miércoles, 25 de enero de 2012

Respaldo presidencial a la alcaldesa

En un gesto amable, pero bastante peliculero, el señor Presidente de la República, Ollanta Humala, le ha dicho al pueblo de Lima que la señora Alcaldesa lo está haciendo bastante bien y que puede contar con él para cualquier cosa. Todo estaría muy bien siempre y cuando lo dicho no fuera solo de los dientes para afuera, mientras no se traduzca en iniciativas de ley que hagan patente la verdadera descentralización que necesitamos, ese apoyo y cualesquier otro, seguirán siendo gestos para el respetable y nada más. El señor Fujimori, por diluir las intenciones presidenciales, naturales y justas, por cierto, del señor Andrade, reventó a las municipalidades, provinciales y distritales, cercenándoles una serie de atribuciones y responsabilidades, que no solo les restaron la necesaria autonomía de gestión, si no que además, les quitó, literalmente, la posibilidad de subsistir económicamente con cierta decencia, lo que devino en lo que ya conocemos, municipalidades que invierten todo su tiempo y esfuerzo en inventar formas de sacarle más dinero a sus contribuyentes para poder estabilizar el presupuesto anual. Si bien es cierto, en los últimos años, se han recuperado algunas atribuciones y ha mejorado el monto de las transferencias, las municipalidades han perdido el rumbo, han desvirtuado su razón de ser y en el tortuoso camino de sobrevivir, se han convertido en el principal enemigo, cobrador furibundo, de los ciudadanos.
En una época en que la alcaldesa se ha convertido en el punching ball de la poderosa mafia mediática, que le está cobrando el atrevimiento de haberse enfrentado al sistema y, peor aún, de derrotar a su candidato, el gesto presidencial constituye un respiro para la señora Villarán. Pero si en las próximas semanas la gestión metropolitana no acude a palacio de gobierno con un paquete de medidas, incluida la modificación de muchos artículos de la Ley Orgánica de Municipalidades en vigencia, así como borradores de convenios y avales para emprender proyectos, no solo obras, que devuelvan a Lima la amabilidad que perdió al deshumanizarse, entonces todo habrá sido en vano. Una pose, una sonrisa de costado y nada más. Las cosas están peliagudas para esta gestión; el bombardeo sistemático de los poderosos a través de sus cancerberos de la prensa, los recortes presupuestales de un gamonal en el ministerio de economía y, valgan verdades, la falta de pericia y experiencia de los funcionarios que acompañan a la alcaldesa, además de la innoble negativa de los funcionarios de planta, que han quedado de la gestión anterior, a colaborar como debe ser con la ciudad, más que con la señora Villarán, han determinado que está gestión esté perdiendo oportunidades y marche con pies de plomo.
Si la Presidencia del Consejo de Ministros quisiera realmente ayudar a este gobierno y sacar adelante al país, debería empezar por revisar completamente lo que deben ser los gobiernos locales. Si el señor Ollanta Humala ya empezó a olvidarse, porque lamentable siempre es así, de las grandes transformaciones que ofreció y por las que votamos todos los pensantes de este país, debería aprovechar esta buena oportunidad para replantear la Ley Orgánica de Municipalidades, para establecer el rumbo que deben seguir estas administraciones, apuntando a la conformación de mega distritos, primero administrativamente y luego, si es necesario, territorialmente, para poder consolidar el crecimiento económico del que estamos gozando. Vale la pena recordar que todos los problemas nacionales se gestan u originan en un lugar determinado, a veces en una pequeña área geográfica, y si se atendieran sus causas en el momento justo en que se producen los efectos, entonces no tendríamos problema alguno. Descuidar a los gobiernos locales es perder la oportunidad de alcanzar el desarrollo pleno de la mejor forma posible.

martes, 17 de enero de 2012

Vamos a la playa

Desde los años 80, los que no tenemos auto, no teníamos forma de acceder a las playas de la costa verde, así que entre gorrear movilidad, contratar un taxi, con espera y retorno incluido, o quedarte con las ganas, no había ninguna otra opción. Bueno pues, parece que alguien se acordó de que la ciudad y sus atractivos son también para los ciudadanos de a pie. Ya se puede ir a la playa usando el transporte público, todavía no desde todos los distritos, pero algo es algo. Lo ideal sería que todos aquellos que puedan, incluidos los que poseen auto, opten por esta nueva opción. Imaginemos una playa de caminantes, de ciclistas y eventuales buses, ciertamente el paisaje sería mucho más humano y menos contaminado. El acostumbrarse al orden, la limpieza y consideración a los demás es, por otro lado, una tarea pendiente y de largo aliento. La autoridad autónoma y las municipalidades distritales con frente al litoral tienen esa responsabilidad. Una buena campaña, auspiciada basicamente por la empresa privada, nos permitiría tener unas playas a las que daría gusto regresar. Las facilidades a brindar, además de excelentes paraderos, serían los módulos de parqueo para bicicletas, casetas de seguridad policial, módulos de primeros auxilios con torre de salvavidas y algunos módulos de comida ligera, snacks y bebidas no alcohólicas, como el complemento ideal para una población que necesita y merece un buen descanso y disfrute de las bondades playeras.
Una línea de buses para el transporte a la playa, con vehículos especialmente acondicionados para el servicio, que pudiera cubrir toda la ciudad, con un costo diferenciado y con partidas y retornos previamente estudiados, sería un feliz logro de esta gestión. Si el proyecto de la Costa Verde implicara realmente a los alcaldes de los diferentes distritos que comprende, podríamos hablar de proyectos comunes, de sistemas integrados, de servicios complementarios y de una continuidad en su desarrollo, lo que nos llevaría a tener la playa más larga y hermosa de Sudamérica. Si a ello sumamos paraderos turísticos, casetas de información y una vigilancia y apoyo motorizado y aéreo alcanzaríamos la meta deseada. La ciudad de Lima ha sido bendecida con esta gran playa continua que si fuera debidamente articulada, sin egoísmos ni pretensiones particulares, si no más bien con buena disposición y afán por conseguir un objetivo que trascienda el interés local, podríamos estar hablando de la verdadera perla del pacífico. Los municipios que se han excedido al dar licencias comerciales que no correspondían, deberían dar un plazo de 3 a 5 años, para que aquellos "beneficiados" se adecúen al nuevo proyecto, o simplemente hagan maletas y se retiren. Si las expropiaciones, con la debida indemnización, son necesarias y aceptables cuando el bien común lo amerita, ¿por qué no, la clausura, justa y equitativamente negociada, podría ser la solución a un verdadero ordenamiento y uso debido del espacio?
Reitero la necesidad de integrar a los alcaldes distritales, con derecho a voz y voto, a la autoridad autónoma de la Costa Verde, bajo la presidencia de la Alcaldía Metropolitana y con la participación de la empresa privada, local y extranjera, el gobierno nacional y todo vecino de buena voluntad y mejor saber, a través de directorios ampliados, que permitan recoger y acoger toda idea creativa que redunde en beneficio de este gran proyecto para Lima. ¿Por qué los alcaldes distritales se resisten a trabajar en forma conjunta y mancomunada? ¿Por qué la municipalidad metropolitana se resiste a revisar sus proyectos con sus pares locales? En ambos casos la razón es el temor de mostrar vacíos e incapacidad que puedan ser aprovechados por los otros. Pero, los ciudadanos de la gran Lima, de una capital que se precia de su globalización, no podemos estar a expensas de solo la buena voluntad, eventual o antojadiza, de unas personas que no dan la talla para el cargo. Emplacemos a la señora Villarán y a los alcaldes de Chorillos, Barranco, Miraflores, San Isidro, Magdalena del Mar y San Miguel para que de depongan sus actitudes personalistas y engreimientos, que para ello no fueron elegidos, y se sienten a discutir la mejor forma de que todos los ciudadanos, incluyendo los de los distritos más alejados, tengan acceso a la playa, al mar, a las puestas de sol, a un bronceado de película, a recrearse la vista. Tenemos lo principal, una generosa playa, el resto es solo decisión y voluntad para hacer las cosas de la mejor forma posible.

