarrollo de las ciudades, las mismas que disfrutan y mantienen los ciudadanos con sus tributos, son de entera responsabilidad de la Arquitectura y de los arquitectos.
miércoles, 29 de abril de 2020
LOS PERUANOS NO SOMOS IMBÉCILES, SEÑOR PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA
Hoy 29
de Abril 2020, se vencía el plazo para que el ejecutivo promulgara u observara,
en definitiva, la ley elaborada en el congreso que autorizaba el retiro de
hasta el 25 % de los fondos de los aportantes a las AFP del país. Ha esperado
usted hasta el último día, señor presidente para, en un acto vergonzoso,
confirmara lo que la mayoría sospechábamos: usted no iba a aprobarla. El
argumento de: estamos cuidando tu fondo para que cuando seas viejito tengas una
pensión mensual DIGNA y puedas valerte por tu propio dinero sin ser una carga
para nadie, no es más que una ridícula mentira, elaborada por los que no
quieren devolver el dinero ajeno. Vamos a ver, el dinero que todos los
trabajadores dependientes depositaron, por obligación, en ese hoyo negro que es la voracidad de
los grupos económicos de siempre, que son dueños de todo, tenía como objetivo
ser el sustento de las personas ya jubiladas, sin posibilidad de generar nuevos
recursos, para que tuvieran un retiro digno y pudieran suplir todas sus
necesidades personales.
Una de las características principales del fondo de AFP es que era privado, muy personal y, es justamente por ello, que debería estar a entera disposición de los aportantes. La permanencia de ese dinero dentro de las AFP no genera intereses en beneficio del aportante, salvo las utilidades que generara al participar en esa otra invención especulativa y peligrosísima, que constituyen las bolsas de valores y los bonos con pago diferido. Lo curioso del tema es que esas jugadas de compra y venta de acciones/valores/bonos y otros papeles especulativos, normalmente generan pérdidas para los inversionistas pequeños y se manejan al antojo y beneficio de los grandes grupos económicos. Por ejemplo, estos 5 años consecutivos ganas alguito pero los próximos 10 años pierdes todito eso y más. Los estados de cuenta de cualesquier aportante así lo rebelan, pero, oh sorpresa, las AFP, en sus más de 25 años de accionar (no me atrevo a poner “robar”) en el país, se han repartido “utilidades” de cientos de millones de soles anuales entre accionistas y toda su fauna de adláteres, con migajas para el aportante, que una vez gana, dos veces pierde y tres veces empata. Porque al margen de que la “inversión” realizada por tu AFP, tenga un buen rendimiento o termine en una patinada, tu avispada AFP cobra su comisión segura, faltaba más. Los jóvenes cráneos y mayorcitos también, que trabajan a tiempo completo ideando maneras de cómo ganar más dinero con el tuyo, le vendieron la idea al gobierno de que como la expectativa de vida se había incrementado tremendamente y ya nadie nos hacía el favor de morirse a los 75/80 de edad como era antes, ahora los infelices vejetes pasaban hasta de los 100 años, entonces había que hacer algunos cambios y resultó en que, lo que tuvieras de fondo y se empezara a devolver a partir de los 65, ya no se dividiría entre los 10 o 15 años que antes era lo señalado como expectativa de vida, sino que ahora se dividiría entre 35 o 40 años, haciendo más pequeña la pensión y pagadera en más años, con el objetivo de quedarse más tiempo con tu dinero. Ejemplito: Antes, si llegabas a reunir un fondo de S/. 90,000, después de haber aportado un porcentaje de tus 360 meses de trabajo como esclavo, al jubilarte te decían, muy bien, tu FONDITO se va a dividir entre los 180 meses que te quedan de vida y te toca una pensión mensual de S/. 500.00, ¿entendido? No te daban ni un centavo más, ni siquiera en consideración de haberlos dejado hacerse más ricos con tu plata. Bueno, desde hace un par de años, las cosas cambiaron. Algunas excelentísimas autoridades aceptaron el cambio del límite de edad en la expectativa de vida y, resulta que ahora tu MEGAFONDO, el mismo de los S/. 90,000, ya no se tiene que dividir entre los 180 meses de antes, sino entre los 420 meses, que se supone vas a vivir ahora, o sea te toca una pensión mensual de S/. 214.30. Si pues, ahora tu considerada AFP, tiene 20 años más para “trabajar” tu dinero que, claro, el tuyo solo es ripio para ellos, pero esa minucia multiplícala por 7 u 8 millones de aportantes y ya se convierte en una cantidad enorme, casi decente, como para que los accionistas principales se compren su casita en Asia y su yatecito, porque en el mar la vida es más sabrosa.
Pero volvamos al punto que nos ocupa. He escuchado a más de uno/una rasgarse las vestiduras porque no podemos darle el dinero de "su" fondo de pensión a los aportantes, ignorantes la mayoría en finanzas personales, que desaparecerán, la cantidad que sea, en cosas tan triviales como el maravilloso viajecito de su vida, en alquilar un departamentito más grande, mejor ventilado y más bonito, en darle a los nietecitos que lo hacen tan feliz, lo que ellos deseen, en ayudar a sus hijos en las maestrías, doctorados o en sus negocitos, en fin, ridiculeces como vivir dignamente, casi como persona, gozando de la vida, mientras puedan y no esperar hasta los 90 o 95 para que reciba una miserable pensión de 214 soles, habráse visto. Pero lo más gracioso del asunto es que hace unos meses, cuando no se sabía de este maldito bicho que nos está matando, algunas AFP peruanas se comunicaron con sus aportantes para ofrecerles entregar, graciosamente, el 25 % de su fondo, qué curioso ¿no?, para que pudieras “invertir” y sólo en eso, en la cuota inicial de un crédito hipotecario para la compra de una casita, la de tus sueños, la que nunca tuviste. Y entonces, ¿cómo se entiende que en éso sí y ahora no? La respuesta es sencilla. La avaricia del dinero no tiene límite y por ello no duermo pensando cómo sacarle más provecho a tu dinero, entonces, si me pongo de acuerdo con otros bancos y financieras y te obligo a adquirir un crédito hipotecario voy a obtener más rentabilidad como “el verdadero dueño de tu plata que soy,” y tú vas a tener que pagar enormes intereses, a las instituciones bancarias amigas, con la posibilidad de que dejes de pagar las cuotas y nosotros nos quedemos con tu casita. Bacán, ¿no? Entonces, queda claro que tu vejez digna le importa un pepino a doña AFP, no sueltan tu plata porque dejan de ganar y pierden la posibilidad de seguir ganando con otras inversiones que sus funcionarios expertos inventarán de cuando en cuando. Pero hay otra razón, tanto o más fuerte que la anterior para no querer devolverte tu plata y es que tu plata “está invertida” en acciones y bonos nacionales. Acciones de las empresas del propio grupo económico a la que pertenece tu AFP y que de otra forma, para conseguir dinero fresco y seguir creciendo hubieran tenido que pagar “enormes intereses bancarios". Si los pones contra la pared y los obligas a devolverte tu dinero tendrían que vender las acciones y, esas acciones, que son de empresas amigas se desplomarían en el mercado bursátil y su valor “real” se vendría al suelo y en el caso de los bonos, como el gobierno pone un plazo para devolver el dinero de la colocación de los mismos, entonces tendrían que ponerlos en realización, perdiendo totalmente los intereses que pensaban ganar y hasta parte del dinero empleado en la adquisición.
