martes, 11 de octubre de 2011

Métanse su celular al poto

¿Qué nos pasa por Dios que hemos permitido que unas empresas nos roben la dignidad en incómodas cuotas mensuales? ¿Era tan necesario que todos tuviéramos celulares? ¿Es imposible dejar de "estar en contacto" por unas horas, un día? Parece que sí, de otro forma no se entiende cómo es que los puntos de venta de celulares anden atiborrados de gente todos los fines de semana. ¿Quién nos ha metido en la cabeza la loca idea de que el que no está al alcance de un timbrazo, ya fue? Bueno, esto ya es una deformación personal, un trauma, que no tiene más remedio que ponerse en la cola y comprarse la última versión, con pantalla táctil, video cámara, mp4, internet, agenda electrónica, hasta masajeador portátil, aunque sea en pre pago, pero con sistema de recarga mensual fijo, para beneficios con tarifa menor. Las empresas de telefonía móvil, Movistar, Claro y Nextel, han encontrado su propia mina entre los peruanos. Estas empresas se jactan de haber colocado cerca de diez millones de celulares en Lima. ¿Querría decir que hasta los perros de nuestra capital tienen celular, incluidos todos los recién nacidos, porque si la población total de Lima, sin perros, es de nueve millones, ¿en dónde está el millón de celulares que sobra? No, las cuentas no están mal, sucede que por lo menos medio millón de personas tiene en uso tres celulares, de cada una de las empresas mencionadas; no menos de dos o dos millones y medio de personas tienen dos celulares, correspondientes a dos de dichas empresas, y bueno, el resto tiene un celular cada uno. Sin contar los celulares que las empresas reparten entre sus empleados para tenerlos a su entera y enfermiza disposición las 24 horas, los 7 días de la semana.

Este curioso aparatito ha venido a alterar, ciertamente, nuestras vidas. Va usted caminando por la calle y escucha detrás suyo una mentada de madre, al voltear a encarar al agresor se percata de que el grave insulto fue para la persona al otro lado del celular que el furibundo ciudadano aprieta contra su oreja. Ya no hay forma de tener tranquilidad, paz; si usted se retira de una habitación o local, para calmar sus ánimos y no dar rienda suelta a alguna mala reacción, que es lo que aconseja la prudencia y su salud, le revientan en el bolsillo o la cartera el o los celulares que han escogido el peor momento para sonar; uno de los que suenan es del interlocutor del que se apartó para no empezar a discutir, el otro es de un viejo amigo de la infancia que llama para hacerle una graciosa pasada, simplemente porque se le ocurrió y le sobraban unos minutos. Por otro lado, la estupidez de los que tienen Nextel, que normalmente se lo han dado en el trabajo, que les encanta ponerlos en alta voz, cuando bien podrían usarlo como un celular normal, pero no, es más bacán que todo el mundo se entere de lo que conversa con su oficina, da más caché y además les recuerda un radio entre espías o personajes de alguna historia truculenta y no se van a perder la oportunidad de parecer interesantes. ¿Ha visto usted a los policías que están de servicio, recostados sobre cualesquier poste, ensimismados hablando, entre carcajadas, mientras se le pasan entre las piernas todos los pirañitas del barrio, con bolsos y carteras en veloz carrera? Por más cartelitos, pedidos expresos, ruegos de los vecinos de asiento, de que todo el mundo apague el celular antes de empezar la reunión, la función, la misa, la exposición o lo que fuera, en el momento menos esperado, esa estupidez de los wachiturros, que ya está en ring tone, irrumpe despiadada e inmisericorde entre los que estábamos concentrados en salvar al mundo o aprovecharnos de él o, inclusive, "escuchando la palabra de Dios". Ya pues, no hay derecho.

Pero además del azote urbano y la tortura sicológica que ya de por sí constituye el estar metido en medio de un mar de conversaciones, muchas de ellas irreproducibles, estás las tarifas que hay que pagar a las empresas, que por si fuera poco se machetean entre ellas, pero golpeando a los usuarios del contrario. Si usted tiene un movistar y llama a un claro, o viceversa, le cuesta un ojo de la cara, pero si llama a uno que tiene equipo de la misma empresa, el trato es diferente. Se puede usted enlazar con dos, tres y hasta cuatro personas o pertenecer a una red de contactos, de la misma empresa, por supuesto y ya está, a usted le cuesta menos. Muchos criollazos hemos optado por tener dos celulares para sacarle la vuelta al asunto y que a nuestros clientes o contactos tampoco les cueste más. ¿Por qué es que una llamada, que usa el mismo medio, pero en otra banda, con otros códigos, debe costar más? ¿Por qué la llamada de un fijo a un celular es de un costo criminal? Fácil, porque ninguna de las compañías quiere perder clientes y más bien te extorsiona, de mil maneras, para que te cambies de compañía. Por último ya tienes tu celular o celulares, ya te hiciste al dolor de pagar lo que tengas que pagar, pero resulta que además te has convertido en un receptor cautivo de todo tipo de mensaje y porquería que se le ocurra enviar a "tu" compañía. Estás en una reunión importante o discusión de vida o muerte y se desgañita tu celular indicándote que tienes un mensaje muy importante que atender, cortas todo y zas, de un plumazo te enteras de que si envías en este momento la palabra "calata" te harás acreedor a un pase con 20 % de descuento para el Emmanuel. ¿Hay derecho, oiga usted? Sí pues, parafraseando a esa gran mujer de nuestra política criolla, dan ganas de decirle a nuestra compañía amiga: Háganme el favor, métanse su celular al poto.

martes, 4 de octubre de 2011

El imperio de la telefonía

¿Quién querría pagar cada día más por un servicio que cada día, en la práctica, cuesta menos? Al parecer todo el mundo. Telefónica es la empresa que en el Perú se pasa inventando costos para aumentar su rentabilidad. Esto lo permite la Osiptel y todos los funcionarios estatales que miran para otro lado mientras acarician en el bolsillo algún presente móvil de la empresa que protegen. ¿Cuánto gana telefónica en un año de operaciones en el país? Sí pues, es cierto, a mí qué me importa. A quien Dios se la dio, San Pedro se la bendiga. Lo que no está bien, digo yo, es que luego del regalo increíble que el señor Fujimori le hizo a la empresa española, ésta se dedique a meternos la mano al bolsillo gracias a la anuencia de todo funcionario que se respete y del que no, también. Dejemos, sin embargo, el tema de las utilidades porque incluso no se podría llegar a obtener cifras verdaderas por la pericia de contadores que saben presentar estados y reportes, si fuera necesario a pérdida, con tal de evadir los impuestos correspondientes. Veamos hechos concretos, gollerías reales que esta simpática y omnipresente empresa tiene en nuestras ciudades. En algunos distritos de Lima, por ejemplo, existen ordenanzas específicas sobre el tendido de cables aéreos, que prohíben su uso y que exigen el tendido subterráneo de los mismos, para evitar la terrible contaminación visual, el tendido de zapatillas viejas, la muerte súbita de pajaritos y las descolgadas de tiempo en tiempo por las carrocerías altas de algunos vehículos. ¿Por qué no se cumple con erradicar dichos cables? Sí pues, es mucho más barato así como están.

¿Ha visto usted la cantidad de cabinas telefónicas regadas por calles y plazas? Cada una de ellas es un punto de propaganda, que no tiene el costo de un letrero como el que cualquier hijo de vecino desearía colocar. Los paneles que inundan la ciudad con mensajes pisa palito, publicidad engañosa que le llaman, pero que tampoco nadie regula; los teléfonos monederos, colgados de paredes y ventanas, de negocios y casas particulares, que usan el espacio público gratuitamente para que el usuario pueda llamar, estorbando el paso sobre las veredas e ingreso a dichos locales, a pesar de que existen reglamentaciones al respecto. Además, cada uno de estos teléfonos "salvadores" cuenta con su respectiva paletita metálica de publicidad, banners, letreros de todo tipo y los fiscalizadores municipales, bien gracias. Si nos tomáramos el trabajo de valorizar el derecho que toda esa propaganda urbana debiera pagar, podríamos financiar un buen porcentaje de los servicios que cada municipalidad brinda. ¿Por qué será que Telefónica prefiere donar, directamente, grandes cantidades de dinero para distintas obras, equipos deportivos y todo tipo de presentación pública? Simple, los gastos, que podrían ser inflados, bajan montos imponibles para el pago de impuestos y además la presencia mediática, el posicionamiento y recordación de marca se logra por un menor costo del que representaría una campaña publicitaria paralela. Finalmente, ¿Por qué Telefónica y las otras empresas de telefonía pueden gastar una tremenda cantidad de millones semanales en publicidad exterior, en televisión, radio, periódicos y revistas? Porque la utilidad inmensa que reciben así lo permite. La guerra publicitaria entablada entre Telefónica y Claro está en su punto más álgido y no hay rincón urbano y rural, que no esté infestado de su propaganda. ¿Estará bien? ¿No se puede hacer nada al respecto? La verdad es que sí, pero los reglamentos son palo de gallinero en este caso.

