martes, 31 de mayo de 2011

El debate presidencial

Y ya está, se acabaron los debates. Como siempre, llegaron, no convencieron a nadie y se fueron. La una con la soberbia y altanería propias del papá y, el otro, tibio, pareciera que nunca llegó a arrancar. Lejos de la aparente seguridad y aplomo de doña Keiko aprecio un vacío de consistencia, un forado de sustancia, una chancona que se aprendió a fondo el libreto, pero de aportes personales, naranjas. Don Ollanta, entre timorato y receloso de mostrar todo, de no dejarse pisar el poncho y un poco duro. En este punto sin embargo, Humala saca ventaja por cuanto la otrora primera dama de la nación, congresista de la República, niña de los ojos de apá, ducha en estos menesteres y con el respaldo escandaloso, cómo no, de toda la prensa escrita, radial, televisiva, al contado rabioso, se suponía iba a barrer con el atrevido éste, cachaco, como les gusta llamar al señor Humala. El público asistente y el televisivo se debe haber quedado con la pregunta en los labios: ¿Y esto fue todo? Ya pues, no jodan. Y es que los debates ya no funcionan, hace mucho tiempo que no nos dicen nada; de ilustradas eminencias, huérfanos; de planteamientos sólidos, abandonados; aunque fuera solo de ideas buenas, abortados. Sí pues, ¿Por qué mejor no hacemos que dos carismáticos y claros, de voz, presentadores, nos lean los planteamientos de cada uno de ellos y ya está. Nos ahorramos tiempo, nos vamos directo al grano y entendemos todos.

Pero ¿Desde cuando un debate presidencial no nos dice nada? Desde que los grupos de poder, esos que ponen, quitan, mantienen y vuelven a poner presidentes en el país, decidieron que la fiesta debería ser más importante que el dueño del cumpleaños. Total, si el programa de gobierno lo pongo yo, para qué le vamos a dar alas al portador? Después se nos crece, como Alan versión 1 y vamos a tener que darle su estate quieto, ¿Y el tiempo y LA PLATAAAA perdidos? No es cinismo ni atrevimiento de mi parte lo anteriormente anotado. Que levante la mano aquel que haya escuchado un buen plan de gobierno de boca de un candidato y que haya visto, luego, que se hace realidad por la manito del elegido. Gracias, no es que tenga la razón, pareciera más bien que esta nos ha abandonado hace tiempo. Porque asistimos casi indiferentes a estas "grandes fiestas de la democracia", con las banderitas en la mano, el solapero en el pecho, la sonrisa en la boca y nada, pero en verdad nada, a parte del gorrito, en la cabeza. Y claro, cuando nos llevamos la mano al bolsillo de la billetera ya no tenemos ni pantalón. Lo grave del asunto es que no estamos hablando de un negocito, una chambita, un sencillo, por Dios, estamos hablando de nuestro futuro, el de nuestras familias, del país entero. ¿Se entiende eso?

Si viviéramos en una verdadera democracia, una decente digamos, los medios de comunicación nos darían, antes de los debates presidenciales, un desmenuzamiento exhaustivo del plan de gobierno de cada uno de ellos, del equipo técnico que lo respalda, del financiamiento planteado para su desarrollo y de un cronograma realista de lo que se va a hacer. Así, para el día del debate, hasta el acomodador del público asistente, camarógrafos incluidos, sabrían tanto o más que los propios candidatos sobre lo que quieren hacer y estos podrían dedicarse a demostrarnos que estamos, sino ante un Superman, al menos ante un Chapulín Colorado que quiere hacer su mejor papel. Si revisamos nuestras últimas elecciones, lo que ha ganado en los debates han sido poses farandulescas, mentiras fabricadas, cinismo encubierto y abiertas angurrias por llegar como sea. La pregunta es: ¿Cuándo nos vamos a dar cuenta de que un debate presidencial no es para conocer a los candidatos, se suponen que a través de los medios de comunicación ya sabemos hasta cómo duermen; no es, tampoco, para conocer recién sus ideas, se supone también que ya las sabemos de memoria; es, sobre todo, para mirar a los ojos al candidato en el momento que nos regala su mas lograda expresión de, por mi madre que puedes confiar en mí, y darnos cuenta si es que está diciéndonos o no la verdad. El resto es show para entretener al respetable y la verdad, para estas frivolidades, mejor que el voto no sea obligatorio.

miércoles, 25 de mayo de 2011

Vargas Llosa y Hernando de Soto

No deberíamos creer en las personas solamente por sus lauros, tal vez nuestro gran error sea el no profundizar y dejarnos llevar por los titulares de los medios de comunicación. Por primera vez una elección presidencial ha contrapuesto sobre el escenario a dos peruanos destacados: Mario Vargas LLosa y Hernando de Soto. Con más pasión que sólidos argumentos, ambos defienden a sus candidatos personales. Vargas Llosa a Ollanta Humala y De Soto a Keiko Fujimori. Las líneas de vida sinuosas que ambos personajes públicos han trazado no son buena carta de presentación para sus posiciones. Me quedo, sin embargo, con Mario Vargas LLosa. Nuestro escritor siempre ha sido liberal, demócrata y desde el momento que alcanzó su mayoría intelectual, es decir, al desembarazarse de Fidel Castro, sus escritos y pronunciamientos han sido consecuentes y, en verdad, no se le puede acusar de venderse o alquilarse al mejor postor. Del señor De Soto no tengo la misma impresión. Su gran movida para apropiarse de una obra grupal como "El otro Sendero" y convertirla en "su" ópera prima no lo pinta muy bien. Apoyar luego abiertamente a Alberto Fujimori antes del 5 de abril de 1992 y solapadamente, después de ese aciago día, tampoco es buena credencial. Pero sobre todo, basar todo su peso político-económico en la premisa de que hacer propietarios a los pobres los convierte en sujetos de crédito y ya está, se desaparecieron los pobres. POOOR FAVOOOR.

Llama la atención el que Vargas LLosa, un neo liberal, con solapero incluido, defienda y proponga al señor Humala como la mejor opción para nuestro país, habida cuenta que don Ollanta se ha manifestado contra el capitalismo, como sistema de gobierno y esté gritando por la inclusión de las grandes mayorías en las decisiones que hay que tomar para que el país arranque de una buena vez. ¿No será que don Mario se ha dado cuenta de que ya no se puede seguir ajustando a los de abajo, en beneficio exclusivo e injusto de los de arriba, sin poner en grave peligro la paz y estabilidad que todo país necesita para sostenerse en el tiempo? ¿Cómo es que dos neo liberales confesos toman distintos caminos? Me atrevo a decir que Mario Vargas Llosa siempre ha mantenido su independencia intelectual y, errado o no, las decisiones que ha tomado, sustentado y llevado a la práctica, obedecen a su propio parecer, creencias, temores y pasiones. El señor De Soto, por el contrario, es hijo, promotor entusiasta y hasta cancerbero, del sistema económico imperante en el mundo, ciertamente no por cariño, sí por honorarios. Hubiera sido bueno, en todo caso, que ambos se presentaran ante la opinión pública a debatir sus ideas, pero creo que Vargas Llosa ha entendido que más gana De Soto y su mentora, Keiko Fujimori, al prenderse del escritor, que a nivel de pueblo y vulgo, es muchísimo más conocido que el pretendido economista, exitoso asesor internacional, pero un gran desconocido al interior del país.

Debo anotar que me molesta, personalmente, que el señor De Soto se presente y presente "su teoría" como la solución definitiva a los problemas de pobreza e inclusión en el mundo, especialmente en el Perú. Me molesta que pretenda sorprendernos con una parábola creada por sus entusiastas promotores y que defiende a capa y espada que la inclusión de los pobres empieza en un título de propiedad. No señor De Soto, eso es una gran mentira. Eso equivale a que un club social, de alta raigambre elitista, tome la decisión de vender membresías a los que están afuera, con la cara pegada a los cristales, pugnando porque lo dejen entrar, con la intención de desaparecerlos, fea vista son, y luego, cuando estén dentro, relegarlos a algún sótano o azotea y haciéndoles piscina a parte para que no se mezclen con nuestros hijos, igualados éstos. Decir que una persona, al formalizarse y convertirse en propietario, mediante larguísimos y criminales sistemas de crédito, va a solucionar sus problemas económicos porque ya podrá ser sujeto de crédito y será considerado dentro del sistema económico y financiero es la más asquerosa mentira que alguien puede sostener. Lo que el sistema necesita es anular la competencia "informal", que maneja otros códigos, otras consideraciones, que ha demostrado que con trabajo y ahorro obligado, pero sin mantenimiento de cuentas ni cargos extras, se puede llegar lejos. Sí pues, buena estrategia, si no puedes vencerlos, únete a ellos. Pero en este caso se pretende hacerlo con las reglas de juego de "los formales" es decir de los dueños del club. Espero que para más adelante alguien pueda desenmascarar a este propagandista rentado de un sistema que está haciendo agua, especialmente en el país, y que hay que modificar rápidamente antes de que nos coma la ola. La gente aguanta, pero no por siempre.