Entonces, ya te lo dijo el señor presidente, compungido y preocupadísimo: no seas malo, no hagas olas, deja las cosas como están y mira, voy a ordenar que te den un sencillito más, de tu propia platita, para que estés contento. ¿Habrá querido vernos la cara de imbéciles, el señor presidente?
sábado, 18 de abril de 2020
NECESITAMOS UN NUEVO PACTO SOCIAL SEÑOR ALCALDE DE LA CIUDAD DE CHICLAYO
Hoy se cumplen 185 años de creación de la provincia de CHICLAYO y las cosas no andan bien, por muchas razones, pero sobre todo porque
nunca nos hemos puesto de acuerdo en lo que hay que hacer. Nunca se estableció
claramente el objetivo al que deberíamos dirigirnos, nunca se determinaron las
políticas ni estrategias que nos llevarían a ello y, si se avanzó algo en ello,
la sucesión de diferentes y pésimas gestiones tiraron por la borda toda buena
iniciativa, que siempre han concluido en tremenda frustración. Y mientras nos hemos
esforzado demasiado en buscar culpables, no reparamos que tiempo y
oportunidades no nos sobran y que si no actuamos ahora seguiremos descendiendo
en el ranking más importante que existe, para nosotros, el de nuestra propia DIGNIDAD e IDENTIDAD CIUDADANAS. Nadie nos va a dar las soluciones, ni mucho menos van a llegar
solas, su diseño, implementación y desarrollo, están en manos de todos los
chiclayanos, de nacimiento, corazón y, por supuesto, por adopción. Somos una
sola y gran familia pero tenemos una larga historia de desencuentros, pleitos y
menosprecio mutuo. Sí claro, las autoridades que se han venido sucediendo en el
cargo principal de gobierno de la ciudad han sido bastante malas, pero la culpa
de ello es compartida, por los que se quedaron, por los que nos fuimos y por
los que estando allí o afuera, flotan, en la despreciable nube del “mayormente
desconozco”, no sé o, peor aún, no me importa. No tenemos IDENTIDAD CIUDADANA,
no existe la CONCIENCIA CÍVICA, y el PRINCIPIO DE AUTORIDAD, terminó sepultado
con el último alcalde preso. Hasta aquí los lamentos. ¿No hay nada qué hacer?
Claro que sí. Es hora de voltear la página y empezar de nuevo. Nunca mejor que
ahora, porque cuando las cosas están peor y, literalmente en el piso, es el
mejor momento para empezar a construir. Pero ojo, necesitamos un proyecto de mediano
y largo plazo, un plan de trabajo que sea sostenido en el tiempo y que al ser
consensuado entre todos los ciudadanos tenga el valor y el peso necesarios para
evitar que nos perdamos en el camino y, por supuesto, la seguridad de su
continuidad y culminación.
Tiene usted, señor alcalde, el enorme reto de ser el fundador
del NUEVO CHICLAYO, pero para ello debe renunciar a algunas cositas, tan
llamativas como insignificantes, por ejemplo, el aplauso del logro inmediato y
la satisfacción de la cosa terminada. Porque sí, porque es necesario que lo que
usted haga en estos momentos, se vea, brille y agradezca, recién en los
próximos 15 a 20 años, no antes. Entonces está usted ante la disyuntiva de
seguir trabajando para el efectismo o cambiarlo por la eficiencia y la
efectividad. Necesita usted, por supuesto, renunciar a su activa posición
político partidaria, cambiándola por la camiseta de la ciudad. Necesita usted,
convocar a todas las fuerzas vivas, ahora medio soñolientas, de la ciudad,
profesionales, técnicos, instituciones, empresas y ciudadanos de a pie, para
ponerse de acuerdo en qué es lo mejor que se puede hacer por la ciudad. Empezando
por preguntar, decidir y empezar a trabajar, por el tipo de ciudad que los
chiclayanos queremos, necesitamos y podemos conseguir. Y sí pues, estarán
algunos de los antipáticos de siempre, los criticones de toda la vida, los
buenos para nada, pero entre ellos habrá, también, muchos ciudadanos
sorprendidos por la convocatoria y alegres y dispuestos a poner el hombro.
Tenemos una tradición de NO INCLUSIÓN, de segregación, de hasta desprecio y
fobias gratuitas, que han negado ciudadanía
a las sucesivas olas migratorias que como importante centro urbano de la costa
norte del país, hemos recibido en nuestra larga historia y eso sólo nos ha
causado daño, porque hemos formado colonias resentidas, de personas dispuestas
a torpedear cualquier atisbo de desarrollo, lo que nos merecemos por no haber
sabido vivir bien y no haber dejado vivir bien. Bueno pues, es hora de reclutar
a todo el mundo y hablarles claro y fuerte que quienes no empujen para el mismo
lado serán, ya no ignorados, sino expulsados de nuestra hermosa ciudad y
quienes sí lo hagan, serán copartícipes del paraíso terrenal, que siempre
fuimos, pero nunca nos lo creímos ni pudimos disfrutar de él.
La política, como se aplica en el país, señor alcalde, husmeando,
entrometiéndose y corrompiendo la cosa municipal, es lo peor que nos ha podido
pasar. Esa caricatura de gobierno ciudadano que hemos sufrido durante demasiado
tiempo ha envilecido la institución municipal, ha corrompido demasiadas
personas y ha desangrado nuestros famélicos presupuestos. Las querellas, los
desencuentros y los pleitos de las cúpulas partidarias nos han enemistado con
personas valiosas que por vestir otra camiseta (impuesta) no saben ni pueden
jugar en equipo. Devuélvale la dignidad al gobierno municipal deponiendo sus
intereses partidarios e invite a colaborar a todos los CHICLAYANOS para recuperar
la prestancia y calidad de vida a nuestra ciudad. No tema pedir ayuda, sólo el
soberbio y los imbéciles creen que solos todo lo pueden y no es así. No, sobre
todo, en el tema de la GESTIÓN MUNICIPAL. Si no hay buena, completa,
transparente y fluída comunicación entre autoridad y ciudadanía y no existe una
participación compartida en todo acto de gobierno, no hay forma de sacar adelante
ningún tipo de proyecto.
¿Tenemos un PROYECTO INTEGRAL DE DESARROLLO URBANO para
Chiclayo? ¿Sí? ¿Actualizado? ¿No?, entonces ¿cómo puede usted fungir de
autoridad municipal si no sabe qué es lo que hay que hacer? ¿Sabe la ciudadanía
hacia dónde se dirige la nave que usted, eventualmente comanda? ¿Sabe usted si
la misma ciudadanía está de acuerdo con ello? ¿Cuenta usted con el apoyo total
de los ciudadanos y no solo el de sus allegados y ayayeros? Muy bien, si nada
de eso tiene, sepa usted que no es del todo su culpa, pero sí es su total responsabilidad
enmendar errores, pero tiene que hacerlo YA.
Tiene usted dos años y medio del período de gestión
encomendado, tiempo suficiente y necesario para armar un excelente proyecto
para Chiclayo. Nuestra ciudad tiene todas las ventajas y fortalezas que pudiera
desear una comunidad urbana; desde privilegiada ubicación, excelente clima, increíbles restos arqueológicos,
preciosas áreas de interés turístico, cercanía marítima, grandes áreas de
expansión, hermosas tierras agrícolas circundantes, tradición comercial y empresarial,
buenas universidades y, sobre todo, las mejores personas del país, entonces, ¿por
qué no se decide a pasar a la historia de nuestra ciudad como el alcalde que
tuvo la VISIÓN de hacer lo que se tenía que hacer?
No tendría usted que
renunciar a nada importante, tendría usted que armarse de CHICLAYANIDAD y proponer
el NUEVO PACTO SOCIAL, EL ACUERDO COMUNITARIO,
de hacer de CHICLAYO la ciudad que siempre mereció ser y, su ejemplo personal
de desprendimiento, servirá para que las tres o cuatro inmediatas y sucesivas gestiones
trabajen, necesariamente, en el mismo proyecto que usted inició y al que todos los CHICLAYANOS necesitamos verlo concluido.