Se viene la renovación del contrato del estado con la Telefónica y empiezan los malos olores. ¿No podríamos tener esta vez un contrato decente, sin ríos de dinero sucio bajo la mesa, que nos permita tratar de igual a igual con la empresa y trabajar en forma conjunta para que las cosas mejoren para el bien del país y la ciudadanía? Obligando a la desaparición de la renta fija de los recibos, por ejemplo. Determinando los costos reales del servicio para que no sean infames las trifas que se cobran y evitando los abusos y malas prácticas empresariales. Reglamentando la publicidad exterior para que se pague lo justo y necesario. Dando las facilidades para que las empresas de telefonía cambien su sistema de tendido aéreo de cables, por uno subterráneo, más seguro y estético. Trabajando juntos, gobiernos locales y empresas, en la erradicación de taras urbanas mediante campañas de concientización, con un costo mínimo. Haciendo entender a las empresas de telefonía que el usuario, en su calidad de cliente cautivo, no tiene por qué ser, además, martirizado, con campañas promocionales de cada empresa, que en su afán de digerirse la mayor proporción del mercado no dudan en atosigarnos con llamadas permanentes e inconvenientes a toda hora del día. Teniendo una sola reglamentación municipal metropolitana, a respetar y aplicar por las distritales, para evitar negociaciones particulares que, en este caso, se conviertan en una espada de Damocles para la propia empresa. Anulando costos excesivos de colocación y derechos de autorización, muchas veces inexistentes, pero que las empresas deben pagar para llevar la fiesta en paz. Es decir, no dudamos en que la empresa debiera calmar sus ansias infinitas de crecer, sobre todo si las mismas se financian mayormente, con el bolsillo del usuario, pero también se deberían evitar algunos abusos de los gobiernos locales que atentan contra los tratos claros y transparentes. El servicio de telefonía fijo es una necesidad y un derecho personal de comunicación que podría encaminarse perfectamente, eliminando todas esas malas prácticas que se han venido dando a través del tiempo. Ahora, es el mejor momento para empezar.

martes, 27 de septiembre de 2011

Una sociedad presa entre barras

Cuando veo pasar a las malditas barras bravas por el frente de mi casa, formaditos ellos, descamisados ellos, gritoncitos ellos, delincuentes prontuariados unos, hijitos engreídos de papá y mamá otros, escoltados por nuestra generosa y acomedida policía nacional, siento un asco terrible de nuestro sistema societario. ¿Qué nos ha pasado? ¿Desde cuándo una muestra violenta de poder y "organización", como son estas estúpidas marchas, merece las consideraciones de nuestras autoridades? ¿Hay que esperar que alguno de estos malditos cometa un acto violento, como atacar a alguien, romper un vidrio, arrojar piedras, para intervenir y tratar de detenerlo? Oiga no sea ridículo, sí, usted, que está pensando que estos pobrecitos muchachos tienen derecho a manifestarse, a tener la libertad de sacar hacia afuera todos sus traumas, carencias, faltas de cariño, por las que sufren. Claro pero si usted se apellidara Oyarce, como el muchacho que fue arrojado desde un palco del estadio monumental, por dos desgraciados, conocidos y prontuariados barristas, al querer detener los desmanes de quienes habían violentado la entrada de un palco particular en evidente actitud de agresión, no pensaría igual. ¿Se ha cruzado usted por la calle con estos delincuentes cuando van libremente vociferando ridículas frases, en actitudes matonescas y abiertamente desafiantes? No se lo recomiendo, porque en ese instante sentirá deseos de regresar a casa a cachetear a ese hijo que le faltó el respeto ayer y hasta le levantó la mano y usted, comprensiva y filialmente, excusó, "porque yo tengo la culpa, yo lo provoqué y él, pobrecito, como todavía no ha madurado lo suficiente, ha reaccionado de esa forma". Sí pues, la principal causa de la existencia de este azote humano, de esta plaga urbana, es la pasividad, desinterés, cuando no pusilanimidad, de los propios padres, que luego se extiende al colegio, a la sociedad misma, presa de ideas "modernistas y apañadoras" y, finalmente revienta en nuestro sistema de leyes, que dice textualmente, que a los niños y a los jovencitos, ni con el pétalo de una rosa. Pero ¿y esto que está sucediendo? Ah, bueno, eso es un pequeño error estadístico. Sí won.

¿De dónde ha salido esa, por demás estúpida idea, de que no se puede corregir en forma demasiado severa a quienes se les está viendo que son desadaptados, violentos, buenos para nada, casi una escoria social? Cuando las cosas se nos están yendo de las manos es necesario tomar medidas drásticas, de igual proporción al problema, para no seguir siendo una sociedad cacasena y maricona, que esconde la cabeza cada vez que estas cosas pasan. Lamentablemente el ruido mediático y la rabia ajena se irán extinguiendo gracias a otros "accidentes" que se irán sucediendo en las próximas semanas y estos dignos representantes del crimen apasionado y el acto delictivo sentimental, pasarán al olvido, hasta otra marcha, oiga usted, hasta otro vidrio de fachada o vehículo hecho trizas, oiga usted, hasta que, Dios no lo quiera, atenten contra su hermana, su hija o hijo y tenga usted que salir al frente a increpar a estos pobres muchachos desviados, ellos, incomprendidos ellos, y levantar su voz varonil para espetarles: No sean malos, vayan a sus casitas y pórtense bien. Ojalá que a usted no le metan la mano o no reciba una piedra en el rostro mientras escucha sonoras y divertidísimas carcajadas. Hay, Dios mío estos muchachos, estos muchachos, probablemente dirá usted, mientras se seca la copiosa sangre con su pañuelito bordado.

¿Qué hacer? Aceptar que el problema existe, que ya se nos fue de las manos y que hay que actuar rápido, decidida y valientemente. El problema nace en los hogares ciertamente y en los chicos de la calle, ambos provienen de una pareja de padres. A la cárcel con ellos, por idiotas, por pusilánimes, por permisivos, apañadores y, muchas veces, violentos también, que esto rija para los menores de 12 años. A partir de esa edad y como estos jovencitos ya comen con su manito entonces a la cana con ellos, pero no a un Marangüita, en donde te violan o te enseñan a hacerlo, junto a otras exclusivas materias, si no a colegios militarizados, internados de formación, que permitan enderezar, por las buenas o las otras, al palomilla que entró. Un registro inmediato de los barristas, futuros pandilleros, un récord personal que lo acompañe social y oficialmente hasta que la muerte tenga el buen gusto de llevárselos y ya está. A la primera reincidencia adentro, a una cárcel para primarios con derecho a vivir preso con tranquilidad pero con obligación de trabajar en infraestructura vial, con resguardo policial. A los mal llamados clubes de futbol, verdaderas canteras de jugadores faranduleros y de violentos barristas, sacarlos al fresco y advertirles que a la primera que se produzca un desmán o acto delictivo se cierra el club, previo pago de un fuerte resarcimiento a la sociedad. A las autoridades deportivas, que no sean tan sinvergüenzas, que viajen menos, que se pongan a trabajar o que sean pasibles de penas carcelarias cuando se compruebe que su inacción o desidia apoyan o no saben frenar estos actos. A la policía y el poder judicial, que se pongan los pantalones y asuman su rol de guardianes de la sociedad y paren de una vez por todas, mediante acciones coordinadas de represión y prevención, los delitos de estos desadaptados. Y ya está, se acabó el problema. ¿Difícil no? Sí pues, no hay nada fácil. Ahora me disculpan, pero estoy escuchando fuertes gritos que provienen de la calle, es que hoy hay partido, así que me acercaré a la ventana. Este espectáculo nunca me lo pierdo.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Mistura y la marca Lima

Ha terminado MISTURA 2011, la gran Feria Gastronómica Internacional de Lima. Cerca de 350,000 visitantes y muchos millones de soles en ingresos para organizadores y expositores. Bien por ello. Quienes creen que esta cuarta edición de Mistura era solo una feria más, de cocineros y comelones, se equivocaron. Se están sentando las bases para hacer de Lima la capital gastronómica de América Latina. Su innegable crecimiento sostenido, año tras año y, la generosa aprobación y decidido apoyo de grandes cocineros internacionales, incluido el llamado mejor del mundo: Ferrán Adriá, nos van a permitir vender a nuestra ciudad capital como un destino obligado del turismo gastronómico. Lima se está convirtiendo, gracias a nuestros visionarios y promotores gastronómicos, en una marca reconocida y requerida. Cuando hace 4 años se inició esta aventura fueron alrededor de 23,000 los visitantes; la proyección mínima, para el próximo año, 2012, es de 600,000, icluidos no menos de 10,000 extranjeros. El llegar a cubrir algunas necesidades, como el contar con un lugar mucho más amplio y mejor equipado de exposición y venta, disminuir el costo de ingreso, alargar el tiempo de exposición y mejorar la convocatoria, a nivel nacional, de productores y cocineros, nos permitirán alcanzar nuestro sueño de poder asociar la etiqueta de "la mejor comida del mundo" a la de "el mejor lugar para comer", así el combo estará completo.