martes, 17 de mayo de 2011

García, Acurio y el Perú

Gracioso el señor presidente, le ha dicho a Gastón Acurio, y con él a varios millones de peruanos, que no opine sobre los temas importantes del país, que mejor se dedique a sus ollas y cacerolas y que los temas ambientalistas y de salubridad, se los deje a sus amigotes, como el señor Carranza, que ya se despachó con eso de zapatero a tus zapatos y que prefiere más ingenieros que cocineros para dirigir el país. Lo del señor Carranza, cuadriculado por los cuatro costados, dado su compromiso, prioritario e ineludible con los grupos de poder y la derecha extrema pasa, pero lo que García ha gritado, desde su reverberante generosa anatomía ya sonó feo. Es casi la respuesta del chico picón, casi casi, como: "Sí pues, pero mi tío es bombero". El señor presidente, aunque a veces no lo parezca, es inteligente. ¿Cómo equivocarse tanto entonces en este mensaje al pueblo peruano? Simple, carece de argumentos de defensa, realmente él desconoce el tema y, sobre todo, no puede chocar con Chocano. Es decir, él también ya recibió la consigna, orden o sugerencia, de que los transgénicos deben entrar al país como sea, pero ya. Las trasnacionales y sus representantes locales están preocupadísimos porque otros países, los de verdad, ya les cerraron las puertas en la cara y les han dicho que naranjas, que se metan sus productos en cualquier otro sitio y punto. Sí pues, había que buscar al tonto o al vendido y don Alan levantó la mano.

Sin pretender una abierta defensa de la imagen mellada por el grandilocuente interlocutor, de lo que aquí se trata es de pararle el macho a quien, ya habiéndolo hecho muchísimas veces antes, pretende pasar al caballazo una norma que a todas luces nos hará daño. Es cierto que tenemos una de las más grandes diversidades biológicas en lo que a cultivos se refiere. Que docenas de países babean envidiosos porque no nos llegan ni a los talones en eso. Es cierto también que gracias a ello nuestra cocina, nuestra gastronomía, está levantando un vuelo increíble a nivel mundial, beneficiando a muchos, muchísimos peruanos, que lejos de recibir el escuálido chorreo, proveniente de los minerales, están recibiendo una generosa ducha española de nuestros cultivos y platos nacionales. Pero claro, como eso no beneficia en nada a los titiriteros trasnacionales, entonces hay que sacar al pitbull que en su afilada lengua encierra don presidente. La campaña nacionalista, cruzada económica, que ciertamente beneficia a Gastón, Astrid y los cocineros de renombre, alcanza, sí por primera vez, a una tremenda cantidad de agricultores, recolectores, transportistas, cocineros, mozos, lavadores de platos, empresarios, chiquitos y medianos, de la cocina peruana y nos ha dado un nombre a nivel mundial gracias a la calidad de nuestros productos. Todo eso, para decirlo en cristiano, a García y su corte de vividores les importa, textualmente, un carajo.

El tema en sí es interesante porque nos muestra cómo se manejan los asuntos nacionales. Dejando a un lado la pertinencia o no de la cruzada Acurioista, de lo que se trata es de que a sí como a las señoritas hay que enseñarles a decir que no, a cualesquier avivato, con mucha plata en la mano y poca hombría entre los pantalones, igualito hay que enseñarle, no, obligarle, a nuestros gobernantes y representantes que primero está el Perú y los peruanos, que primero están los intereses nacionales y que la dignidad de un país, señor García, no se vende ni se alquila, aunque el señor Fujimori y su carnal Montesinos vociferen lo contrario, desde sus cómodos chalets de retiro, con apariencia de cárcel. Se ha hablado hasta la saciedad de los pros y los contras de meter entre nuestros cultivos las malhadadas semillas transgénicas. Se han improvisado charlas, seminarios y encuentros de ambas partes, así como viajes y grandes comilonas por parte de los principales interesados de que les abramos las puertas y las ventanas, y la conclusión final de cada evento es que no se llega a demostrar que lo transgénico es la última plaga divina, pero tampoco que es el maná del cielo. Y ante la duda, señores del gobierno, es mejor abstenerse. Si tiene cara de puta, señor García, hasta usted evitaría presentársela a sus padres. Mejor nos abstenemos aunque "sus técnicos" opinen lo contrario.

miércoles, 11 de mayo de 2011

Descentralización y desarrollo

Faltan muy pocas semanas para elegir a un nuevo presidente para nuestro país y las cosas se han polarizado como nunca. Una buna parte de los peruanos se resiste al cambio, más por ignorancia e inducción ajena, que por convicción propia. Y otra parte, cansados ya de las promesas incumplidas, de la postergación infinita de sus necesidades, grita su incomodidad y no quiere volver a perder. La señora Fujimori pareciera sentirse segura, la soberbia paterna ha asomado en su rostro y en sus palabras. Y cómo no sentirse confiada si el 90 % de los medios de comunicación, los oficiales incluidos, la acompañan fiel e indebidamente. El señor Humala ha morigerado el tono; sus altisonantes propuestas y beligerantes provocaciones de ayer, se han convertido en razonables ofrecimientos. Pero ¿es uno de los dos quien nuevamente tendrá el poder decisorio absoluto sobre nuestros problemas, soluciones y alternativas? Sí pues, lamentablemente es así. El sistema está hecho para eso. Esta forma de gobierno, presidencialista, clientelista, populista y paternalista, nos ha colocado en el centro de la atención mundial, porque las cuentas grandes están en azul, porque las deudas se están manejando como le encanta a todo acreedor: pago rápido y hasta adelantado, porque las reservas, esa chanchita que se va haciendo a nivel estado, está cada día más gordita y porque finalmente todo el que ha venido a invertir su dinero se la está llevando como no podría haber imaginado. Y todo dirigido, manejado y resuelto desde la cúpula de gobierno y todo al servicio de unos cuantos grupos conocidos. Capitalismo neto, Centralismo puro. Sub desarrollo tercermundista y, con ello, conflictos y enfrentamientos asegurados.

Pero ¿y los peruanos? ¿Estamos bien? Naranjas, estamos peor que mal. Porque la riqueza obtenida no extiende sus beneficios más allá de Huacho o Cañete, porque las condiciones de pobreza en que buena parte de nuestros compatriotas se encuentra sumida hasta el cuello y no pocas veces hasta las orejas, ya ha reventado en conflictos, lógicos aunque imperdonables, sin que en Lima, en el Ejecutivo y el Congreso se haya apreciado algún ceño fruncido o alguna verdadera preocupación por cambiar las cosas. La payasada, con el perdón de los payasos, en que se ha convertido la tan cacareada regionalización, embutida y exigida por los apristas y promulgada y ejecutada por el señor Toledo, nos ha causado un atraso tremendo, una pérdida de dinero público incalculable, muchas fortunas mal habidas y decenas de miles de zánganos enquistados en el aparato público, ahora duplicado y replicado al interior del país por gracia de esos entes autónomos, mal llamados gobiernos, presidencias y consejos regionales. ¿Qué nos pasó, hacia dónde estábamos mirando que no nos percatamos de esta bestialidad que está desangrando el erario y creando caldos de cultivo "regionalistas" que pueden reventar en conflictos sociales cuando los líderes regionales crean que les ha llegado "su" turno. Esto no puede continuar, mejor dicho, no debe continuar un año más. La idea base era correcta, vamos a creer que la intención también, pero definitivamente no ha funcionado y hay que hacer una operación de cirugía mayor, pero ya.

Nunca se ha entendido que la descentralización pasa por el atender a las poblaciones locales en su sitio, resolver sus problemas en forma local y con apoyo total de la población involucrada, que es muy diferente a aceptar lo que la población, exitosamente manipulada por un grandote en chiquito, es decir por un monigote manejado por los capitales e intereses de grupos locales, propios o ajenos a la circunscripción, quiere, se le antoja y exige. Empecemos por reconocer que el cambiarle el nombre a los departamentos por regiones, con las mismas responsabilidades de siempre pero con ingentes cantidades de dinero para gastar, como nunca, fue un pésimo error. En el Perú necesitamos no más de 6 a 9 gobiernos regionales, no federalistas, sí interconectados y con un objetivo nacional, único e innegociable. Un sistema regionalista propio, creativo, eficiente y eficaz, que no atienda quejas individuales sino clamores nacionales. Que no viva de espaldas a su realidad pero que sepa mantener la distancia de los problemas domésticos, no vaya a ser que las ramas no nos dejen ver el campo. Se necesita mucho coraje, gente de primer nivel, más técnica y profesional que política y ladrona, y cero compromisos con los grupos de poder de toda la vida. Sí pues, una labor casi de kamikaze. Nunca llegó el chorreo, por eso, porque el tinglado no se armó para ello, sino para todo lo contrario. Como cuando el gordo, sentado a la mesa, pasa hasta el pan sobre el jugo del plato y las migajas las recoge con la palma de la mano y también se las echa a la boca. Harto difícil la decisión de ajustarse los pantalones y decir hasta aquí nomás.