lunes, 16 de enero de 2012

Los nuevos edificios y la ciudad

No es posible que se siga construyendo como si fuera a acabarse el mundo. Esa gran mentira de hágase propietario de una vivienda y conviértase en el nuevo sujeto de crédito a sola firma y acreedor a la tarjeta de platino, sin límite ni fecha de pago, está arruinando la vida de muchas familias, sobre todo de las que no tienen más ingresos que sus magros sueldos. Vamos a ver, el cuento es así: Si usted le demuestra a un banco que es propietario de un departamento, califica usted, automáticamente para su nueva tarjeta visa. No se dice que usted debió empeñarse para pagar la cuota inicial, que ha aceptado una hipoteca usurera a 25 años, sin lugar a enfermarse ni a perder el trabajo, que está incluyendo en sus cálculos de ingresos proyectados la remesa mensual, sabe Dios hasta cuando, de su hijo mayor desde Estados Unidos. Bueno pues, cuando usted "ya es propietario" y se acerca a solicitar los créditos en los que pensaban, le dirán, después de examinarlo con lupa y preguntarle por aquello que ni siquiera se ha atrevido a contarle a su pareja, que lo sienten que "por ahora" no califica, que tal vez más adelante, cuando ya haya cubierto un poco más, del alto pago de la hipoteca. En el mejor de los casos seguirá usted viviendo, estoica pero dignamente y qué importa, la verdad es que no tenía muchas ganas de llevar a la familia a Disney este año y tampoco los próximos diez. En el peor de los casos, por esas cosas del destino, coge usted un virus que nadie conoce pero sí sabe quién lo produce, descuida su trabajo y zas lo pierde porque sí pues, porque usted no debió ausentarse por tanto tiempo, luego su señora, por atenderlo y gastarse lo que recibe en medicinas en una clínica, porque el seguro ya no lo puede cubrir, termina también perdiendo el suyo y qué pena, lo lamentamos señores pero tienen que desocupar el departamento porque el banco tiene que sacarlo a remate, disculpe usted, y usted su familia y su rabia tienen que regresar a la casa paterna, pero con más deudas que antes.
¿A qué viene lo anterior? A que el sistema nos ha planteado algo: si usted no es propietario no es nadie. Y con esa cantaleta nos meten en la carrera de yo también quiero. Y dale con que el déficit de viviendas ya ha superado los dos millones de unidades, y de que el casado casa quiere, pero propia, y de que mire usted que el mercado le ofrece una amplia gama de viviendas. Oiga usted, pero están caras. Mírelo por el lado de la inversión a futuro, del estatus que le confiere el ser propietario, de la tranquilidad que le va a dar a su familia, de la herencia que le va a dejar a sus hijos. Bueno, con esos argumentos, que en algún momento podrían servirnos para demandar a quienes los esgrimieron, es que se impulsa la construcción masiva de edificios de departamentos, desde 55 metros cuadrados y con materiales y acabados que, en muchos casos, no llegarán a alcanzar la mayoría de edad. El gobierno central lanzó sus programas de vivienda de interés social, con unos parámetros indecentes e inhumanos, áreas mínimas, ocupación del cien por ciento del área del terreno, reducción de exigencias en seguridad y muchas otras gracias más, que se han esparcido por toda la ciudad, en nombre, por supuesto de la gran necesidad, insatisfecha de vivienda, de la población. No friegue usted.
En mi cuadra ya empezaron los atoros de desagüe, la presión del agua se asemeja a balbuceos de moribundo y la luz parpadea con un coquetería extrema. La basura y desechos en general se hacen graciosos cerros en las pistas y veredas, hasta que los camiones pasan; ayer a las 10:00, de repente hoy a las 11:00 o a las 11:30, mientras los perros y los cachineros hacen de las suyas en las bolsas que estuvieron cerradas y ya no más. Los automóviles, ahora que el crédito también está barato, se amontonan en las calles, algunos sobre las veredas, más cerca de mi ventana, por si acaso. Y claro, no podían faltar, porque no son desconsiderados, los asaltantes, los rateros, secuestradores, escaperos y guachimanes doble chamba, que están al acecho del menor descuido y de que justo el policía entró a la bodega a tomarse una oportuna gaseosita. ¿Quién dijo que estábamos listos para este derrame de fierro, ladrillo y cemento? ¿A quién se le ha ocurrido que es verdad eso que ahí en donde comen y duermen 2 pueden hacerlo, 10 ó 30? Sin los servicios básicos adecuados, sin las áreas necesarias, no solo de vivienda, si no de espacios libres, sin la logística de control y supervisión, sin los técnicos calificados, no se podía recibir decenas de nuevos edificios, cientos de nuevos departamentos, miles de nuevos vecinos. Se siente como si un primo hubiera dicho que nos iba a visitar y se aparece con su esposa, cuatro hijos, dos hermanos con sus novias, dos perros, una gata y un lorito hablador. Hágame usted el favor.

martes, 3 de enero de 2012

Espacios públicos y actividades privadas

Si la ciudad es de todos, incluyendo los espacios que son públicos, ¿está bien que algunos grupos de vecinos se apropien de calles, pistas y veredas para sus muy particulares actividades? ¿Que restrinjan el paso de transeúntes y vehículos durante, antes y después, de la realización de dichas actividades? Pareciera que no. El entredicho reciente entre la municipalidad de Barranco y los vecinos de la calle Cajamarca y aledañas, es un ejemplo de lo que sucede cuando grupos vecinales o barrios toman decisiones particulares sobre espacios e infraestructura pública. Se ha hecho tradicional que en dicho lugar se reciba el año nuevo en plena calle, con artefactos pirotécnicos, música a todo volumen y venta de cervecita helada. Los vecinos lo decidieron, los vecinos lo hacen. Error, no es así mi querido Watson. Lo ideal sería que los vecinos organizados y las autoridades municipales trabajaran juntos la idea, se pusieran de acuerdo en las horas, en los cierres, en las previsiones de problemas, en la invitación masiva, etc. De no ser así terminamos tomando decisiones grupales que expropian temporalmente el uso de los espacios públicos, para actividades que de repente no son del agrado de muchos de los propios vecinos del sector. Vivir en comunidad implica aceptar que no estamos solos, aunque aparentemente toda mi cuadra quiera lo mismo, pero resulta que mi calle es una vía de paso para la cuadra de la derecha a la de la izquierda, de la de norte a sur y viceversa. En resumen, no podemos hacer lo que se nos antoja.
Así como las autoridades municipales no pueden hacer lo que les apunte en gana, como cambiar inopinadamente los usos del suelo, por ejemplo, o realizar grandes pachangas oficiales en lugares en que los propios ciudadanos rechazan, ni autorizar proyectos en donde no deben erigirse o en la forma que no es correcta, igualmente los vecinos no pueden decidir, por el solo hecho de pagar los tributos, que en esta área, mi zona, yo puedo hacer lo que quiera. Lamentablemente sucede que la cuadrilla# 1345 del Señor de Los Milagros, conformada por 7 cargadores, dos zahumadoras y una rezadora, deciden salir con su procesión, tal día, a tal hora y por tales calles. Paralelamente la cofradía de la Virgen de la Puerta, con 12 miembros y una camioneta con altoparlantes, decide para el mismo día, la misma hora y las mismas calles, realizar la propia. No queramos enterarnos de lo que podría pasar. Igual con las fiestas patronales, las marchas de protesta o de solidaridad, que también las hay, cuando algunos cuantos adulones y franeleros le revientan cohetes a alguna autoridad que necesita respaldo inmediato. Pero el tema aquí no es el buen gusto, el fanatismo o religiosidad; el tema es que los espacios públicos no pueden saturarse de la forma y en el momento, que a cualquier hijo de vecino se le ocurra.
Cuando el principio de autoridad se respeta y ejerce con propiedad, las cosas salen de la mejor forma. Hay horarios y, sobre todo, días en los que no solo no deben solitarse permisos si no que la respuesta, negativa, debe ser inmediata y sin excepciones. Hay lugares que no pueden ser utilizados, ni por una sola vez, hay actividades que no se pueden permitir en las calles y hay horarios en los que ni hablemos del tema. Si en los encuentros vecinales, que deberían realizarse con la frecuencias debida, se tocaran estos temas y el acuerdo de llevar a cabo ciertas actividades fuera unánime, con las precauciones y seguridades que el caso ameriten, no habría negativa posible, pero si no hay acuerdo porque, la doctora de enfrente quiere que participen strippers o porque el señor del costado quiere un elefante entrenado y dos tigres de bengala dentro de la "reunioncita programada" entonces manan, no se hace nada. Cuando aprendamos que el arbolito que crece frente a mi puerta, en el jardín de aislamiento, no es mío si no de la comuna, cuando aprendamos de que no puedo romper la vereda de cemento y cambiarla por gres cerámico porque se ve más bonito, cuando aprendamos que el ingreso a la universidad de nuestra hija no tiene por qué llenar de alegría a todos los vecinos y menos hasta altas horas de la madrugada, ni tienen porque cedernos los accesos a sus propias viviendas para colocar a la banda y a los mariachis, entonces estaremos listos para vivir bien, casi decentemente. Vivir en comunidad es muy difícil y será insufrible, en la medida en que no cedamos en algunas cosas, en beneficio de todos.