Lo que Gastón Acurio empezó hace algunos años, como un reto y tarea personales, ha logrado unir a los cocineros más prestigiosos del país, promover a nivel internacional las bondades de nuestra cocina y, lo que es más importante, nos ha permitido aprender a valorar lo nuestro, convirtiendo a nuestra gastronomía, única y diversa, en un motivo de orgullo nacional y en la base de nuestra nueva identidad. ¿Quién diría que las recetas de nuestras abuelas, que antes sólo servían para conquistar estómagos y corazones, se convertirían con el tiempo y el trabajo denodado de unos cuantos visionarios, en un motor tan importante de nuestra economía y en un inmejorable punto de encuentro y comunión de todas nuestras clases sociales y culturales. La proliferación de restaurantes, institutos de formación gastronómica y oportunidades ilimitadas de plazas de trabajo, le están cambiando la cara a Lima. Comer bien y en un lugar aceptable ha pasado de ser una cosa eventual, a un ritual casi diario. Pensar en comida, hablar de comida, buscar nuevos y agradables lugares en dónde comer y, lo que es más importante, apreciar y disfrutar cada día más lo nuestro, si es en grupo, mejor, es ya una necesidad urbana moderna. La búsqueda de nuevos restaurantes y huariques que satisfagan nuestra creciente curiosidad culinaria nos ha llevado a redescubrir zonas de Lima, que por olvidadas o lejanas, no habíamos visitado antes.

Las posibilidades de crecimiento en este rubro y en otros complementarios, pueden definir en los próximos años un verdadero despegue de Lima como ciudad anfitriona, como punto de encuentro obligado, de compatriotas, de extranjeros y sibaritas, en general; como una ciudad rica en tradición y cultura gastronómica y de la otra, como una ciudad que se cuida, quiere y respeta, como un lugar de encuentro donde uno se la pasa bien y a donde dan ganas de regresar. La triste expresión de un economista cuyo nombre no es grato recordar, que dijo que el país necesitaba más ingenieros que cocineros, debido a que él creía que se le estaban reventando muchos cohetes a la gastronomía y sus representantes, se apaga sola ante el estallido de beneficios que la cocina, los cocineros, la tradición peruana y ese gusto por hacer las cosas bien, le están cambiando, radicalmente, la cara a nuestra Lima, para beneplácito de quienes creíamos que ya se había deshumanizado tanto que no iba a ser posible revertir la imagen de ciudad para vehículos y edificios. Bueno pues, creo que ahora y, gracias a la cocina, tenemos otra fisonomía, otras costumbres y hasta otros olores, creo que ahora sí podemos empezar a pensar en vender Lima, en parelo al Perú, con su propia marca.

martes, 13 de septiembre de 2011

Arquitectura y Ciudad

Toda nuestra vida transcurre en espacios cerrados, entre cuatro paredes que, normalmente, responden a la función correspondiente. Nuestros espacios personales y familiares, los espacios en donde realizamos nuestras actividades, sumados todos ellos, a los espacios de los otros, aquellos que viven a nuestro alrededor, conforman la ciudad. Depende de la calidad de cada uno de los espacios creados y de la adecuada interacción entre los mismos, el que una ciudad sea agradable para vivir. De ahí la necesidad de que cada vez que se intervenga en un determinado espacio, vía demolición, edificación, remodelación o ampliación, se haga bajo ciertas normas mínimas, aquellas que garanticen que los cambios a realizar no alteren, o si es el caso, mejoren las condiciones que determinan una adecuada calidad de vida. Pero además existen otros espacios, los públicos, que no pertenecen a nadie, sino que son de todos. Están ocupados por los parques, jardines, plazas, pistas, aceras, bermas y, además, por lo que llamamos el mobiliario urbano, desde bancas y postes señalizadores, hasta jardineras y basureros. Ahora bien, hablemos de los sujetos involucrados. Tenemos por un lado a los ciudadanos y sus familias, por otro, a las autoridades y sus funcionarios y, finalmente, a los técnicos o profesionales intermediarios y verdaderos operadores de los espacios y su arquitectura. Cuando existe un real entendimiento entre los nombrados y cuando las condiciones en que se realizan los cambios físicos responden a un accionar justo y equitativo, la ciudad llega a alcanzar su desarrollo.

Pero ¿qué pasa cuando se altera el necesario equilibrio de poderes, derechos y responsabilidades, entre los sujetos que actúan sobre una ciudad y sus espacios? Cuando, por ejemplo, un ciudadano, sabiendo que no debe, levanta dos o tres pisos más de los permitidos, en zonificación de baja densidad; cuando irrespetando la morfología original de la edificación que habita, "diseña" y edifica ampliaciones que son horrorosas a la vista y a su propio entorno; cuando habiéndosele aprobado un proyecto de fachada determinada, él la "mejora" por su cuenta y riesgo, zurrándose en el criterio de la junta revisora municipal y, lo que es peor, en el derecho de autor del proyectista original; cuando en un afán de querer llamar la atención y demostrar a todo el barrio que "tiene clase y es diferente" altera los colores originales, acordes a la fachada y embarra el paisaje urbano con tonalidades desagradables hasta para su mascota; cuando, finalmente, lejos de darle el debido mantenimiento a lo que originalmente se aprobó y edificó, abandona fachada y entorno a su suerte y al paso del tiempo y el smog. ¿Qué pasa cuando las autoridades correspondientes, por otro lado, nos alteran las condiciones edificatorias de la zona que habitamos? Cuando usted se acuesta un día dentro de su casa de dos pisos y amanece al costado de un lote, similar al suyo, que de ahora en adelante albergará a una torre de 14 pisos, es decir ahí en donde vivía la familia Villanueva, se mudarán 28 nuevas familias. Si aguantar a los Villanueva ya era un triunfo imagine lo que habrá que hacer para convivir con este nuevo gentío; cuando las mismas autoridades en un afán personal de pasar a la historia intervienen los espacios públicos cambiando el uso de los mismos: ese hermoso parque en donde jugaba con su niños será ahora, dicen ellos, muy serios e interesantes, el museo del anticucho peruano, por ejemplo. ¿Qué pasa cuando los técnicos o profesionales, operadores directos de la ciudad, le venden a las autoridades la idea de cambiar el sentido del tráfico de algunas vías, de hacer puentes peatonales, de bonitos by pass y tréboles, de estadios, bonitos ellos, inútiles ellos. Sí pues, hasta cólera da.

¿Qué hacer? Primero, tomar conciencia de que como ciudadanos, nos corresponde el derecho inalienable y la responsabilidad irrenunciable, de ser el objeto y razón de ser del diseño, realización y mantenimiento de nuestras propias ciudades. Reconocer luego que no podemos hacer lo que nos da la regalada gana sobre nuestra propiedad, menos al exterior de la edificación y de las áreas libres que mantenemos. Que es nuestra obligación mantener en buen estado de conservación nuestra propiedad y su entorno, recordando que la impresión que debemos dar es la de seres civilizados y con aceptable estándar de vida, en lugar de marranos sin educación. Finalmente, que no podemos aceptar callados los cambios sobre zonificación e índice de usos de los espacios urbanos, que afecten nuestro modo y calidad de vida. Tener en cuenta, luego, que las autoridades que elegimos, sean las adecuadas, con conocimiento, formación y un alto grado de honradez y credibilidad, no vaya a ser, que por pagar favores a terceros, aquellos que pusimos en el sillón municipal terminen tasajeando la ciudad para beneficio e intereses ajenos, por lo que deberemos estar presentes en cada toma de decisión que afecte los destinos de nuestra ciudad, deberemos, además, supervisar, fiscalizar y rechazar, de ser el caso, toda obra, cambio, o incluso, propuesta, que se ejecute o pretenda ejecutar sobre nuestros predios. Cuidar, finalmente, que los técnicos y profesionales que trabajen en y sobre nuestra ciudad, sean competentes, entendidos en el asunto y honestos a cabalidad, de lo contrario tendremos buenos proyectos con malas obras. Como se aprecia, casi toda la responsabilidad es del ciudadano. Es el único que mientras no se mude, voluntariamente, siempre estará ahí, presente. Los que rotan son las autoridades, sus funcionarios, los técnicos y los profesionales. Siendo así, debemos acotar, que la calidad de vida de una determinada ciudad es fruto de la participación directa, o falta de ella, del ciudadano mismo. ¿Qué cosa? Sí pues, parece que se nos había escapado este pequeño detalle.

martes, 6 de septiembre de 2011

El servicio de taxi en Lima

¿Qué nos diferencia de otras ciudades del mundo en lo que a servicio público de taxis se refiere? En Lima, más del 50 % son informales, cachueleros, profesionales de distintas ramas haciendo valer su derecho a ganarse la vida, claro, en la forma más fácil y rapidita. Tenemos alrededor de 250,000 vehículos, que permanente o eventualmente se dedican a este servicio. Las tarifas que tenemos están al capricho y oportunidad de choferes y usuarios. Dos, de cada diez choferes, es asaltante por convicción, secuestrador en complicidad o violador en solitario. El registro que se mantiene de ellos, mentiroso e inactualizado, no sirve para nada y la autoridad correspondiente, al menos en los últimos 25 años, jamás se ha atrevido a pararle el macho a esta horda motorizada de energúmenos, que maneja con una mano en el volante y la otra en el claxon, que acelera sin piedad y frena sin misericordia. Normalmente un cachuelero del taxeo, como ellos mismos se hacen llamar, trabaja en una institución pública, toma carreras en el camino a su trabajo o de regreso a su casa. No tiene licencia autorizada, no tiene la menor idea de lo que es calidad de servicio, su vehículo hiede y su limpieza personal, especialmente al regreso, es indeseable. Existe otro grupo, el de los desocupados permanentes, esas personas libres de espíritu que jamás han podido acostumbrarse a levantarse temprano, a recibir órdenes y a trabajar para OTTTROOO. Por favor, en unas horas saco para pagar a la dueña de la carcacha, para mi fritanga y para llevar el diario a la jefa, bueno, si es que no me cruzo con la tombería, ahí sí tengo que aplicarme un par de horas más. Conversadores impenitentes, salseros a todo volumen, telefonistas permanentes, con o sin hands free. Así es, el problema número dos, gravísimo él, son los señores del volante.