Resulta, señor alcalde, que tenemos sólo 15 años hasta la celebración del
bicentenario de la creación de nuestra ciudad y en sus manos se encuentra la posibilidad de llegar a esa fecha como una ciudad
en donde de gusto vivir, desarrollada, sostenible y que sea un verdadero polo
de desarrollo nacional, o claro, la seguridad de
seguir como estamos. YA PUES.
lunes, 23 de marzo de 2020
GRAVE OMISIÓN DEL SEÑOR ALCALDE DE MAGDALENA DEL MAR
Hubo
una época en que nuestra gran Lima necesitó encerrarse, cuando el terrorismo
arreciaba y el principio de autoridad se había ausentado totalmente de nuestras
calles. Así que mediante una ordenanza metropolitana y unas cuantas distritales
se señalaron las pautas para permitir la colocación de rejas, sobre todo en las
agrupaciones privadas de viviendas unifamiliares, que bajo la advocación de urbanizaciones,
levantaron la manito para, en nombre de la seguridad de sus familias, solicitar
la autorización para la colocación de rejas de uso muy particular, para
beneficio exclusivo, a sabiendas, incluso, que se estaba incurriendo en la
obstrucción del libre tránsito y en la privatización de los accesos y recesos,
área públicas que pertenecen a toda la ciudad y no deberían secuestrarse para uso
privado. Sin embargo y, dadas las circunstancias, aún así se empezó a aprobar
su colocación, pero eso sí, en la ordenanza metropolitana se señalaban dos
criterios que deberían cumplirse, sí o sí, para que se permitiera la colocación
de dichas rejas. Uno de ellos era el de EXCEPCIONALIDAD, es decir que la autorización para usar elementos de seguridad se otorgaba, solamente por la necesidad de protección de la población
contra la existencia de riesgo fehaciente, que ponía en peligro la seguridad de
la persona y su propiedad y el más importante y menos respetado, el de TEMPORALIDAD, que señalaba que el uso de elementos de seguridad, que impliquen la interrupción
o alteración del tránsito de vehículos o de peatones, no será permanente y los
elementos se retirarán paulatinamente en razón de la disminución o desaparición
del riesgo que generó la necesidad de seguridad invocada. Y ¿quién tenía que
supervisar y fiscalizar estas premisas? Pues la propia municipalidad a la que
pertenecía la rejita aprobada.
Resulta,
sin embargo, que muy pronto, en muchos distritos y en algunas urbanizaciones “exclusivas”,
con el apoyo, anuencia o indiferencia de las autoridades amigas, el uso indiscriminado de rejas convirtió los
accesos vehiculares y peatonales (pistas y veredas) y hasta pequeños y medianos parques públicos,
en bienes de uso privado, en claro atentado a la libertad de circulación
(derecho constitucional) y en abusiva apropiación de las áreas públicas.
La
ordenanza citada, que regula, oficialmente, la colocación de dichas rejas
señalaba, además, procesos muy claros para su autorización, los requisitos
necesarios y las obligaciones contraídas al recibir la autorización de su
colocación.
Para su AUTORIZACIÓN, se señalaba que,
la misma sólo podrá ser solicitada por Juntas o Comités Vecinales organizados y
debidamente reconocidos y registrados por la Gerencia de Participación Vecinal.
Y es aquí en donde nacen los mayores abusos y escandalosas apropiaciones, pues
desde hace un buen tiempo y, salvo honrosas excepciones, las directivas de
dichas juntas son designadas directamente o elegidas en procesos amañados, por la autoridad en ejercicio, para que se
conviertan en las cajas de resonancia de la labor municipal, cuando no en
férreas defensoras de “errores” cometidos por la autoridad. Es fácil inferir
que a cambio, dichas juntas, mejor dicho, esas directivas, recibían prebendas,
beneficios personales directos, que pasaban por la consumación de abusos y
arbitrariedades, en contra del resto de los vecinos de sus ámbitos territoriales. Se señalaba, además, que las rejas
que se encuentren instaladas en vías locales próximas a intersecciones que
sufren congestión en horas punta y que sirven de comunicaciones con otras vías
de mayor jerarquía deberán permanecer abiertas durante las horas en
que se produce dicha congestión vehicular y con el personal conveniente a fin
de garantizar el tránsito peatonal y vehicular adecuado.
Dentro
de los requisitos señalados para la obtención de su autorización, se señalaba
que se debía presentar una solicitud de autorización de instalación del sistema de seguridad y
vigilancia particular, junto con la documentación sustentatoria en función del
nivel del resto de la zona, así como las necesidades de protección firmada por la Junta o Comité Vecinal. Se
exigía, así mismo, copia simple del acta de asamblea de
la agrupación vecinal con la conformidad de por lo menos el 80 % de
los conductores de predio, ubicados al interior del área de protección. Se exigía un padrón
de residentes con todos sus datos y, además de un plano de ubicación del “área
a proteger”, debería indicarse los elementos de seguridad propuestos por las rejas, señalando
los flujos vehiculares y peatonales y la señalización interna (vertical y
horizontal) a colocar para la adecuada orientación del tránsito vehicular y
peatonal, en el interior del área restringida, hacia los accesos y salidas para
conocimientos del público en general, entre otros requisitos más.
Y,
finalmente, se señalaban unas OBLIGACIONES que, lamentablemente, en el
90 % de las rejas existentes en Lima, no se cumple y es la de contar con la presencia de al menos un
vigilante por las vías locales. Y en lo que sí esta ordenanza citada se ha
convertido en verdadero palo de gallinero es en cuanto a esta obligación: La
reja deberá permanecer cerrada únicamente cuando se encuentre presente un
vigilante, él mismo permitirá
el paso vehicular con la manifestación de un ciudadano. Esta persona no podrá
pedir ni retener ningún documento o establecer condiciones que restrinjan el
libre tránsito, salvo en caso de delito. La ordenanza señalaba
específicamente que: Si no hay un vigilante, la reja deberá
siempre permanecer abierta. Y como cereza
del pastel, la ordenanza señalaba que: Los ingresos peatonales siempre deben estar abiertos y sin
obstáculos que impidan el ingreso a las personas.
Finalmente,
se indicaba en la citada Ordenanza Metropolitana, que está por encima de
cualesquier otra ordenanza distrital de aprobación posterior, que La autorización para colocar una de estas
estructuras de seguridad se dará por un plazo de dos años, el cual se puede
renovar previa evaluación. Y ello pasa por la anuencia y el respaldo del 80 % de los
vecinos involucrados y si se ha hecho un uso adecuado de las prerrogativas
concedidas al autorizar la colocación de tal estructura. Pero ¿qué pasa, cuando
buena parte de los vecinos involucrados considera que se han cometido excesos y
perjuicios a ellos mismos, como por ejemplo, al mantener la reja
permanentemente cerrada, por no tener los accesos peatonales requeridos o por
estar éstos, permanentemente con llave, contraviniendo la norma que autorizó su
colocación?, O cuando la directiva de Junta de Vecinos, en lugar de velar por
la seguridad, tranquilidad, facilidad del libre tránsito y respeto irrestricto
al desplazamiento de los vecinos comete arbitrariedades en evidente beneficio
particular? Bueno pues, dicha autorización
debería ser revocada o, en todo caso, no renovada.