martes, 27 de diciembre de 2011

Un error de arena

Lamento lo que acaba de suceder en la playa de La Herradura, Chorrillos. Las responsabilidades podrían ser lo de menos, porque la arena que el odioso mar se llevó había sido regalada, pero de todos modos, la intervención en un espacio público debió ser sometida a algunas consideraciones especiales. La alcaldesa Villarán cumplió con la inauguración del malecón ofrecido, pero "la Playa" lograda, con relleno de arena, fracasó. El arquitecto Ortiz de Zevallos no se salva de la sindicación de culpables porque debió prever el resultado para el maquillaje de último minuto, es más, diez días atrás, Ortiz de Zevallos aseguró que ello no iba a suceder. Cuando la premura por hacer algunas cosas se salta a la garrocha la prudencia y buena práctica constructiva, obviamente los resultados no son los mejores. En este caso ya se habían producido algunas llamadas de alerta y un estudio técnico serio previo, había determinado lo peligroso de colocar arena sobre las piedras, sin las consideraciones técnicas mínimas, la misma iba a ser barrida por el mar. Y así ha sucedido, por lo menos el 80% de la arena colocada simplemente desapareció. El que dicha arena haya sido obsequiada por la omnipresente Odebrecht brasileña no le quita seria responsabilidad al que cometió el error. Esperemos rectificaciones y enmiendas.
¿Qué pasó con la alcaldesa? Probablemente alterada por el tema de la revocatoria contra ella, se encuentra en estado pro activo y quiere hacer las cosas rapidito y con el mayor efecto posible. Es decir, de lo tan bien que empezó, con mesura, ausente protagonismo y dedicación al trabajo serio, se está convirtiendo en una persona nerviosa, ansiosa y, lamentablemente, poco juiciosa, de otra forma no se entiende lo sucedido. Se sabía que no se le puede robar playa al mar si no es que se realizan obras previas, si no crean las condiciones físicas necesarias para que el mar se retire por las buenas y seguras y que la playa mantenga el estado que de ella se requiere. Existía un estudio previo sobre esa misma playa, sobre la necesidad de colocar geotubos, de colocar espigones y otras tareas, que aunque advertidas no fueron tomadas en cuenta en ningún momento. Hasta la Marina había manifestado su opinión al respecto y no se le hizo caso. A veces, la soberbia nos hace resbalar. Por otro lado, la obra del malecón pareciera que responde más bien a una necesidad efectista que a una razonada solución. Más necesaria era la playa y luego el malecón, porque ahora, en lugar de bañistas y familias disfrutando de la playa y el mar, tenemos, como antes, encarrados jovenzuelos y otros no tanto, que han tomado por asalto los restaurantes, convirtiéndolos en cantinas al aire libre. Qué bacán.
¿Cómo rectificar? ¿Qué hacer para que las cosas no pasen a mayores? ¿Qué medidas tomar para que no se repitan hechos como el sucedido, en este y cualesquier otro gobierno municipal? Primero, reconocer el error, un grave error; de arena, menos mal, pedir disculpas, repartir responsabilidades y, de ser necesario, aplicar sanciones administrativas. Invitar a los que saben, a los que ya han estudiado el tema y a los que puedan hacerlo y trabajar un solo formato de recuperación o habilitación de playas para aplicar en toda la Costa Verde. Siempre se ha dicho que vivimos de espaldas al mar cuando tenemos el más extenso litoral y no hemos sabido aprovecharlo. La llamada autoridad autónoma de la Costa Verde debe estar conformada por un directorio de los alcaldes distritales de Chorrillos, Barranco, Miraflores, San Isidro, Magdalena del Mar, San Miguel y la alcaldesa de Lima Metropolitana que lo presida, que trabaje junto a un directorio ejecutivo conformado por tres profesionales notables y por varias comisiones de trabajo que contemplen todos los aspectos necesarios. La primera acción: recuperar playas, la segunda, facilitar el acceso mediante el transporte público y la tercera, volver verdes los acantilados. Después de ello, se puede trabajar la explotación de infraestructura turística, las viviendas multifamiliares para el nivel socioeconómico A, los malecones, las canchas deportivas, de uno que otro club naútico, los muelles, los funiculares, los puentes transparentes. La señora alcaldesa olvidó que lo primero era lo primero: el ciudadano de a pie.

martes, 20 de diciembre de 2011

¿Para quién trabajan los alcaldes?

Arqueando la ceja izquierda como quien responde a los simplones usted dirá: Para la ciudad, pues, ¿no lo sabes? Pero la ciudad, al menos en la que usted piensa, es solo una sumatoria de cosas, de infraestructura, de mobiliario urbano, de espacios libres, de vehículos incluso, por lo que no creo que esa sea la respuesta. Para el partido que lo presentó y auspició, entonces, para sus votantes. Pero ellos son solo un porcentaje, no incluye a los otros, a sus contrarios y a los que el ganador no les interesa y además ellos desaparecen terminadas las elecciones. Bueno entonces, mayormente desconozco. Los alcaldes, sus regidores y funcionarios, trabajan para el ciudadano, para el que tiene auto, para el de a pie, para el que tiene una casasasa, para el que tiene un departamentito, para el que tiene una señora empresa y para el que tiene una señorita empresita, para el que tiene 9 hijos y para el que tiene dos esposas pero ningún hijo. En fin, el asunto es que los alcaldes trabajan para todos los ciudadanos, sin excepción, dudas ni murmuraciones, que habitan dentro del ámbito geográfico en el cual ha sido elegido. ¿Y para decir eso tanta vaina? Lo que pasa es que parece que nadie, alcaldes incluidos, lo tiene claro. Si este bendecido señor trabaja para el ciudadano y solo a él se debe, ¿cómo es entonces que se la pasa haciendo o permitiendo cosas que atentan contra la tranquilidad, la seguridad y, sobre todo, el desarrollo integral de los propios ciudadanos? No sabrá qué hacer pues. Ahí está el detalle, no sólo no sabe si no que más bien le interesa un pepino.
El problema principal de una gestión municipal es que nadie tiene claro qué le toca a cada uno, en cuanto a las responsabilidades, atribuciones, funciones y compromisos para con la ciudad. Veámoslo así: si usted tiene una mascota no es responsabilidad del veterinario si es que ésta se enferma. Si usted planta un hermoso rosal no es culpa del jardinero o del vecino envidioso si es que éste se seca. Si usted tiene un hijo y pasados los años lo ve aparecer en pantalla como jefe de la banda de los injertos de Orrantia, no es culpa del colegio, ni del barrio el que el angelito se haya malogrado. Si usted acoge una enfermedad venérea no es culpa de la agradable señorita que la otra noche se le acercó extremadamente amigable. Toda, pero toda la culpa, que es en realidad responsabilidad, le corresponde a usted. Lo mismo pasa con la ciudad, con el exitoso o fracasado nivel de convivencia en su barrio y, especialmente con sus autoridades. Las personas que usted eligió para ser autoridad y gestionar el desarrollo de su ciudad están ahí porque usted las puso, deberían, por tanto, responder a un solo mandato, al que la población organizada le alcance como lineamiento de su gestión. Cuando usted vota, usted elige, no a una persona, elige una opción, al más calificado, al más centrado, al más maduro, al más responsable, al más trabajador y al que usted cree que no le va a fallar. Pero y ¿si se tuerce el maldecido, como pasa en el 99.9 % de los casos? Bueno pues, también será su culpa.
Vamos al grano entonces. ¿Cómo es que si la ley y la razón señalan que el alcalde trabaja, única y exclusivamente para el ciudadano, todos estamos tan descontentos con la gestión? Por shakiros. Por ser ciegos al elegir, por ser mudos cuando hay que opinar y por ser sordos cuando se les dan razones para no meter la pata. Yo vivo en mi casita, incluyo casotas y departamentitos, no fomento escándalos, o en todo caso no se notan, cumplo con mis responsabilidades señaladas, las de convivencia en comunidad, las tributarias y las necesarias para mi desarrollo personal y el de mi familia y ya está, dirá usted, ¿por qué diablos no vivo bien? Es que falta su responsabilidad como miembro de una sociedad, de una comunidad, de un entorno urbano, que trasciende todas aquellas responsabilidades y compromisos personales y familiares, aquella que le dice que algunas veces tendrá que postergar sus puntos de vista personalísimos, que tendrá que participar en tareas comunitarias para ayudar a que todos, sin excepción, exclusión o asco, participen del desarrollo de toda la ciudad. Desde pensar bien, votar bien, fiscalizar bien, participar con ganas, comprometerse con las ideas comunes, reconocer que se pertenece a un grupo más grande que la propia familia y que, ni modo, no siempre va a tener la razón. A quienes usted delega y entendamos bien esto, delegar no es regalar, no es toma y ve que haces, si no es, hazlo en mi nombre, pero de acuerdo a lo que decidimos, que yo voy a estar observando, bueno a esas personas "especiales" a las que usted designó como sus autoridades les corresponde, el compromiso sagrado de trabajar hasta romperse el alma por el bienestar de usted y los suyos. Ha aceptado un sueldo, bastante bueno y a veces inmerecido, para hacer su mayor esfuerzo y usted, mi querido amigo, es el patrón, el jefazo, el chief. ¿Por qué entonces las cosas son al revés? Sí pues, quién sabe por qué.