viernes, 6 de mayo de 2011

Un Proyecto para el Perú

¿Qué Perú queremos? ¿Por qué, es que acaso no está bien el que tenemos? Pues no, de ninguna manera. ¿Cómo podríamos estarlo si todos los días mueren cientos de niños por falta de atención médica, por falta de alimento o de techo para protegerse o incluso por mano ajena, a veces de los propios padres. Si tenemos, aunque el señor García nos mienta descaradamente, uno de los mayores índices de analfabetismo de Latinoamérica; si el nivel de delincuencia y, por consiguiente, de inseguridad ciudadana, son tan grandes como en México, Bogotá o Río de Janeiro. ¿Qué nos ha pasado para que hayamos cerrado los ojos ante una realidad tan triste como la que estamos padeciendo? Pareciera que nos hemos acostumbrado a que nos digan qué pensar, que opinar, qué hacer. Y es que la presión mediática es enorme, es demasiado fuerte para una masa ciudadana que no ha recibido la formación mínima para hacerse respetar, para exigir lo que por derecho le corresponde. Para, por lo contrario, dejarse estar, recibiendo lo que le dan, cumpliendo fielmente un libreto impuesto por una sociedad consumista que no busca más que el beneficio de quienes detentan el poder. Lo que sucede en nuestro querido país va más allá de derechas e izquierdas, de terroristas y escuadrones de la muerte. Se trata más bien de una sociedad derrotada por sus propios actores, por su desidia, porque aún sabiendo qué hay que hacer para arreglar las cosas, opta por lo más fácil, simplemente no hacer nada. Porque cansa y es aburrido, oiga usted.

El Estado no existe. No donde en verdad debería tener presencia. Está junto a los poderosos, cuidándole sus bienes y vidas, vigilando sus negocios y haciéndoles más fácil, si es que cabe, las cosas, mediante prebendas, acuerdos indebidos y, claro, dándole la espalda a quienes no tienen los medios, ni siquiera la oportunidad para salir adelante. Al margen de la justicia social, de la equidad en el trato y deferencia a los connacionales, lo que necesitamos es tomar consciencia de que jamás, pero jamás, saldremos del subdesarrollo si es que no atacamos a la pobreza en su raíz, a la delincuencia en sus orígenes, a la insalubridad en sus causas. Pero no será mediante una revolución sangrienta, ni siquiera por una batalla de almohadazos; no, será porque nos hemos percatado de que la mejor manera de solucionar nuestros problemas es tratándolos ahí en donde aparecen. Las tentativas o disposiciones de solución que vienen desde arriba, simplemente no funcionan. Los graves problemas nacionales eran, en su origen, palomilladas de barrio, discusiones de alcoba, que al involucrar a vecinos, bienes y propiedades ajenas, fueron creciendo hasta convertirse en los grandes obstáculos del desarrollo que ahora tenemos por delante. Si ya hubiéramos aprendido a vivir en comunidad, a aceptar nuestro lugar, derechos y responsabilidades dentro de nuestra sociedad, no tendríamos problemas de hogar, de cuadra, de barrio, de distrito, de provincia, de región, de país. Sí pues, suena fantasioso, ¿no?

Hace unos meses el señor Luis Carranza, dijo en la CADE, con más énfasis que convicción, que en el Perú necesitábamos más ingenieros que cocineros. Y lo dijo sin sonrojarse. Se refería, evidentemente, a que a pesar del éxito personal de Gastón Acurio, del reconocimiento internacional de nuestra gastronomía, del renaciente orgullo por lo nuestro, de la entronización y empoderamiento de la marca Perú en todo el mundo, lo que necesitábamos en el país era seguir "creciendo" económicamente, aumentando las reservas internacionales, rindiendo pleitesía a las trasnacionales e inclinándonos ante los gobiernos del primer mundo. Pues, fíjese usted, esto es precisamente lo que necesitamos cambiar. Empecemos por pensar en el Perú, por pensar en nuestros recursos y en el mayor beneficio que podemos obtener de ellos, por pensar en nosotros mismos. Nuevamente, ¿Qué Perú queremos? A mí me gustaría poder salir a la calle con mis hijos y saber que voy a llegar a mi destino sin ser asaltado o atropellado. Me gustaría tener un buen trabajo y ganar lo justo y necesario. Me gustaría que mi barrio cuente con todos los servicios y facilidades para vivir bien. Me gustaría vivir decentemente, casi como gente. Me gustaría tener autoridades y representantes de los que me sintiera orgulloso. Me gustaría que mis derechos se respeten y que yo sea la razón de existir del Estado. No, señor Carranza. No necesitamos los mismos ingenieros que le han hecho tanto daño al país. Necesitamos sentarnos a conversar, a definir lo que queremos y a decidirnos a ponerlo en práctica. Ese nuevo proyecto nacional debe tener un solo objetivo, un solo lenguaje, un solo camino y una estrategia, aceptada y compartida por todo el pueblo peruano. Ese, ese es el único Proyecto que necesitamos para el Perú.

martes, 26 de abril de 2011

El poder mediático y la opinión pública

Es sorprendente la perfección con que funciona la maquinaria mediática de los grupos de poder. Pareciera que se hubieran reunido para ponerse de acuerdo en cómo manejar las noticias, las encuestas, las opiniones y hasta los resultados. Su accionar es igualito al del mono con metralleta: disparar a matar, muchas veces sin siquiera saber por qué. Hace mucho tiempo, desde la época de la inmundicia periodística de la corporación Fujimori-Montesinos no se veía algo tan asqueroso como esta desinformación y mala leche contra los que pretenden entrar a la política para cambiarle la cara. Habrase visto, igualados éstos. Pareciera que estamos condenados a permanecer dentro del círculo de la desinformación, dentro de la argolla politiquera, dentro de la mafia del poder. Sí claro, pero la decisión es del ciudadano, su voto será la última palabra en este tema. Por favor. Si es que no tenemos ciudadanos, si es que tan solo existen peruanos en minoría de edad pensante, con una gran discapacidad de razonamiento y un increíble afán, casi zoombinesco, por seguir la ola. Y es que la gran prensa y sus montajes mediáticos ya acabaron por anular la voluntad del ciudadano. Nunca como ahora la gente repite, por calles, plazas, taxis y alcobas, lo que los titulares le dictan a su miopía racional. Este es el candidato ganador, este no tiene opción y este es peor que el sida y el cáncer juntos. Así que anda hijo mío y repite lo que hoy te muestro, por tu propio bien, el de tus hijos y el de nuestro amado país.

Toda la prensa escrita, televisiva y la masiva por internet, a través de los inefables PPKausas, nos gritan, vociferan, que no debemos dar un salto al vacío, que hay que dejar las cosas como están, que vamos a perder soga y cabra, que estamos dejando escapar la gran oportunidad, tal vez la última, de dar el salto definitivo hacia el primer mundo. Que la izquierda, que los terroristas, que los comunistas de siempre, que Hugo Chávez, que Fidel Castro, que te van a quitar tus propiedades y luego a tus hijos y tantas cosas más. Siempre me he preguntado cuál es el límite entre la mentira encubierta y la estupidez mayúscula. En verdad, no existe. Vamos a ver, ¿por qué la desesperación, por qué esa gritería infernal digna de una violación sexual o de una castración de chanchos? El miedo, miedo a perder lo que con malas artes se ha conseguido, las prebendas recibidas que no quieren devolverse, los indebidos favores, de doble vía, que estamos acostumbrados a hacer y recibir. Es verdad, también, que no estamos para riesgos, pues no nos ha ido tan mal en los últimos años, estamos mejor que otros. Sí pues, pero no por mérito propio si no mas bien por error ajeno. No estamos haciendo nada, en lo personal y comunitario, por romper las cadenas del sub desarrollo, de la inequidad y el abuso, aún sabiendo que lo que sucede a nuestro alrededor no está bien, que huele mal. Y lo que mejor sabemos hacer es reunirnos en las esquinas, en las peluquerías, el spa, o el engañoso salón de masajes, según el bolsillo y las intenciones, para terminar de convencernos los unos a los otros de que sí pues, de que no hay que permitir que el país se vaya al carajo. No señor. Si lo dicen El Comercio, Perú 21, La Razón, El Correo, Expreso y todos los canales de televisión, más los comentarios de RPP y la voz, autorizadísima y representativísima de don Jaime de Althaus, entonces cierto será. Y para qué pensar, es perder tiempo.