Pero el número uno es la autoridad competente. Que no existe claro, pero que debe estar por ahí. ¿Quién autoriza las licencias, a parte de las que se venden en las afueras de las reparticiones públicas correspondientes? ¿Quién se encarga del tránsito y del orden público, a parte de los que en honor de la institución saben decir, no falte al respeto señor, eso no alcanza, somos dos? ¿Y los que hacen las leyes, pergreñan las ordenanzas, publican los reglamentos e inventan las multas? Todos están ahí, hasta en mayor número, pero todos desconocen "mayormente" aquello en lo que trabajan. Hemos tenido administraciones municipales metropolitanas, que han sentado las bases para este desborde vehicular y este abuso sin nombre de los motorizados. Por negligencia o hasta participación activa mediante dudosos decretos de alcaldía y regulaciones que tienen como objetivo principal la cobranza de multas. ¿Se ha tomado alguien el trabajo de sacar cuentas de cuántos vehículos se necesitan realmente para servir a una determinada población, sin que la escasez permita la concertación de precios y sin que la sobre oferta de vehículos permita y promueva el abuso del usuario para pagar menos? ¿No? Hay ciudades como la cálida y amistosa Chiclayo, por cuyas calles principales circulan miles de vehículos, mototaxis, ticos, station wagon, toyotas de todo modelo y antigüedad, a vista, paciencia y beneficio personal probablemente, de las autoridades y policías y no pasa nada. En Lima podríamos llegar a eso.

Veamos Lima. Las tarifas son antojadizas, los conductores pésimos, las condiciones del vehículo deprimentes, existe una corrupta regulación y fiscalización y una permisiva máxima autoridad que han determinado que tengamos un meritorio primer puesto en el peor servicio de esta parte del continente. ¿Podremos tener algún día la cantidad de vehículos que realmente se necesiten y nada más? ¿Podremos acceder a vehículos en perfecto estado de conservación interior y exterior, con las identificaciones respectivas y los conductores, autorizados, preparados y con excelente intención y capacidad de servicio? ¿Podremos tener tarifas justas y lógicas en una ciudad en que el mayor porcentaje de viajes se realiza en trayectos planos de distancia media y casi sin obstáculos? ¿Podremos en fin, disfrutar de un servicio que no es prerrogativa de nadie, ni cuestión de sindicatos, sino más bien de trabajadores eficientes, respetables, que se entregan al servicio público que la comunidad le ha encargado? Es tiempo de dictar y hacer cumplir las medidas necesarias para alcanzar un buen nivel de servicio. Lo primero que tenemos que hacer es meternos en la cabeza que el servicio de transporte público a través de los taxis, no es exclusividad de unos pocos, no es propiedad de otros más y no es un favor que la autoridad le hace a los solicitantes. Entender luego, que más vehículos de los que realmente se necesitan es entorpecer el transporte público y privado y crear el caos que termina en dolores de cabeza, cuando no, en accidentes que lamentar. Tener claro que no todos están preparados para brindar el servicio y que ganarse ese puesto, es solo para los que tienen derecho al carné. La gran batalla empieza en la mente del usuario y continúa en el bolsillo de las mafias del transporte. ¿Podrá la señora Villarán cumplir con lo que se propone?

martes, 30 de agosto de 2011

Mendicidad, comercio informal y espacios públicos

Qué fácil es, en nombre de la necesidad, apropiarse de los espacios públicos para ganarse la vida, conculcando el derecho de todos los ciudadanos a gozar de los mismos, en contra de la ley, de las buenas costumbres, la salubridad y la seguridad ciudadanas. La pobreza, cuyos orígenes se remontan a la aparición del hombre sobre la faz de la tierra, es un problema urbano que deteriora la calidad de vida de una comunidad. Las políticas económicas que han sido adoptadas desde hace unos 20 años en el país no han mejorado las condiciones de vida de los más necesitados, léase excluidos, sino que han sido determinantes para crear clanes, grupos humanos y hasta ciudades que no tienen cómo salir de su paupérrima condición; como resultado, tenemos la invasión de familias enteras que han desparramado la pobreza y su peor cara, sobre las veredas de nuestras ciudades, principalmente de la costa. Lima, al albergar la tercera parte de la población del país y, por ello, a más de la mitad del movimiento económico, ha sido determinante para que un 70 %, promedio, de los marginados, con capacidad de desplazamiento, se alojen en los diferentes distritos de la capital nacional. Vagos, alcohólicos, drogadictos, prostitutas, travestis y toda laya de mercachifles se han mezclado con honrados trabajadores eventuales y han tomado por asalto nuestra ciudad. Todos ellos creen tener derecho, ya que afirman no haber tenido la oportunidad para surgir, a usar los espacios públicos, que son para todos, como su gran mercado de ofertas. Y de verdad, no es justo.

Existe, en algunas ciudades de la sierra, un bien organizado ejército de vendedoras ambulantes, conformado por madre e hijos, que en perfecto orden calendario se desplazan desde su lugar de origen hacia las ciudades de la costa, para ofrecer chocolates, caramelos, limones y todo tipo de productos, que bajo la quejumbrosa llamada de "colabórame pues", se dedican a una demasiado fácil y lucrativa forma de ganarse la vida, en perjuicio de la ciudad. Se alojan, temporalmente, en casas de las afueras, de los contactos y promotores de esta nueva forma de organización comercial y, ante la pasividad, permisividad, cuando no, colaboración de algunas autoridades locales, se depositan sobre las veredas, enajenando para su beneficio exclusivo, la mitad de ellas, sin más razón que su condición de mujer y madre necesitada. Se han realizado campañas para absorber esta fuerza laboral en potencia y para ayudar en el cuidado de esas criaturas que exhiben y utilizan, pero se ha recibido como respuesta, que no pueden trabajar, que su salud está deteriorada y que tienen que encargarse personalmente del cuidado de sus hijos. Al costado se ubican los mendigos, que en forma más desenfadada y con la mano o el tarrito en alto, exigen una "colaboración pues, que diosito te lo va a agradecer". Finalmente están los vendedores caminantes que piden ayuda para la leche de su hijitos, los recién salidos de Lurigancho, las madres solteras, los falsos discapacitados que exigen una colaboración para pagar los análisis de la clínica San Juan de Dios, los muchachos que quieren pagar los estudios de sus hermanitos y una infinidad de etcéteras. No se pasen, pues.

La pobreza existe y existirá siempre, mientras la pereza y desidia de unos se arrodille ante el abuso y avaricia de otros. Mientras las autoridades nacionales no definan como objetivo principal su erradicación total. Mientras las autoridades locales no organicen a sus vecinos para combatirla directamente y sin tregua, en beneficio de la calidad de vida de toda la comunidad. Dejando a un lado la penita que dan las personas pobres y los hijitos, que en punto de aluvión traen al mundo, lo que queda es la obligación de hacer respetar nuestros derechos a vivir bien, cada día mejor, pensando en los demás, sí, pero sin dejar de pensar en nosotros mismos y nuestras familias. Bien dicho está que la caridad empieza por casa, así que veamos por nosotros y por la mejor forma de que sin que se nos perjudique, dar una mano solidaria para que todos la pasemos bien. Sí pues, es que hay trabajos que casi nadie quiere hacer, prefiero morirme de hambre dice una rolliza matrona, antes que lavarle la ropa o tenderle la cama a esos blanquitos. Eso de que el Perú alberga al mayor porcentaje de emprendedores y empresarios en potencia de latinoamérica, no solo nos lo estamos creyendo sino que ya empezamos a sufrirlo. Nadie quiere trabajar para nadie, todos quieren ser su propio jefe, aunque den lástima, pero dicen que así son más dignos. Puede ser, posición que se respeta y hasta aplaude, pero nadie, enteramente nadie, oiga usted, tiene el derecho a hacer sus necesidades fisiológicas junto a un árbol de mi parque favorito, en nombre de la necesidad y "la falta de trabajo". Sucede que estamos confundidos y que nuestras autoridades no tienen la menor idea de lo que deben hacer y no les interesa saberlo.



martes, 23 de agosto de 2011

Inclusión Ciudadana y Calidad de Vida

¿Cómo podemos hablar de calidad de vida al interior de nuestra comunidad si vivimos en burbujas fabricadas a nuestra medida personal? ¿Sabe usted cómo se llaman sus vecinos? ¿Cuántas familias hay en su manzana? ¿No?, pues yo tampoco. Muchas veces algunos miembros de una familia no saben lo que hacen los otros, ni qué les gusta o disgusta. Bastante tienen ya, con vivir juntos, ¿verdad? Esto nos dice, claramente, que lo que interesa en la vida, a cada persona, es lo que a ella le suceda y a los demás que se los lleve el tren. Peor aún, hay muchos vecinos que simplemente no toleramos. Por distintas razones, todas ellas banales, algunas ridículas. En el mejor de los casos vivimos agrupándonos alrededor de algún estereotipo, nos relacionamos por el uso o abuso de un determinado producto, cuando no por el tipo de facciones, color de la piel, posición económica. Pero lo hacemos con unas ganas e ímpetu, casi de barra brava. Por otro lado, somos conscientes de dónde nace esto y hasta ahora no hemos rectificado: sí pues, todo empieza en casa. Desde la primera infancia, el nido al que enviamos a nuestros hijos, la marca de ropa que usan, en dónde pasan los fines de semana. Vivimos estableciendo diferencias por quítame esta paja. Esa competencia personal y familiar que tenemos con nuestros vecinos no nos deja vivir en paz. Ausencias y necesidades no cubiertas se develan luego en desesperación por ser más, por tener más y cuando menos lo pensamos y ya estamos al borde de dejar esta vida, nos damos cuenta de que lo hicimos mal y de qué no hubiéramos dado por vivir mejor.