Entonces y, en nombre de un grupo de vecinos de la
urbanización Jacarandá de Magdalena del Mar, que cuenta con una reja en la
intersección de las calles Bolívar y Vallejo, por qué es que el señor alcalde
en ejercicio no ha dispuesto su retiro, o al menos ordenado la fiscalización de
su uso? En los grupos de whatsapp de vecinos del distrito aparecen reiteradas
quejas por que no pueden entrar ni salir libremente, porque dicha reja
permanece cerrada, sin vigilante y porque se toman atribuciones individuales
por parte de la directiva de la Junta Vecinal correspondiente al colocar avisos
que a la letra dicen: “Señores Vecinos de la Urbanización Jacarandá, esta reja
permanecerá cerrada por 15 días por vuestra seguridad. Gracias por su
comprensión. El ingreso será por el Jr. Trujillo”. Lo que implica
que los vecinos que viven junto al ingreso que está enrejado, deberán
desplazarse hasta 600 metros, para entrar y salir de su propio condominio. Bueno,
los vecinos reclamantes, con razón, han presentado reiterados reclamos ante el
área municipal correspondiente, con copia al despacho del señor Alcalde de
Magdalena del Mar y, transcurridos larguísimas semanas de espera no hay
respuesta alguna. Entonces la pregunta, señor Alcalde es. ¿Qué pasa con su
gestión? Preferimos pensar que usted no está enterado, que algunos malos
funcionarios le han ocultado el hecho, que sólo es una omisión de su parte y que usted, ya enterado, tomará de
inmediato cartas en el asunto. No es correcto conceder prerrogativas, que nadie
debería tener, ni mirar para otro lado cuando se cometen esta clase de abusos.
Al margen de que alguien se auto proclame portero de lujo de una reja que, al
parecer, ya no debería existir, tenemos el pase negado a eventuales ambulancias
o carros de bomberos, además por cierto, del maltrato y humillación a los
propios ocupantes de las unidades de vivienda comprendidas dentro del área
enrejada. El asunto ya está en sus manos, señor Alcalde.
martes, 10 de marzo de 2020
NUESTROS PARQUES Y AZOTEAS NO SON EL BAÑO DE TUS MASCOTAS
Pareciera que tenemos un serio problema con el asunto de ¿PARA QUIÉN O PARA QUÉ SON LAS CIUDADES? Yo siempre pensé que lo eran, en forma exclusiva y excluyente, para las personas, como tú, como yo, en fin, para los seres humanos racionales que querían y hacían lo posible por vivir decentemente. Pero pareciera que en el camino de nuestro crecimiento, como ciudades modernas, hemos ido perdiendo el horizonte y ahora resulta que la ciudad es para lo que sea, menos para los ciudadanos.
No contentas, las autoridades, con habernos expropiado cerca del 80 % de las áreas públicas de nuestras ciudades para cederlas, con alegría y risita cachacienta, a los vehículos motorizados y "su necesidad" de estacionamiento, ahora resulta que nuestros parques, jardines de aislamiento, plazoletas, veredas y todo espacio libre, a nivel suelo, pertenecen a la sociedad municipal de servicios higiénicos caninos. Y las azoteas, para quienes tienen suerte de tenerlas, pertenecen ahora a la sociedad municipal de baños públicos aéreos para mininos de Lima y balnearios
Cuando hace unos años se remodeló el Malecón Castagnola, al final de las calles de Magdalena del Mar, con frente a los acantilados, los vecinos dijimos, caramba, algo es algo. Y claro que empezamos a usarlo, para salir a caminar en las mañanas y en las noches, para mirar a lo lejos un mar que nos había sido negado por décadas a los magdalenenses y se sentía bien. Por fin teníamos un espacio para disfrutar. Han transcurrido unos cuantos años y el tal “malecón” ya no es apto para nada. Huele, no, APESTA, dos cuadras antes de llegar al espacio urbano que, aunque cuenta con juegos para los niños, bancas y espacios sombreados para descansar, ya no se puede usar. Un aire irrespirable y un espectáculo de montoncitos de heces regados por todas partes que te obliga a caminar en puntas de pies y un olor a pichi de cantina de esas de antes, cuando no se exigían baños a la hora de dar la licencia de funcionamiento de esos locales. ¿Qué pasó? Bueno pues, que ahora resulta que las 24 horas del día y sin necesidad de cartel ni señalética alguna, el malecón, en toda su extensión y entorno, es el baño público de los perros del distrito. Se ha convertido en un deporte nacional, ya no sacar al perro a pasear para que se relaje luego de estar encerrado todo el día en el departamento, sino para que desocupe vejiga e intestinos, para que no se enferme por continencia el animalito.
Caminar por el distrito es jugártela porque tarde o temprano vas a regresar embarrado a tu domicilio, peor aún puedes sufrir una resbalada, terminando con la cara sobre excrementos curiosamente esparcidos para que no te libres de ello. Y no, no ha llovido anoche, sucede que esos aniegos que pisas y atraviesas son los orines de perros obedientes, que tienen la consigna, bajo pena de sopapo, de Aguántate hasta que te saque a la calle, ¿me escuchaste orejón?
A todos esos perritos con apellido, agreguemos además, los perritos abandonados, los callejeros. En un excelente artículo de Angus Laurie, publicado en El Comercio en enero pasado, me enteré con más indignación que sorpresa, que en Lima tenemos un equivalente a un perro callejero por cada dos limeños, así que dentro de muy poco tendremos 5 millones de perros callejeros en nuestra Ciudad, otrora de Los Reyes, luego de los Quispe y ahora de los perros. Luego de un exhaustivo y comparativo análisis que hace de las poblaciones caninas en Latino América que mejor no cito, para no hacerlos llorar, el autor concluye en que “en Lima hay muchos problemas urgentes y el número de perros callejeros debe ser considerado uno de ellos”. Y ¿qué hemos hecho a nivel de los gobiernos locales? Sí pues, NADA. Las autoridades dicen estar ocupadas. Si te enteras en qué, por favor nos cuentas.
Otra simpática especie que llama nuestra atención e irrita nuestra vida familiar, es la de los mininos, que al no tener en la casita de sus papis, una adecuada caja de arena, ergo, baño propio, como se estila y exige en sociedades humanas normales, se pasea orondo y desafiante por cada techo vecino hasta que encuentra el lugar idóneo para desocupar su barriguita, que termina siendo la azotea o techo volado de algún vecino de papis, pero claro, a no menos de 50 metros de su dulce hogar, porque ellos son muy limpios, qué duda cabe, pero en “su casita”. Y como estos adorables animalitos son de costumbres, van a regresar todos los días, dos veces al día, por el resto de tu vida y un par de años más, a seguir cagando y meando en tu azotea. Ya probaste los mil y un secretos para ahuyentar al atrevido pero el gatito te mira como diciéndote, ya fuchi, fuchi, pervertido, que tengo que usar el baño. ¿Te hace gracia? A los que sufren las consecuencias, no.
Y es que para convivir en una ciudad, un centro urbano que parezca decente, no podemos convivir con animales, aunque fueran los llamados domésticos, si es que no se cuenta con las condiciones mínimas para su correcta crianza. Amplios espacios libres, suficientes áreas verdes y áreas “de servicio” para sus necesidades, todo dentro de tu vivienda. No es justo, meter a un perrito o gatito, entre cuatro paredes, de un mini departamento sin ninguna posibilidad para su esparcimiento tan necesario y, condicionado egoístamente, a pasear, estirarse y “relajarse” sólo cuando sus amos tengan tiempo y disponibilidad para ocuparse de ellos. Los japoneses, que ya pasaron por esto y han revisado consciente e inteligentemente el asunto, han determinado que lo mejor es “poseer” mascotas robotizadas, que no tienen ni dan problemas orgánicos de ningún tipo. Los han fabricado tan bien que hasta dan ganas de acariciarlos, pero no ensucian, no mojan, no aúllan. Bien, nuestras economías familiares tal vez no den para tanto, entonces, ordenémonos y pongámonos de acuerdo de cómo vamos a hacer para recuperar nuestros parques y escasas áreas verdes y cómo hacemos para que cada vez que subamos a nuestra azoteas no nos encontremos con bombardeos de excrementos y aniegos de orines de gatos.
En cada distrito, la autoridad (si realmente existe y lo es) debería empadronar a las familias que cuentan con mascotas, llevar un censo actualizado del número de mascotas, por vivienda, por edificio, por cuadra, revisar el interior de las viviendas que son compartidas con dichos animalitos y cerciorarse, que en todas esas viviendas hay cajas de arena o tierra, suficientemente grandes para las deposiciones de las mascotas. Exigir un collar con medalla, que contenga todos los datos y dirección de la familia dueña de la mascota, un registro de vacunas y cualquier otro registro necesario para preservar la salud de los ciudadanos. Y, finalmente, un pago justo a la municipalidad, mensual o anual, que cubra la labor registral, de supervisión y fiscalización que su existencia y desarrollo requieren.