martes, 13 de diciembre de 2011

Áreas Deportivas y Espacios Recreativos

Debido a las infrahumanas áreas que poseen los departamentitos, de la gran cantidad de proyectos multifamiliares en desarrollo y que tan caros se venden, se hace cada vez más necesario el tener un lugar en el que sin más limitaciones que un adecuado comportamiento, se pueda gozar del sol, del aire, de los espacios abiertos. Desde que los alcaldes distritales de la gran Lima decidieran que no debería quedar terreno sin edificación, que ningún proyecto que se aprobara estaba obligado a dejar un considerable porcentaje de área libre, como la norma y la razón lo exigian, nuestra ciudad se ha convertido en una sumatoria de paredones, pechito con pechito, que no albergan espacio o mínima área para que las personas sociabilicen, respiren libertad, o aire puro, aunque sea. Ayudados con la excusa de que los proyectos tipo mi vivienda están permitidos de ocupar hasta el 100% del terreno, para optimizar el uso del suelo en beneficio del usuario final, las infames autorizaciones de construcción municipal han permitido la edificación de verdaderos cajones para humanos, sin espacios libres, internos o externos, con bajísimo estándar de calidad de vida. ¿Y en dónde van a jugar los niños?
Es responsabilidad municipal la provisión de espacios libres, áreas de recreación pasiva y activa, así como de áreas deportivas. ¿Por qué entonces se andan preocupando, en primer lugar, en segundo lugar y también después, solo de las pistas, de ayudar a los amigos con sus licencias de construcción y, claro, de cobrar y cobrar? ¿Qué se necesita para que en lugar de más edificios, tipo bloque cerrado, cada proyecto nuevo tenga la obligación de dejar, sí o sí, un área libre, suficiente y necesaria, aunque sea para sus futuros y propios ocupantes? ¿Qué necesitamos para que cada proyecto multifamiliar, de área considerable, provea a la ciudad de espacios libres entre los bloques que lo conforman, para compartir con los demás miembros de la comunidad? Muy simple, ponerse los pantalones y no aceptar proyectos sin la debida cantidad de parqueos internos, por ejemplo, a razón de 1.5 por departamento, no vaya a ser que por que no tienen donde ponerlos, después nos quiten áreas externas para su estacionamiento, además de las suficientes y adecuadas áreas para recreación. Previamente, declarar de necesidad urbana, para el distrito, el uso adecuado de los espacios, mediante una ordenanza en donde se fijen, claramente y sin excepción alguna, los parámetros de construcción y adecuación territorial. Todo dentro de un marco metropolitano, lo que permitiría una mayor eficacia y eficiencia en el uso de los espacios urbanos trabajos en mancomunidad.
Si las llamadas juntas vecinales fueran realmente representativas, democráticamente elegidas y aceptado su liderazgo, si las reparticiones municipales correspondientes hicieran un trabajo a conciencia, motivador y promotor de formación ciudadana y si la pereza y desidia de los propios ciudadanos no compitiera, en desventaja, con Al fondo hay sitio o Magaly Medina, entonces podríamos vivir mucho mejor, casi como personas. Es penoso, ver por ejemplo, a grupos de pequeños, primero, mozalbetes después y pandilleros finalmente, que por falta de adecuados espacios recreativos y suficientes áreas deportivas, no han podido canalizar energías, corregir malos hábitos o contagiarse de los mismos, porque los padres, que trabajan todo el día no pueden ocuparse de ellos y, principalmente, porque el minúsculo departamento en donde viven los expulsa literalmente a las calles; a pelotear, en el mejor de los casos, o a ociosear y sacar de sí y, claro, de los demás, lo peor en urbanidad, convivencia y malos instintos. Pocas veces se trata el tema, muy pocas personas tienen la visión suficiente para darse cuenta del problema social que se está incubando, pero todo el mundo reacciona ante las consecuencias, cuando ya es casi tarde o, mejor dicho, imposible re-educar a nuestros niños y jóvenes. Y no hay derecho oiga usted. Todo el mundo repite la cantaleta de que los hijos no han pedido llegar al mundo, de que no han tenido capacidad de elección, pobrecitos dicen, bueno pues, y ya que están aquí, ¿por qué no hacemos lo posible para que no la pasen tan mal?

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Sobre la publicidad exterior

Tremendamente abusiva la norma municipal que obliga a los conductores de un negocio, por pequeño que sea, a pagar por una autorización de colocación de un elemento de publicidad, igualmente por pequeño que sea, en el frontis de su local, aun cuando éste se encuentre retirado, hacia adentro, dos o tres metros. Muy mal que la misma municipalidad autorice la colocación de inmensos carteles, de pesadas estructuras para otros carteles y todo tipo de paletas, en los espacios públicos, cuyo objetivo era el de disfrutar del entorno sin tener que recibir ningún tipo de agresión, la visual incluida. En ambos casos se rebela la prioridad municipal: cobrar el derecho, recibir dinero. En el primero, lo que debería tomarse como sistema de promoción individual de un negocio, que con mucho esfuerzo se empieza a desarrollar y en el segundo, que debería recortarse porque constituye contaminación visual, la premisa es la misma: si pagas puedes hacer lo que quieras. ¿Y la tarea municipal de promotor del desarrollo empresarial local, que debería traducirse en apoyo efectivo a los ciudadanos que son emprendedores y contribuyen a su localidad con el servicio que presta y los derechos que ya está pagando? ¿Y la tarea municipal de fiscalizar el uso o abuso de los espacios públicos que deberían tener como único objetivo la preservación de los mismos, especialmente de todo tipo de contaminación?
Lo único que debería importar a las autoridades municipales, gestores del desarrollo local, en el caso de la publicidad individual, en el frente del inmueble dentro del que se desarrolla el negocio, es que éste debería estar enmarcado dentro de ciertos parámetros de diseño y colocación, adicionando un pago mínimo y con aprobación o rechazo inmediato. En el caso de la publicidad exterior, ajena a los inmuebles, es decir, la que se realiza en todo tipo de elemento, con o sin estructura propia, en cualesquier ubicación y orientación, sin más directriz, por ahora, que el pago del derecho respectivo, más jugoso en tanto más atrevidas las dimensiones, alturas, formas, calidad o forma de confección, no debería permitirse alegremente. La ciudad ha sido tomada por asalto por unas cuantas empresas de publicidad exterior que tienen como único objetivo que su publicidad "llegue", es decir que sea observada por todo el mundo, sin importar cómo se logre. Los alrededores de los centros comerciales, las grandes avenidas, las bermas centrales, las azoteas, los parques públicos y también ahora, las paredes mismas,"decoradas" con ingeniosos elementos conocidos como vallas. No hablemos de las carreteras y accesos a centros urbanos, el abuso de elementos publicitarios llega a la superposición de unos sobre otros, orientaciones de las más variadas, que evidencian que las empresas publicitarias se zurran en las normas, en las autoridades y, lo que no debemos permitir, en la población misma.
Existe, en Lima, una ordenanza metropolitana que data de muchos años atrás, existen ordenanzas distritales complementarias, que en principio no deberían oponerse a la norma madre, están los técnicos y profesionales urbanos, las comisiones municipales y las delegaturas de los colegios profesionales, especialmente la del Colegio de Arquitectos y, al parecer, lo único que importa aquí es quién paga más. En las carreteras, más de una vez se han producido choques "gracias" a estos recordatorios monumentales de que la cerveza tal es más refrescante, de que el bloqueador cual es el único que derrota a los rayos solares, todos adornados, algunas veces sin razón, de bellísimos exponentes del género femenino que son los verdaderos causantes de la pérdida de atención en el manejo. Algunos centros comerciales, como el de San Miguel y San Isidro, no han dejado un metro de área libre, de los espacios públicos, incluyendo bermas centrales y parques, que en principio eran intangibles, sin la presencia de estructuras, livianas o pesadas con tremendos carteles en cantidad tal, que lo único que se llega a apreciar son los elementos publicitarios y no los mensajes. ¿No deberíamos revisar el tema, replantear las normas y ser más consecuentes con aquello que debería ser el espíritu de una verdadera gestión municipal, lograr el bienestar y el desarrollo integral de las personas y de la ciudad misma?

martes, 29 de noviembre de 2011

¿A quién pertenecen los espacios públicos?