¿Y la opinión pública? ¿Y la voz, otras veces fuerte y estentórea, como cuando de corear goles de la selección se trata, de la ciudadanía? Puede que nos hayan quitado los argumentos, que nos hayan adelantado el vivo, que nos dejen pensando, atarantados, en la cantidad de porquerías que como grandes e irrefutables verdades nos presentan a diario, si pues, pero no deberíamos ser tan estúpidos para seguir creyendo, para seguir aceptando, para "desconocer mayormente". Informarse, en estos tiempos, ha dejado de ser tan solo un derecho para convertirse en una responsabilidad muy seria para los peruanos. ¿Qué leer? ¿A quién leer? ¿Qué escuchar y a quién? Por Dios, qué difícil tarea. La mayoría de periodistas que creía serios y profesionales se han vendido, bueno, se han seguido vendiendo, esta vez a mayor precio y más descaradamente; no existe un programa de televisión local creíble, ni siquiera inteligente. Salvo algunas voces individuales, el poder mediático, a través de sus felipillos y felpudines de siempre, ha llegado a enseñorearse en todos los espectros, logrando aniquilar, parece que de una vez y para siempre, a la opinión pública, por amedrentamiento, por sobre información, por desinformación, por lo que fuera, ya no tenemos representantes genuinos que nos muestren las cosas como son. Estas elecciones se han jugado en cualesquier otra cancha menos en la de la confrontación de ideas y planes de gobierno, de sistemas económicos y filosofía de vida. Me pregunto, ¿cómo hemos permitido que los medios masivos de comunicación nos conviertan en unos pobres diablos?

jueves, 21 de abril de 2011

La guerra de los mundos

Alguna vez tenía que producirse y parece que es ahora. Los de arriba en guerra a muerte con los de abajo. Eufemísticamente hablando, la derecha contra la izquierda. Estamos entrando a una verdadera etapa de definiciones nacionales. ¿Es muy difícil darse cuenta de que para que las cosas terminen de encaminarse en la forma correcta, tenemos que ponernos de acuerdo, al menos, en algunas cosas básicas? Mientras los grandes sectores de familias pobres subsistan a duras penas junto a los pequeños grupos acomodados, seguiremos teniendo problemas. Lo increíble del asunto es que ese 4 % de la población del Perú que se gasta el 90 % de los ingresos del país, tienen embelesados a un 40 % más de peruanos, con mentiras y promesas de que algún día serán como ellos y los obligan a defender lo indefendible. La política, en el Perú, es el arte de decir mentiras y de que no te las puedan probar o, en todo caso, de que siempre puedas echarle la culpa a los otros. Quienes se dedican "profesionalmente" a la política tienen que tener un grupo de seguidores incondicionales, voluntarios o rentados, que los ayuden a llegar, los mantengan en el poder y, ante todo, que sean sus escuderos, mientras dure su aventura. En una sociedad del todo vale y nada importa, los peruanos estamos, probablemente, entre los primeros fanáticos que pueden renunciar, sin asco, a su propia identidad, sus propias convicciones y aspiraciones, incluso, para sumarse al coro de los ayayeros, para subirse al carro del triunfador. Y eso es, además de inmoral, bastante estúpido, que a la larga es un seguro suicidio.

Bajísimos niveles educativos, una auto estima personal a nivel del quinto sótano y un sistema imperante, social, económico y político, injusto, inequitativo y abusivo, nos ha confinado a ser los eternos convidados de piedra cuando de tomar decisiones políticas y definir rumbos económicos se trata. No es posible salir del sub desarrollo si se tiene que cargar con 24 millones de personas, mal alimentadas, proclives a enfermedades, cuando no a epidemias, sin voluntad propia, muchos de ellos resentidos, con razón, algunos extremadamente violentos, sin razón pero con lógica. Mucho peso para despegar. De ahí que es mejor no contar con la masa para las grandes movidas, para las desbordantes utilidades, para los infaltables favores. Cuando la derecha etiqueta a los movimientos inconformes que buscan mayor igualdad, los trata de terroristas, de revolucionarios irracionales, de enemigos de los intereses nacionales, de querer tumbarse al sistema para quitarles a los pocos y repartirlo entre los muchos. Hasta para el más idiota este último razonamiento carece de sustento. Cualquiera se da cuenta de que no alcanzaría para que todos tuvieran una parte medianamente decente. ¿Es muy difícil darse cuenta de que nada se podrá lograr si las acciones vienen desde arriba, si las disposiciones, normas y programas se diseñan para seguir protegiendo un statu quo que no admite competencia? No es conveniente, tampoco, invertir las cosas, a la loca y sin anestesia. ¿Qué pasa con el centro? Esa clase media que entre Alan García (cap.1) y Alberto Fujimori se empeñaron, con bastante suerte, en desaparecer. Esa clase media que era la garantía de que la fiesta se llevara en paz. Recomponerla no puede ser muy difícil, claro, si todos entendiéramos que es tremendamente necesaria para poder acceder al verdadero desarrollo.

Los grandes grupos de poder, los mismos que manejan los medios de comunicación, nos están vendiendo la idea de una catastrófica situación para el país, si es que los "izquierdistas" llegaran al poder. Corridas masivas de inversionistas internacionales, expropiaciones, nacionalizaciones y secuestro de los "independientes" medios de información. Ya pues. Nauseabundos editoriales de los grandes periódicos, carga montones injustificados de "sesudos" comentaristas televisivos y mercenarios defensores de a pie, se han encargado de hacernos creer que aunque los mayas se hayan equivocado y el mundo no desaparezca por un cataclismo a fines del 2012, el Perú podría desaparecer a fines del 2011, si la señora Fujimori, que es la última carta que les queda, no llegara a ganar estas elecciones presidenciales. No estoy muy seguro de que el señor Humala reúna las condiciones necesarias para promover y realizar el gran cambio que gradual, pero sin tregua, el país necesita; pero sí estoy completamente seguro de que los grupos de extrema pobreza ya no pueden seguir aguantando, de que los grupos intermedios no pueden seguir esperando y de que los grupos de la clase económica alta ya están demasiado podridos para seguir manejándolo todo. Sí pues, toda esta perorata podría parecer altamente subversiva, pero no es más que una súplica a la razón y al buen criterio. En verdad se nos está acabando el tiempo.

martes, 12 de abril de 2011

¿Resultados electorales previsibles?

Lo que acaba de suceder el domingo era totalmente previsible. La gran maquinaria de los medios de comunicación, por un lado, y el genuino respaldo ciudadano, por el otro, así lo determinaron. Quedaron para una segunda vuelta la heroína fabricada por quienes ansían seguir saqueando al estado y el out sider que se presenta como una oportunidad de cambio. Difícil, casi imposible arriesgar pronóstico. Lo que sí es cierto es que los que no entienden al país y lo que en él está pasando, han contribuido a polarizarlo. Así, estamos casi mitad por mitad. Pero lo triste es que en una de las mitades están los engañados de siempre, los borregos de toda la vida, que sufren de pensar lo que un verdadero cambio podría representar en sus vidas. Para decirlo en castizo: se mean de purito miedo. Supongamos, solo por un momento, que quienes ansían la continuidad, la permanencia de las actuales reglas de juego, lo hacen de buena fe, con la convicción de que no estamos para ensayos y de que "verdaderamente las inversiones se podrían retirar" si ganara otra opción que no es la que los grandes grupos de poder les exigen e imponen. ¿Difícil creerlo, no?

Dice don PPK, que ahora se dedicará a llenarnos la cabeza con que la señora Fujimori es la versión mejorada de su señor padre, sin errores y con mayores beneficios, que el señor Humala no solo es un salto al vacío sino un empujón con aterrizada de cara asegurada. Y ésto lo hará público por todos los medios pagables, conocidos y por conocer. Lo peor es que buena parte del electorado le creerá, porque sí pues, porque el gringo tiene cara de caballero y porque además el propio Alan ha jurado que aunque él no puede hacer que llegue el que a él le dé la gana, sí puede evitar que llegue el que a él no le gusta. Aquí cabe una acotación. Esta no sería la primera vez que el líder de la nueva APRA, porque de la antigua que yo conocí y respetaba ya no queda nada, se equivoque y se vaya de frente y panza, al suelo. Lo que me es del todo incomprensible es el por qué la gente se resiste a pensar por sí misma. ¿Por qué es necesario que otro, bastante "importante y poderoso", por cierto, le esté soplando la plana permanentemente al oído? ¿Falta de conciencia ciudadana? ¿Exceso de ignorancia? Falta de personalidad, de carácter, diría yo. ¿No ha bastado que a cocachos y, no de los que recibía don Nicomedes Santa Cruz, si no de los de a verdad, esos que hacen llorar por la pérdida de seres queridos, o por la pobreza extrema de nuestros compatriotas mismos, que ya no saben qué más hacer para llamar nuestra atención, hayamos tenido que espectar cómo se derrumbaba nuestro Perú?

Debemos tomar en cuenta de que nos encontramos ante la disyuntiva de tomar el tren con rumbo hacia el verdadero desarrollo, o de seguir agachando la cabeza y bajándonos los pantalones, mientras miramos al cielo con carita compungida de: Por Diosito que no había otra. ¿Cuándo nos daremos cuenta de que quienes hasta ahora han manejado los destinos de nuestro país, de nuestras regiones y ciudades, no quieren más que seguir comiendo de nuestro plato, sin dejarnos opción, siquiera, a reclamar y rematando, además, lo poco que nos queda porque saben que ellos siempre caerán bien parados? Yo sí esperaba esta polarización, mucha gente, no la suficiente sin embargo, ya ha tomado en serio la responsabilidad que le corresponde en estas elecciones presidenciales. Se veía venir y había que adelantarse para manipular las cosas y alcanzar los resultados favorables requeridos, como que por poco lo logran. ¿Y ahora qué hacemos? A parte de encomendarnos al Altísimo, como alguna vez lo sugiriera un ministro fujimorista, lo que tenemos que hacer es definir nuestros propios objetivos, los inmediatos y los de largo plazo. ¿No sería mejor tomar la decisión en forma personal, razonada y con visión de futuro, en lugar de poner la narizita para que nos sigan llevando al matadero? Sí pues, difícil situación la que nos ha tocado vivir a los peruanos.

martes, 5 de abril de 2011

Y ahora ¿Por quién votar?