Se necesita además, urgentemente, la elaboración, por parte de la municipalidad metropolitana, de un MANUAL DE TENECIA DE MASCOTAS EN ZONA URBANA, que contenga lo antes mencionado y las obligaciones que se tiene para con la mascota en posesión y las responsabilidades para con la comunidad en donde habitan, como por ejemplo, que ninguna mascota puede usar los espacios públicos como su baño particular, bajo pena de multa a sus papis. Sólo así evitaremos seguir odiándonos, en silencio, que es mucho peor, entre los que tenemos y los que no tenemos mascotas dentro de nuestras viviendas.
Bueno pues, este grave problema urbano lo deposito en manos de las autoridades municipales e inteligentes regidores para ver cómo se soluciona, PERO YA. Y no, el exterminio total de la población canina y gatuna no es la solución, como en el caso de las palomas; este es un tema de DERECHOS URBANOS, que empieza por el respeto a los otros.
martes, 18 de febrero de 2020
Lima: ya son 485 cumpleaños y cada vez hay menos por qué celebrar
Los limeños de nacimiento y por adopción estamos sumamente preocupados porque no sabemos cómo estaremos dentro de 15 años, en que nuestra gran Lima cumplirá sus primeros 500 añitos de vida. En las últimas décadas nos hemos quedado estancados. Bastante maquillaje, pero muy poco desarrollo. Si no fuera por el posicionamiento gastronómico internacional que nos ha dado el gran Gastón Acurio, estaríamos, en nada. No se ha resuelto ni uno solo de los graves problemas de los que adolece nuestra amada capital. Avances y retrocesos, buenas intenciones y descarados latrocinios, han sido una constante en el mal llamado desarrollo de la otrora hermosa CIUDAD DE LOS REYES.
Inseguridad ciudadana, infernal caos vehicular, irresponsables desigualdades socio-económicas, saturación del suelo urbano, corrupción enquistada desde las conserjerías hasta las mismas alcaldías, han sido una constante y eso ya nos está pasando la factura.
A los problemas urbanos propios de una creciente y desbordada población hay que añadir la paupérrima infraestructura y la pérdida total del principio de autoridad. La pobreza, la falta de oportunidades y falta de inclusión, cuando no, permanente postergación de los migrantes nacionales, crearon las condiciones para una delincuencia descarada que se ha alimentado y complementado, convenientemente, con la inmigración extranjera, que encontró un refugio sin normas, sin autoridad moral de sus líderes e incapaz de reaccionar ante los hechos consumados.
Con la excepción del proceder consecuente de Barrantes, la organización y visión de ciudad de Andrade y algunos chispazos de buen gobierno de Villarán, el balance de gobierno municipal en Lima, es negativo. Siempre hemos elegido mal, por desidia, por ignorancia, por manipulación, por lo que fuera, pero nada nos exime de la culpa de lo que está pasando. La peor decisión de un ciudadano es decir yo no sé nada, yo no soy el alcalde, a mí no me pregunten. CRASO Y RIDÍCULO ERROR.
En democracia, que es el régimen que se supone nos gobierna, la autoridad es elegida por los ciudadanos y ella y sus regidores son los responsables de lo que se haga o deje de hacer, pero son los ciudadanos los que deben ejercer la fiscalización, poner el hombro o darle el pare a la autoridad en ejercicio. Pero lo que hemos hecho en las últimas décadas es votar por el mal menor, por quien, no importa que robe pero haga obra, por reincidentes en el mal gobierno y por verdaderos delincuentes que han dejado empeñada a su comuna por 15 o 20 años más después de su gestión. Hasta aquí lo sucedido, lamentable pero es lo que existe y somos. Y ahora, ¿cómo estamos? Fíjese usted, bastante mal.
Hace dos años elegimos alcalde provincial y alcaldes distritales y se produjo, nuevamente en Lima, un hecho que aunque reincidente, no es menos peligroso. Entre los años 1990 y 1995 el señor Belmont Cassinelli, "colorao" para el pueblo, blanquiñoso, bien plantado y mejor hablado, fue electo dos veces por Lima Metropolitana, sus gestiones fueron grises, casi para el olvido, pero el soberano lo eligió porque se le veía bien, era entrador y coqueto. Barrió en las elecciones de Lima Metropolitana y, por arrastre, barrió en varios distritos, incluido uno en el que ni siquiera tenía candidato postulando, como lo fue Magdalena del Mar. El elector promedio no votó por propuestas, votó por la facha del candidato y por eso, todos perdimos. Veintitantos años después ha sucedido lo mismo. El candidato de AP por Lima, Jorge Muñoz Wells, barrió en las elecciones a la alcaldía de Lima Metropolitana y, por arrastre, logró que varios de los candidatos distritales de AP ganaran la elección a su distrito; candidatos que tenían muy poco respaldo personal o eran totalmente desconocidos, sea por su falta de preparación o por falta de empatía con el ciudadano. Y, justamente, es en Magdalena del Mar y en distritos vecinos que se produjo esta avalancha electoral de apoyo, realmente no al candidato distrital, sino al candidato provincial, el señor "colorado" Muñoz.
Cuando se logra acaparar circunscripciones aledañas mediante el voto popular, es decir, colocar candidatos de su propio partido en distritos cercanos el uno al otro, pueden pasar dos cosas, aprovechar la circunstancia y emprender planes de verdadera renovación urbana, tan necesaria para Lima, logrando la colaboración de cada alcalde distrital para mega proyectos metropolitanos de desarrollo integral, o abusar de su ascendencia sobre los novatos e inexpertos en Gestión Municipal y meterles al caballazo proyectos enormes con beneficiario particular, normalmente, si, ese que apoquinó para la campaña.
¿Tenemos una opinión y una decisión electoral netamente racista en Lima y otras ciudades del interior del país? Probablemente, pero eso no sería un problema si es que los alcaldes distritales electos, aquellos que salieron por el voto de arrastre, demostraran con su accionar que aunque les hubiera caído del cielo el nombramiento, ellos sabrán ganarse el respaldo de sus ciudadanos conforme se desenvuelvan en su gestión. Bueno pues, como diría un filósofo jugador: Pago por ver.
Por lo pronto, luego de casi trece meses de función el señor alcalde metropolitano no ha citado a la Asamblea Metropolitana, ésa que reúne, por norma, a los 44 alcaldes de todo Lima y que debería decidir sobre proyectos integrales que beneficien a toda la capital; los alcaldes distritales de AP no han exigido, tampoco que ello se de, es más, no se advierte el mínimo deseo de esos alcaldes distritales de plantear, conversar, idear, siquiera, proyectos mancomunados con distritos vecinos, dada la afinidad política de sus alcaldes en ejercicio, lo que pone, nuevamente, sobre la palestra, esa pésima costumbre limeña de votar en bloque.
Y eso no es todo, como diría el huracán Katrina, es el señor "colorao" Muñoz Wells, el que acaba de llevar a su partido, AP, a los cielos del nuevo congreso. Oiga, eso no está demostrado, dirán algunos, negándose a ver la realidad de cómo es que un partido venido a menos por los malos liderazgos que no han alcanzado a llenar el vacío del gran Fernando Belaunde Terry, haya podido conseguir en las recientes elecciones congresales el primer lugar de las preferencias electorales. Seguramente por varias razones que algún estudio sociológico posterior determinará pero en este momento, el señor Muñoz es la estrella y, viéndolo bien, aún contra el deseo de los Barnechea/Diez Canseco/García Belaunde/Lezcano, se pinta como la mejor carta para las presidenciales del 2021. ¿Qué hará don Jorge, aceptará el encargo por no poder resistirse a los cantos de sirena presidenciales o será consecuente y continuará en el cargo para el que los ciudadanos de Lima lo eligieron? Difícil decisión, de consecuencias funestas, porque lo digo, con claridad y no poco miedo, las credenciales y antecedentes de su teniente alcalde, eventual sucesor, no parecen buenas, no para Lima Metropolitana.
miércoles, 23 de mayo de 2018
EL NUEVO LOCAL DE PLAZA VEA EN PUEBLO LIBRE.