El sistema educativo, mal formador y consumista, nos ha hecho más daño del que hubiéramos sospechado. Supuestamente la mejor educación se da en los colegios más caros, esos que cobran como si te estuvieran vendiendo un auto, para que tu hijo pueda "codearse con los mejores", que cobran pensiones mensuales con las que podrían comer tu y tus vecinos de la cuadra y que sus paseos y visitas de estudio, anuales, equivalen al viaje de tu vida. No está mal que existan, es más, debería haber muchos como ellos. Lo malo es que alrededor de ellos se establece toda una forma de vida que literalmente expulsa a quienes no son de ese nivel. Me refiero a que si la calidad de la enseñanza es superior, solamente unos muy pocos podrán acceder a ella, iniciando el círculo vicioso del poder. Entre los que pasan por allí se escogen a los futuros líderes del país y el resto no cuenta, no participa, casi ni existe. Falta la contrapropuesta pública, esa que mediante el subsidio e incentivos, convoca a los mejores estudiantes y a las empresas con responsabilidad social, para emprender un proyecto educativo que equipare las cosas. Por otro lado están los islotes, condominios, privados dentro de las comunidades, con condiciones materiales de altísimo nivel en contraste con el resto de la ciudadanía. Esto podría aceptarse como normal y hasta justo, pero resulta que, por exceso, estos grupos de personas terminan apropiándose de los espacios públicos, de las playas públicas, de las vías públicas, de las inversiones que deberían ser públicas.

Sucede, además, que los gobiernos locales no han hecho su tarea y que el gobierno central brilla por su ausencia y por su parcialización evidente con los grupos de poder. La educación, desde el nivel inicial, no está en el rumbo correcto. La formación en valores y la capacidad de integración, que debería ser materia principal, no están presentes. Los centros de enseñanza municipales, que deberían ser los verdaderos promotores y focos de irradiación de la integración comunal no llegan a ser realidad por desidia de la autoridad local y de los propios vecinos. Los colegios primarios y secundarios estatales que deberían brindar una sólida formación escolar, no dan la talla. ¿Qué podemos hacer si hasta la edad pre universitaria, que comprende al 50 % de la población de cada ciudad, no hemos sembrado las bases de una sociedad justa e inclusiva? ¿Qué podemos hacer si la corrupción ha inundado, cual huaico serrano, toda la administración pública, ahogando las esperanzas de vivir en armonía y con equidad, sino económica, al menos social? Al punto de regalar terrenos comunitarios y reservas de expansión urbana a promotores de residenciales exclusivas, playas cerradas, parques vecinales para uso y abuso privado. Pero volvemos al punto de siempre, las autoridades locales hacen lo que los ciudadanos les permiten. ¿En dónde están esos Consejos Ciudadanos que deberían asesorar, supervisar y fiscalizar a sus autoridades? ¿En dónde ese poder judicial que no debería casarse con nadie, más que con la responsabilidad de cumplir con su función? La calidad de vida de una comunidad no puede medirse en función de lo bien que viven algunos. El malestar que los abusos de algunos grupos generan sobre el resto de la población crea las condiciones para la inseguridad y violencia que anulan toda posibilidad de vivir bien. Inclusión Ciudadana no pasa por ayudar a algunos y regalar a otros condiciones de vida que tal vez no merezcan, se trata más bien de dar lo justo a cada quien mediante la universalización de las oportunidades y el convencimiento de que todos merecemos pasarla bien. En la medida en que podamos internalizar este concepto, alcanzaremos la calidad de vida que todos queremos y, como seres humanos, nos merecemos.

martes, 16 de agosto de 2011

Un Plan de Seguridad Ciudadana para Lima

En Lima se ha avanzado algo en el tema de riesgos naturales, poquísimo por cierto; en lo que respecta a riesgos internos de locales y viviendas el avance es más precario aún, por la falta de capacidad técnica para ayudar a resolver este tipo de amenazas y el poco interés ciudadano por dejarse ayudar. Pero en donde estamos por debajo de lo admisible, es en control y rechazo de la delincuencia organizada, habiendo merecido, junto con Trujillo, los puestos más altos en lo que a inseguridad psicológica y física se refiere. Y es que por lo menos 6 de cada diez personas de las que vivimos en la ciudad de Lima, hemos sido asaltados, estafados, secuestrados o amenazados; y todos, en general, vivimos bajo el peligro latente de recibir un balazo, casual o intencionado. Nuestras casas son poco menos que bunkers o fortalezas y la angustia de perder a nuestros hijos o de que les pase algo nos mantiene estresados, al punto de que, el que puede, les ha puesto protección personal. Casi 15 vehículos al día son robados en la ciudad y, luego del desmantelamiento, las piezas se venden a un precio ridículo en los diferentes centros de acopio, exposición y venta de productos robados, en los distritos de La Victoria y Breña, principalmente. El caso de las mafias de la construcción, por otro lado, raya en lo surrealista. Cada obra, que se realiza en Lima, debe pagar un cupo o "contratar" a obreros fantasmas para que no atenten contra los obreros formales, los contratistas o la obra misma. Las cabezas de esas mafias han sido identificadas pero siguen por ahí, "trabajando libremente" y exigiendo una colaboración sí o sí. Ya pues.

¿Qué hacemos para empezar a solucionar este grave problema? Pues aceptar que existe y que es de nuestra entera responsabilidad. Debemos trabajar en dos frentes. El oficial, que viene de arriba y con el que tenemos que colaborar decididamente. Y el comunitario, familiar, que nos toca directamente y que debemos encarar con la mayor seriedad y compromiso posibles. Los delincuentes no han aparecido en el horizonte de la nada. Han nacido como cualesquier ser humano, han crecido en un vecindario y han recibido, o no, una determinada formación. Pero esto no es un valioso descubrimiento, es la simple corroboración de que la delincuencia nace en el seno de la misma sociedad y de que la presencia de algunas circunstancias en determinados hogares, barrios o comunidades, son las que terminan por parir al delincuente, que luego y, por defecto del sistema de rehabilitación existente, se convierte en un avezado delincuente. En la ofensiva nacional contra la delincuencia y en la aplicación de las leyes y rectitud con que se hagan cumplir, tal vez no podamos hacer mucho, como simples ciudadanos que somos, pero sí podemos trabajar desde nuestra familia y su entorno para que las condiciones que se dieron para el nacimiento y desarrollo de esos grupos delincuenciales no continúen. La buena comunicación y entendimiento entre los miembros de una familia primero y de su comunidad, después, son el antídoto eficaz contra los caldos de cultivo de esa lacra que tanto perjudica a nuestra sociedad.

A nivel de ciudad la estrategia a seguir es más proactiva, mas decidida y vigorosa. En los gobiernos locales se debe mantener como principio que la delincuencia no debe existir, cueste lo que cueste y le afecte a quien le afecte. Permitir un foco delincuencial en mi barrio, junto a mi casa, o aún peor, dentro de ella misma, es grave y atenta, bajo mi responsabilidad, en la calidad de vida de mis conciudadanos. Las juntas vecinales, creadas para facilitar el cogobierno municipal, subsisten como cajas de resonancia y como ayayeros de la autoridad de turno, pero jamás desempeñan el verdadero papel que les toca: representar a los vecinos, canalizar sus inquietudes y necesidades para presentarlos a la autoridad, con las propuestas de solución requeridas. Los regidores, esos oscuros personajes cuyo papel y función real, equivale a menos que nada, subsisten como avales permanentes a los malos manejos o inacción total, en el mejor de los casos, de los alcaldes, sin saber que su participación es de corresponsabilidad o complicidad de lo que emana de la autoridad. Supongamos solo por un momento, que las juntas vecinales pudieran reunir la información necesaria y suficiente para identificar posibles o futuros focos delincuenciales, con la participación y decidida colaboración de todos los vecinos, cansados ya, de su propia desidia e inacción. Supongamos, además, que los señores regidores, con las facultades que por ley se les confiere, prepararan campañas de concientización, talleres de formación ciudadana y asesoraran en la creación de estrategias de erradicación, que aunque parezca mentira eso es lo que les corresponde. Supongamos, finalmente, que los alcaldes y gerentes municipales cumplieran a cabalidad con las responsabilidades y funciones que la Ley Orgánica de Municipalidades les señala, entonces ya está. Tendríamos ante nosotros las mejores posiblidades para diseñar y ejecutar un buen Proyecto Integral de Seguridad Ciudadana. Lamentablemente, antes no.