Lo que vimos el domingo pasado, en el tan publicitado debate de candidatos presidenciales, no es precisamente lo que esperábamos, es exactamente lo que nos corresponde y, con toda seguridad, merecemos. Cinco personas, no las mejor preparadas, no las más interesadas en los problemas y soluciones nacionales, pero sí las que nos representan a cabalidad. Por Dios, ninguna de ellas me representa, dice una amiga. Como fuera, eso es lo que hay y es entre lo que hay que escoger. Primera falsedad. Los candidatos son 10, luego de la renuncia de Manuel Rodríguez Cuadros y los que se presentaron a dicho debate solo fueron cinco. Tal vez no todos los ausentes merecían estar en la palestra, pero al menos uno sí: Rafael Belaunde Aubry. ¿Por qué no estuvo? Porque las encuestas y las encuestadoras dicen que el respaldo popular no lo favorecía. A Belaunde y a los otros cuatro candidatos se les negó la posibilidad de presentarse ante el público, de explayarse en sus propios programas de gobierno y explicar el por qué razón tendríamos que haber votado por ellos y no por los otros.

Así las cosas, no queda más que abocarse a revisar la presentación y propuestas de los candidatos que vimos por televisión. La verdad es que ninguno convenció completamente. Todos ellos hicieron agua por algún lado y presentaron flancos vulnerables. El aparente aplomo de la señora Fujimori contrasta con una verdad innegable: es hija de papá, responde a una consigna familiar y partidaria y no tiene mayor mérito personal que el del apellido, que junto a la frágil memoria de los electores, en algunos casos y la falta de ética y moral en otros, la han convertido en bolo fijo en estas apuestas electorales. El señor Humala no terminó de convencer y nos dio la sensación de que se estuviera guardando algo; le faltó madurez emocional, pero si bien es cierto que sus respuestas y reacciones no fueron del todo atinadas, al menos se mostró como un ser humano permeable y no como un cachaco obtuso, como la gran maquinaria periodística se empeña en hacernos creer que es. De todos modos y en líneas generales, esperábamos mucho más, esperábamos encontrar a alguien que despuntara nítidamente y lo que vimos fue, en la mayoría de los casos, una desesperación, casi una angurria, por llegar al poder, sin importar el costo.

El próximo domingo no queda más que apelar a la conciencia y al buen criterio, dejando a un lado pasiones y preferencias personalísimas y pensando en el país, en medidas y políticas que superen los beneficios particulares y en la persona ideal para que encarne nuestra representación y maneje el futuro de nuestro país por los próximos cinco años. Yo ya decidí mi voto, es más ya lo tenía decidido. No voy a elegir más de lo mismo, no voy a favorecer a quien pretenda, mediante componendas y arreglos bajo la mesa, hacer un borrón y cuenta nueva, para protegerse protegiendo, ni a quien enarbolando la bandera de la modernidad y el desarrollo sin límite, pretenda pasar por encima de nuestros ideales, de nuestras ilusiones y le ponga precio a todo lo que todavía nos pertenece y no hemos sabido, o no nos han dejado, usar convenientemente. Me voy a permitir emitir un voto de peruanismo y de peruanidad, de nacionalismo pero sin estatización, en fin, un voto de peruano por su Perú. Dios quiera que acierte y, sobre todo, que a esa persona la dejen gobernar.

lunes, 28 de marzo de 2011

Yo quiero un buen Presidente

Todos tenemos nuestro candidato. Todos opinamos sesudamente al respecto y nos molestamos cuando el candidato de los otros no es el nuestro. Sin embargo ¿qué tiempo le hemos dedicado a la tarea de revisar los programas de gobierno, la calidad de las propuestas, el equipo técnico que acompaña al candidato elegido, la idoneidad de su plancha presidencial y de la lista de candidatos al congreso que lo acompañarán? ¿No hemos tenido tiempo? Entonces ¿Cómo es que hemos definido a nuestro candidato? Un gran porcentaje de los electores se inclina por lo que las encuestadoras le soplan al oído, por lo que las redes sociales le sugieren como el candidato más atractivo, más fotogénico, más exitoso, más canchero, más como nosotros quisiéramos ser. Los amigos, con algún interés particular nos pasan la voz en la calle, nos dan esa llamada telefónica que ni por nuestro cumpleaños hemos recibido, nos atiborran de mensajes feisbuceros y tuiteros, hasta nos envían saludos para la familia, recomendándonos eso sí que no nos olvidemos el próximo domingo 10 de Abril de marcar las tres manzanitas, porque sí, porque es la voz, porque necesitamos a alguien como nosotros, a alguien que nos represente bien, que no nos avergüence internacionalmente y sobre todo, que arregle todititito de una vez por todas, poniendo a esos cholos, serranos y apestosos en su lugar. Habrase visto, ahora que somos un país, casi casi del primer mundo, que nos quiera representar un (una) tal por cual, que sabe Dios de dónde habrá salido y, lo peor, que encima tenga un montón de seguidores. Solo en el Perú pasan estas cosas.

La anterior es nuestra realidad. Es inevitable que prevalezcan en nuestras elecciones toda esa carga subjetiva que producen nuestras ansiedades, traumas, frustraciones, miedos, deseos no alcanzados, objetivos postergados y nuestras propias carencias, principalmente espirituales e intelectuales. Lógico y aceptable. Lo que es imperdonable es que teniendo a la mano una gama de posibilidades, que incluyen nuestra propia participación directa, nos inclinemos siempre por lo más fácil, por esa opción que otros ya pensaron, digirieron y decidieron que es la mejor. Y que nosotros aceptemos, como siempre, la imposición de ese grupo que todo lo dirige, que todo lo decide, que todo lo maneja. Ya pues. Yo quiero un presidente que piense en el Perú y en los peruanos. Que tenga experiencia, conocimientos y todas las capacidades que un estadista de ese nivel pueda requerir. Que no importa de dónde venga, que no importa cómo se haya hecho, dónde haya estudiado, qué títulos tenga, dónde y para quién haya trabajado, pero que tenga totalmente claro que primero es el Perú y los peruanos. Yo quiero un presidente al que le duela nuestra pobreza, que le importe que nuestros niños se mueran de hambre, que no haya carreteras, pero no solo para sacar el oro, el espárrago y la palma aceitera, sino para que nuestros compatriotas vayan a sus escuelas, a los hospitales, para que puedan llevar los productos que cultivan hasta las ciudades. Quiero un presidente que aunque no sepa hablar como un gran orador, se deje entender porque sus ideas son claras y su mente está en la solución de nuestros problemas y la promoción de nuestro desarrollo. Necesito un presidente que sin necesidad de tutearse con los inversionistas extranjeros se haga respetar y haga respetar nuestras condiciones de inter relación, pero que venda al mundo la idea de que nuestro país es el mejor socio para trabajar su dinero, pero con justicia, con equidad, sin nada bajo la mesa. Necesito un presidente, que me haga sentir orgulloso de ser peruano.

Sí pues, necesitamos un presidente que más que problemas vea oportunidades, que más que desgracias, vea la necesidad de enmendar rumbos. Un presidente que aunque no sea de mi agrado personal, tenga todas las cualidades del Gerente General del resto de nuestra historia. Lamento que el sistema electoral y el sistema de partidos políticos imperante, nos haya birlado la oportunidad de tener buenos candidatos, de personas honestas, serias, decentes y de buena formación, que abandonados por la maquinaria demoledora de los medios de comunicación no estén presentes, como el caso de Manuel Rodríguez Cuadros, o que aunque estando presentes, sean ninguneados por el respetable, como el caso de Rafael Belaunde Aubry. Cómo quisiera que, tal como sucede en las pantallas televisivas, casi como en una película, se juntaran la tranquilidad de Keyko Fujimori, la experiencia de Kuczynski, la palomillada de Toledo, la ambición desmedida de Castañeda, la persistencia de Humala, la decencia de Belaunde y la ingenuidad de Juliana Reymer, para brindarnos esa persona que necesitamos para sacar al país, todo, completito, hacia el desarrollo. A estas alturas y dado cómo se están presentando las cosas, pienso sin embargo que ya no importa quién sea el presidente, ninguno de los nombrados llena los requisitos por sí solo. Pero a alguien hay que elegir. Bueno pues, que sea el que tenga que ser. Total el país se encuentra, económicamente, en piloto automático y sea quien fuera el nuevo presidente, incluido Ollanta Humala, los cambios que se pudieran hacer solo serían graduales y sin llegar a malograr lo ya alcanzado. Lo que no debemos olvidar es que necesitamos un Congreso fuerte, sólido, conformado por gente de la mayor calidad humana, profesional y con cierta experiencia. El Congreso es la contra parte del Ejecutivo, es el único que le puede para el macho a un desbocado, ladrón o inepto presidente. No voy a sugerir un voto para presidente pero sí exijo una excelente elección para congresistas.