A nadie en particular, pero sobre todo, jamás a los alcaldes de turno. ¿Qué entendemos por espacio público? Toda área que no es propiedad de ningún particular, que no se puede inscribir en los registros públicos y que pertenece, sin excepción, a toda la comunidad y cuyo registro, conservación y cuidado corresponde al gobierno local. Así, las veredas, las pistas, las plazoletas, plazas, parques, jardines de aislamiento y similares son los espacios públicos. Eso está claro, pero aquí viene un tema importante: la alteración, modificación y manejo de esos espacios ¿estaría a cargo, entonces, de los gobiernos locales? Así es, pero ¿Qué pasa, entonces, cuando los titulares de dicho encargo, los alcaldes, confunden responsabilidad con carta blanca? Es decir, cuando creen que con dichos espacios pueden hacer, literalmente, lo que les viene en gana. Se suceden estropicios monumentales, algunas veces irreparables, con gasto irrecuperable incluido y con grave alteración del entorno y paisaje urbano. Ejemplos nos sobran: Chorrillos es un caso emblemático y ni qué se diga de las provincias, sobre todo las que reciben las mayores transferencias dinerarias del gobierno central.
Hay algo, sin embargo, tan malo o peor que lo mencionado, cuando, por ejemplo, algunos particulares aprovechan, para beneficio personal, de uso o explotación comercial, esos espacios que por su carácter y naturaleza deberían ser intangibles. Desde los vendedores ambulantes que planchan calles con su "colabórame pues"; los profesionales de la mendicidad y la explotación sentimental de la pobreza, que se estacionan con bártulos, familia y hasta mascotas en la mitad de las veredas; los informales, con local propio y hasta autorización municipal de funcionamiento pero con vocación de apropiación de veredas para vitrinas, maniquíes y jaladores; los restaurantes y cafeterías, con prolongación de servicio de atención a veredas y jardines de aislamiento; las constructoras, con toma de áreas externas, por la fuerza y ante la actitud shakira, ciega y sordo muda, de las municipalidades correspondientes; los propietarios de terrenos, que al construir toman, al descuido y en complicidad municipal, áreas que no les pertenecen pero que son necesarias para sus intenciones: ochavos, retiros y similares; las autoridades locales que cierran calles inopinadamente y toman plazas por asalto, para realizar sus actividades de proselitismo político y para mantener su posicionamiento, cuando no para lucrar con socios y testaferros que se depositan con escandalosas, espantosas y ridículas ferias populares, además de "espectáculos" raperos y cumbiamberos, que mantienen a la población ocupada con la novedad y lejos, lo suficiente y necesario, de la fiscalización a su gestión.
¿Y qué hacemos? En primer lugar, tomar la decisión de recuperar y defender lo nuestro. Opinar y comprometerse con las decisiones que se tomen para el uso y puesta en valor de dichos espacios, previo inventario y registro de los mismos. Qué bueno sería que en vez del monumento a la familia o al perro desconocido, se hicieran parques, juegos infantiles, plazoletas y demás espacios para que los ciudadanos se reúnan y compartan momentos especiales. Las juntas vecinales, palo de gallinero de todas las gestiones municipales, deberían ser las encargadas de coordinar decisiones y acciones entre población y autoridad y no reducirse a ser los ayayeros de las autoridades de turno; los presupuestos participativos deberían ser, en lugar de la caja chica de autoridades y funcionarios, las fuentes de financiamiento de las obras para transformar y aprovechar al máximo, dichos espacios en beneficio de la comunidad; el gobierno metropolitano debería ser el coordinador y rector de las decisiones y acciones, planificadas, concertadas, eficientes y eficaces, así como de la realización de las obras para bien de cada distrito, prefiriendo las que se realicen en forma mancomunada y, finalmente, la actitud del gobierno central, que con su mal ejemplo de apropiarse y disponer de inmensas áreas de terreno eriazo, en lugar de sentarse a conversar con los alcaldes provinciales y metropolitanos para definir qué se puede hacer en beneficio de las propias comunidades. Hace falta, urgente, una labor de convocatoria y promoción, a todo nivel, de la necesidad perentoria de alcanzar el bienestar ciudadano. Si alguna vez algún presidente entendiera que solucionando los problemas en su nacimiento, cerca a su fuente u origen, es decir en el seno de las propias comunas, podríamos acabar con los problemas nacionales o reducirlos a su mínima expresión, habríamos dado el primer paso hacia nuestro verdadero desarrollo.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Peatonalizando calles

¿Y si la ciudad tuviera más sendas para caminantes que autopistas para automóviles? Sal de aquí, eso es imposible. ¿Por qué? Porque la ciudad se ha hecho para los carros pues, las casas son para la gente y las calles para los carros, ¿no te has dado cuenta? Y ¿cuándo diablos se jodió Lima Zavalita? Mayormente desconozco, pero sí sé que si no cruzas rapidito una combi te va a dejar sin trasero. ¿Por qué es que nos sentimos como o en casa ajena cuando pretendemos caminar por nuestra ciudad? ¿Por qué camino con miedo de ser atropellado? ¿Por qué no puedo, simplemente, dar un paseo, conversar con los amigos y respirar aire puro, todo a la vez? ¿Desde cuándo nos expropiaron la ciudad, desde cuándo nos quitaron la ilusión de caminarla? Desde el momento en que renunciamos a ser ciudadanos, desde que nos faltaron los pantalones para hacer respetar nuestro derecho a que la ciudad sea, primordialmente, para nosotros. Caminar apurado, no solo por la prisa propia del momento, sino por evadir obstáculos, sortear vehículos, evitar atracos. Caminar temeroso, porque me vayan a atropellar, porque me vaya a caer, dado el estado de mantenimiento de las veredas y pistas, porque me vayan a asaltar. Caminar sin ganas, porque el paisaje urbano es aburrido y pestilente, porque tengo que darle preferencia a los vehículos. ¿Por qué diablos no puedo caminar con gusto, sin temores, con la tranquilidad que me da el hacer algo que es bueno para mi salud física y psicológica y que además es agradable?
Algunos distritos han iniciado una buena práctica de peatonalización de ciertas calles, con el afán de brindar una mejor calidad de vida a los ciudadanos, logrando además que las zonas internas a estos nuevos pasajes, paseos o bulevares peatonales, adquieran un nivel más humano. ¿Qué es primero, la persona o el automóvil? Evidentemente la persona, dirán muchos, pero si no le damos preponderancia al vehículo no podremos trasladarnos con éxito, dirán todos. Sí pues, resulta que sí, pero no. Veamos el asunto. Cualquier persona puede caminar entre tres a cuatro cuadras, sin perder la vida, a lo más unos minutos. A cualquier persona le encantaría disponer para sí y para los suyos, de espacios públicos que pudiera sentirlos más a su escala, a su medida, sin problemas contaminantes, estresantes y hasta tremendamente peligrosos. Entonces dediquémonos a servir a la ciudadanía mediante la habilitación de pasajes peatonales, de plazoletas, de pequeños parques, en fin, de espacios públicos para disfrutar. El problema surge cuando por una espontánea voluntad de devolverle la ciudad al ciudadano, se comete el error de hacerlo sin la investigación necesaria, sin la planificación adecuada, incluso, sin el estudio de factibilidad previo de costo - beneficio. Entonces la solución crea otros problemas, incluso superiores al original. Hemos visto comunas hacer y deshacer pasos peatonales porque no habían tomado en cuenta una serie de factores colaterales.
Toda renovación urbana que implique un cambio de uso de las vías existentes debe estar enmarcada por un proyecto urbano para toda la ciudad. Lo que pase en Lince o Jesús María tiene repercusión en La Molina y el Callao. Los cambios que se hagan en Magdalena del Mar, necesariamente afectan a Pueblo Libre y San Miguel. El día que podamos contar con un Plan Integral de Desarrollo para la ciudad de Lima, decente, consultado, razonado, factible y realizable, tendremos la posibilidad de fijar cambios en el uso de nuestras vías sin meter la pata, sin causar problemas adicionales y con la seguridad de haber cumplido con el encargo de administrar correctamente la ciudad. Mientras tanto, la señalización debida en cruceros, la adecuación de la infraestructura y mobiliario urbano a un uso totalmente inclusivo, la ubicación, habilitación y debido mantenimiento de una red de semáforos peatonales, el completar la colocación de elementos de mobiliario urbano complementarios, deberían ser las prioridades de los gobiernos locales a la espera de ese gran Proyecto para Lima. No podemos, a pesar de que lo deseemos fervientemente, disponer de espacios para enlosetar, empedrar, adoquinar, a veces con muy mal gusto, sin tener la seguridad de que no vamos a reventar a la ciudad. Los autos están, más de los necesarios, las necesidades de movilización están, sin control ni planificación, las personas también, muchas de ellas incivilizadas, tomemos entonces la decisión más acertada y que se cumpla, en cada nivel, con el principio de autoridad. Los distritos no son propiedad particular del grupo de personas que los habitan, son partes de un todo que debe responder a una sola intención. Se va haciendo necesario metropolizar la gran Lima y manejar un solo lenguaje urbano.