martes, 9 de agosto de 2011

Seguridad para los Ciudadanos

Ahora sí pareciera que nos estamos preocupando un poco más por el tema de la Seguridad Ciudadana. La guerra contra la delincuencia ya empezó. Lamentablemente tenía que tocar a un congresista y su familia para que se tomaran cartas en el asunto. Lo sucedido el pasado día 4, cuando la hija del señor Reggiardo recibió un balazo de delincuentes comunes, fue la gota que rebalsó el vaso. Pero, en honor a la verdad, hechos como este se vienen sucediendo en todas las ciudades del país, especialmente en Lima y Trujillo, desde hace un buen tiempo y nadie ha querido o se ha atrevido a abordar el tema. Cuando por suerte se captura a alguno de los delincuentes participantes, lo primero que dice es que el asalto, robo o secuestro, ha sido planificado desde el interior de alguna de las cárceles de máxima seguridad del país, en donde, entre mujeres, trago y todas las facilidades técnicas necesarias, un ex cabecilla de las muchas bandas de delincuentes existentes, ha trabajado horas extras para que todo salga a pedir de boca; lástima nomás que los novatos que se usaron para el hecho delictivo no son duchos como uno, debe decir entre mentadas de madre, este ilustre huésped del estado, convenientemente subvencionado por nuestros impuestos. En cuestión de centros de reclusión hemos dejado de dar vergüenza para pasar a dar lástima. Primer tema pendiente: los delincuentes reincidentes, avezados y sin remedio, en lugar de ser alojados en hostales penitenciarios deberían, de una buena vez, ser depositados en cubículos subterráneos en algún paraje recóndito de nuestra selva, en este caso y en lo que a esos criminales respecta, suscribo plenamente lo aseverado por el Cardenal Cipriani: los derechos humanos son una reverenda cojudez.

Las leyes que tenemos, los congresistas que nos merecemos y el poder judicial que padecemos, son el mejor caldo de cultivo, qué digo, el paraíso, para estos desadaptados sociales que al margen de lo que diga mi mamá y las de ustedes, no son unos pobrecitos marginados por la sociedad, son, para decirlo con todas sus letras, la peor lacra que una sociedad debe arrastrar por no haber sabido cortar por lo sano y de raíz a esta escoria humana. ¿Y los guardianes de la sociedad y los que se suponen son los centros de reclusión para enderezar a los delincuentes? Me refiero a la policía y el sistema penitenciario que nos gastamos. Por desgracia, la corrupción policial ha llegado a extremos increíbles, en algunos casos miran para otro lado, mientras se sucede el delito; en otros participan activamente, disputándose honores en delitos de todo tipo. Obviamente los altos mandos dicen desconocer mayormente lo que sucede entre los subalternos, malos elementos dicen, hay que darle de baja, dicen. Mientras comentan entre ellos cómo estos pobres diablos se meten en delitos de dos por medio cuando hay tanto efectivo que recoger en otros niveles, también dicen. Y el sistema penitenciario, bien llamado servicio de valet, aparato logístico y principal proveedor, de los capos delincuentes, no está cumpliendo debidamente con sus funciones, dice la autoridad respectiva, falta de presupuesto, dicen. Sí pues, es que no se les paga lo suficiente, ¿sabe usted? Y así es fácil caer en la tentación, dicen compungidos.

Así están las cosas. Mal podemos hablar de seguridad ciudadana si desde siempre hemos estado incubando males mayores. Cuando el señor García alteraba cifras oficiales de la pobreza y su exitosa y progresiva erradicación, no solo le estaba mintiendo al país, estaba siendo indiferente y por ello culpable, de las funestas consecuencias que ese azote humano que es la pobreza y su siamés, la ignorancia, le causan a nuestra sociedad. Bien, empecemos por el principio. Mientras no se haga todo lo humanamente posible, a todo nivel, por erradicar la pobreza en el país, no podremos erradicar completamente la delincuencia. Mientras la policía nacional no reciba lo que le corresponde, en salarios, beneficios e incentivos, previa una completa restructuración y descabezamiento de los altos mandos que jamás han hecho nada por los suyos; mientras el sistema penitenciario no se reinvente, tenga suficientes profesionales entre sus integrantes y un presupuesto decente, con un proyecto de tratamiento y verdadera readaptación a delincuentes primarios; mientras el poder judicial mantenga entre sus filas un altísimo porcentaje de corruptos y corruptores y no aliente las buenas prácticas funcionales y escalas de bonificaciones por resultados, que eviten la altísima permisividad y flaqueza evidente ante el arrollador poder de la delincuencia organizada; mientras los señores congresistas sigan discutiendo estupideces mientras los verdaderos problemas nacionales nos siguen ahogando y no forman comisiones realmente decentes que contribuyan a la solución del problema, entonces jamás podremos hablar en serio de empezar a trabajar por la seguridad de todos los ciudadanos. De verdad, no se puede. Habrá que esperar pues.

martes, 2 de agosto de 2011

El nuevo Parlamento

¿Qué espero de este nuevo Parlamento? En verdad, nada. No creo en la institución, no creo en los parlamentarios, los antecedentes son pésimos y los que llegan, siempre ratifican, con creces, la pésima impresión que de ellos tenemos. La pregunta es ¿por qué no hacemos algo para cambiar esto? Cada cinco años y gracias al pésimo sistema de elecciones parlamentarias que tenemos en el país, cometemos los mismos errores. Elegimos a "nuestros representantes" para que desde el Parlamento realicen una labor legislativa y fiscalizadora y para que cumplan con su rol de equilibrar el poder desmedido que le damos al ejecutivo a través del sistema presidencialista que tenemos. Desde este año son 130 los padres de la patria, eso es 3 millones de soles en salarios directos anuales, otra cantidad similar en gastos operativos, de los cuales no están obligados a rendir cuentas, salvo en mínima proporción; a ello debemos agregar personal administrativo, asesores, infraestructura, teléfonos, movilidades, personal de seguridad y cientos de "detallitos", que en suma podrían representar casi S/. 1.500.000 (Un millón y medio de soles) al mes. Para nada. No existe el equilibrio de poderes, no existe la fiscalización, de legislación mejor ni hablemos, porque si se da es para favorecer a quienes pagaron sus campañas y a sus amigotes más cercanos. Lo injusto, además, es que con esa cantidad de dinero se podría pagar el salario mínimo a 2,000 familias. Lo que tendríamos que preguntarnos es si, tal como está, ¿el Parlamento le sirve al país? La respuesta es NOO.

¿Debemos tener un Parlamento? Por supuesto. Pero como están las cosas esos señores no representan a nadie más que a ellos mismos y sus propias angurrias. Si tuviéramos una regionalización decente, con no más de 7 a 9 regiones, podríamos darnos el lujo de tener hasta 10 representantes por región, de los cuales 7 deberían ser diputados y 3 senadores. Sí pues, para que un sistema democrático y representativo funcione a cabalidad deberían existir las dos cámaras. En el peor de los casos tendríamos 90 representantes, ¿para qué más?, inclusive un poco mejor pagados, pero sin gastos de representación de libre disponibilidad, con desplazamiento de los mismos representantes por todo el país y con un máximo de 1 asesor principal y unos 5 a 6 a nivel de cada cámara. Los costos se reducirían a la tercera parte y la efectividad sería de primer nivel. En lo que respecta a las condiciones mínimas para acceder a una candidatura tendría que elevarse considerablemente la valla. Si queremos un parlamento decente, quienes lo conforman deberían ser también de buen nivel académico y laboral. Necesitamos gente instruída, con gran voluntad y capacidad de trabajo, que no vaya al parlamento a ganarse la vida y a ascender socialmente, cuando en su vida particular han sido incapaces de lograrlo. La objeción a este último punto es que la gran mayoría de peruanos tiene un nivel educativo mínimo y si no se permite el ingreso de alguien como ellos, no estarían debidamente representados. Puede ser, pero tener en el Parlamento a alguien como la gran mayoría es, con toda seguridad, perder la oportunidad de que una persona mejor preparada los ayude a salir de ese nivel.