lunes, 21 de marzo de 2011

Encuestas y apuestas electorales

La primera vez que fui encuestado fue unas 8 semanas antes de las elecciones municipales del año pasado. Ante la pregunta de ¿Por quién votaría usted si las elecciones fueran mañana? Yo respondí, sin duda alguna, por Susana Villarán. El encuestador, muy serio y formal, de una prestigiosa encuestadora, me miró fijamente extrañado y me dijo ¿Por quién? Susana Villarán respondí, mirándolo fijamente seguro y él respondió: Ah, sí, a ver, un momento, por aquí está, dejando escapar un silbido que me sonó a "Cada loco que me encuentro". Siguieron algunas preguntas intrascendentes y se retiró, no sin antes darme una mirada de "pobre hombre, qué lástima, tenía cara de inteligente". El final de esas elecciones ya son cosa conocida pero la opinión que me queda de las encuestadoras y sus encuestadores es bastante fea. Resulta que ahora todo es encuestable, dicen que para sacar una instantánea del momento, pero ojo, también se afirma, no es definitiva, solo indica una tendencia. ¿Saben qué? PISTOLAS. Las encuestadoras existen para dirigir la opinión pública, evidentemente la más sensible y voluble, hacia el redil de los que no sabiendo, no opinando y no teniendo su voto seguro, terminan ubicándose en el lado "más conveniente"; sí pues, ése que conviene a los que se están vacilando con esta y todas las elecciones que se producen en nombre de la democracia en el país. Bien babosos que somos.

Vamos a ver. Para quienes se ríen de las cosas que suceden es este país y muchos otros más, hay que decirles que los resultados ya están digitados y sólo por algún imponderable, que se corregirá en el camino o mediante golpe de estado, ya se sabe quién va a ganar y, que en todo caso, si no gana es porque el candidato escogido es más idiota de lo que se creyó. Esa es una verdad incontrastable. Pero volvamos a las encuestas. Las empresas encuestadoras no son, ciertamente, ONGs que existen como vigilantes insobornables de la conciencia y opinión ciudadana. NONES. Son empresas, como cualquier otra, con fines de lucro, con el objetivo manifiesto de medirle el pulso a la opinión pública sobre un determinado hecho, suceso o producto. Se encargan de señalar cómo los percibe la población, su nivel de posicionamiento y de recordación. No es fácil mantenerse ajeno a las tendencias dominantes que se quieren implementar por quienes siempre manejan las cosas en el país. Es decir, si alguien me encarga el trabajo va a ser casi imposible que yo le traiga resultados adversos a su partido o producto, a no ser que sea para enmendar rumbos y con el objetivo final y verdadero de ganar o colocarse en la preferencia del elector. Me explico, si me contrata el partido A, yo debo recoger la opinión de la población, procesar la información y entregarla a mi contratante. Si ese partido tiene la posibilidad de seguir contratándome, entonces, yo como buen gerente, manejo, manipulo, maquillo o lo que sea para: a) Satisfacer la necesidad de información de mi contratante, haciendo que la respuesta se acerque bastante a lo que él quiere escuchar realmente; b) Mantener latente la expectativa de mi contratante, para que me siga dando chamba, al señalar que se han producido"empates técnicos" y, c) Me bajoneo a como dé lugar a quien considere el verdadero rival de mi contratante. Esto, con diferentes matices, es lo que realmente sucede con las encuestas en el país. No importa tanto el medir la opinión pública, sino el poder manipular dicha opinión, poco a poco y en cada encuesta parcial, hasta que se acomode a lo que mi contratante quiere. Se logra a través del tipo de pregunta realizada, la forma en que se pregunta y la intencionalidad del encuestador.

Sí pues, hay un manejo un tanto perverso y aprovechador de las famosas encuestas y sus análisis y proyecciones. Pero ahí no queda todo, a este "sano" ejercicio se suma otro deporte nacional de última generación: las apuestas de cómo van a terminar las cosas, cómo va a ser el orden de llegada, quién entrará en segundo lugar, quién podría remontar desde atrás, quién se quedará en el camino. Sí pues, juegue usted que ya están por cerrarse las apuestas. En esta campaña, sobre todo, pareciera que alguien está convocando a una apuesta masiva por las oportunidades de ganar que tienen los candidatos oficiales y oficialistas. Este fin de semana me pasó algo bien gracioso. En una buena reunión de amigos y luego de recalar en el tema de moda: las elecciones presidenciales, todos empezamos a hacer sesudos cálculos sobre escenarios posibles. Por un momento me dejé llevar por el juego. ¿Has visto las encuestas publicadas? ¿Quién diría que el cachaco estaría subiendo tanto, al igual que PPK,"el candidato más inteligente". Que Toledo sigue cayendo sostenidamente, que Keiko se ha mantenido y que Castañeda ya fue. Qué mejor momento que éste para que corran la apuestas. Así que ni corta ni perezosa, la esposa del anfitrión empezó a tomar las apuestas, al mejor estilo de un coliseo de gallos. Los hijos menores de mis anfitriones, mientras tanto, coreaban entusiastas, los jingles de los diversos partidos, hasta que la mami dijo que Ya basta, que la única aceptable en esa casa era la de PPK. Los niños la miraron y siguieron con la última de Carlos Raffo. Adefecieros pero rebeldes los mozalbetes. Me despedí y me fuí. Sí, soy bastante aburrido y melodramático, como dijo la dueña de casa. Ya no importa, no apuestes pero quédate para contarte la última de la enfermera de Fujimori. No debí salir de casa el día de hoy.

lunes, 14 de marzo de 2011

El informe Villarán y las elecciones presidenciales

Ya está. La alcaldesa de Lima metropolitana cumplió con su ofrecimiento de campaña, a pesar de que había pensado patear el asunto para evitar problemas, pero un buen sector de la población y sus propios contendores, le exigieron que presente el informe de marras. El día de hoy, en una concurrida y alborotada conferencia de prensa, la señora Susana Villarán presentó, a 71 días del inicio de su gestión, la primera parte del informe de la gestión concluida; no una acusación directa y con mala leche, al anterior alcalde, si no, un completo informe de cómo encontró al ente administrador de la ciudad. Y en verdad lo que ahí se reporta no son cosas muy buenas y esto que en él no se han tocado los más sonados y publicitados casos de corrupción. Es muy lamentable que los principales allegados al señor Castañeda hayan salido a gritarle de todo a la diligente señora Villarán, así como es lamentable que el propio Castañeda, en un mal momento, haya señalado que hay un evidente interés de la actual alcaldesa de hacerle el juego a uno de sus contrincantes en esta pugna por la presidencia del país. Otros comentaristas y simpatizantes, del también candidato Castañeda, han dicho que no era el momento de sacar dicho documento a la luz. Que debió esperar a que concluyera el proceso de elecciones presidenciales, que se está perjudicando a su candidato y, que en todo caso, que lo denuncie pues, pero en Mayo, o después, si es que hubiera segunda vuelta. Algunos medios de comunicación amigos, afines o receptores de la cuantiosa publicidad solidaria, también se han manifestado en contra de este acto cívico y obligatorio de la autoridad municipal, afirmando que hay intromisión de la señora Villarán en la actual campaña eleccionaria. Bien graciosa la gente ¿no?

Vamos por partes. En primer lugar, es obligación funcional y moral, el hacer un análisis de situación de cómo se ha encontrado a la comuna después de una gestión, especialmente si esta es de 8 años continuos. Es irrelevante el que el alcalde saliente se encuentre postulando a algún otro tipo de elección. El informe no está avalado por la completa documentación necesaria, todavía, por lo que no se puede pensar en denuncia de tipo alguno mientras no se reúnan las pruebas y la documentación respectiva, que incluye el señalamiento de responsabilidades y si éstas le alcanzan o no, al propio señor Castañeda. Hemos escuchado decir al señor Castañeda que no teme a nada porque su conciencia está limpia. En verdad me alegro sobre manera. ¿Y entonces? ¿Por qué tanta bulla? Aquí cabe el suponer que realmente don Luis Castañeda no sabía nada de los manejos administrativos de sus funcionarios, que ellos se mandaron, por cuenta propia, a realizar una serie de estropicios y a observar, alegremente, una inconducta funcional. Muy bien, entonces hay que pasarle la factura solamente a ellos, así el postulante presidencial saldrá incólume de estas denuncias, cuanto antes mejor. Que se han hecho mal algunas cosas durante la era Castañeda, es cierto; que se han sobrevalorado otras cuantas, también es cierto; que por desidia, ignorancia o intereses particulares, se han cometido una serie de desatinos que han afectado a la comuna y, directamente, al interés de los ciudadanos, por supuesto que sí. ¿Entonces? alguien tiene que ser responsable. ¿No fue el señor Castañeda, porque él delegó las funciones? Listo el pollo. Se investiga a fondo, se reúnen pruebas, se realizan las denuncias y que el poder judicial se encargue. Pareciera que la oportunidad es propicia para que el señor solidario salga a respaldar el informe y exigir se aclaren las cosas en el menor tiempo posible, en respeto y resguardo de su buen nombre.