martes, 15 de noviembre de 2011

Las palomas de la ciudad

A quién no le gustan las palomitas, no existe una persona normal que pueda decir que son detestables. La pregunta es ¿Por qué tiene que haber tantas? En el distrito de Jesús María hubo hace pocos años una matanza indiscriminada por parte de las autoridades, que luego le echaron la culpa a otros, al no atreverse a decir claramente que dichos animalitos estaban literalmente cagándose en todos lo monumentos, mobiliario y demás componentes urbanos del distrito . En varios parques de la ciudad, incluso principales, cientos de palomas han formado sus colonias en las copas de los árboles y se pasan el día, cuando no están en vuelos rasantes ametrallando lo que encuentran a su paso, entre monumentos, cables eléctricos, cornisas y todo tipo de soporte medianamente alto, desde puedan observar a sus próximas víctimas. Algunas comunas han tratado de disminuir la población o erradicar de plano a tales animalitos, pero pronto han desistido de su propósito debido a la presión ejercida por una buena cantidad de ciudadanos, normalmente los que viven lejos del radio de acción de las palomas, o las almas bondadosas que se oponen a su erradicación o disminución, pobrecitas, palomitas de Dios, representación del Espíritu Santo. Agregue a ello la cantidad de voluntarios para alimentarlas, que con la ayuda de sus niños no tiene más entretenimiento que brindarles el pan de cada día, lo que ayuda a su reproducción. En un año, la cantidad de palomas de un determinado lugar, puede llegar a duplicarse, gracias a que la maduración de los huevos, que ponen las madres, no pasa de 20 días, necesitando 40 días más, luego de nacidas para emprender vuelo y conformar una nueva promoción de palomitas.
¿Son inofensivas las palomas? Claro que sí, no muerden, no picotean los ojos, no roban pertenencias y hasta graciosas son, especialmente cuando el macho se pavonea delante de la elegida de la próxima hora. Sin embargo, los ciudadanos que las protegen y apoyan deberían saber que en sus cuerpecitos albergan piojos, chinches, garrapatas, pulgas y otros insectos que pueden trasladar a mascotas y personas. Las deposiciones, es decir la caquita, que tan generosamente derraman, es altamente corrosiva, debido a la presencia de ácido úrico, por lo que además del mal olor, los resbalones y el contacto directo, gracias a las bacterias que contiene, pueden causar buena cantidad de enfermedades, alrededor de 40 y, dañar sin problemas, fuentes, monumentos metálicos o pétreos, así como cornisas, ventanales y todo tipo de elementos arquitectónicos. Las palomas además, estacionadas cerca de los aeropuertos han llegado a causar serios desperfectos en aviones que despegan o llegan, al ser absorbidas por las turbinas en pleno vuelo. Sus parientes y avezados parientes lejanos, los gallinazos, sí son un problema mayor. En distintas ciudades del mundo, especialmente la Plaza San Pedro en Roma, los estragos causados por ellas son irreversibles y, más cerca, en la Plazoleta del Convento de San Francisco, la sobre población de palomas ha rebasado las medidas de seguridad.
Existen varias maneras de ayudar a su erradicación, la extrema es darles vuelta con algún veneno común, pero además hay otros métodos como la erradicación mediante la disposición de aparatos con emisión de ondas ultra sónicas, la vigilancia de gavilanes entrenados, o sea los achorados del barrio, que no permiten palomas a su alrededor y, sobre todo, el cese de los comedores populares, enteramente gratuitos, financiados y dirigidos por los propios ciudadanos que en acto bondadoso alimentan a las palomitas todo el día. La presencia de palomas en su barrio puede ser muy agradable pero es necesario que todos sepan que es, en verdad, peligrosa. Me pregunto, a riesgo de perder la amistad de mis grandes amigos de la sociedad protectora de animales y de no pocos amigos apristas, ¿Por qué no se organizan de cuando en cuando, unas buenas tallarinadas bailables, con la ayuda de estas sabrosas aves, es decir la preparación de tallarines con pichón, para disminuir la población palomar y de paso alimentar a nuestras familias más necesitadas. No se va a erradicar el hambre y la desnutrición de nuestra población, pero en algo ayudaremos a nuestra ciudad. ¿Ha escuchado usted el gorjeo matutino, golpe de las 6:00 de la mañana, de las hermosas palomitas del árbol adyacente a su vivienda? Bonito ¿no? Pero y ¿si el mismo sonido lo multiplicamos por cien? Sí pues, desagradable ¿no?

martes, 8 de noviembre de 2011

Contaminación auditiva y convivencia ciudadana

¿Cuándo es necesario regular la forma en que ruidosamente viven los que están a nuestro alrededor? En todo momento y bajo pena de sanción económica o de servicio a la comunidad. Dígame usted si la familia Quezada, esos que viven dos pisos más arriba que usted y su familia, tienen el derecho de reventar su tranquilidad y la de su edificio de 14 pisos, con sus fiestas interdiarias, que no terminan nunca. Entre la música estridente, el bailetón, las risotadas, la cura de la resaca, las innumerables visitas, la provisión de víveres y bebidas, pareciera que estamos hablando de un local de diversión pública y no de una residencia en edificio multifamiliar. Y no hay derecho, primero que nos soben en la cara, que ellos no necesitan trabajar, que tampoco necesitan dormir y, sobre todo, al parecer, que no necesitan nuestro permiso. Existen ordenanzas sobre reuniones en viviendas y locales particulares, sobre el máximo permisivo de decibeles a ciertas horas del día, especialmente en la noche, sobre el número de personas que pueden estar en una determinada área; son claras y específicas y, por lo visto, palo de gallinero para los Quezada, los García, los Gonzáles y todos los desgraciados que nos revientan los tímpanos y la vida. Ya nos parece gracia, que lleguen los serenos, ante una llamada desesperada de alguien que necesita dormir y los susodichos, al escuchar golpes en la puerta, morigeren las risotadas, bajen el volumen del reproductor de sonido y atiendan a los visitantes con cara de por diosito que ya vamos a terminar, es que la abuelita ha dado a luz y estamos celebrando tamaño acontecimiento, perdone usted jefecito. Hecho que se repite cada 2 horas, hasta el cambio de turno de los serenos y cuando se produce la última visita, a las 7 de la mañana, seguramente la escena se repetirá pero usted ya no está para escucharla porque ya tiene que irse a trabajar, en donde por cierto, estará usted cabeceando todo el santo día porque anoche no pudo dormir. Ah, olvidaba mencionar que los Quezada deben ser familia del jefe de Serenazgo.
Todos, hasta los sordos, sabemos que está prohibido el uso de megáfonos, altavoces y la voz aguardentosa de cachineros en la ciudad, a toda hora del día. Pero todos los días y a toda hora nos enteramos que hay unos señores que andan buscando baterías, libros, revistas, fierros, cajas y mil cosas, que seguro se les han perdido. Nos enteramos, fuerte y clarito, que los dos kilos de uva están a cinco soles y que la sandía está jugosísima y la papaya madurita y, todo, oiga usted, en la puerta de nuestras casas y en la cara, bastante estúpida, de la autoridad, esa misma que le pide un par de soles al ambulante, para dejarlo vender sus chompitas, tejidas a crochet por mi mamá para ayudarse con su operación de cirrosis, colabóreme pues. Pero lo peor es que nos enteramos también, a la fuerza y sin remedio, que mañana se presenta el grupo los Cachineros Metálicos de Mendozita en un mano a mano con Los Raperos Incomprendidos de Cárcamo, en el parque principal del distrito, siguiendo con la campaña "cultura a tu alcance" de nuestra gloriosa y babosa municipalidad, o que este fin semana vence el plazo para el pago de los tributos, acérquese usted y cumpla con sus obligaciones municipales. Para completar el cuadro, mencionemos que esta mañana, muy temprano, a las 5:30 am, sintió usted que las profecías sobre el fin del mundo empezaban a cumplirse porque su cama empezó a vibrar y un estallido de sonidos y gritos invadió su resaqueada amanecida, eran los obreros de una sub contratista local descargando sus bártulos, para empezar, a las 6:00 am, en punto, oiga usted, que tenemos que entregar la obra, a torturar pistas y veredas, con tremendas perforadoras que ya las quisiera usted para sacarle la verdad a su hijo adolescente que dice que no sabe quién se ha llevado las joyas de su mamá, ¿acaso me has visto cara de ladrón?
Y qué pasa con los vehículos de Dios, que deben serlo porque de otra forma no se entiende que nadie pueda hacer algo para controlar el caos sonoro que producen, como si abrirse paso entre la maraña de miles de vehículos, para llegar primero a su destino, fuera lo último a lograr antes de morir. Hay bocinas de todo tipo, de toda potencia y manejadas a su libre albedrío por cada energúmeno al volante que dan ganas de cortarles las manos para que ya no la hagan más, aunque seguro lo harían con la frente, por el gusto de hacer la bulla que les encanta. En buena hora que me negaron, mi perfil psicológico no me avaló, la licencia para portar armas, porque un montón de familias de choferes de buses estarían en calidad de deudos, porque docenas de veces he querido balear a los choferes que por mostrarnos la calidad de su prepotente equipo de sonido nos torturan con los peores "temas de actualidad", mientras con cara de estreñidos se aferran al volante para llegar rápido a todas partes. Camina usted cerca de los centros comerciales, mercados, mercadillos, galerías y similares y los griteríos de los jaladores, los vendedores informales, los altavoces desde los segundos pisos lo hacen desear un nuevo incendio, tipo Gamarra, para acabar de una vez por todas y con humo espeso, con este terrible azote urbano de última (de)generación. Las ordenanzas están, se supone que la policía municipal también, ¿Pueden decirme entonces por qué carajo las cosas siguen igual?