Hay que cambiar muchas cosas y tomar muchas decisiones, la más importante tal vez sea la de proponerse hacerlas bien. Probablemente haya que avanzar paso a paso y este proceso parezca interminable, pero lo importante hoy, es empezar. Si usted es consciente que eligió a alguien para el parlamento porque creyó en él, es tiempo que le escriba una carta, le envíe un correo y le diga lo que piensa y lo que espera de él, en estos próximos años. Antes que nada, exigirle que cumpla con su función, que se gane bien el dinero que le pagamos todos los peruanos, que rinda cuenta de sus gastos y de sus actos, que piense en el país y en los peruanos antes que en su bolsillo y sus necesidades particulares. Que se ponga como meta personal y mediante el empleo de sus buenos oficios, que el próximo Parlamento y los parlamentarios van a ser de mucho mejor nivel. Que se cambie el sistema de elección, que se elimine el voto preferencial. Que los partidos, grupos y alianzas estén obligados a presentar listas con candidatos de lujo, con cargo a ser rechazada la inscripción íntegra si algunos de los miembros no reúnen las condiciones requeridas. Que se apruebe la renovación del parlamento por tercios, que se establezcan condiciones de revocatoria, que la inmunidad sea desechada para todo lo que no tenga que ver con el ejercicio de función actual. Que la comisión de ética y fiscalización interna sea conformada por ex parlamentarios, ex funcionarios de intachable carrera. En suma, que la tanda de sinvergüenzas que hasta ahora solo han ido a depositar sus cuatro letras en los asientos del Congreso, no tengan la posiblidad de regresar por ahí. Difícil, ¿no? Pero juro que se puede lograr; la decisión es del ciudadano y de su fuerza de voluntad por hacer respetar la delegatura que, de buena fe, le entregó a sus representantes.

martes, 26 de julio de 2011

El Estadio Nacional y la infraestructura deportiva

El señor Alan García inauguró su estadio y el de sus amigos. Doscientos seis millones de soles y, como siempre, lo inauguró sin que estuviera terminado. No se ha aumentado la capacidad de espectadores, que se suponía era el objetivo, pero sí se ha dejado sin espacio físico, dicen que temporal, a las dieciséis federaciones de deportes que allí convivían, se ha anulado la pista atlética y algunas pozas de diversas disciplinas, pero eso sí, los palcos han aumentado y ya te puedes dar una encerrona con tus patas para asistir a un gran concierto musical. Bastante color y una aceptable fachada. El costo pagado, sin embargo, es excesivo, sin contar muertos y heridos; con ese monto probablemente se hubieran hecho varias decenas de lozas multideportivas en distintos barrios de la ciudad y se hubieran equipado otros espacios más para la práctica del deporte. Veamos el lado bueno, tenemos un buen escenario para todo tipo de espectáculos. Esa era la idea ¿o no? Queda flotando nuevamente la pregunta, al finalizar, gracias a Dios, su segundo gobierno, ¿no ha aprendido el señor García que las cosas se coordinan, se proyectan, se financian y ejecutan con la correspondiente supervisión y fiscalización? Mayormente desconozco, debe querer decir el señor presidente.

El otro tema es ¿cuál es la política de infraestructura deportiva para el país? ¿En verdad existe? ¿Y la municipal metropolitana? La educación y el deporte están íntimamente ligados y, mientras no tengamos buenos y suficientes escenarios deportivos, ninguna política educativa podrá tener éxito. Y es que, al parecer, es muchísimo más importante, para algunas de las autoridades y funcionarios, determinar cuál es el mayor presupuesto para una obra de infraestructura deportiva, que me pueda dejar un buen dividendo. Que si la obra en cuestión es la adecuada, la correcta para la ubicación geográfica y el entorno y si la misma resuelve una necesidad o vacío en la comunidad, no importa para nada. El señor García, auto denominado gran estadista y maestro de planificación estratégica, se equivoca si cree que nos ha regalado un escenario deportivo de maravilla, del primer mundo, como le gusta decir. Lo que nos está dejando señor García, es un gran problema. Nos ha anulado usted muchas posibilidades de desarrollo de los deportes que no son vedettes como el football; ha dejado usted en el aire, con la mayor descortesía de la que usted es capaz, a todas las otras federaciones. Y lo ha hecho entre grandes risotadas, entre el chocar de vasos de sus amigotes y se va usted como si nada, casi como diciendo, agradézcanme que este es el fruto de mi mejor esfuerzo. Por favor. Una economía rebosante y un índice educativo-deportivo de bajísimo nivel es el resultado de haber ninguneado al deporte formativo, ese que hace verdaderos atletas y no solo peloteros farandulescos. Áreas verdes, espacios libres, lozas multi usos, ¿era mucho pedir? No estábamos para pretensiones de colosos europeos, norteamericanos o australianos; solo canchitas, señor García, por ahora solo canchitas.

¿Qué podemos hacer entonces? Supongamos por un momento que los alcaldes distritales y, especialmente provinciales, se toman en serio la responsabilidad que por ley se les ha conferido. Es decir, hacerse cargo de la educación de sus vecinos, de acuerdo al nivel que les corresponde. Supongamos también que dentro de una jurisdicción provincial todos ellos trabajan con un único objetivo, un solo presupuesto y una sola super gerencia de obras. Supongamos finalmente que los vecinos y las comunidades en general tienen en sus autoridades a sus mejores representantes y que éstos se ocupan de hacer realidad los clamores y carencias vecinales. A la cabeza del IPD, importante ente que al parecer, sirve solo para organizar pachangas extra deportivas, le hace falta una visión de conjunto, un liderazgo que nazca de la capacidad y honorabilidad personales, una honradez y ética a prueba de balas y un compromiso a muerte con la labor encomendada. En definitiva, el señor Woodman no era la mejor carta para el cometido. Sí lo era para los intereses personales del señor García. ¿Responsables de que esto siga sucediendo? Los propios ciudadanos. La infraestructura deportiva en el país, en nuestras ciudades, será encarada de la mejor forma el día que los grupos de poder y su maquinaria mediática sepan acoplarse a las verdaderas necesidades deportivas de una comunidad en desarrollo, que no tienen nada que ver con grandes escenarios, que de deportivos solo tienen el nombre. Pero no lo van a hacer por cuenta propia. Habrá que obligarlos.

martes, 19 de julio de 2011

Villarán y el transporte metropolitano

Hasta que por fin se hizo lo que debió haberse hecho hace muchísimos años. Alguien se ajustó el pantalón, o la falda, y dio el hasta aquí nomás a los transportistas que tenían por hobby o deporte, reventar a nuestra ciudad. Desde hace más de una década se habían señalado plazos y despedidas a las combis y microbuses, así como a las unidades con más de 20 años de vida y, muchas de ellas, erradicadas ya de otros países, pero todos los años, por temor, cálculo político o hasta corrupción, se renovaban los plazos hasta el año siguiente. Mucho pesaban esos grupúsculos de prepotentes mercachifles del volante que con voz de llenador de combi gritaban que se iban al paro, a la huelga indefinida y que los usuarios iban a pagar los platos rotos y, claro, nunca llegaba la fecha límite. El bien intencionado señor Castañeda se preocupó más bien de hacer más pistas y vericuetos elevados para complacer a estos señores. Y resulta que la mal llamada vaga e inepta, se le planta en frente a estos asesinos con licencia para circular y atropellar gente y les dice: Se acabó, van buscando otro negocito, otro tipo de inversión, otro cachuelo o como quieran llamarlo, pero se me ponen en fila de a uno y reclaman su bono de chatarreo. Hasta este fin de año tienen para atropellar, perdón, para circular por las calles de Lima Metropolitana. Sin prórrogas, ni perdón, ni chanchita para alivianar a la autoridad.

Esperemos que el próximo año los transportistas entren en razón y, por las buenas, opten por comprimir su chatarra y expandir sus opciones laborales o de inversión. Entre 2,000 a 4,000 unidades de transporte se pretenden erradicar en el 2012, a cambio, quienes tengan sus cosas en orden, recibirán de $5,000 a $ 10,000, para invertir como enganche de un nuevo vehículo, de las características que la autoridad señale, o para conformar, solo, o en sociedad, con otros compañeros, un nuevo negocio. Cambiar vehículos para 8 a 10 pasajeros apretados, por buses de hasta 200 pasajeros será una gran cosa para nuestra ciudad. Se dice que hay cerca de 17,000 unidades de transporte público de más, circulando por ahí, con documentos fraguados, con licencias conseguidas bajo la mesa, con recursos de amparo y mil triquiñuelas más, a los que les llegó la noche y que tendrán que dejarnos respirar. Excelente ¿verdad? Pero además de sacar a estos señores del camino y limpiar el horizonte, necesitamos un buen plan de transporte para Lima, integral, funcional, eficiente y seguro. ¿Cuándo va a entrar en razón el Ministerio de Transportes y coordinar con la municipalidad metropolitana todas las medidas necesarias para solucionar este gran problema? ¿Cuándo la Dirección General de la Policía va a entender que, al menos, la división de la Policía de Tránsito debe trabajar sino bajo, al menos al costado, de la autoridad municipal? ¿Cuándo va a entender el gobierno central que los problemas de transporte de Lima son un atraso tremendo para el desarrollo económico de la ciudad, que representa más de la mitad del mercado nacional?