Aquí hay otras lecturas posibles. No estamos acostumbrados a que los políticos o funcionarios en ejercicio cumplan con lo ofrecido. No estamos acostumbrados a que las gestiones salientes rindan cuentas, ni que las entrantes realicen una revisión exhaustiva, no perdona vidas, de las gestiones precedentes. Tal vez por eso sea la chilla. Por otro lado, esta es una brillante oportunidad de señalar verdaderos responsables. Siempre se termina revolcando a los funcionarios de mando medio, así los errores sean grandes, medianos o pequeños. No está bien. Corresponde al alcalde, como titular de la gestión, la mayor responsabilidad, pero permítanme señalar que por encima de él se encuentra el verdadero ente responsable de todo manejo municipal: el Concejo Municipal. Sí pues, los señores regidores, son quienes avalan con su presencia, aceptación, aprobación y firma, todas las acciones, acuerdos, concesiones, contratos, omisiones, dependiendo, o no, del cumplimiento de su responsabilidad fiscalizadora. Pero nadie los llama, nadie los cita, nadie los investiga, nadie dice nada; los vecinos tampoco. Es necesario que revisemos todo lo actuado, aún cuando genere problemas; es necesario que asumamos nuestra responsabilidad de ciudadanos comprometidos con el manejo de nuestros propios destinos. Si el informe Villarán no ha caído bien, lo lamentamos. Lo bueno es que, al parecer, se está inaugurando una nueva forma de proceder en la gestión municipal. Y ésto sí hay que respaldarlo.

lunes, 7 de marzo de 2011

Propaganda electoral y derechos urbanos

¿Qué está pasando con nuestras ciudades, por Dios? Ningún espacio público, por pequeño que sea, se ha salvado de la terrible contaminación visual producida por la propaganda electoral de los candidatos presidenciales, los candidatos al congreso y los candidatos al parlamento andino. Hemos sido invadidos por el tremendo tsunami del mal gusto y la angurria por el poder. Cada cartel, uno más horrible y faltoso que el otro, nos recuerda que nuestra desidia y falta de identidad ciudadana han permitido que estos bárbaros electoreros nos secuestren la ciudad entera y nos soben por la cara, el abuso, la prepotencia y la impunidad en su grado más alto. ¿Es que no existían normas, leyes, ordenanzas, acuerdos pre electorales, que nos salvaguardaran de esta letal sobre exposición publicitaria? Por supuesto que sí. Pero como siempre, quien tiene la plata manda, quien ostenta el poder abusa, quien detenta la autoridad claudica y quienes tienen la razón callan. Cuando la alcaldesa de Lima ha querido poner un poco de orden y hacer respetar la voluntad ciudadana que se opone a esta grosera intromisión urbana, los partidos políticos, los candidatos, los empresarios auspiciadores y los medios de comunicación que ellos manejan, le han saltado a la yugular y ya le han endilgado un par de demandas judiciales por abuso de autoridad. El mundo al revés y el ciudadano de espaldas.

Está prohibido y todo el mundo lo sabe, colocar propaganda electoral en parques, jardines, en avenidas principales, en locales del estado y, sobre todo, en árboles, en postes de alumbrado eléctrico, en postes de semáforos, en bancas, en sardineles; pero no ha quedado un solo elemento de los nombrados que no haya sido ocupado por la desesperación figurativa de los señores candidatos, no existe un solo espacio de nuestra ciudad que no haya recibido esta ola negra y vomitiva de mensajes estúpidos y rebosantes de ignorancia, que pintan de cuerpo entero a la caterva de energúmenos que son capaces de todo por ganar la elección y colocar sus cuatro letras sobre un asiento del estado. La culpa la tiene el sistema de elecciones que nos rige, sobre todo esa tontería del voto preferencial para congresistas y el que no se haya hecho realmente nada por cambiarlo. Tienen culpa además las blandengues, ineficientes o "aceitadas" autoridades de turno, pero por sobre todas las cosas, la culpa es del ciudadano de a pie, que rehuyendo de sus obligaciones, padece con estoicismo pero sin dignidad, los embates de esta ola negra dizque informativa. El contenido de los mensajes, por otro lado, se aleja de la cordura y la razón. Promesas de candidatos al congreso, de dar trabajo, a millones de personas, de reducir los impuestos a su mínima expresión, de solucionar, en suma, todos los problemas que nos aquejan a los peruanos, son dignas de un estudio clínico y deberían trasladarse a una edición de lujo, con caracteres en pan de oro, sobre "El imperio de la Estupidez".

La acción permisiva, apañadora y, muchas veces, interesada de las autoridades distritales y de las fantasmales autoridades electorales, además de la grosera intromisión presidencial, han terminado por cederle nuestras ciudades a la increíblemente arrolladora acción de los genios del marketing político. No se puede caminar por las calles, no se puede conducir por las pistas, ni siquiera mirar por la ventana, sin que nos encontremos con carteles y cartelones que impiden nuestra visión, que torturan nuestras mentes y, a partir de este mes imagino, sin poder evitar la asquerosa contaminación auditiva y las incongruentes majaderías de quienes se desesperan por endilgarnos mensajes enredados de lo que "van a hacer" si gracias a nuestro voto, llegaran a la presidencia, al congreso o a ese parnaso de la sinvergüenzería llamado parlamento andino. ¿Qué hacemos? Tenemos dos opciones: a) Sufrir estoica y cobardemente esta evidente agresión a nuestros derechos urbanos y a nuestra calidad de vida y, b) Tomar las medidas correctivas y aleccionadoras del caso. Si nos inclinamos por la segunda opción, tenemos dos nuevas opciones, a) Quejarnos, con chilla, a la autoridad correspondiente y exigir la devolución inmediata de nuestros espacios públicos, además de la multa correspondiente y, mi preferida, b) Ejercer nuestro derecho ciudadano de rechazar la afrenta de estos salvajes con factura incluida, es decir, no votar, por motivo alguno, por quienes han cometido el crimen, con alevosía y ventaja, de jodernos la vida.

lunes, 28 de febrero de 2011

Oiga usted, mi estimado Gastón

¿Quién podría dudar de que Gastón Acurio es el experimentado timonel, el acucioso jefe de máquinas y el diligente grumete, todo a la vez, de ese gran crucero internacional en que se ha convertido la gastronomía peruana? Gastón es, actualmente, el principal referente en todo lo que a comida, bebidas y, ahora, hoteles y actividades turísticas, se refiere. Su presencia es requerida en toda actividad gastronómica alrededor del mundo. Es el verdadero promotor de un evento peruano de trascendencia internacional, la feria gastronómica Mistura, que a sí durara un mes completo en su realización y ocupara 50,000 m2 de área de atención, seguiría siendo casi imposible acceder a ella. Pero, ¿cómo lo hizo? Lo primero, una gran convicción en lo que hacía, fe en sus capacidades, visión de futuro, una mente ordenada, además de una adecuada dosis de humildad y una increíble capacidad de empatía con el pueblo. Finalmente, nuestro buen Gastón es la imagen de nuevos lanzamientos comerciales como el de la cerveza Franca del grupo Añaños-Jerí y, últimamente, del Banco Continental, que le ha confiado toda la gama de productos financieros. Acurio tiene la capacidad, además, de que lo que él respalde caerá bien parado, será muy bien visto y tendrá un final feliz. Sus programas televisivos han encumbrado, de la noche a la mañana, a grandes restaurantes, medianos empresarios y hasta a humildes comerciantes de la comida. Basta que Acurio lo señale y ya está, el cielo es el límite. Maravilloso don por él recibido, que le siga siendo bendecido.
Hasta aquí, todo bien, todo suave. Pero ¿qué pasa cuando nuestro querido Gastón, como efecto colateral de sus bien intencionadas propuestas, propicia situaciones que, por decir lo menos, crean el extraño efecto de desear que mejor no hubiera hecho nada por el país? Como cuando a resultas de sus públicas recomendaciones se suceden estropicios y daños irreversibles a la calidad de vida de una comunidad determinada. Me estoy refiriendo a la anticuchería callejera, ilegal, abusiva, de escaso nivel sanitario, de horrorosas condiciones de atención pero, qué bueno para la señora Grimanesa, de increíble rentabilidad, gracias en un 50 % a la propia capacidad y trayectoria de doña Grima y en un 50% al empujón Gastoniano. Una cosa, mi estimado Gastón, es la gracia pintoresca de una anticuchería de esquina, con agradables olores y sabores al viento, que nos retrotraen a los siglos pasados, pero otra cosa es atoros vehiculares, colas serpenteantes de intranquilos comensales, olores y sabores varios mezclados con la polución natural de estos tiempos, muy malas condiciones sanitarias de preparado y, sobre todo, el secuestro, para fines injustamente particulares, de espacios públicos, otrora más tranquilos y ordenados. Probablemente en Hong Kong, en Seúl, en Bangkok, en Méjico mismo, esto sea resistible y hasta aceptable, dadas las costumbres y condiciones de saturación humana y de espacios físicos sobre usados, pero ¿en Lima, en Miraflores? No pues. Aquí las cosas se salieron del cuadro, simplemente a alguien se le fue la mano. Revise usted las suyas mi apreciado Gastón.