martes, 1 de noviembre de 2011

Las alarmas vehiculares

No tengo automóvil particular por elección personal; decisión que debí tomar cuando hice el cálculo de lo que costaba tenerlo, entre las prepotentes e incómodas cuotas bancarias mensuales, el pago de cochera, la tarjeta de propiedad, el seguro contra robo, el SOAT, el impuesto vehicular municipal, la gasolina, el aceite, las llantas, los filtros, además de los cupos a los cuidadores callejeros, determiné que la suma debería ser similar a lo que costaría mantener una amante. Como no puedo, ni me dejan, tener una, no me da la gana tener el otro. Por lo señalado se entiende que los propietarios del millón y medio de vehículos que circulan por Lima, querrán proteger su inversión, o dispendio, según el caso y no encuentran mejor forma de hacerlo que enchufar el vehículo a una poderosa, estridentísima y rompe pelotas alarma. ¿Ha estado usted tomando tranquilamente su desayuno, almuerzo o cena, o tratando de dormir unas pocas horas en las noches, o haciendo su mayor esfuerzo de concentración para decirle a su pareja que la sigue queriendo, cuando de repente se desata una maldición infernal y un aullido de muerte le revienta el tímpano, todo porque unos chiquillos peloteros estrellaron la pelota contra el auto que ha sido estacionado frente a su casa, o porque una señora se recostó en la carrocería mientras se acomodaba alguna pieza interior que le ajustaba. Y así seguirá por horas mientras su propietario se encuentra en la otra cuadra tomando unas riquísimas cervezas heladas, jugando al billar, cortándose el cabello o haciendo las compras de la semana. Así, podríamos decir, que mientras unas señoras se van de tiendas, la tranquilidad ciudadana se va a la mierda, gracias a que el vehículo de las doñas se ha quedado "protegido" por la bullanguera alarma.

¿Cómo hemos permitido que esto suceda en nuestra ciudad? Y lo que es peor, ¿Por qué es que no hacemos nada para eliminar este terrible azote urbano? Es una actitud tremendamente egoísta e irresponsable por parte de los propietarios cargarle a la ciudadanía la vigilancia, obligada, de sus vehículos. Nadie tiene el derecho de alterar el orden público, causar trastornos auditivos y psicológicos, por el prurito de mostrar su última adquisición, con luces de yodo, faros y espejos eléctricos y mil cosas más, o por no caminar unas cuantas cuadras, por no querer pagar la cochera de alquiler, por no usar el transporte público o, simplemente, porque les da la gana. Las calles de nuestra ciudad son, en principio, para el uso y beneficio de los ciudadanos, por extensión, para el uso de los vehículos que sirvan para el transporte y desplazamiento motorizado de las personas, pero jamás hubiéramos creído que los vehículos, con sus bocinas bullangueras y sus alarmas mortales tomarían por asalto nuestra ciudad, relegándonos al triste espectáculo de aceptar boquita cerrada y ojitos entornados, este tremendo abuso. Hay demasiados autos en nuestras ciudades y se siguen vendiendo cada día más. No hay cocheras suficientes, ni siquiera lugares para parqueo, tampoco autoridad que se haga respetar, ni una ordenanza decente que señale parámetros de uso y condiciones para sistemas de seguridad vehiculares.

Señores alcaldes, señores regidores, señores funcionarios municipales, lo que ustedes cobran, del bolsillo de los ciudadanos, incluye, como servicio, el mantenimiento de la tranquilidad pública y, en estos momentos, lo que nos está reventando la vida, es el uso indiscriminado de alarmas, cuanto más bullangueras mejor. No se puede aceptar la indiferencia de los propietarios ante la posibilidad de una activación de la susodicha ante cualquier eventualidad, que no sea precisamente un robo, al abandonar por horas interminables su vehículo en cualquier calle, en la seguridad de que el escándalo que se produzca, alejará al ladrón y alertará al vecino, que solo Dios sabe cuándo aceptó el puesto de guachimán. Las alarmas, para quien "mayormente desconozca", son dispositivos de seguridad cuya finalidad es la de alertar al propietario ante la posibilidad de un robo del vehículo, de ninguna manera, el objetivo es el de gritarle al mundo que lo están manoseando. Es tan sencillo elaborar y publicar una ordenanza metropolitana en la que se fijen criterios para el asunto. En primer lugar, las alarmas deben ser silenciosas y generar, en un dispositivo que tiene en su poder el propietario una indicación mediante luz y vibrador, de que le están haciendo algo a su vehículo; como las alarmas conectadas con las comisarías que son tremendamente efectivas y silenciosas. Todo vehículo que rompa la tranquilidad y el equilibrio psicológico de los ciudadanos debe ser transportado, mediante grúa municipal a un recinto apartado y cerrado hasta que el propietario termine "sus diligencias", se dé cuenta de que se han llevado el vehículo al depósito y luego ir a recogerlo, previo pago, por bullanguero. Las municipalidades no se quieren hacer cargo de la seguridad, por incompetencia mayormente, y por ello son permisivos ante estos hechos. Pero no está bien lo que está sucediendo. ¿Faltan playas municipales de estacionamiento? A construirlas pues, con tecnología mecánica que acomoda vehículos uno encima del otro, en reducido espacio. ¿Que la vigilancia del serenazgo y policía son malas o incompletas? A mejorarla, pues, pagando mejor y contratando profesionales y no delincuentes redimidos. ¿De dónde sacamos la plata? De los mismos impuestos que pagan los vehículos, que debería ser escalonada. ¿Que la familia Del Pozo Del Aguila y La Melena tienen un montón de autos, porque les encanta y porque pueden? Que paguen pues; por el primero como diez, por el segundo como 50, por el tercero como 200, por el cuarto como mil y así sucesivamente. ¿Que los edificios no tienen área suficiente para parqueos internos, un mínimo de 1.5 o 2 estacionamientos por departamento, de acuerdo al área y acabados? Que no se construyan pues, y punto. ¿Ven qué fácil? Sí pues, faltan las del toro para poder hacerse respetar. Qué pena, ¿no?

martes, 25 de octubre de 2011

Mes de Procesiones

En Octubre, en la ciudad de Lima, necesitamos que se produzca el milagro de la fluidez. Es decir, que no haya atoros vehiculares y que los peatones puedan caminar libremente, cosas que actualmente no se dan gracias a los constantes embotellamientos que se producen por las interminables procesiones, en honor al Señor de los Milagros. Esta manifestación de religiosidad, poco a poco, se ha ido convirtiendo en una competencia a morir entre las diferentes cuadrillas de cargadores que, ahora distritalizadas, deben pasar de 100 en la ciudad de Lima. Lo malo no es la procesión, creo que el hecho ni siquiera molesta a los ateos o descreídos, no, lo malo es que esta procesión que debería haber sido una sola y un fin de semana al año, se ha convertido en un interminable mes de montoneras y apretujones, por toda la ciudad. Escuetos comunicados, no tan bien difundidos, dan cuenta de que se cerrarán tales y cuales calles, todo el día. Muchas veces una urgente diligencia nos encuentra con tremenda muchedumbre frente a nosotros y, caballero no más, un día perdido. Lo curioso es que la propia iglesia católica no ve con muy buenos ojos estas tremendas manifestaciones de fanatismo. No se puede llamar de otra forma a los actos producto de este fervor tan grande por la imagen del Señor de los Milagros. Lo más grotesco del asunto es toda la parafernalia que se arma alrededor de la imagen y sus devotos. Vendedores de comida y bebidas de pésima calidad, recordatorios, imágenes y las más increíbles chucherías, sin descontar charlatanes, timadores, ladronzuelos y mañosones de la más baja ralea, son ya parte y espectáculo del ritual.