El tan esperado Centro Comercial de Plaza Vea, recientemente inaugurado en la misma ubicación en que se encontraba la tienda de Metro, al final de la avenida Sucre, del distrito de Pueblo Libre, ha caído como un baldazo de agua fría sobre las ilusiones de los vecinos de dicho distrito, por una serie de consideraciones, algunas, meramente subjetivas, otras, bien fundamentadas, pero la verdad es que casi nadie está satisfecho con el producto final.
Toda obra que se inaugura en una comunidad debe cubrir las expectativas y lograr los objetivos de los tres estamentos que intervienen en su gestación, elaboración, puesta en marcha y funcionamiento permanente. Ellos son: los inversionistas, los ciudadanos y la autoridad. Para los primeros, lo principal es, se supone, ganar dinero y posicionar su marca como la mejor del rubro. Para los segundos, lo es contar con un centro comercial con excelentes productos, buenos precios y una presentación de primer nivel, que constituya el orgullo del distrito y la envidia de los distritos vecinos. Para los terceros, la autoridad, se supone, era obtener un buen local, que ya contaba con una ubicación privilegiada, que se convirtiera en palanca para la zona comercial del sector, muy venida a menos en los últimos años y que además de ser un hito arquitectónico de la zona, fuera una buena fuente de ingresos por arbitrios y diversas autorizaciones futuras. Bueno pues, al parecer nada resultó como debía o se esperaba.
La tienda de la cadena Metro, del grupo chileno de Cencosud, que antes existía en esa ubicación fue desalojada, por así decirlo, por el poder del nuevo gigante económico peruano, grupo Interbanc, dueño de la cadena de Plaza Vea. Al remodelar se encontraron con algunos percances constructivos, como el de la corriente subterránea de agua que pasa por debajo de dicho local y que no fue fácil sortear, lo que obligó, imagino, a replantear el proyecto y a demorar en su entrega. Fueron muchos meses de indecisiones, mala información pública y, el producto final lo indica, bastante mezquindad en la inversión. No puede haber sido falta de capital, había cuenta de la fortaleza del grupo Interbanc; pareciera, más bien, que ha habido cierta desconfianza a la hora de elegir el formato del local y de la respuesta del público objetivo de la zona y áreas circundantes. La zonificación de dicho local, señalada como de Comercio Zonal, permitía mandarse con todo, pero lejos de presentar un excelente local, como los cercanos Plaza Vea del CC Real Plaza de Jesús María y del CC La Rambla de Breña, se ha concluido en un local de características desmontables, con acabados de baja calidad, como si se dudara del éxito de la propuesta. De su ubicación, disposición interna y el ingreso peatonal marcado hacia una de las fachadas laterales me queda la duda del planteamiento. Es correcta la separación visual y física de la vía principal, Av. Sucre, para evitar congestionamientos indeseables, pero era ése el objetivo o, ¿dejar más bien un espacio para algún otro local que ocupara esa área aparentemente desperdiciada? Al parecer una marca conocida del rubro de gimnasios ocupará dicha área, lo que anula la posibilidad del estacionamiento externo a nivel de calle, que ha sido cubierto por el estacionamiento interno en segundo nivel, que se espera tenga la capacidad necesaria para el número de vehículos visitantes.
A nivel de interacción con el entorno, es correcta la ubicación de la rampa de acceso a la zona de estacionamientos, es correcto el desplazamiento de la fachada principal hacia una calle lateral, no lo es, todavía, la señalización peatonal, no se ha realizado, tampoco, el desplazamiento necesario de semáforos y no hay una buena señalización vehicular. Tampoco es buena la interrelación con el boulevard peatonal frente a la fachada principal. Se debieron anular, por ejemplo, los giros a la izquierda para ambos sentidos de la Av. Sucre en la intersección con la calle Clement, que están creando peligrosos embotellamientos. Pareciera que no se le ha dado importancia a la afluencia inter distrital de usuarios, para la que se debería haber exigido el mejoramiento previo del nivel de negocios, fachadas e interiores incluidos, en las dos calles laterales. El frente de la Av. Sucre, por el contrario, sí cubre las expectativas con empresas consolidadas, muy bien presentadas y con excelente posicionamiento comercial.
Regresemos al local del nuevo Plaza Vea en sí. Reitero su apariencia de local temporal, estructura metálica expuesta, sin intención de mejoramiento visual, góndolas de exhibición que parecen prestadas de algunos otros locales y, la fatalidad, su piso. Se ha elegido mal el formato de losas de 2 x 2 metros, vaciadas en forma muy apresurada y sin el control requerido, lo que le da un aspecto general al local, de un galpón de feria temporal. No es culpa de los proyectistas ni ejecutores, sí lo es del presupuesto, lo que me remite a la aparente desconfianza del grupo propietario, tan prolijo en locales propios como los vecinos, ya señalados, de Breña y Jesús María.
El concepto de HIPER no implicaba adoptar el formato de un Maestro Home Center, por ejemplo, con parihuelas cerradas, repletas de productos, encima de las góndolas, que dan el aspecto de depósito/tienda, o el uso de pisos corrientes de grande formatos, porque eso lo desdice el Plaza Vea, también Hiper, del CC La Rambla de Breña, que con el mismo nivel de operatividad y servicio, ofrece una excelente presentación a los usuarios.
Esperemos que en los próximos meses el grupo propietario de este nuevo local reconsidere su apuesta en este local mejorando su presentación y nivel de servicio, esperemos que las autoridades municipales así lo exijan y brinden las facilidades requeridas, habida cuenta que las reglas de juego las dicta quien ostenta la representatividad de una población que, en verdad, merecía más, que así lo esperaba, pero que ha sido defraudada. Yo sí creo que se puede mejorar bastante la propuesta.
¿POR QUÉ ROBAN (CASI TODOS) LOS ALCALDES?
PORQUE PUEDEN, porque todo el sistema, ha sido “adecuado” para que lo malo que pase dentro de una municipalidad, quede ahí, oculto y totalmente impune. También, claro, porque no existe un verdadero ni eficiente control estatal pero, sobre todo, porque los ciudadanos no tienen ni remota idea de la enorme responsabilidad que les compete como miembros, copartícipes, vigilantes y fiscalizadores, de la comunidad en la que dicha persona funge como gestor del desarrollo.
Para empezar, ¿Cuáles son las condiciones que debe reunir un candidato a la alcaldía, de acuerdo a Ley? Se requiere que sea ciudadano en ejercicio y que tenga DNI. Y ya está. Postule usted nomás. Ni primaria te exigen. Nada, en realidad, les impide postular a los iletrados. Hasta hace poco se exigía que el candidato a una alcaldía pudiera acreditar residencia de por lo menos dos años continuos en la ciudad por donde se postulaba, pero los señores congresistas han decidido que si usted nació en Insculash y se fue a vivir a New York, por ejemplo, puede retornar unos meses antes de las elecciones, aunque hayan pasado diez años de su viaje a la capital del mundo y postular por el distrito en donde nació. Aunque, a decir verdad y en opinión de quienes manejan este asunto de la GESTIÓN MUNICIPAL, es totalmente irrelevante en dónde haya nacido el alcalde electo; lo que importa es que estés muy bien preparado y sepas cumplir con la chamba que se te encarga. Un pequeño detalle adicional es que desde las elecciones municipales de Octubre próximo ya no te permitirán reincidir en el baile, es decir que ya no puedes seguir postulando, y ganando, por supuesto, las elecciones de tu ciudad en forma indefinida. Hay decenas de ejemplos en el país que demuestran que permitirlo fue un grave error, porque desde el segundo período y todos los que venían después, te convertías en el caserito, cuando no en el capo, de la corrupción.