La señora Villarán ha dado un gran paso, ha tomado el toro por las astas y solo le queda no transigir, ni ante amenazas ni cantos de sirena, ni menos bolsas dinerarias que los transportistas siempre han sabido armar para arreglar sus problemas con la autoridad de turno. ¿Tiene usted un buen equipo de trabajo, señora Villarán? ¿Se ha dado cuenta de que además de los técnicos en transporte, semaforización, infraestructura vial, necesita profesionales con visión panorámica, con visión de ciudad y desarrollo? Espero que sí. Existen ejemplos a nivel latinoamericano que nos pueden servir de referencia y ejemplo. Existen programas de transporte, a ese mismo nivel, que lamentablemente han fracasado estrepitosamente, bueno pues, que también nos sirvan de ejemplo, a no seguir. La mayor consideración a tomar, señora alcaldesa, debe ser la mentalidad humanista, humanitaria o como quiera llamársele, que considera al ser humano, a la persona, al ciudadano, como el centro, el objetivo y la respuesta al problema del transporte. La solución final no puede estar desligada de la necesidad real del ciudadano, de sus posibilidades. La infraestructura vial, el mobiliario y complementos requeridos, deben ser pensados para las personas y no solo para los vehículos. Tiene usted, señora alcaldesa, la gran oportunidad de pasar a la historia como la heroína que nos salvo del monstruo del transporte urbano, que lo domesticó y con el arnés debido, lo puso a nuestro servicio.

martes, 12 de julio de 2011

El tren eléctrico de Lima

Ayer fue inaugurado por el señor Alan García, al cumplirse las bodas de plata de inicio del proyecto. Es sabido por todos que se otorgó la concesión, se firmaron contratos y corrió mucho dinero, por el cauce normal y por debajo y se inició la obra sin un proyecto definitivo ni los estudios complementarios. La premura era que había que empezar y había que cobrar. La fiscal suprema, Nelly Calderón, en el año 1995, luego de una prolija investigación señaló directamente al ex presidente García, 1985 a 1990, como responsable directo de colusión ilegal, negociación incompatible, cohecho pasivo y enriquecimiento ilícito, al haber recibido más de un millón de dólares del representante de la empresa italiana Tralima, señor Siragusa, quien declaró fechas, montos y formas de entrega. El señor García fue declarado reo contumaz por no presentarse al juicio entablado en su contra y luego, como ya había transcurrido más de los doce años, que la ley señala para estos casos, simplemente exigió y obtuvo, la prescripción del delito. Al regresar al poder, en el año 2000, gracias a una inexplicable o milagrosa, amnesia colectiva, retomó el proyecto con su antigua socia Tralima y ya está, ahí lo tienen, el tan querido, deseado, controversial y extremadamente caro tren de Lima. Ayer lo inauguró, sí pues, pero no va a funcionar hasta el próximo Octubre, ya que la empresa constructora dice que el contrato estipula esa fecha para la entrega de las obras. Se señala un mínimo de 250 millones de dólares de sobre costo en este malhadado proyecto y el señor García increpa a los incrédulos, a los mal hablados, a esas almas enfermas que lo atacan sin sentido, que ahí está, que este es y cómo no, el tren de Lima para tí.

En un año o dos sabremos si el tren funciona bien, si el recorrido es el correcto y si realmente sirvió para aliviar el caos vehicular de Lima Metropolitana. La condición legal de Autoridad Autónoma del proyecto no solo no garantiza si no que entorpece un correcto ensamblaje con las autoridades de transporte metropolitano. Por el costo señalado como invertido tal vez hubiera sido apropiado, poniendo un tanto más, encarar un Plan de Metro integral, subterráneo y elevado sobre la superficie. El planteamiento del tramo 2 del tren eléctrico, por otro lado, se cruza, se sobrepone, se estorba, con la extensión natural del Metropolitano, costando este una enorme cantidad menos. Es probable que el próximo año, luego de otras modificaciones, nuevos estudios y replanteos, el tren eléctrico sirva para aliviar, en parte, el transporte urbano, pero por lo pronto su participación en el número de viajes diarios, se estima que bordeará el 5 % ¿Y el resto? Lo del tren eléctrico, en otra escala y en otros tiempos es para García como su Cristo de Chorrillos. Lo hice porque me salió del forro, porque no tenga nada que preguntarle a nadie y menos consultarle y, sobre todo, porque conviene a mis intereses y cálculos personales. Esos cientos de millones invertidos de más, esas obras mal hechas que habrá que rectificar, no han sido obstáculo ni pesadilla, para un García desbocado, generoso él, suertudazo él.

Tal vez nunca se llegue a saber cuánto le costó al pueblo peruano este tren eléctrico, cuánto se perdió por falta de planificación y estudios serios y cuánto por corrupción y malversación de fondos. Lo bueno es que este elefante blanco ya empezó a caminar y hay que tomarlo en serio, sin perjuicio de que se abra una verdadera investigación sobre todas las porquerías, que sí existieron, hay que seguir trabajando en él y perfeccionarlo. La inversión ya está hecha y claro que sirve, pero hay que ponerlo al servicio de la ciudadanía y no de otros intereses, hay que interconectarlo con los otros proyectos de transporte metropolitano y trabajar con un solo objetivo. Es necesario un acuerdo gobierno central, gobierno metropolitano y empresa consorciada para que el tiempo esperado y el dinero invertido no caigan en el vacío. Se debe proyectar un horizonte de por lo menos 25 años, incluir a la población, a las autoridades, técnicos competentes, inversionistas privados y colegios profesionales, así como universidades, para que Lima pueda contar de una vez por todas con un Proyecto Integral de Transporte Urbano. Junto a la inseguridad ciudadana, el transporte en Lima, eds él más grave problema que, hasta ahora ninguna autoridad ni gestión municipal ha asumido con seriedad. Ya pues, ya es hora.

miércoles, 6 de julio de 2011

Los seis meses de la alcaldesa Villarán

¿Qué hacer cuando las cosas parece que no están saliendo bien? ¿Qué hacer cuando sentimos habernos equivocado y que los mala leche y los perdedores tenían la razón? Lo primero, sentarnos a reflexionar y estar seguros de lo que estamos hablando. Si la administración precedente, a mi entender y parecer, realizó una equivocada gestión de la ciudad, por una serie de decisiones y considerandos, entre los que destaca el no haber tenido como objetivo principal del desarrollo al ciudadano, a la persona, entonces, revertir los procesos, señalar nuevos derroteros y cambiar los parámetros de decisión y acción toma más tiempo de lo que se espera de una gestión continuista y ésta, espero que no lo sea. Lamentablemente, cuando el objetivo trazado es: castigar a la nueva opción, desanimar a los reformistas, a quienes plantean una forma diferente de conducir las tareas ciudadanas, todo se hace cuesta arriba. ¿Que la señora Villarán no ha sido la mejor opción? Puede ser, sobre todo si lo que se quería era más de lo mismo, es decir, no importa que robe si hace obra. Estúpido raciocinio de los que si tan solo supieran que las obras que hacen los que roban representan la misma cantidad, o menos, de lo que se están llevando, Si supieran que el que además de robar las arcas municipales extorsiona a los que ganan licitaciones o piden licencia, con grandes sumas de dinero, por lo queda desautorizado moralmente y en la práctica, para supervisar y fiscalizar prolijamente las obras realizadas, de ahí las porquerías que muchas veces se hacen para y en nombre de la ciudad y, lamentablemente, con el reconocimiento de la ciudadanía.

La señora Villarán es muy posera, le encanta la peliculina, se le siente regodearse en exceso cuando habla de sus planes, de lo mucho que la quiere la gente y del respaldo que le dan ciertos grupos de los más necesitados; pero eso es todo lo malo que tiene. Sí es trabajadora, tal vez un poco cuadriculada con la obsesión de que no se debe robar y que debe aparecer tremendamente honrada ante la gente. Revisa, chequea, vuelve a revisar, tratando de que las cosas le salgan mejor y, creo, que allí reside su talón de Aquiles. A veces, ser un tanto pragmático es mejor, sobre todo cuando hay demasiadas expectativas de una parte, demasiado odio embalsado de la otra y mucha curiosidad de los restantes. La aparente lentitud de la gestión Villarán responde a un esquema de trabajo diferente, diría novedoso. A una filosofía de humanización de la ciudad, a un proceso de mediano y largo plazo que busca despertar conciencias y formar ciudadanía, antes que seguir sembrando cemento y cosechando polución. Hacía falta un viraje de 180°, la autoridad tenía que recobrar la razón y parece que se están encaminando las cosas. Y aquí surge el primer gran obstáculo. ¿Quién en su sano juicio va a dejarse arrebatar, fácilmente, todas las gollerías, las prebendas y las movidas bajo la mesa, si puede anular al que no vive ni piensa como él ? Habráse visto oiga usted.

A mi tampoco me ha gustado este primer semestre. Coincido plenamente con la orientación que se le está dando a la gestión, con la priorización de los problemas sociales y con que hay que tomarse el tiempo debido para hacer las cosas bien. Pero podía haberse elegido un camino intermedio, es decir, sin ceder en el empeño, pero dándose cuenta de que el tiempo es corto, que los cuatro años de una gestión no alcanzan para arreglar al mundo. Quizás en eso ha pecado la gestión Villarán, demasiada confianza, demasiado afán por lo perfecto. La inexperiencia no debería ser excusa suficiente para no haber avanzado un poco más. El debut de una gestión diferente podría haber sido más auspicioso si se hubiera tomado en cuenta que además de buenas intenciones había que haber mostrado resultados parciales, avances, que señalaran el camino correcto. Seis meses es muy poco tiempo, dadas las características y parámetros del equipo Villarán y su plan de ciudad que, estoy seguro, tienen las mejores intenciones pero tal vez no las pilas suficientes. Esperemos que a fin de año se puedan mostrar resultados e indicios de que los cambios no son meramente superficiales, sino verdaderas transformaciones en el tratamiento y administración de la ciudad. Confiemos un rato más en la señora Villarán.