¿Qué pasó? ¿Por qué, algo que ha funcionado a la perfección como espaldarazo promocional para otros, en el caso de nuestra anticuchera ha sido tan perjudicial? La diferencia siempre estuvo en la ubicación y condiciones de funcionamiento de dicho negocio. Pongamos en paralelo dos de sus creaturas o recomendadas: La mejor papa rellena de Lima, de doña Juliana, en el interior del mercado de Magdalena del Mar, por un lado y por el otro, Doña Grimanesa, el mejor anticucho de Lima, en las pistas y veredas de Miraflores. En el primer caso y dentro del mercado magdalenense solo se creó el malestar temporal de largas colas y la envidia de las otras caseras, pero eso fue todo. Doña Julia aumentó tremendamente sus ingresos y sabemos que ha extendido su negocio al interior de otros mercados limeños. En el caso de doña Grimanesa, el cambio fue más notorio. Más autos, bocinas incluidas, más colas de a pie, mas tumultos de gente en las esquinas adyacentes, tanto que doña Grima tuvo que cargar con sus bártulos hacia otro sitio, ante la presión, entendible, de los vecinos. Con la ayuda de la autoridad municipal se trasladó a una supuesta mejor ubicación. Pero los líos se han multiplicado y la situación se ha hecho insostenible. En este caso no es un tema de envidia, no es falta de humanitarismo para con la pobre doña Grima, es, mi querido señor más bien, una cuestión de falta de consideración y respeto a la comunidad por parte de ella. Lo que no se entiende muy bien don Gastón, por qué su deferencia con esta buena señora si las condiciones en que prepara, sirve y atiende son deplorables y si me apego a su famoso discurso de la apertura académica del año 2008 en la Universidad del Pacífico, en el que declaraba: ..."Sentía mucha pena al ver cómo los peruanos habíamos devaluado un producto tan atractivo y sofisticado como nuestra cocina marina, relegándola a categoría de chingana, con sillas de plástico, sin servicio y demás...", entonces no me explico cómo sigue siendo el soporte de esta, éso sí, muy trabajadora, señora. Tal vez ahora que doña Grimanesa ha entrado a las ligas mayores, como referente anticucheril en las promociones publicitarias del mismo Banco Continental, se anime a formalizar su negocio, a abrir un buen local, como todo el mundo, y a devolverle a la comunidad los espacios públicos que indebidamente retiene. ¿Es mucho pedir mi estimado Gastón? Estoy seguro de que a usted sí le haría caso.

lunes, 21 de febrero de 2011

Política, elecciones y centros urbanos

En cada período electoral la política y quienes la ejercen, exigen nuestra total atención y toman nuestras ciudades por asalto, con toda laya de mensajes enrevesados que ni ellos mismos entienden, con diagnósticos de situación que realmente nunca se han realizado, con promesas que ciertamente nunca se cumplirán, con promoción y propaganda que asfixian nuestros espacios públicos, todo para lograr nuestro apoyo, con el ofrecimiento de resolvernos todos los problemas tan luego sean electos. La política es buena, es necesaria, es más, es imprescindible. Lo malo es la forma en que se nos manifiesta. Medias verdades, mentiras completas, falsedades, calumnias, corrupción, componendas, arreglos bajo la mesa, destrucción de honras y familias, hasta crímenes, inmundicia a discreción; eso es lo que para nosotros representa la política actual. Hoy, es casi una mala palabra. Cuando llega un proceso electoral los políticos ponen en práctica lo peor de su ya malogrado repertorio para hacerse de una alcaldía, de una presidencia regional, de una curul parlamentaria, de la presidencia del país, de lo que sea, para poder estar en la foto y luego poder cortar la torta de los presupuestos. ¿Qué pasa con nosotros? ¿Hasta cuándo vamos a permitir la manipulación como relación, la mentira como diálogo, la corrupción como forma de vida? Las ciudades se auto crearon como expresión sublime de una convivencia de personas que querían lo mejor para ellos y los suyos, aceptando que como un todo, se logran más y mejores cosas que individualmente y para ello se establecieron ciertos códigos, ciertas maneras, ciertas reglas que tenían que ser cumplidas por todos, para poder vivir bien. Sucede que en el camino unos cuantos vivos se dieron cuenta de que es relativamente fácil manejar a un grupo, en nombre de ideales más altos, más puros, los ideales políticos. No faltaron otros más vivos que pensaron: "yo mismo soy" y abrieron los clubes partidarios, en los que mediante inflamantes discursos y sensuales promesas se alzaron con el respaldo y los votos de los incautos, que terminaron por creer que aquellos eran los elegidos para llevarlos a la tierra prometida.

La única corriente política que me beneficia, que busca mi propio bienestar y el de mi familia es la que se ocupa de mis relaciones con los demás, con quienes convivo dentro de mi comunidad. Y esa es la política vecinal, que no tiene más normas ni reglamentos que las que nuestra propia conducta, necesidades, requerimientos, sueños y esperanzas le señalan. Pero cuando los intereses políticos, los partidos políticos, se entrometen en las decisiones comunales es cuando bajamos la cabeza y dejándonos estar, aceptamos todo lo que de ellos venga. En las elecciones municipales, por ejemplo, los líderes y lideresas políticas se paseaban, caminando o en vehículos propios, por las calles de nuestras ciudades, de la mano con los candidatos locales. ¿Qué se buscaba con ello? Pues que los incautos, gente de a pie y de escaso raciocinio, pensaran que el dicho candidato contaba con el respaldo total del aparato partidario, que eso lo hacía importante y que era imprescindible votar por él. En casi todos los casos dichos líderes no tenían la menor idea de quiénes eran sus protegidos de turno y, por supuesto, no tenían la menor intención de volver a pisar esas calles, ganara o perdiera las elecciones su recomendado. Ahora, para las elecciones generales, presidenciales y congresales, está pasando lo mismo; gente de barrio que no tiene la menor idea en lo que se está metiendo pero sí sabe cuánto le cuesta, se promociona al lado de los líderes de su partido, que realmente no los conocen y no los hubieran conocido de no ser por el aporte que tales fulanitos están entregando a la maquinaria partidaria. Puede que así sean las cosas, puede que ya no las podamos cambiar pero, por favor, no nos vengan con cuentos de vocación de servicio, de conciencia social, de trabajo humanitario. La política está de feria, necesita aportes dinerarios y voluntariosos para poner el hombro. La consigna es: Hay que llegar a como dé lugar. Ya se verá en el camino para qué. El asunto es que los partidos políticos se toman las cosas muy en serio y se enfrascan en una contienda sin cuartel, pero con estragos urbanos, una feroz lucha en donde todo vale y el que llega será el dueño de la pelota, del pito del réferi, de las butifarras y de la coca cola. ¿Cómo hemos permitido eso, por Dios?

¿Qué hacer? Como primer número debemos buscar en el fondo de nosotros mismos, les juro que todos, sin excepción, encontraremos algún pequeño rescoldo de dignidad y auto estima, personal y ciudadana. Seguidamente y con el acompañamiento de un poquito de carácter y fuerza de voluntad interpretar nuestro mejor papel de ciudadano libre. ¿Qué diablos hacemos respaldando a quienes literalmente se zurran en nuestras ciudades, en nuestros poquísimos espacios públicos, en nuestra tranquilidad, incluso en el buen gusto y mejores formas. Ya pues. Quien pregona a voz en cuello que va a trabajar por nuestro desarrollo y mejores condiciones de vida para todos sin excepción y lo hace como estamos viendo y padeciendo, o nos está tomando el pelo de la forma más descarada o es un pobre diablo de esos que todavía nos faltaba conocer. ¿Y las autoridades? ¿Electorales, municipales, defensoría del pueblo? Silbando con gran brillo "Pepe alimaña" y mirando para otro lado mientras nos friegan la vida, la ciudad, la poca paz que todavía solíamos tener. Varias veces me he preguntado ¿qué pasaría si una gran parte de los ciudadanos con más conciencia que espíritu de borrego, con más sesos que sentimientos, votáramos viciado o diluyéramos de tal forma el voto que nadie se sintiera ganador absoluto en estas elecciones. Es difícil hacer lo que nos conviene, máxime cuando somos débiles, la carne llama y bonitas sirenas, con canto o no, también. Espero el día que alcancemos la madurez cívica, la autoestima personal y ciudadana y salgamos a la calle, no a vivar a los imbéciles que nos atosigan con su propaganda sino más bien a exigir que retiren su porquería, porque nosotros ya los conocemos, ya sabemos por quién vamos a votar y que ya saben qué hacer con toda su inmundicia electorera. Ese día sonarán las campanas de la verdadera libertad y podremos, por fin, dormir tranquilos y satisfechos.