Bueno pues, hasta aquí ya sabemos que, en realidad, no hay ningún tamiz, ningún escollo, para que un hijito de papá, un ignorante supino, un galán de telenovela con dos dedos de frente y media uña de inteligencia, o un ladrón de cinco esquinas y siete suelas, se pueda hacer de una alcaldía, porque es bacán pues, porque te da caché, porque además te consigues un buen billete como para pagarle el alimento, carísimo por cierto, a tus 25 perros de raza, o adquirir tu soñada casita de playa en Asia y de paso, que no es moco de pavo, te puedas codear con autoridades y politicastros de otro nivel, porque así, tal vez, puedas conseguir otro puestito en el escalafón público. Postula, pues, que si perteneces a este “selecto/suertudo” grupo de personas tienes la alcaldía asegurada. De ahí, a creértela que te mereces todo, los dineros municipales incluidos, hay un solo paso.
Es muy cierto, como reza el dicho: En arca abierta, el justo peca. Y sí pues, los presupuestos municipales son tremendos arcones, sin candados, ni tapas siquiera.
Una de las formas más comunes para hacerse del dinero ajeno, en este caso el dinero de los ciudadanos contribuyentes, es mediante los contratos con las empresas de recojo de basura. Al monto real, de por sí elevado, se le añaden algunas decenas de miles de soles adicionales por mes, que son para este pechito, y ya está; como la naturaleza del servicio lo hace indispensable e inobjetable, incluido su alto costo y, que además, nadie se toma el trabajo de verificar distancias, metrados ni pesos, entonces ya me hice de una cantidad mensual, fácil y segura y, lo gracioso, es que se considera normal, nomás. Otro rubro que permite el saqueo mensual es el serenazgo que, juntamente con lo anterior constituyen lo que se conoce como servicios municipales y tienen un costo que el ciudadano paga como arbitrios. Las malas prácticas se inician con las planillas fantasma, es decir, declaro que tengo 80 serenos trabajando, por ejemplo, cuando en realidad no pasan de 20; la diferencia de los montos de planilla va directo a mi bolsillo. Pero no sólo hablemos de la sustracción de dinero, sino de abuso del poder y mal uso, para beneficio particular, por ejemplo, del personal, infraestructura y vehículos municipales. Y es que los serenos se constituyen, muchas veces, como fuerza de choque de los intereses de la autoridad ó choferes uniformados, con vehículo incluido, de familiares y amigotes de la misma. Por otro lado, se ha convertido en una sangría permanente la adquisición de “armamento”, que no está permitido, casetas huachafonas, inútiles y pesimamente ubicadas, accesorios inexistentes, uniformes que no se entregan nunca, cámaras de vigilancia que no funcionan, monitores malogrados, blindaje mentiroso de camionetas y un montón de gracias más, que suman cientos de miles de soles anuales, que van al mismo bolsillo, faltaba más.
Otra, de las innumerables formas de meter la mano al presupuesto municipal, es mediante el inflado de los costos de las compras que la municipalidad realiza. La forma más sencilla es mediante las adjudicaciones directas, que no son otra cosa que el comprarle directamente y sin la “engorrosa” licitación a una empresa favorecida, que obviamente, dejará una buena cantidad en las manos adecuadas. La ley señala, por ejemplo, que esas compras directas no se pueden hacer por montos mayores a una cantidad determinada. Digamos que S/. 11,400.00 soles es el tope. Bueno pues, se me ocurre comprar bancas para los parques, que durarán seis meses, uniformes para la “fuerza municipal”, que no les entrego y cualquier otro requerimiento administrativo innecesario y que, “lamentablemente,” en algunos casos, superan el monto tope. Bueno pues, divido la compra en dos, tres, o las partes que sean necesarias para poder comprar directamente y “cumplir” con la norma. La misma que señala que para este tipo de compras sólo se requiere el contar con tres ofertas de empresas diferentes, para poder contratar a la empresa que ofrezca el precio más conveniente y aquí, nuevamente, el ingenio criollo nos brinda la tabla de salvación. Buscamos dos empresas amigas que nos brinden cotizaciones truchas, que ofrezcan precios mayores al de la empresa que queremos favorecer, la misma que estará obligada a “pasar por caja” por el favor prestado y ya está. Ya tenemos a la ganadora. Cuando el tiempo apremia o somos más descarados, simplemente falsificamos las proformas requeridas y, nuevamente, ya está, tenemos a la ganadora, que proveerá el producto, ejecutará la obrita o realizará el servicio.
Pasemos luego a “las obras”, medianas y grandes, como éstas requieren de un proceso normado de licitación, tratamos que nuestras empresas amigas ganen sí o sí, mediante la adecuación de las bases de dicha licitación, justitas al perfil especial de la empresa suertuda. Se emplea también, el sistema del carrousel, es decir, esta vez le toca a Juan, la próxima a Pedro y así sucesivamente, hasta que podamos “favorecer” a todos los amigos selectos que nos ayudaron en la costosísima campaña electoral y que, además, ya sabrán agradecerlo con una alita adicional.
Si las obras son por administración directa, es decir, realizadas por el personal de planilla de la propia municipalidad, entonces echamos mano de una modalidad diferente. Rompemos una pista o una vereda, enviamos 6 obreros la primera semana, les indicamos que trabajen a la manera de Luis Fonsi, o sea Despacito, dejamos esas pistas o veredas con la panza abierta por dos meses y luego con 6 obreros, diligentes, terminamos la obra en una semana más. Duración de la obra: 10 semanas, costo de planilla real de personal: dos semanas; costo “oficial” de planilla de personal: 10 semanas, échenle pluma al asunto y se encontrarán con una enorme cantidad de dinero “invertida” en mano de obra, que ha ido a parar a bolsillos profundos. Ahora hablemos del costo y la calidad de los materiales empleados. Además del descuento real y acostumbrado de ferreterías y depósitos de materiales del 10 %, que se devuelve en efectivo y sin preguntas, al comprador, está el asunto de declarar el uso de fierro de 3/4”, por ejemplo, cuando se ha usado el de 3/8” y usar un concreto pobre, con pocas bolsas de cemento, en lugar del excelente concreto declarado, así te aseguras, también, que la misma obra, por efecto de su pésima construcción, la puedes hacer varias veces durante tu gestión. Todo eso suma hartito.
Se ha vuelto casi un deporte municipal nacional, por otro lado, el construir obras sin el expediente técnico definitivo, ése que por ley dice cuántos m2 vas a construir, con qué materiales, con cuántos obreros y con un presupuesto casi exacto. Ahora se acostumbra iniciar obras sin expediente, el mismo que se va armando en el camino y que permite que la obra que se señaló iba a costar, inicialmente, S/. 250,000.00, termine costando por mágicos efectos, un poco más de un millón de soles. Lo curioso es que nadie supervisa, nadie informa, nadie duda. Sí pues, qué bacán, ¿no?
Otra gracia, también muy socorrida, por cierto, es que además de los asesores necesarios requeridos, se realiza la contratación de asesores inútiles, que casi siempre son los amigotes que no tienen como agenciarse de un “modesto” sueldo para vivir u otros a los que también hay que pagarles por los favores recibidos. Lo curioso es que algunos de estos asesores reciben sueldos completos y otras veces “donan” parte del mismo a quien los nombró; aquí también hay, faltaba más, unos cuantos asesores fantasmas que se comunican con la autoridad mediante la ouija.