¿Por qué no hace su trabajo la autoridad respectiva y recorta, sin anular, los abusos de esta simpática muestra de catolicismo? Simplemente porque se hace la pila. En verdad da miedo enfrentarse a la segura cólera irracional de un gentío que no tiene más ilusión que esperar cada mes de Octubre para vestirse de bueno y salir a la calle a medir capacidad de sacrificio con sus vecinos. Gracias a Dios que las cuadrillas todavía no son tantas, si no habría que robarle algunos días a Setiembre y otros a Noviembre, así tendríamos el trimestre del Señor de los Milagros. Muchos han escrito abundante y sesudamente sobre esta manifestación religiosa, que a la mejor usanza española, origen e imagen del ritual en mención, ocupa literalmente la ciudad, como si todos los ciudadanos estuviéramos dispuestos a participar y que se detenga el mundo, sí señor, al pase majestuoso y arrollador de la santa imagen; todos coinciden en la necesidad de perpetuar esta práctica, por cuanto la población necesita aferrarse a alguna esperanza de que las cosas se van a arreglar, que les va a ir mejor, que se van a curar o conseguir ese trabajito que tanto esperan. Sin ser sínicos podemos asegurar que esta no va a ser la solución a los problemas ciudadanos. Está bien que se de, lo malo es que ya se desbordó.

Ningún plan de seguridad ciudadana serio podría aceptar la paralización de la ciudad, por horas, días; la toma de calles, plazas y espacios públicos y hasta privados, por grupos inmensos de gente, algunas en estado catártico y hasta cataléptico, avanzando, si cabe el término, a un paso de tortura, llevándose consigo la tranquilidad y paz del vecindario. El desvío de las líneas de buses, de vehículos particulares, de carros de emergencia y otros, se da entre un infierno de bocinazos y mentadas de madre, ante la sonrisa e indiferencia de los sahumadores y lloronas. Vamos a ver. ¿Debemos prohibir esta celebración, más popular que religiosa? No hay necesidad. ¿Debemos fijar parámetros, cronogramas y planes de organización para que nadie salga perjudicado, apelando al respeto mutuo entre ciudadanos, secreto de la convivencia? Pues claro. Empecemos por sugerir que se fusionen o trabajen mancomunadamente las cuadrillas; que la celebración sea una sola, sin necesidad de que se replique en cada distrito de la ciudad; que se reduzca a un fin de semana, con el señalamiento de que sería ideal su realización en horas de la noche y madrugada, de paso que se evitan los bochornos solares, se aprovechan mejor las horas del día y se evitan colapsos de la infraestructura ciudadana; que haya un estricto control sobre la venta de alimentos y bebidas, muchas de ellos causantes de serios y peligrosos trastornos estomacales; que así como hay patrones o jefes de cuadrilla que van cortando tráfico y dirigiendo a la muchedumbre, se formen verdaderos y respetables piquetes de seguridad, que no permitan desmanes ni faltas a la persona; que se entienda que la bulla atronadora no debe gustarle ni a la propia imagen y que una manifestación de fe no tiene por qué ser bulla de mercado; que participe la iglesia con su capacidad de organización y compromiso, para que la procesión sea un verdadero rito religioso y, de paso, un bonito espectáculo turístico. Así ganamos todos. Y, finalmente, que no siga decayendo la calidad del turrón de doña pepa, porque este año está infame.

martes, 18 de octubre de 2011

¿Por qué no la dejan trabajar?

A menos de un año de su gestión como alcaldesa de Lima Metropolitana, la señora Susana Villarán está teniendo demasiados problemas para poder realizar su trabajo. ¿Qué está pasando? Se puede entender el miedo a lo nuevo, a una forma de trabajar inédita para nuestro medio, a que se piense que toda la gestión, los cuatro años, sean un completo fiasco y se pierdan muchas oportunidades, inversiones y dinero efectivo, incluso; pero lo que no se entiende es que los principales opositores sean las personas medianamente inteligentes y conocedoras del fracaso real de las gestiones anteriores en el empeño de conseguir el desarrollo pleno para nuestra ciudad capital. ¿Qué tenemos hasta ahora? Gestiones sucesivas con relativo éxito económico, porque tienen las cuentas en azul; con relativo éxito urbanístico, porque se han dedicado a solucionar problemas de vías vehiculares; relativo éxito en cuanto a reconocimiento internacional, por algunas obras de carácter monumental; pero ¿Y del ciudadano? ¿Quién se ha acordado? Se suponía que la ciudad, su crecimiento y desarrollo, eran para beneficio directo del ciudadano, de su familia. ¿Por qué entonces no podemos darnos cuenta de que si las cosas no han salido bien hasta ahora, es porque la forma, el estilo de pensar y hacer esas cosas, no era el correcto? ¿Es tan difícil comprender que si se quiere un cambio verdadero y estructural en el manejo de la gestión se requieren varios ajustones, no pocos moretones, algunos golpes de timón y otro tipo de personas, incluso, en el diseño de las tareas municipales y en la conducción de los equipos de trabajo?
La señora Villarán no sabe vender ni venderse. No tiene empatía con la población y eso no es bueno para ninguna de las dos partes. La gente se molesta porque no le entiende lo que quiere decir y su lenguaje gestual es lerdo y equívoco, pero su intención sí es buena y sus objetivos también. Sus más cercanos allegados son, igualmente insulsos pero de excelente nivel. ¿Por qué entonces no le damos un tiempo prudencial para que marque las sendas y luego podamos acompañarla en su ruta de nueva concepción del desarrollo. Me parece que lo hecho por Antanas Mockus en Bogotá y los planes y proyectos de algunas ciudades españolas son sus referentes. No vamos a ver grandes obras, no vamos a ver una explosión de primeras planas mediáticas, ni siquiera conferencias de prensa en que se mencionen grandes proyectos con grandes inversiones. Y es que en verdad, tampoco conviene eso. Lo que vamos a tener en los próximos meses y años, es un giro de 180° en el manejo metropolitano. Las cosas se hacen de acuerdo a lo que conviene a la población; los costos no se inflan ni adecuan, se presupuestan y ejecutan según lo justo y necesario; las obras no se entregan a un grupo de privilegiados si no a quienes convenga, en el momento adecuado y por mérito propio; las inversiones publicitarias se realizan solo si son necesarias y de acuerdo a la norma y, lo que es más importante, todo lo que se haga en la ciudad será para beneficio directo y exclusivo del ciudadano. ¿No es eso lo correcto y lo que estábamos esperando?
En los próximos meses es muy probables que se desate una campaña, que en realidad ya empezó, dirigida por los medios de comunicación que hasta ahora no la ven, y espero sigan sin verla; por las constructoras y los promotores de sembrar cemento, que se desesperan porque están a secas; por los políticos que fueron desplazados por esta nueva opción de gobierno local y que pueden quedar muy mal parados si esta gestión, como esperamos y deseamos, haga un buen trabajo y, por todos aquellos, ciudadanos de a pie, que están acostumbrados a la tradicional alharaca que producen los que trabajan para el aplauso y su bolsillo antes que para la ciudad. ¿Y si mas bien viéramos las cosas con otros ojos, con más optimismo y empezáramos a poner el hombro ahí en donde vivimos y trabajamos, mediante sugerencias, propuestas y verdadera e inteligente fiscalización? No va a ser fácil, porque hay demasiados y poderosos intereses de por medio, porque alterar la rutina agota, porque no es conveniente reconocer que una mujer pueda realizar bien el tradicional papel del hombre, porque esta gestión tiene un tufillo izquierdista y caviarón, o porque hay algunas lesbianas y maricones en el grupo de trabajo de la señora Villarán. Pero no hay razón, al menos hasta ahora, para decir que en esta gestión hay ladrones e incapaces. Y entonces, ¿por qué diablos, dígame usted, no la dejan trabajar?