Hay otras formas de hacerse de dinero, indebidas por cierto y es mediante las licencias otorgadas por el municipio; las de funcionamiento y, sobre todo, las de construcción. Hay “autoridades” que otorgan licencias ilegales de funcionamiento a quienes se mojan con alguito y que no otorgan las que sí deberían, o se la hacen larga, mientras los solicitantes no pasen por caja. Todo puede ser negociable. En el caso de las licencias de construcción, el descaro es mayor. Cambios indebidos y apurados de zonificación, variación indebida, abusiva e irresponsable, de parámetros urbanísticos, que permiten, por ejemplo, que la constructora amiga edifique hasta 12 pisos, en zonas en donde la normatividad dice que no deberían edificarse más de 6 pisos, son cosas muy rentables para la autoridad. Son sumas altísimas que van de acuerdo al número de pisos extra permitidos, el área construida y el público objetivo de las inmobiliarias. En la actualidad se negocia ya no con una cantidad de dólares determinada, a veces se exige un departamento y, en el colmo de la audacia y la suerte, hasta un piso completo. Rico negocio, ¿no?
¿Y el control? ¿ y la fiscalización? Bien, gracias. El primero es prerrogativa de la Contraloría que, curiosamente, sí cumple con el destacamento del funcionario respectivo, para que ocupe la oficina de control interno, que debería velar porque en esa municipalidad no se produzcan, ni siquiera, cosas raras, pero el sueldo de esos profesionales es pagado, casi siempre, por la propia municipalidad, pudiendo producirse el efecto perverso de: si no te alineas conmigo no vas a cobrar nunca. Hay excepciones por cierto, de profesionales íntegros, pero el sistema se limita a acumular denuncias, sin resolverlas y menos investigarlas a fondo, hasta que ya es demasiado tarde para identificar culpables y señalar culpas.
La fiscalización, por otro lado, que es prerrogativa de los regidores, tiene el mismo perverso final. Las dietas son pagadas con el asentimiento de la autoridad máxima y si me eres contrario o no estás alineado, tampoco cobras. Hay otras formas de ablandar conciencias ediles y es mediante el regalo, con dineros municipales, de viajes, de cursos o seminarios en el extranjero y ya está, por arte de magia desaparecen las oposiciones. Hay, también aquí, regidores que no se venden ni alquilan pero que al final son tachados de locos o belicosos y sus denuncias caen en saco roto.
Cuando se pierde el sentido de la realidad en el manejo de los fondos municipales por ausencia total de principios, es que se empiezan a pagar cosas personales con los dineros municipales. Vales de representación, pero por consumos con la familia o los amigotes, compras de joyas, estadías en hoteles paradisíacos y otros caprichitos, pueden ser negociados contra el pago de arbitrios, por ejemplo, de las empresas que tributan en determinado municipio. O sea, tu me das lo que se me antojó y yo te lo descuento de lo que te corresponde pagar por arbitrios. Incluso, inflando facturas por servicios y productos existentes o inexistentes, en la modalidad de, si tú me tienes que facturar por S/. 5,000.00, por ejemplo, colabórame pues y factúrame por S/. 10,000.00 y te pago el IGV de la diferencia, pero todo el resto es para Miky.
Hay una enorme cantidad de otras formas de sustraer o hacerse de los dineros municipales, algunas asquerosamente burdas y otras de una admirable sofistificación, pero todas tienen el mismo fin, ir haciendo la chanchita para ese viaje soñado, esa casita de playa en Asia que le encantó a mi nueva amiga, o ese fondo, intangible, para mi vejez de lujo.
Aquí debo señalar algunas particularidades, los magros sueldos que reciben la mayoría de los alcaldes, que no justifican pero sí explican el porqué a algunos alcaldes les crecen las uñas en el ejercicio del cargo, el bajo nivel académico de la mayoría de los alcaldes, la ausencia de conocimiento y experiencia en el manejo de la ciudad por parte de ellos, la insobornable testarudez de algunos electores que votan por apariencias, caritas, apellidos o porque se dejan manipular por los medios y encuestadoras que fabrican ganadores, constituyen la verdadera razón de lo que está pasando en nuestras municipalidades. Si a ello añadimos la inoperancia apañadora de un gobierno central y a un congreso cómplice e ignorante, tenemos la respuesta a nuestra situación y a la debacle de nuestras ciudades.
Ya, muy bien, pero ¿No se puede hacer nada para remediar esto, oiga usted? Pues fíjese que sí. Empecemos por modificar la ley de elecciones municipales: no se puede, no se debe permitir las escandalosamente costosas y casi siempre, estúpidas campañas electorales, que nunca se realizan con el dinero propio sino de empresarios “amigos” que en realidad invierten en tu campaña, en la seguridad de que al ganar te vas a convertir en su caja chica y grande también. Más te doy, más me tienes que devolver. Las campañas deberían estar reducidas a la presentación oficial de los candidatos y varios debates en cada circunscripción electoral con partidas del estado. De paso evitamos la asquerosa contaminación ambiental, visual, sonora y hasta intelectual, porque hay cada candidato con megáfono gritando tanta babosada que dan ganas de meterle un tiro.
Está luego el tema de los sueldos, a un alcalde en ejercicio se le exige como si fuera Papá Dios, pero se le paga como si fuera sacristán de parroquia de iglesia abandonada. Un profesional que se entrega por completo a una labor de 16 horas diarias merece un sueldo acorde, con el añadido de que luego se le puede exigir eficiencia y responsabilidad en el cumplimiento de su deber. La vocación de servicio insobornable y la entrega total gratuita ya no existen y, en todo caso, no son convenientes para una verdadera y exitosa Gestión.
El tema de la Contraloría, por otro lado, es muy sencillo de solucionar. El señor Contralor ya anunció, menos mal, que está gestionando las partidas necesarias para cubrir los sueldos de los funcionarios asignados a cada municipio. Con ello debemos poder evitar los chantajes a dichos funcionarios y un trabajo mucho más expeditivo de su parte. No se puede aceptar, por ejemplo, que un funcionario destacado para detectar la mínima intención de dolo por parte de las autoridades se convierta en su principal “asesor” de cómo corregir errores, llenar vacíos documentarios y desaparecer esas cositas que no conviene que se conozcan.
En el caso de la fiscalización inexistente por parte de los regidores se podría fijar una cantidad fija de las dietas y ordenar, por parte del estado, su pago directo e inmediato, bajo sanción de disminuir el monto del Foncomún, por ejemplo, a la municipalidad infractora, así como la disposición de suspender, de inmediato, la financiación de viajes y cursos en el extranjero a los señores regidores. Y se acabaron aquí también los chantajes. Medidas adicionales como la revisión de la Ley Orgánica de Municipalidades, respecto de las cláusulas sobre la participación ciudadana, el cogobierno de las ciudades y el empoderamiento, en general, de los ciudadanos, deberían acabar con cualesquier posibilidad de dolo, colusión y similares, de autoridades y altos funcionarios.
Caramba, todas esas cositas existían, bueno pues…. A ver, diga usted quienes son los autores de las fechorías que ha enumerado, usted debe conocerlos a todititos, o ¿toditititos los alcaldes hacen exactamente lo mismo? O, ¿ahora va a decir que mayormente desconoce? Bueno pues, primero, no todos los alcaldes hacen lo mencionado, hay una muy buena cantidad de alcaldes que pueden ser incapaces y hasta brutos, pero son honrados. Además el listado de esas fechorías no es de mi invención ni son cosas que yo haya visto directamente, es la enumeración de algunos de los delitos que han sido denunciados públicamente; algunas de aquellas denuncias han terminado con sanción a los responsables pero la mayoría no ha recibido la sanción respectiva y, probablemente, nunca la reciban, pero por causa de otro de nuestros grandes males, la corrupción de las autoridades fiscales y judiciales, que ya es un tema mayor y que queda pendiente de revisión.
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